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Pedro Aznar. “Una necesidad de comunicar, un deseo de conmover"

El brillante cantautor y multi-instrumentista festejó su cumpleaños número 64 tocando en el Auditorio de Belgrano, donde estrenó un nuevo disco de estudio. Antes de este recital a sala llena habló en exclusiva con Ser Argentino.

Nació en Liniers en 1959 y después de sembrar bellísima música durante muchas décadas de fecunda y prolífica labor, podría cantar feliz y satisfecho aquél clásico de The Beatles “When I’m sixty four”. Incansable y superlativo creativo, festejó su onomástico tocando recientemente en el Auditorio de Belgrano su reciente álbum “El mundo no se hizo en dos días”. Antes de oficializar con un show unipersonal esta nueva producción, el magistral instrumentista y cantante aceptó responder  las consultas de Ser Argentino, a escasas horas de su nuevo cumpleaños celebrado con un gran recital en ese barrio porteño. Dando sus impresiones sobre distintos tópicos, el artista confirmó su inquebrantable pasión por el arte de combinar los sonidos y seguir experimentando en otras disciplinas profesionales.

 

 

Tu extensa y consolidada carrera solista comenzó en los’80s. En tu análisis y opinión, ¿cuál es el mejor disco de cada década y porqué sentís eso al evocarlos ahora?

Pedro Aznar: En los '80s: "Fotos de Tokyo". Fue un retorno a la canción y a la energía del rock, después de dos discos experimentales como "Pedro Aznar" y "Contemplación". En los ‘90s: "David & Goliath" / "Cuerpo y Alma". Los dos son álbumes muy logrados. El primero, desde un lado más pop. El segundo, marca la consolidación de un lenguaje que seguí de ahí en más: la intersección del rock con la música de raíz latinoamericana. En el 2000 elijo "Quebrado". Fue un disco escrito desde las tripas, hecho en carne viva. En el 2010 destaco "Ahora". Lo considero una celebración de mi oficio de compositor, imbuida de un espíritu de inmediatez y espontaneidad muy grande. Me propuse componer una canción por día durante un mes. Y el resultado está ahí.

Primero Serú Girán, luego el Pat Metheny Group

Si Serú Girán no hubiese dejado de actuar en marzo  de 1982 a raíz de tu especial viaje a los EEUU, ¿pensás que la banda hubiese continuado  hasta estos días casi superando la leyenda que es a pesar de lo breve que fue su trayectoria en aquél momento?

PA: Nó, no lo creo. De hecho, no fue mi viaje en sí lo que separó a ese grupo, sino el desgaste que sentíamos. Todos queríamos hacer otras cosas, y ya era tiempo.

¿Cuál pensás que fue el punto más positivo de tu experiencia con Pat Metheny? ¿Tocar con una mega-estrella del jazz rock norteamericano o descubrir que podías ser un hombre orquesta capaz de potenciar otras cualidades en tu amplia faz profesional?

PA: Creo que lo más importante fue encontrar mi propia identidad como artista y ganar confianza como cantante. Más todo el aprendizaje profesional y conceptual, que fue algo impresionante.

 

Desde la salida del trascendental álbum “Fotos de Tokyo” se produjo un cambio muy importante en la convocatoria de tus shows. En la actualidad sos uno de los pocos artistas que una vez que anuncian una fecha se ven obligados a agregar varias más. ¿Cuáles considerás que fueron los elementos que provocaron esa notable respuesta de la gente para que ahora seas un “bestseller live” muy valorado y querido?

PA: Creo que tiene que ver con la música, principalmente, pero también con la calidad del show que ofrecemos. La gente sabe que se va a emocionar, y que además va a disfrutar de un sonido excelente, con una hermosa puesta en escena, un show cuidado en todos y cada uno de sus aspectos. Musicalmente, siento que me he ido acercando cada vez más al oyente que fui yo mismo de chico: un pibe que amaba las canciones y se la pasaba canturreando y golpeando tachos en el fondo de su casa. Me fui aproximando cada vez más a eso, y dejando atrás ciertas búsquedas "sesudas" que, en el fondo, no me satisfacían ni a mí ni a casi nadie. Hace años que compongo con las vísceras, y no con la cabeza.

El sabor de Abremundos

Estudiaste fotografía con Diego Ortiz Mugica y hace casi una década llevaste a cabo una destacada exposición en el Centro Cultural Recoleta. ¿Qué parte de tu pasión artística exploraste en esa muestra que tuvo en aquella temporada tan excelentes comentarios?

PA: Siento a la fotografía como una vieja pasión, que sólo recientemente decidí profesionalizar. Creo que todas mis fotos están habitadas por lo mismo que mi música: una necesidad de comunicar, un deseo de conmover, de señalar hacia eso innombrable que sólo se puede sentir.

Sos dueño de una conocida marca de vinos llamada “Abremundos” ubicada en Valle de Uco, Mendoza. Conseguiste tu título como sommelier en el CAVE y has lanzado varias líneas de este noble producto desde una “vitivinicultura boutique”. ¿Qué te seduce de esta actividad y cuánto sentís que ayuda tu pasión en el arte, al encarar esta faceta del contexto gastronómico?

PA: Hacer vino es un arte en sí mismo, y tiene mucho en común con la música. Es composición, detalle, búsqueda de una expresión y una identidad. Es, también, un concepto estético y filosófico: cómo lo presentás y qué querés decir con él. Mi aporte está en todas esas cosas, y en la búsqueda de la innovación, cosa que tenemos en común con mi socio, Marcelo Pelleriti; nos interesa ser una bodega especial, ofreciendo algo que no se encuentra todos los días en esta actividad.

Tango de Hermanos

Analizando en perspectiva los discos “Tango” y “Tango 4”, trabajos que fueron realmente reconocidos un tiempo después de su publicación, ¿cómo ves el impacto que produjeron en la audiencia argentina?

PA: El primer "Tango" tal vez sí tardó en ser descubierto. Pero "Tango 4" fue un éxito inmediato. Ese álbum surgió de una colaboración muy espontánea entre Charly y yo, con una mecánica muy especial. La mayoría de las canciones fueron compuestas improvisando los dos juntos y las desgrabamos luego de unos cassettes que registramos durante toda una noche y una mañana. Ese bello y querido disco documenta la tremenda hermandad musical que tenemos con Carlitos. Nos leemos el pensamiento.

 

 

Deteniéndote en “El mundo no se hizo en dos días”, que testimonia tu presente en vivo luego de la pandemia. ¿Cuál sentís que es o cómo describirías este momento de tu vida artística? ¿Es la plenitud de un realizador que ha sembrado profundamente en las últimas décadas convencido de lo que llevaba a cabo?

PA:  Hoy me siento mucho más liviano y fluido. Hago realmente lo que quiero y disfruto de cada minuto sobre el escenario o en el estudio. Es un momento en que la música fluye de mí con mucha soltura, y eso en parte se da porque tengo un público hermoso, que siempre me demuestra cariño a manos llenas.

Puentes amarillos en High Fidelity

El proyecto “Puentes Amarillos” fue una sentida forma de rendirle homenaje a Spinetta, quien en su momento te convocó para participar en Jade. ¿Considerás que Luis Alberto ha recibido una reconsideración diferente del valor de su obra al no estar hoy físicamente? ¿Cómo ayuda a los jóvenes oyentes que en su momento plantearas una emotiva relectura de sus más valiosas composiciones?

PA: Cuando alguien no está más toda su obra se revaloriza. Es lógico: de ese autor, no habrá nunca más nada nuevo. Y lo que hay, pasa a tener el valor de una reliquia, de un tesoro. Luis fue inmensamente respetado y amado en vida, también. En cuanto a mi relectura, sólo puedo decir que estuvo hecha desde un cariño y una admiración inmensos. Si esas versiones hacen que alguien llegue a la música de Luis, me doy por mucho más que satisfecho...

 

 

Desde tu ingreso al mundo musical, participaste con tus obras de los diferentes formatos o soportes  que la industria musical fue adoptando a lo largo de estas décadas. Ahora vemos conviviendo a los contenidos digitales junto a algunas ediciones en vinilo muy valiosas. ¿Qué punto de vista tenés del álbum físico como objeto cultural y cómo imaginás que serán las próximas décadas cuando el CD haya desaparecido definitivamente?

PA: El vinilo implica una fuerte mirada nostálgica, y tiene, por supuesto, su encanto. Tengo en mi casa un gramófono mecánico, íntegramente acústico, sin ningún componente eléctrico, que me da mucho placer escuchar, aún con todas sus limitaciones, porque es la expresión de una época. En cuanto al futuro, el soporte físico terminó. No hace más falta. Eso no es bueno ni malo, es distinto. Pero lo que también tendría que terminarse es la costumbre de escuchar música con compresión MP3, ya que reduce sustancialmente la calidad de la grabación. Tenemos que ir hacia formatos digitales de resolución mucho más alta, como han hecho la fotografía y el video. Y en cuanto a la gráfica, fotos, letras y esas cosas, seguramente aparecerán hologramas interactivos en los que el propio artista te responderá todo lo que quieras saber sobre las canciones. Posta.

 

 

Imágenes: Prensa y Redes Pedro Aznar

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