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Pavlovsky por Pavlovsky. Una biografía comentada

Actor y dramaturgo, creador del Psicodrama Psicoanalítico, su producción artística va mostrando los pozos ciegos debajo de la normalidad, las viejas, las nuevas, las de siempre. En la estética de la multiplicidad de Pavlovsky, “un estímulo para seguir luchando contra la injusticia”.

Espectáculos
Pavlovsky

“Y a esta altura de la cosa, ¿importa realmente saber quién es Galíndez? ¿Al fin y al cabo nos sirve de algo? ¿No está todo organizado así? ¿Acaso no te gusta este laburo? ¿No nos pagan bien?”, en boca del torturador Beto, momento cúlmine de “El Señor Galíndez”, pieza aplaudida en América y Europa, presenta la potencia demoledora del teatro de Eduardo Pavlovsky. El médico y psiquiatra porteño, inventor del psicodrama psicoanalítico que es escuela, hizo de su dramaturgia una marea de vanguardia con las corrientes teatrales rioplatenses de fin de siglo, el absurdo y el neorrealismo, cuestionando los cimientos de la sociedad, revelando aquello que no se nombra pero se hace. Y lastima. Los maltratos a las infancias, la violencia normalizada, la memoria selectiva y la falta de solidaridad hieren, convocan, en lo ya clásicos contemporáneos de Pavolvsky, “Potestad” o “Último match”. Como un removedor de conciencias, en un teatro que no sólo celebra identidades sino que cuestiona cómo se construyen, color a color, Tato dirá, “Mi teatro propone que se hable más de estos temas. Hay que pensarlos, en términos de salida futura para la nueva generación” Allí pertenece el teatro de Pavolvsky, al futuro que es hoy.

Pavlovsky - Sr Galindez

Nació Eduardo Tato Pavolvsky en Buenos Aires el 10 de diciembre de 1933. De una familia acomodada, con prestigiosos periodistas, ingenieros y médicos, se recibe de  médico en 1957, luego estudio psiquiatría, y pronto empieza a dividir su tiempo entre el teatro y la psicoterapia. Jamás abandonaría el ejercicio profesional ni ser una eminencia en su campo con libros y ensayos, por más que su nombre sea de los imprescindibles del teatro moderno. “Me gustaría hablar de una conjunción de mi experiencia como sicoanalista, como sicodramista, como autor y actor, conjunción cuyos términos concretos desconozco”, señalaba a Jorge Dubatti en 1999, aunque reconocía “devenires existenciales” de sus facetas que se ven en su teatro, “que es el cuerpo, los régimenes que parten de la potencia de actuar, y el entre con los otros actores. Pero yo no tengo la menor idea de qué es el espacio, noción fundamental de la dirección teatral”, confesaba Pavlovsky.

Debutó a fines de los cincuenta en el Nuevo Teatro, dirigido por Pedro Asquini y Alejandra Boero. Allí entraría en contacto con la vanguardia de Samuel Beckett pero también con la influencia, y las llagas, del arrabal, de los sectores no escuchados, y una ciudad que empezaba a mostrar los peores monstruos.  

“¿Pero todavía vive?”

“La vida está muy determinada por lo social o por la infancia de uno, pero también hay grandes casualidades. Querer encontrarle el significado profundo a cada gesto nuestro, nos imbeciliza. Es intentar apresar algo cuyo sentido es mucho más amplio. Hay un personaje de aquellas primeras obras que siempre maniobró mi teatro: Mr. Ronald, una especie de abogado, de clase alta, en el fondo un perverso. Ese personaje apareció cuando empecé a escribir “La espera trágica” (1962), mientras mis tres hijos estaban jugando, recuerdo que hacían un ruido bárbaro. En “La espera trágica” estaba escribiendo sobre la política, la opresión, la incomunicación, el absurdo y la creación. Se la di a Julio Tahier y enloqueció de ganas de hacerla. Con el Yenesí formamos parte de la vanguardia de los sesenta”, resume a la revista del Centro Cultural de la Cooperación en 2013, con el estreno de la útima pieza “Asuntos pendientes”, que narraba, entre otras cuestiones de candente actualidad, la compra-venta de bebés en el Norte. En los sesenta se destaca el papel en “Atendiendo al señor Sloane” dirigido por Alberto Ure, “a partir de ahí me transformé en un actor que escribía en el escenario”.

Se casa con Susana Molina Torres, que también actúa en teatro, y lo dirige en la obra propia, “Extraño juguete” (1979), versión española. Pavolvsky debe exilarse durante la dictadura por su militancia en agrupaciones de izquierda, a partir de los setenta, sumado a pertenecer a colectivos revolucionarios como el sicoanálitico Plataforma, o el colectivo artístico de Jaime Kogan en el Teatro Payró. Con ellos monta la primera puesta de “El señor Galíndez”, que se estrena el 18 de enero de 1973, y triunfaría en el Festival de Nancy de Francia en 1975, con cientos de funciones previas en toda América Latina.

En “El señor Galíndez”, el represor primitivo es sustituido por un nuevo hombre que ha leído, estudiado, se ha ideologizado, sabe por qué tortura, qué sentido tiene lo que hace y hacia dónde va, y además tiene una concepción del mundo determinada", sostendría el autor y director, que sufrió un atentado con bomba en 1974. Para 1977 decide estrenar “Telarañas”, que “propone explorar dramáticamente la violencia en las relaciones familiares”, inmediatamente censurada, y su autor, pronto, puesto al tope de los objetivos de los siniestros Grupos de Tareas. Pavolvsky escapó por el techo de integrar la nómina de detenidos-desaparecidos y, con el pasaporte vencido, llegó a Uruguay, Brasil y, finalmente, a Madrid. El hermano logró reunirse con un alto jefe de la Armada, a quien le explicó el caso, aciago capítulo nacional, “‘¿A qué hermano le pasó eso? ¿Al de “El señor Galíndez” ?’, preguntó el militar, ‘¿Pero todavía vive?’”, contaba Pavlovsky a la revista Ñ, “Ahí me di cuenta de que el teatro puede ser una provocación, como pasó también con Teatro Abierto”, cierra recordando su retorno al país con “Camaralenta”. Tato constituyó pionero el movimiento cultural que socavó con arte a los militares. Tras la primera función, en 1981, incendiaran el Teatro Picadero.

“La palabra en mi ser actor es cuerpo”

“Al regresar del exilio estaba un poco confundido. Retomé la medicina, que es lo que me permitió siempre vivir, pero también acepté varios trabajos en cine y teatro -trabajando en “Teresa Batista” en 1984, luego de una exitosa temporada de “El señor Laforgue” dirigido por Agustín Alezzo- Un día…el doctor Angel Fiasché, me vio en la avenida Corrientes un poco demolido…también filmaba “Cuarteles de invierno” (1984. Lautaro Murúa) sobre la novela de Osvaldo Soriano. Y atendía el consultorio. Entonces mi amigo me dijo: “Te voy a dar un consejo, tenés que hacer teatro solo, no porque no puedas hacer otra cosa, sino porque vos sos el Darío Fo del subdesarrollo” Eso me dijo y bueno, al tiempo, comencé a probar y empecé ese nuevo camino”, comenta de un rumbo que Pavolvsky asumiría en tanto la autoría como la actuación en formato mínimo, pequeño teatro de cámara pero de amplio espectro. En cine, el primer papel que hizo fue en “Los herederos” (1970) de David Stivel, compuso un aristócrata en “Miss Mary” (1986) de María Luisa Bemberg, y sólo volvería a la pantalla grande con “La nube” (1998) de Pino Solanas, inspirado en su pieza teatral “Rojos globos rojos” (1994), su gran homenaje al teatro popular y bufonesco de los Pepe Arias y Alberto Olmedo; y “Potestad” (2002) de Luis César D'Angiolillo, basada en su pieza homónima de 1985, que se metía en la cabeza, el cuerpo, la voz, de un apropiador de menores. “La palabra en mi ser actor es cuerpo, cuerpo-palabra, palabra-cuerpo”, remarcaba reflexionado sobre esta descomunal pieza que tuvo su versión en Los Ángeles con el francés Jean Louis Trintignant.

Miss Mary

Hubo una vez un país, que era éste, en que los niños fueron un botín de guerra. Pero al lado de los represores asumidos hubo una “secta de hombres normales” que se dedicaban a adoptar hijos de militantes caídos durante la represión. Estos nuevos monstruos argentinos tenían una filosofía que era apoyada en forma cómplice por una gran masa civil. “Potestad” nació como necesidad de hablar de este fenómeno”, aparece en el prólogo de la obra que es representada en varias capitales del mundo desde hace casi 40 años, “Su problemática, como está claro, tiene absoluta vigencia…para evitar estereotipos, tuve que saber cómo identificarme incluso con los sentimientos tiernos de esos ladrones de niños. Porque es la ambigüedad del represor lo que más me interesa”, concluía de un ángulo original que exhibe la banalidad del mal, de la cual nadie está exento.

Pavlovsky03

“Yo creo que el teatro es un lugar de experimentación. Para mí, por mi experiencia y mis testimonios, el teatro debe ser un lugar experimental. De lo contrario el actor puede hacer televisión -Tato, un ilustre desconocido de la pantalla hogareña- o cine, pero no teatro, porque el teatro significa cambio permanente”, reforzaba al filo del milenio, en tanto se desplazaba, e imponía, salas marginales como El Hangar, Babilonia y Calibán, mucho antes del fenómeno actual de los teatros barriales. “Yo no tengo ganas de hacer teatro para una mostración. Ni siquiera “Variaciones Meyerhold” (2001), que llevamos en gira por Francia, ni “La muerte de Marguerite Duras” (2000), que un elenco francés está ofreciendo en París y ha sido invitada al Festival de Avignon. Lo que me gusta del teatro que escribo hace años es que está en una franja dramática, y no pienso salir con un esquema de comedia. En “Asuntos Pendientes” está condensado, y muy bruscamente, lo que no se dice a nivel personal y social, pero que todos sabemos que se ha instalado entre nosotros”, sostenía Pavolvsky en 2013 a Hilda Cabrera del diario página/12. Entusiasmado por un trabajo próximo basado en el dictador Stalin, a cuatro manos con Norman Briski, compañero de ruta en varios proyectos, como en “Poroto” (1997), Eduardo Pavolvsky fallece el 4 de octubre de 2015.

“Un intelectual debe ser un francotirador, tiene que denunciar continuamente, devolverle a la sociedad lo que ve en una opinión, una obra de arte, una denuncia, un trabajo, hacer algo, moverse con la fuerza de la devolución de lo que te han dado y no puede involucrarse con el poder”, aspirando según Eduardo Pavolvsky, a que “el sentido final se va moldeando con el público. Mis textos, por ejemplo “La muerte de Marguerite Duras” o “Potestad”, te llevan a encontrar. Ahí está el placer”

 

Agradecimiento / ImágenesGrandes de la Escena Nacional / Télam

Fuentes: Catena, A. Eduardo Tato Pavlovsky. La tragedia de Vsevolod Meyehold en Puertas Entreabiertas. Buenos Aires: DLG. 2009; Dubatti, J. Pavlovsky, Eduardo: La ética del cuerpo. Nuevas conversaciones. Buenos Aires, Atuel, 2001; Schanzer, O. El  teatro vanguardista de  Eduardo Pavlovsky en revista atin American Theatre Review, Vol. 13, N.º 1, 1979; Eduardo Pavlovsky: “El teatro puede ser una provocación” en clarin.com

 

Fecha de Publicación: 27/05/2022

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