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Buenos Aires - - Sábado 02 De Julio

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Miguel Mateos actuó en el Teatro Colón: Realismo sinfónico en duros tiempos de guerra

El músico argentino mostró su talento y vigencia en el máximo coliseo argentino, intensa noche donde las letras le robaron cierto protagonismo a la música, concierto que dejó una gama de novedades destacadas sobre el futuro del brillante artista de Villa Pueyrredón.

Espectáculos
Miguel Mateos

Las predicciones emitidas por una persona no son tan preocupantes en el momento exacto en que las mismas son anunciadas, sino cuando el tiempo termina sincronizándolas con la realidad de una manera incontrastable. Ahí la lectura completa de todo lo anunciado gana una contundente elocuencia, que aquellas letras publicadas en otros momentos no podían exponer en pixelados completos, cuando surgieron fruto de una visión inequívoca sobre un planeta que curiosamente en los últimos años, parece interesado en acelerar de manera concreta y locuaz un insólito proceso de brutal autodestrucción sin medir en absoluto las consecuencias de semejante determinación. Si algunas afirmaciones formuladas de forma creativa a principios de los años ‘80s resurgen ahora potenciadas por los hechos que son de dominio público, la relectura de las mismas tal vez desnude que esa posición verbal de tono descarnado emitida en su momento sobre “todos los males de este mundo”, ahora en los últimos años cobran forma de una manera tan lacerante y dolorosa como nunca. Las canciones de Miguel Mateos, bellísimas desde lo musical por su compleja arquitectura y cautivante entramado melódico, hoy reaparecen desde otro plano potenciadas por letras a tono con un mundo, que perdió totalmente la cordura mientras el juego del poder ahora se dirime en una zona al este de Europa.

 

Nadie en su sano juicio puede hacerse el distraído, porque los problemas que afectan los distintos continentes del planeta, están concatenados con una problemática que genera la réplica inmediata en otros sectores que no están directamente relacionados con la zona en donde el drama es realidad vigente. Si la sociedad recién ahora estaba sacándose con gran cuidado los rebotes y consecuencias de una pandemia que provocó 9 millones de muertos alrededor del planeta, fruto de un laboratorio chino que liberó el tan mentado Covid 19, los que sobrevivieron al drama sanitario ahora no tienen mucho tiempo para festejar que las vacunas y otros elementos frenaron lo que pudo ser una desgracia de mayor impacto para la humanidad. Aún estando en la calle Libertad, a metros de la entrada principal del gran e inolvidable primer coliseo argentino, las personas que ingresan al Teatro Colón siguen segundo a segundo con sus celulares las alternativas de un gran conflicto bélico, sabiendo que en estos tiempos, nada está circunscripto a una sola zona del mundo. A las personas hoy la felicidad las roza muy aisladamente y por efímeros segundos, sin dejarles saborear esa esperada alegría que cada jornada está condicionada a demasiados factores y situaciones. La gente llega a la más espectacular sala del país, preparada para disfrutar de un gran evento donde el ámbito termina de potenciar lo creado artísticamente, pero al pensamiento les dificulta a todas luces ponerse en foco, sabiendo lo efímero de proteger la paz en un mundo que ignora ese anhelo enfrascado en un delicadísimo conflicto.

Miguel Mateos

La edición 2022 del “Festival Únicos”, un valioso evento que se ganó sin dudas un lugar en la grilla veraniega de espectáculos, padeció la pandemia con la total cancelación de su grillado en el 2021, regresando ahora con entusiasmo pero sin poder esquivar las esquirlas de un problema sanitario que afectó algunas fechas previstas la semana pasada. Bastantes casos de contagio en miembros de las orquestas que debían participar acompañando a las figuras seleccionadas, provocó la reprogramación para junio de los shows que tenían que ofrecer artistas consagrados como Valeria Lynch, Palito Ortega o Los Nocheros, festival que afortunadamente pudo concretar los shows de Axel, Luciano Pereyra, La Beriso y el que Miguel Mateos protagonizó el sábado 26 de febrero allí en el Teatro Colón. Aquellos conciertos que pudieron llevarse a cabo tuvieron localidades agotadas y el apoyo total de un público que disfruta la posibilidad de ver a todos sus ídolos musicales actuando en la máxima plataforma escénica de nuestra nación. Además, en estas horas habrá un anexo de estos conciertos en el Hipódromo de Palermo, para potenciar más lo alcanzado con esta nueva secuencia de recitales, varios shows al aire libre que permitirán una mayor cantidad de espectadores disfrutando de esta clase de delicado formato interpretativo, módulo que antes tenía al predio de las avenidas Dorrego y Figueroa Alcorta como área de actividad, con un acceso libre y gratuito a esas presentaciones. En este caso, con distinto contexto para la presencia de otros artistas, quedó confirmado que actuarán David Lebón, Pedro Aznar, Ismael Serrano, Juan Carlos Baglietto, Lito Vitale y el grupo de rock La Beriso.

 

 

Tal cual figuraba programado, Miguel Mateos abrió la doble jornada de ese sábado, tras lo cual llegó la banda de Rolo Sartorio para concretar su espectáculo en ese formato, un evento que sumó como apertura un breve set del grupo “Literal”, quien en tres canciones entretuvo a la audiencia, mientras la gente tomaba lugar en ese majestuoso ámbito lírico a pocos metros del Obelisco. Finalmente a las 19:08, con todas las butacas ocupadas y hasta el último centímetro de las bandejas más altas sin lugar para nadie más, el creador del hit “Es tan fácil romper un corazón” ingresó al atractivo escenario para desarrollar un listado de 14 canciones que incluyeron trece clásicos y un estreno de su futura ópera rock. Desde ese adrenalínico arranque con “En la cocina, Huevos”, un hit del segundo álbum de “Zas”, las letras de este músico empezaron a jugar de manera bastante subliminal en algunos casos o más extrovertida en otros, un rol decisivo en el ánimo de la gente, que afectada por todas las últimas novedades, fue tal vez, mucho más permeable a esas expresiones que surgieron en esa hora y media de recital. “Si pasan música nacional no es que se hayan dado cuenta, que la cultura de un país está en su gente y yo sí se que aquí hay polenta”, deslizó este tema, algo que es un claro llamado de atención a los sellos discográficos que hoy siguen priorizando el reggatón y el trap latino en detrimento de los artistas locales.

 

 

Acompañado en este show por la Sinfónica Nacional, comandado por la cuidada batuta del director Gerardo Gardelín, el concierto inmediatamente después cedió espacio a una de las canciones más emblemáticas del rockero como “Perdiendo el control”, instantes en donde el audio final entre el grupo de rock y la orquesta no terminaba de encastrar, algo que demoró hasta el cuarto tema cuando el sonidista de sala finalmente decidió levantar un poco la voz del cantante, algo que le venía reclamando el público desde el inicio de la presentación al advertir un desbalance tan perceptible. La secuencia de obras continuó en la máxima plataforma nacional con “Mi sombra en la pared” y pocos minutos después una intimista versión de “Beso Francés”, aquél single incluido en el álbum “Cocktail” que tenía bastantes canciones en vivo de aquél momento. Fue en esa pieza bastante más relajada en donde la Sinfónica Nacional sonó más abroquelada en pos de ese concepto estético, justo cuando la coloratura del tema lo reclamaba de una manera exacta. Dos canciones con una pulsación elevada le pusieron un clima totalmente festivo al concierto, algo producido con “Si tuviéramos alas” del disco “Kryptonita” y la deslumbrante “Llamame, si me necesitas”, de su obra cumbre “Solos en América”. El espectáculo hasta ese momento se desarrollaba con una ritualidad operativa tradicional, donde la emoción de escuchar esos temas en una acustizada plataforma les confería otra tonalidad y trascendencia. Pero lo más importante de la noche estaba por llegar, no precisamente por el lado de los sonidos sino por aquellas letras que en otro momento sonaban lejanas y ahora se realimentaron con la realidad.

 

Le bastaron dos temas a Miguel Mateos para comprender curiosamente que sus profecías poéticas no estaban ubicadas en el terreno del imaginario cultural, sino interactuando allí delante de su público en el máximo coliseo, en crueles tiempos de guerra. Pocos minutos antes que se cumpliese la primera mitad del concierto, el músico con su banda y todos los integrantes de la orquesta interpretó primero “Mundo Feliz” y segundos después “Cuando seas grande”, dos éxitos de distintos momentos de su triunfal carrera. Quiso el destino que la ubicación de esas dos canciones asomaran juntas, trasladando una insólita relectura de textos que en su momento tenían una connotación y que en esa situación de inocultable preocupación de la sociedad ofrendaran una demoledor relectura del pensamiento de este artista. “Mundo feliz, veo el boulevard, la gente está perdida. Un cielo gris, las máscaras y el gas, ya no podré besarte. Dios salve América. Llora un bebé. Un hombre, una mujer, se aman en la atmósfera. Yo no quiero tanques rojos avanzando por mi barrio una mañana, Dios salve América, Mundo feliz”, tal los conceptos centrales del tema incluido en aquél tsunami de clásicos que contenía el álbum “Rockas Vivas”, el disco con más cantidad de copias vendidas en la historia industrial del país contando todas sus reediciones desde su salida en la temporada 1985, superando por lejos al álbum de Fito Páez editado en 1992.

Miguel Mateos

El apoyo del público argentino a la ciudadanía ucraniana ante la criminal agresión que vive por estas horas, instantes más tarde se corporizó cuando Miguel Mateos encaró “Cuando seas grande”, ese himno que dice “Soy un chico de la calle, camino a la ciudad con mi guitarra sin molestar, voy cortando cadenas, estoy creciendo contra la miseria y alguna que otra pena, siempre la misma canción, ¿qué vas a ser cuando seas grande? ¿Estrella de rock and roll? ¿Presidente de la nación? Nene, ¿qué vas a ser cuando alguien apriete el botón?”, un pasaje del espectáculo donde la gente manifestó su rechazo a las agresiones militares que vive esa zona de Europa en estos días. Si en aquél momento de su publicación el tema no titubeaba en criticar de lleno la política armamentista nuclear del presidente Ronald Reagan, estas mismas afirmaciones encastran sincronizadas con la grave amenaza que realizó el primer ministro de Rusia, sobre la potencial utilización de armas atómicas, canción que despertó apoyos al contexto de repudiar la violencia como la única forma de solucionar los conflictos. Tras esa secuencia de canciones testimoniales, que enfervorizaron a la enorme audiencia rechazando la actual guerra, el show volvió a su contexto sonoro con cinco canciones del magistral repertorio de Mateos y una cautivante canción perteneciente a su nueva obra de estudio, una particular ópera rock sin fecha de grabación y posterior publicación en plataformas o formatos físicos.

 

Uno de los momentos más intimistas se vivió cuando Miguel Mateos decidió interpretar la canción “Ambrosía”, una de sus piezas clásicas cuando queda solo al piano, momento de enorme introspección donde el músico exhibió su prestigiosa digitación en el teclado de ese instrumento acústico. Con el espectáculo encarando la última parte del concierto, llegaron “Atado a un sentimiento” y “Un gato en la ciudad”, dos infaltables en los recitales del rockero en cualquier clase de presentación. Tras ese tramo de pulsaciones elevadas y mucha participación del público cantando bajo la dirección del artista anfitrión, llegó esa única pieza inédita que tanta curiosidad había despertado entres sus seguidores desde que el artista había oficializado por las redes, que ya tenía terminada su ópera-rock “Los Tres Reinos”. Luego de bromear sobre una súbita mudanza a una caverna en la costa, Miguel describió el contexto que rodeó aquél trabajo de concepto operístico, sin dejar de generar un clima melanco-futurista mientras lo describía. Según el músico esta obra conceptual es “una distopía acerca de la conquista de América. Es un tema que me gusta estudiar mucho en verdad, no me deja de sorprender la crueldad y la concepción terrible de esa época. Es un reino del norte, uno del sur y los invasores. Imagino como hubiese sido si América en ese momento hubiera estado más unida, dando otro vuelo a la historia, reinterpretando los datos que tenemos sobre aquella época. La violencia totalmente impune de lo que fue eso, me hizo crear una mirada muy crítica tratando de entender cómo es que nacimos. Es una idea que me surgió luego de tantos años de viajar y sentía la necesidad de expresarla”.

Miguel Mateos

Para ese especial track generado en otro contexto no tradicional al que esgrimen sus temas en las últimas décadas, finalmente Miguel Mateos invitó al escenario a la joven soprano Antonela Cirillo, quien sorprendió a la platea por su elevada altura y un audaz vestido que dejaba ver la totalidad de su pierna izquierda y dos centímetros de sus bragas en un sensual vestido. “El primer vuelo al infinito”, que describe la relación entre Amauta y Maia, es una tradicional pieza de obra musical teatral con arreglos sinfónicos que el director Gerardo Gardelín capitalizó con certeza a la hora de transferirlo a los integrantes de la orquesta. La recepción de esa gran canción de amor fue destacada, mientras el público prolongaba los aplausos en la sala por esos instantes. Habrá que ver cuál es el interés que puede mostrar el público que lo sigue en los últimos tiempos por esta “ópera-rock”, pues no será lo mismo asistir a un recital que únicamente proponga solo material inédito en su interpretación, entendiendo que los fans en cada oportunidad hacen saber su deseo de escuchar sí o sí ciertas composiciones del músico    

 

Ya con gente de la producción del evento indicándole al famoso rockero que le quedaban por reloj apenas diez minutos, el famoso artista detonó el tramo más festivo del evento, interpretando “Obsesión”, uno de sus hits más bailables y arengadores, para cerrar la performance en ese histórico lugar con “Tirá para arriba”, descomunal himno pop que al sonar en esos momentos, naturalmente adquirió una previsible connotación procurando el optimismo ante la cruel realidad de estas horas. Sin que mediara ninguna posibilidad por esos instantes de sumar algo fuera de programa, el músico saludó al público junto con los integrantes de su banda, el director Gardelín y la corista invitada, para luego sacarse una foto mirando al escenario con toda la audiencia de fondo en una imagen muy usual en los tiempos que corren. Recién ahí la gente comprendió que esa primera vez del rockero en el Colón había llegado a su fin, una bella velada que no tuvo todo el lirismo emocional que podía esperarse, fruto de un espectador ubicado en la fila quince de las plateas, caballero de malos modales que todo el tiempo gritó sandeces, no mantuvo su barbijo colocado y generó absurdos ruidos en la sala que la gente de seguridad debió acallar de inmediato, comportamiento que empañó ciertos tramos de la performance artística.   

Miguel Mateos

La presentación del artista no fue como se pensaba la primera vez del músico en esa sala, pues en el 2016 había participado de un formato de esta clase, pero cantando apenas una sola canción (Tirá para arriba), siendo este concierto en el “Festival Únicos” su primera presentación completa en este distinguido ámbito. El show del músico en esta plataforma fue atractivo, pero en lo interpretativo los arreglos orquestales de Gerardo Gardelín no se alejaron de una estructura conservadora, donde no hubo rompimiento de la construcción original de las canciones para llevarlas a otro contexto, sino una orquesta que modificó ciertos instrumentos de los tracks originales, reemplazándolos con determinadas partes del ensamblado sinfónico en vivo. La banda de Miguel Mateos lució afiatada en el show del máximo coliseo argentino, siendo esta la primera actuación en Buenos Aires tras el esperado regreso de Alejandro Mateos a la batería, tras haber sido operado de urgencia a fines del año pasado de cálculos en la vesícula. La presencia del artista en un escenario a todas luces merecido para su obra, coronó la destacada secuencia de recitales que la gran estrella rockera viene concretando de la mano de la productora Booking & Management en la última temporada, para celebrar sus 40 años de carrera, un emprendimiento que esta firma liderada por los empresarios Hernán Gutiérrez y Adrián Canedo coordinó con gran sincronismo en medio de las circunstancias actuales dentro y fuera del país.

 

En lo interpretativo, lo ocurrido en el Teatro Colón despertó distintas miradas tras el gran concierto del sábado. Desaprovechando la oportunidad de lucir su magnífica y excelsa capacidad como pianista, el anfitrión prefirió en esta valiosa gala rockera centrarse en su rol como cantante y cada tanto apurar sin demasiado entusiasmo un par de acordes en la guitarra. La insólita y llamativa necesidad de estar a cada rato saludando con su mano a los espectadores ubicados en la primera fila, sumando un adrenalínico ir y venir hacia cada uno de los laterales del proscenio, curiosamente le quitó algo de foco al músico en escena durante buena parte de esa actuación, un muy inesperado homenaje al recordado actor Macaulay Culkin en el recordado film “Mi Pobre Angelito”, haciendo la excepción que el cantautor argentino en esta velada lucía con su distinguido traje oscuro, como un cautivante mix estético de Alec Baldwin y Don Johnson, cantando himnos generacionales de brillante peso musical en semejante escenario lírico de la urbe porteña.

 

 

Ese entusiasmo mal canalizado, donde el anfitrión expuso cierta aceleración, dejó en offside dos veces al joven asistente de su guitarra, quien en aquellos tramos donde debía acercarle el instrumento, debió esperar que el rockero desacelerara todas esas furibundas corridas hacia ambos lados, para entregarle dicho instrumento, inesperada conducta que incluso provocó que el micrófono de su voz mal colocado en el pie, cayera pesadamente  al suelo provocando un acústico estruendo en la monumental sala. El repertorio estuvo a tono con lo esperable de una presentación así, pero muchísimos de sus fans lamentaron que en ese ámbito el artista no se arriesgara a encarar la canción “Solos en América”, una pieza que merecía el arreglo orquestal en semejante coliseo lírico, o el maravilloso track “Malos Pensamientos”, de su disco “Kryptonita” que ameritaba un arreglo de ese tono en formato orquestal. Dejando en claro que su obra infiere en cualquier contexto un valor superlativo en la historia de la música argentina, Miguel Mateos expuso una relectura de su inmaculado repertorio, en un colosal ámbito de interpretación en estos tiempos, recital que además de seducir por su arquitectura musical, denotó el muy trascendental peso de sus letras, esas que hoy arrojan una connotación más importante de lo previsto, durante los desgraciados tiempos de guerra que el mundo atraviesa al este de Europa.  

 

                                      

Imágenes: Prensa Graciela Beccari // Redes Miguel Mateos

Fecha de Publicación: 04/03/2022

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