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Luisa Vehil. La Perla de Teatro Nacional

En la huella de una estirpe de artistas sin fronteras, Luisa Vehil interpretó magistral varias piezas insoslayables del teatro contemporáneo, aunando como un genio peculiar el repertorio clásico y la vanguardia.

Espectáculos
Luisa Vehil

“La gente que se dedica al arte es gente elegida, privilegiada. Como cuando Dios se detiene en un lugar especial y usted se pregunta qué tiene. Un paisaje donde Dios se detuvo para darle ese toque fantástico, ese duende que también tiene el teatro y el actor, donde Él se ha detenido, para darle su ángel, su encanto”, repetía a lo mantra Luisa Vehil a nuevas generaciones de televidentes en los ochenta, presentando los unitarios de “Las 24 horas”. Pocos sabrían que Luisa había brillado con los grandes directores teatrales, Antonio Cunil Cabanillas y Armando Discépolo, o que introdujo a Samuel Beckett, de ahora en más un habitué de la cartelera local. Al igual que Federico García Lorca, uno de los grandes amigos de Vehil, el poeta granadino enamorado de la mirada de Luisa, “más linda que los ojos” diría Alejandro Casona, que escribió para ella el clásico “Los árboles mueren de pie”. Durante largos años descolló en el drama y la comedia en América, alternando la gestión privada, el Teatro Liceo fue casi el patio de su casa, con la función pública, impulsora de la revalorización de los autores nacionales en los sesenta.

Luisa Vehil

En el nombre de Luisa Vehil, que cobijó carreras luego trascendentales como la de Luis Brandoni, resplandece la magia del arte argentino en las tablas, humilde orillado en el picadero, y que triunfa en las salas del mundo, “Siempre relaciono a “Ollantay” de Ricardo Rojas con una bella etapa de mi vida en la que aprendí mucho. El teatro siempre es fervor y entrega. En aquel tiempo y ahora. Casi 50 personas, en nombre del teatro argentino, fuimos a Europa -en los sesenta- con un texto que tenía que ver con nosotros de manera sustancial”. Como Luisa, sustancial.

“Yo tenía seis años. Me llamaron para actuar en el teatro Solís de Montevideo con Antonia Herrero. Pensaban hacer una obra que se llamaba “La pasionaria”, cuyo autor ahora no recuerdo. En esa obra se necesitaba una niña muy pequeña y el papel era muy importante. Al día siguiente, en el diario El Plata de Montevideo un artículo firmado por Blixen Ramírez, decía: “Anoche nació una actriz””, recordaba emocionada la actriz a Julio Ardiles Gray en el diario Convicción, octubre de 1978. Venía de filmar “La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro” de Nicolás Sarquís (1977.Estrenada en 1983, guión del detenido-desaparecido Haroldo Conti, injustamente olvidada) y se entusiasmaba con la ascendente carrera del sobrino, Miguel Ángel Solá.  Pero sobre todo era una mujer que seguía respirando e imaginado teatro a pesar de que actuaba casi desde el vientre materno hacía casi 70 años. De hecho nace en Montevideo durante las funciones de “Electra”, interpretada por la madre Juana Tressols, el 12 de noviembre de 1912. Unos meses después Luisa bebé aparece en escena y, luego, la compañía donde también actuaba al padre Juan, ambos linajes familiares de viejas generaciones catalanas de actores transhumantes, actores de la legua, se instala en Buenos Aires. Vehil debuta de niña pero mantiene largos años sus presentaciones declamatorias, que impactaban con un preciso conocimientos de los clásicos españoles. Pasarían algunos años hasta el debut oficial con 16 años con el “El burlador de Sevilla”, en la compañía de Julio San Juan, en calidad de dama joven. Ya sufría de enfermedades intestinales, principios de tuberculosis, enfermedad que arrebató al padre muy joven,  y ella para subsistir, con las abuelas Dolores, salía a vender lencería de crochet en los camarines.

Luisa Vehil Mandinga en la sierra 1938

“Les envío una perla legítima para la compañía”

En los treinta Luis Arata la convoca para la compañía junto a Soffici-Arrieta y Vehil, acostumbrada a Lope de Vega, transita los principales autores locales, entre ellos, Armando Discépolo y las cumbres del grotesco. “Les envío una perla legítima para la compañía” adelantaba visionario Vicente Martínez Cuitiño. Poco después Cunil Cabanillas la llama para el Teatro Nacional de la Comedia y realiza aclamadas interpretaciones, “Cyrano de Bergerac” y “Servidumbre”, recibiendo el premio a mejor actriz otorgado por la Municipalidad de Buenos Aires en 1938. Uno de las tantos que cosechó, entre ellos, Premio Fundación de las Artes (1972), y Premio Konex de Platino y el de Brillante (1981. Compartido con Alfredo Alcón)

Luisa era un sol del espectáculo al ingresar a los cuarenta, habiendo debutado antes en cine en la segunda película argentina sonora, “Los tres berretines” (1933), dirigida por Enrique Telémaco Susini, aquel pionero de los medios audiovisuales. Trabajó luego en algunas comedias y películas tangueras, y en “Así es el tango” (1937) estrenó el seminal “Nostalgia”, “tuve que estrenarlo, teniendo al lado a Tita Merello, que era una maravilla”, se sinceró. La mayor performance fílmica de la década resultó en “Pampa bárbara” (1945), un épico wéstern trasladado a los fortines dirigido por Lucas Demare y Hugo Fregonese. Eran los tiempos que junto a Esteban Serrador formaron una compañía para el Teatro Politeama, realizando la primera puesta de “Los árboles mueres de pie” de Casona. Recientemente casada con el rematador de caballos Arturo Bullrich, adquieren un coqueto pétit hotel en Palermo Chico, y el marido también se lanza a la producción teatral, especialmente en el Teatro Liceo. Y para su amada esposa. Vehil afirmaba que “La alondra” de Jean Anouilh, dirigida por el francés Jean-Louis Barrault, y “La casa de los siete balcones” de Casona, figuran entre sus mejores trabajos,  en el antiguo teatro a metros del Congreso Nacional, el más viejo privado del continente.

Por aquella época uno de sus amigos íntimos era Raúl Apold, el funesto secretario de comunicaciones del presidente Perón. Antes de asumir el líder justicialista, Luisa, declarada militante de izquierda, había firmado una solicitada por la democracia. “Luisa fue amenazada por medio de la familia, le dijieron que si no colaboraba iban a matar a mi tío Juan -también actor el hermano de Luisa, como su otra hermana, Paquita; tenía un recordada librería en calle Corrientes- Ella accedió y pronunció un discurso a favor en Montevideo”, refería el sobrino Solá a Javier Groshaus en la revista La Maga, y la otra sobrina, Mónica, señala un apriete real del funcionario peronista. Eso no la privó que en un estreno junto a Ernesto Bianco en 1947, que Luisa misma había seleccionado del Conservatorio, le arrojen una bomba de alquitrán al grito “judía, comunista y extranjera”. Vehil entró en un cono de sombras, giras por el exterior, y puertas cerradas, que se despejó en 1958, caído el gobierno constitucional de Perón, con el éxito de “Los acosados” y “María Estuardo”. Pero esta actriz que podía representar a Eugene O´Neill o Schiller, clásica y moderna, dio el gran salto de fe introduciendo a un autor desconocido, Samuel Beckett. Impactada por una versión inglesa traída el Teatro Odeón, Vehil convoca a Jorge Petraglia, y estrenan en Rosario “Los días felices”. Hora cero del teatro del absurdo en Argentina, que aún influye en los miles de actores y autores teatrales, sean comercial o off.

Luisa Vehil

“No lamentarse nunca. Consolar siempre”

En los sesenta Vehil es requerida por el presidente Illia para que dirija la Comedia Nacional Argentina, donde promovió las nuevas corrientes dramatúrgicas, el realismo y el absurdo. Luego pasaría al directorio del Fondo Nacional de las Artes. “Ana de los milagros” fue otro de los grandes sucesos de Vehil, inspirada pieza sobre una niña sordomuda. Ella asistió varios meses en una escuela de sordomudos, como si fuera el primer papel. ””Ana de los milagros” se estrenó el Día de la Bandera. El día anterior me dijo la directora que todos los alumnos se iban a reunir en el hall porque querían despedirse de mí. Allí estaban desde los más chiquitos hasta los más grandes. Pusieron un disco con el Himno Nacional y todos los niños, siguiendo los movimientos de la boca de la profesora, cantaron el Himno. Yo creía que no iba a poder tenerme en pie. Me caían las lágrimas. Uno de los mayorcitos se acercó y me dijo que antes del estreno de la obra ellos querían cantar el Himno Nacional en el escenario. Y lo cantaron. Yo estaba atrapada por ese doble juego de la ficción y de la realidad. Yo estaba en el mundo de la ficción. Yo representaba el mundo de Ana Sullivan. Pero en la platea estaba la terrible realidad”, en una anécdota recogida por Ardiles Gray, y que pinta la fina sensibilidad social de la artista, recurrente colaboradora de un sinfín de causas solidarias.

En simultáneo, aparece en televisión en adaptaciones de clásicos, gana un Martín Fierro por la actuación dramática en “Buenas noches, destino” (1960), y realiza una de las primeras traslaciones de Jorge Luis Borges a la pantalla chica, “La intrusa” (1968) junto a Lautaro Murúa -la hermana de Borges, Norah, solía realizar los dibujos en decorados del Teatro Liceo. Nuevamente el cine la considerara a Luisa y la actriz aparece en cintas de Juan Bautista Stagnaro, Alejandro Doria, Luis Saslavsky y Jorge Polaco, la despedida con éste controvertido director en “Kindergarten” (1989. Recién vista en 2010 en pantalla grande)

Pese a que los últimos años tuvo un grave problema de columna, y Luisa se desplazaba en silla de ruedas, continuó trabajando, como en el mencionado ciclo televisivo “Las 24 horas”, y recibiendo distinciones y homenajes, un teatro en el barrio de Once y una sala del Teatro Cervantes llevan su nombre. Fallece el 24 de octubre de 1991, admitiendo que la muerte de la familia, madre, hermanos y esposo, la fueron mellando en espíritu, a fines de los setenta. Cierta vez preguntó el enorme periodista César Tiempo cuál era la verdadera riqueza de una mujer, y Luisa Vehil, con “esa voz envuelta en campanas húmedas, de violines sumergidos…promovida desde la originaria condición humana”, respondió, niñes, “en su convicción de que aún le queda mucho por hacer…con la divisa, no lamentarse nunca. Consolar siempre”

 

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Fecha de Publicación: 27/02/2022

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