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La televisión no tembló, TV Nostra sí: la renuncia de Jorge Rial abrió un volcán de escándalos y conflictos

La dimisión en vivo del animador el viernes pasado en la pantalla de América TV fue anticipada por Ser Argentino el miércoles 12 de mayo. Final de un desabrido ciclo que, tras el adiós, destapó duras internas y graves confrontaciones.

Aunque no lo admita oficialmente ninguna de las partes, alguien le bajo el pulgar a “TV Nostra”, pero como la supuesta cortesía y caballerosidad de los involucrados entiende que el pase de facturas en vivo daña lo estructural, Jorge Rial el viernes 28 de mayo minutos antes de las 22:00 horas hizo lo que correspondía. Sin estructura, elementos o ideas para darle un cambio contrastante a la abrumadora chatura y desgaste que exponía su programa “TV Nostra” después de seis semanas, el conductor presentó su renuncia indeclinable y el cierre de su ciclo, entendiendo que la permanencia del mismo al aire ya no solo afectaba su prestigio como referente de la emisora, sino que comenzaba a dañar los cimientos de la programación nocturna colapsada por un ciclo que afectaba el promedio general, abriendo perforaciones que inundarían de problemas un problemático prime-time para la emisora de la calle Fitz Roy al 1600. Si el legendario conductor de esta emisora hubiese hecho algo parecido cuando se escapó de “Intrusos”, despidiéndose de su propio envío en la silla de los invitados, anunciando que no continuaría, tal vez la recepción del público en su nuevo programa hubiese provocado menos rechazo por lo menos de aquellos que gran parte de los últimos veinte años respaldaron con rating sus incursiones televisivas.

 

A diferencia de otras épocas donde su prestigio en el famoso canal del cubito de colores le generaba un blindaje en momentos críticos, el escudo protector del conductor de tv dejó en claro que los misiles le impactaban sin el menor titubeo, aunque sea arrojados desde la otra punta del globo terráqueo transportados en avioncitos de papel. Sus muy constantes ausencias de la pantalla por problemas personales, cuestiones de salud y otros asuntos que exceden lo estrictamente profesional, lentamente fueron socavando la fortaleza que signó su reinado de los mediodías en América TV, una emisora donde “Intrusos” exponía con un sinnúmero de variantes las altas y bajas de una farándula cada vez más devaluada. Harto de un formato que lo desgastó y que incluso lo incentivó a coquetear con la política varias veces con resultados desastrosos en pantalla, Jorge Rial se metió en una mano de póker nocturna creyendo que sus cartas le permitirían afirmarse en el duro casino prime-time de la televisión abierta. Lo cierto es que apenas se sentó en la mesa, recién tomó conciencia que sus rivales ya lo estaban esperando, aún aquellos que sobrevivían mendigando cartas salvadoras de vez en cuando. Una novela turca, el público cautivo de Marcelo Tinelli y la consolidación de un formato revisionista de la tv en El Nueve, fueron competidores con la peor cara y una postura despiadada para aniquilarlo en cuestión de semanas, precisamente seis las que duró con un formato insípido, absurdo en su lineamiento y carente de ideas en un horario impiadoso al extremo.

 

 

El mea culpa del animador televisivo centro el foco del problema en su persona y evitó en esa circunstancia prender el ventilador para no derramar responsabilidades en terceros. La renuncia del famoso conductor televisivo careció en algunos instantes de humildad, justo cuando no se cansó de felicitar a sus colaboradores, equipo de producción y técnicos de la emisora. ¿Si todo era tan genial a su alrededor… por qué no se reflejó en audiencia? Todos aquellos que intuían la caída del añejo conductor lo estaban esperando con la motosierra encendida y Jorge Rial, descuidado en su despedida, sentenció que le dieron una Ferrari para conducir y la chocó. Sin dudas, la famosa Ferrari no era aquella que sacó campeón a   Schumacher cinco años seguidos, tampoco la que Kimi Raikkonen llevó a la gloria en el 2007. La Ferrari que Jorge Rial chocó no era un karting como ironizó Baby Echecopar en estas últimas horas, era muy parecida a la que usaron Vettel y Leclerc en el 2020: bonita por fuera en sus colores, inestable en su funcionamiento, asistida por un equipo técnico de empleados incompetentes y vaporizada de piropos de cumplido para convencer al piloto que podía ganar alguna carrera. Esa fue la “Ferrari” que condujo Jorge Rial seis semanas, las suficientes para que alguien levantase el teléfono e indicara que sería oportuno ofrecer la renuncia, evitando un año mayor, pero también pensando que el día de mañana podría haber otra oportunidad en la emisora para revalidar aquellos logros del pasado.

 

Los enemigos de Jorge Rial, incluida la participante de Gran Hermano Marianela Mirra, tuvieron que hacer una muy extensa cola para pegarle entre la noche del viernes 28 y el mediodía del sábado 29 de mayo, porque eran muchos y los oscuros recuerdos que su trayectoria deparó en los involucrados preanunciaba fuerte que los misiles le lloverían torrencialmente aprovechando este brutal porrazo profesional, después de numerosas temporadas con buena imagen en las tardes televisivas. Hasta Viviana Canosa se metió en la volteada para avisarle que le enviaría una carta documento, supuestamente por haber comentado que su ex-panelista estaba teniendo citas clandestinas con el cumbiero “El Dipy”. Los medios que no simpatizaban con el conductor le dejaron caer munición constante todo el fin de semana, dejando al animador televisivo casi como esos muñecos inflables que tienen en el fondo un poco de arena, para que una vez golpeados vuelvan a pararse velozmente. La reacción de la emisora en medio de esa “sorpresa/no sorpresa” sin un programa en el tramo prime-time fue reordenar los ciclos con otros horarios y remar la tormenta, esperando que pasara este sofocón inicial y el canal pudiese reacomodar todo, para seguir un duro camino que nunca más que el viernes evidenció que el mítico jardín de rosas era un vulgar y absurdo espejismo.

 

 

Los analistas televisivos hicieron hincapié únicamente en las mediciones del ciclo, detalle no menor, pero lejos estuvieron de poner la lupa donde correspondía, especialmente en las tareas de producción y fundamentalmente en los acompañantes del conductor. El ciclo se dio el lujo de poner al aire una entrevista exclusiva con el joven abogado-apoderado del desaparecido ídolo deportivo Diego Maradona, material que en las primeras 48 horas hizo que su rating ilusionara a los responsables y también a los productores del ciclo. Aquello a la hora de contextualizarlo en una visión general, pareció un gran fogonazo de arranque que prometía detonaciones de ese nivel, pero con el paso de las jornadas, el programa no se acomodó jamás, evidenciando que su dirección artística no sabía donde colocar todos sus cañones, algo que se vio en la misma semana cuando lejos de las primicias políticas o sociales, el envío volvió a coquetear con la farándula como si fuera un “Intrusos By The Night”. Ese descrédito y otros elementos en pantalla, rápida y progresivamente fueron las primeras perforaciones de una quilla artística en pantalla donde se colaba el agua dejando a la vista el nulo andamiaje del programa para seguir dignamente a flote. Las semanas se esfumaron y encima cuando llegó Marcelo Tinelli a la tevé, “TV Nostra” solo se tuvo que conformar con poder vencer en el rating a la Tv Pública, quedando en el cuarto lugar del tablero de audiencia superado por tres emisoras rivales.          

 

Los panelistas Diego Ramos, Angela Lerena y Marina Calabró poseen enorme porcentaje en la responsabilidad de un ciclo que dilapidó esas butacas coprotagonistas, en un patético triunvirato de asistentes buenos para nada que restaron y no sumaron nada que justificase su presencia en pantalla. Cínica ineptitud, militancia y resentimiento fueron los colores de aquella paleta que cada vez que el animador buscó en el intento de acuarelas noticiosas a tono con el desafío, lo fue dejando en offside sobre el pésimo casting gestado para llevar a buen puerto un nuevo formato que nunca fue tal. Lo más bochornoso de este asunto, fue el descarado acting que la hija de un reconocido humorista encaró en los últimos días para tratar de salvaguardar su honor, quejándose por haber sido notificada del final del ciclo a tan solo dos horas de hacerse pública esa novedad. Según esta veterana comentarista de televisión, lo ideal hubiese sido notificarles antes, probablemente para que cada uno en esa situación pudiese armar su justificación a tono con lo ocurrido y no tener que navegar en ridículos balbuceos de justificación.

 

 

Si como dice la panelista, había que quedarse a dar la batalla necesaria para revertir la debacle y buscar enderezar la caída, apelando a cambios de notable dureza, lo primero que debió hacer Rial es deshacerse de tres incompetentes que no solo subestimaron la situación, sino que gozaron de una privilegiada butaca dentro del programa para ver como “TV Nostra” a la usanza del Titanic, se hundía veloz mientras todos se peleaban descaradamente por un magro bote salvavidas. El colmo de las declaraciones que la comentarista de tevé ofreció en las últimas horas hizo hincapié en la decisión de no avisarles antes del cierre del ciclo, pero al respecto conviene recordar que Marina Calabró en su momento no hizo lo mismo cuando, tras haber recibido una propuesta de El Nueve para conducir un ciclo vespertino, de la noche a la mañana tiró la novedad y se marchó de “Intrusos” a la emisora rival, para conducir pésimamente un formato que a las pocas semanas también fue levantado del aire, otro fracaso que se suma a una enorme lista de los mismos en el currículum de alguien que no ameritó jamás estas oportunidades u ofrecimientos.

 

Recibida de abogada y con muy buen conocimiento de esas materias, es una profunda incógnita como no se dedicó a esa especialidad, malgastando las oportunidades que recibió, incluida la actual de acompañar burdamente a Jorge Lanata en una sección de floja calidad en el envío radial de Mitre AM todos los mediodías. Manteniendo silencio y esperando que las aguas se calmen, Jorge Rial deberá hacer una autocrítica interna de sus errores antes de pensar una vuelta a la pantalla u otro medio. La sociedad afectada con la pandemia y otros factores, no parece ser la misma que indulgentemente toleró sus pifies del pasado y ahora le pasa factura de manera instantánea, algo que también vive Tinelli en estos días. La tormenta actual, lejos de aplacarse, mantiene su potencia y factor dañino, fenómeno que Ser Argentino anticipó a sus lectores el miércoles 12 de mayo, cuando los aplausos holográficos y la euforia de plastilina tapaban las nubes de este cruel vendaval en la órbita televisiva local con consecuencias demoledoras para sus involucrados.                      

Rating: 4.50/5.