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La pandemia se convirtió en el nuevo director de programación de la televisión

La subestimación del problema sanitario y las preocupaciones de aquellos que todavía no plasmaron sus productos en pantalla provocan una desquiciada incertidumbre donde los espectadores comienzan a cansarse.

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Podrá aducirse relajación, cansancio y otras conductas, pero lo cierto es que aquello que las figuras de la televisión proclaman buena parte del día en pantalla, es decir, mantener los cuidados y precauciones sanitarias en todos los lugares de trabajo y vivienda, empezó a convertirse en un discurso burocrático de estos personajes que últimamente cobraron un marcado protagonismo no por sus aciertos delante de las cámaras. Primero se habló hasta el hartazgo de las restricciones en los estudios de televisión, señalando que en esos sitios habría un tope de personal autorizado que debía ceñirse a estos protocolos. Hasta ahí, los fundadores de esta determinación sanitaria no calcularon que la letra chica del protocolo fue violada de distintas maneras y formas desde el arranque de la pandemia.

 

La famosa distancia social se respeto los primeros días, pero con el correr de las semanas y la fatídica distención que mostraron muchas personas que trabajan en la pantalla chica, el cuidado que debía mantenerse a rajatabla hoy es vulnerado de manera constante con un ritmo desquiciado de solucionar situaciones metiendo personas en pantalla. Cuando llegó la oficialización de la pandemia y el posterior discurso presidencial confirmando un añejo decreto que venía siendo preparado al respecto, los canales de televisión debieron asumir en marzo de 2020 que el drama sanitario no era un asunto al que podían subestimar como hacen con la mayoría de las cosas. A 13 meses del shockeante anuncio que colocó al país en modo ASPO Fase 1, da la sensación que el desgaste anímico, la necesidad de vivir una realidad totalmente diferente a la actual y otros elementos le siguen pasando una factura muy cara indefectiblemente a todos los involucrados.

 

El año pasado la dejadez mostró dos patéticos ejemplos sobre como la subestimación deja al desnudo la estupidez humana, especialmente cuando los involucrados tienen la pantalla como testigo de muchos de sus actos. En esas primeras semanas que los programas dieron vuelta sus mapas de tarea, para reconvertir sus formatos en  una estructura blindada con el suficiente distanciamiento y cuidado, naturalmente desde lo visual la audiencia no ocultó su incomodidad cuando muchos ciclos merced al zoom, o las cámaras colocadas en varios espacios separados,.terminaron transformando a la habitual pantalla de tevé abierta en una traumática imagen, parecida a los monitores de seguridad que usan las empresas del rubro para vigilar el comportamiento de numerosas personas al mismo tiempo. El efecto de una visión parecida al tablero de ajedrez con varios muñequitos moviéndose en cuadraditos de reducida dimensión, provocaron primero la paciencia del televidente para adaptarse, pero con el correr de las semanas, el hartazgo se convirtió en brusco descenso del rating en los ciclos que apelaban constantemente al multicámara catódico aburriendo con un zoom de involucrados muy odioso.

 

 pandemia

 

Después de algunos meses y tras una etapa en la que la gente apeló a la televisión como la manera de sentirse informado en medio de la crisis sanitaria, la televisión buscó mantener el interés de los espectadores con erróneas decisiones que terminaron jugándole en contra cuando quedó al desnudo. La pantalla chica no acató los protocolos existentes y como era de esperar, pudo mucho más el capricho de los productores y asistentes de retomar viejas estructuras de trabajo, que buscarle la vuelta a un formato que necesitaba reflexión y no el festival de espasmos operativos que devino en situaciones reñidas con la obvia necesidad de cuidar la salud de los involucrados. Mientras bastantes ciclos seguían cuidando el tono distancia de los protagonistas, algunos programas simularon respeto los primeros días del confinamiento para luego convertir a esas cotidianas transmisiones, en una contradicción de los proclamado estéticamente en los anteriores meses.

 

El panelismo, ese macabro linforma televisivo que en la última década y media colocó en pantalla a un montón de personas acompañando a un conductor, con la finalidad de opinar impunemente de todo desconociendo la mayoría de las temáticas escogidas, fue la primera avanzada que desnudó los viejos vicios televisivos, tiempos donde muchos ignoraron sin titubear el drama sanitario existente. Desde un programa de chimentos en turno vespertino en El Nueve, hasta el vergonzoso “Cantando 2020”, el paso de los días expuso que aquello que había que cuidar era vulnerado simulando igualmente el cuidado delante de cámaras, un postulado que los contagios derrumbaron cuando los mismos aparecieron sin piedad.

 

La decisión de colocar en menor espacio físico a una conductor/a bastante acompañado de opinólogos incurables sobre cualquier temática, sentó bochornoso precedente desde esta emisora ubicada en la calle Conde al resto de los canales, quienes también avalaron dicha violación operativa sumándose a ese proceder equivocado. El caso más grave al respecto pudo observarse con el concurso de cantantes en El Trece: la presencia de Lola Latorre, primogénita del deportista que militó en Boca y Ranking, cantando con un influencer que buscaba desesperado sobresalir en cada velada, dejó expuesto que la participante tenía un sinfín de privilegios, entre ellos, varios acompañantes al costado del escenario liderados por su madre y Lisandro Ruíz, otro clown de las redes sociales que constantemente tenían el rostro descubierto ignorando las determinaciones que regían por ese entonces delante de las cámaras.

 

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Después de un año de restricciones y desgaste tras el desembarco del problema sanitario, los protagonistas de la televisión no reconocen que les cuesta realmente muchísimo seguir cumpliendo sus obligaciones para evitar la propagación de esta grave enfermedad. Todos aquellos cuidados que deben cumplir ante la mirada de los televidentes, parecen quedar anulados apenas regresan a sus casas, desnudando un nivel de subestimación preocupante por las obvias consecuencias que vienen generando a los ciclos en los que se desempeñan cotidianamente. Cuesta creer que, ante el dramático presente sanitario, los famosos olviden ciertos cuidados que ostentan enfocados por las cámaras en sus ciclos. Uno de los lugares en donde más casos de contagio se registraron con personajes conocidos, es el sector de barrios privados ubicados en Nordelta, el corazón de muchísimos infectados por el COVID-19 en las últimas semanas. Fiestas nocturnas, reuniones no autorizadas y un espíritu muy violatorio mostrando una estúpida rebeldía en los tiempos que corren, desnudan a cada hora la irresponsabilidad existente cuando muchos protagonistas de esta situación deben asumir aislamiento obligatorio sin titubeos. Los contagios de ciertas figuras de El Trece o Vacío Telefé exponen esa absurda gama de conductas ignorando el problema actual.

 

El otro problema que nadie comenta, es la ausencia de cuidados que manipulan ciertos trabajadores que, por razones profesionales, se desempeñan en más de un medio yendo de un lado a otro de sus lugares de labor, ignorando por descuido ciertos protocolos que más tarde o temprano les terminan pasando factura con la enfermedad obligándolos a duras internaciones o aislamientos forzosos hasta recuperar su anterior estatus físico. El caso de un devaluadísimo periodista de policiales que trabaja en radio y TV, fue la gota que rebalsó el nivel de paciencia en los directores de contenidos, cuando también se vio afectada una de las personas que conducen el noticiero de la franja prime-time, un papelón de escala vergonzosa. La secuencia continuó en estas últimas horas con una veterana panelista del nuevo programa de Jorge Rial, quien compartía tareas con el comunicador policial de tv y radio porteña.

 

“Haz lo que yo digo más no lo que yo hago”, parece actualmente el lema de la mayoría de los que desempeñan tradicional protagonismo en la pantalla chica. Dos conductores de los noticieros de la noche, varios panelistas radiales saliendo desde sus casas y numerosas personas que compartían actividades con todos estos, exponen que la relajación y varios descuidos son moneda corriente, desafortunadamente justo durante el esperado arribo de la segunda ola de COVID-19. Impactados por estas desavenencias de todos aquellos que en sus casas olvidan la rigurosidad de los protocolos, desató un duro llamado de atención dando a entender que la pandemia es el nuevo director de programación, fenómeno que saca y pone de sus lugares de trabajo a las figuras que muestran una subliminal desidia al momento de extremar los cuidados sanitarios ante el grave problema mundial de salud existente.                       

Fecha de Publicación: 05/05/2021

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