Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Iris Marga. Amor de Teatro

Pocas actrices argentinas conquistaron las plateas del mundo como Iris Marga. Actuó con Gardel, Pirandello la elogió y Piazzolla le dedicó el “Himno al Artista”. Pero Iris siempre será, ella feliz, el ángel guardián de los actores mayores.

Imposible no quedarse con la estampa clásica que inmortalizó Annemarie Heinrich de Iris Marga, en el apogeo de los cuarenta. Ya Pirandello la había elogiado, ya había estrenado tangos señeros de los veinte, en la revista de vedette, y realizado exitosas puestas de teatro dramático con Orestes Caviglia y Antonio Cunil Cabanillas. Gozaba Iris, la Gran Dama del Teatro bramaba el público, un reconocimiento realzado con la dirección de estrenos en el Teatro Cervantes. “Yo inauguré el Maipo como vedette y con mucho afecto, con mucho cariño”, rememoraba la artista de su paso en el género mayor porteño acompañando a Florencio Parravicini o Pepe Arias, “Pero hacer Shakespeare en el Cervantes es algo que no se puede volver a repetir”, destacando la aplaudida temporada de “Las alegres comadres de Windsor” Y con la humildad de las grandes, Iris señalaba, “Yo estoy casada con el Teatro. Podría haberme casado, pero cada vez que aparecía un pretendiente me aparecía un nuevo contrato y zas, no se podía. Además nunca lo hubiera hecho con un compañero porque siempre pensé que me tenía que casar con un hombre mucho mejor que yo”, remataba la actriz. Iris que en el espectáculo de despedida de 1991, triunfal en París y Buenos Aires, cantaba con música de Ástor Piazzolla, “Es el artista únicamente, /quien llega hasta el alma dulcemente…Quítenos el pan, también la vista/Pero nunca el sentir de artista”.   

Azaroza la luz vital de Iris, que llegó al mundo como María Iris Elda Rosmunda Pauri Bonetti, nacida en Orvieto, Italia, un 18 de enero de 1901. De muy niña emprende la travesía de hacerse la América junto a la madre y eligen Buenos Aires, donde supuestamente los esperaba un papá. Un hombre de mundo, culto,  y que antes vivió aventuras en El Cairo. El papá jamás aparece. Así que las dos mujeres, al igual que millones de inmigrantes, al igual que su gran amigo cantor, Carlos Gardel, deben rebuscárselas como pueden. Afortunadamente la señora Pauri era egresada de idiomas de la Universidad de Padua, y rápidamente consigue empleo de institutriz, entre las familias más tradicionales como De Vedia. Y así una tarde,  la niña Iris recita “La Avispa Teresa” en las rodillas de Julio Argentino Roca, en italiano. Ya de pequeña hablaba cuatro idiomas, además del materno y el rioplatense, suma el francés y el inglés, y eso le permite trabajar como su madre en las célebres Academias Berlitz. Alterna con el trabajo de preceptora de un liceo céntrico, que le sirve de ensayos con público porque canta tonadillas a las adolescentes, en la época que eran furor las zarzuelas.

Preparándose para un examen de ingreso a la Facultad de Filosofía y Letras en 1920, unas vacaciones en Montevideo cambiarían radicalmente sus planes. “Me había invitado el empresario José Messutti. En el cuarto de al lado del hotel se alojaba una mujer, modista, que tarareaba un tango en una mezcla infernal de castellano, brasileño y francés -que decía ser amiga de Gardel- De tanto escucharla, la aprendí y se la canté al empresario, que se mató de risa. Lo mismo pasó en una fiesta de homenaje a Parravicini, donde me hicieron repetir la monería. El empresario del Solís, que tenía la compañía de Concepción Olona, me llamó para hacer luego un fin de fiesta”, y remataría aún sorprendida de la repercusión que tuvo “la monería” en la prensa uruguaya, “yo soy actriz porque a un empresario se le ocurrió” Lo que no era magia era un talento natural, y un don de mundo. Unos meses después, Iris que el único teatro que antes había pisido fue el Teatro Colón en compañía de la madre -asistente en la compañía wagneariana-, regresaba a Montevideo, “Hicieron todos los carteles y pocos días antes del estreno vi un enorme cartel que decía: Fin de fiesta: Iris Marga…me pegué un susto. No quería debutar. Un maquinista vio que estaba muy nerviosa…así que me empujó y aparecí justo en el momento que tenía que empezar a cantar. De esa manera empezó mi carrera”, comentaba a Andrés Bombillar de la revista La Maga en 1994, una actriz que compartió luego cartel con Elías Alippi, Enrique Santos Discépolo, Luisa Vehil y tantísimos monstruos sagrados de la escena argentina. Y cantando al final de las películas mudas que distribuía Max Glucksamann por cuarenta pesos uruguayos, ella que fue una de las mejores cancionistas de la dorada década del veinte de Libertad Lamarque, Mercedes Simone y Azucena Maizini, se hizo un lugar para inaugurar el Teatro Maipo, cuna del teatro de revistas, invitada por Ivo Pelay.

Debutaría en octubre de 1924 con “Las modernas Scherezadas” y “¿Quién dijo miedo”, en la cual estrena el tango “Julián”, de José Luis Panizza y Edgardo Donato -violinista que solía acompañarla en vivo. Antes se presentó en un festival estudiantil organizado por el doctor Finochietto en el Grand Splendid-. Marga alcanza un suceso fenomenal con este tango y se ubica durante años como preferida de las emisoras radiales, compartiendo este sitial popular con una rosarina que era apenas una segunda tiples, corista de fondo en aquel 1924, luego otra gran amiga, Tita Merello.

Con la fama ganada en la canción se aleja del Maipo, aquí trabajó un par de años nomás, y comparte cartel en el Teatro Empire, de Corrientes y Maipú, con el Zorzal Criollo, que seguramente se habrá divertido con la versión paródica de “Mi noche triste” que abrió las puertas a Iris en el mundo del espectáculo. El tango “Sonsa!” (1925) de Emilio Fresedo y Raúl de los Hoyos cantado para la “eximia artista Iris Marga en “Las alegres chicas del Maipo””, que cantaba con sombrerito y recatados escotes, Iris no fue tampoco una bataclana, significó otro suceso radial, aunque no avizoraba el giro de la década siguiente. Cuando en 1940 se nacionaliza argentina, Iris Marga es la Gran Dama del Teatro.

“Era el sueño de mi vida”

“Pauri es mi apellido pero no lo pedía dar ese disgusto a mamá”, recalcaba a la distancia Iris comentando el nombre artístico, “Y el empresario insistía  que debía imprimir los carteles del debut y yo estaba escribiendo justo una carta a mamá. Había comprado una caja de papel de escribir y en la tapa rococó había una bailarina muy coqueta y abajo decía Marga y pensé: no suena mal. Así quedó Iris Marga”, sostuvo una de las primeras actrices argentinas que reconocieron una operación de cirugía estética en 1938. “Yo actuaba en el Teatro Porteño y -José- Saldías escribió una crítica muy favorable, diciendo que yo era una actriz de verdad”, en 1929 fue convocada Marga por Pepe Ratti para “El valor de una vida” de Pedro Aquino, en una entrevista a Sergio Pujol en el libro “Valentino en Buenos Aires” (1994), “al poco tiempo de salir el comentario vinieron Saldías y Armando Discépolo a verme al teatro. Habían organizado una compañía para actuar en España y querían que me sumara a ella. Era el sueño de mi vida. Firmé contrato y si bien después hubo problemas para viajar y tuve que quedarme ligada por contrato -interpetaría “Amada y Eduardo” de A. Discépolo-, aquel fue un paso decisivo en mi carrera artística”. Idéntico al de 1936 cuando el por entonces director general del Teatro Nacional de Comedia (hoy Teatro Nacional Cervantes), Cunill Cabanellas, la invita a la compañía estable. Luego actuó bajo la dirección del mismísimo Luigi Pirandello, el gran dramaturgo siciliano, en “Cuando se es alguien”, “vino a dirigirnos en el Teatro Odeón y yo tenía que hacer un personaje físicamente robusto. Cuando me vio, me dijo: "Ma, e molto magra" ["Pero, es muy flaca"]. Le contesté: "Mire: si quiere me voy, pero ni se le ocurra pensar que voy a ponerme rellenos y esas cosas". Se quedó azorado y me pidió que siguiera", rescata la anécdota con un grande la escena mundial, Pirandello que pensaba que los actores argentinos son los mejores.

Iris Marga, artista y gestora cultural

A lo largo de las décadas siguientes en casi 30 puestas, además de protagonizar en el Cervantes la primera pieza donde se escuchó “puta”, Marga se floreó en “Los intereses creados”, “El pavo”, “Mirandolina” y "Rinoceronte". También bailó y cantó en un raro musical de los años sesenta, "El novio". Pasados unos años que debe exiliarse en España, los primeros de la presidencia de Juan Perón, la actriz regresa en 1950 para integrar el Ateneo Cultural Eva Perón. Más tarde fue una "Celestina" (1957) espectral y relanzó su carrera en el Caminito de Cecilio Madanes, con musicales de verano al aire libre en La Boca. A la comedia también Iris condimentaba con drama y aparece en "Después de la caída" de Arthur Miller.

La televisión y el cine quizá no fueron un ámbito cómodo de la autora de “El teatro, mi verdad”. En la pantalla grande Marga posee algunos títulos notables, destacándose en el premiado rol de reparto en “El Candidato” (1959) de Fernando Ayala o “Miss Mary” (1986) de María Luisa Bemberg, pero con una extañeza, ya que de las once películas que trabajó, dos no se estrenaron comercialmente, incluída la primera aparición, “Tararira” (1936) de Benjamín Fondané. En tevé ocurre algo parecido, su presencia es más bien esporádica, si bien fue una de las primeras actrices que actúo delante las cámaras en los cincuentas, montando clásicos del teatro universal en Canal 7. De las apariciones televisivas dos son quizá las más significativas, “Gran Hotel Carrousel” (1967) con Violeta Rivas, y  el especial “Navidad en el año 2000” (1981).