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Gustavo Garzón. “La cultura nacional tenemos que defenderla nosotros”

El actor protagoniza el largometraje “El Monte”, nueva película de Sebastián Caulier, filmada en Formosa, sobre la historia de un hombre atrapado por una leyenda norteña.

Rodada durante los días previos a la pandemia y meses después cuando las restricciones permitieron continuar la filmación, el largometraje “El Monte”, del realizador Sebastián Caulier, fue presentado en abril de este año como una de las esperadas novedades de la edición presencial del festival BAFICI 22. Estrenada el pasado jueves 18 de agosto, la producción que incluye las actuaciones protagónicas de Gustavo Garzón, Juan Barberini y Gabriela Pastor es una historia filmada en Herradura, Formosa, provincia de la cual es oriundo el autor y director.     

Conversamos con Gustavo Garzón sobre el largometraje que cuenta la historia de Nicolás (Juan Barberini), quien vuelve a la provincia de Formosa para rescatar a Rafael, su padre (Gustavo Garzón), quien de una manera repentina e inexplicable abandonó su carrera, su hogar y vínculos para internarse en una casa ruinosa en medio del monte. A medida que transcurren los días, Nicolás en ese sitio empieza a percibir una extraña conexión entre su padre y la naturaleza que los rodea, descubriendo que en ese lugar subyace un secreto ancestral que puede poner en peligro sus vidas.

 

 

¿Qué te cautivó del papel y cómo desarrollaste el día a día de ese hombre que se ve poseído por el monte?

Gustavo Garzón: El personaje es una antítesis mía, no soy así como padre, tampoco creo en las fuerzas sobrenaturales ni nada de eso. El rol me obligaba a salirme de mí, que es lo que más me gusta como intérprete. Es un individuo con otro aspecto físico, soy alguien bastante normal dentro de todo y tenía que salirme de eso, para pasar a ese cuerpo. Busqué mucho por ese lado y especialmente por la mirada, tenía que arriesgar con lo que hago, de lo contrario no iba a alcanzar. Me gustó el desafío, tener que meter el cuerpo sí o sí, poder transformarme con la voz, la mano, porque sino no iba a ser verosímil ni para mí ni para el que lo miraba. Así que me entregué a la experiencia y me brindé con el cuerpo.

 

Por lo visto, filmaste en un contexto rodeado de muchos animales del lugar.

GG: Soy muy cobarde, le tenía miedo a los monos, me impresionan mal y me parecen asquerosos, no sé porqué tengo un problema con ellos. Además son parecidos a nosotros y me impresiona, encima estos monos te cagan encima. Como a ellos no les gusta la gente, cagan, agarran la caca y te la tiran, estaba todo el tiempo viendo que no me caguen los monos. Ni hablar de la escena en el agua a centímetros de un yacaré. Esa escena con uno fue la prueba de arrojo más grande de mi vida, es la realidad, soy bicho de ciudad, me dan impresión los animales. Me gustan los perros, con las vacas no tengo problemas, con los caballos hasta ahí. Es un mundo que me halla desacomodado, entonces fue entregarme a una experiencia de valentía, tomando en cuenta mi cobardía.

El temor de una leyenda que cobrase vida

¿Te generaba inquietud la historia del monte que cuenta la película?

GG: No pensaba si podía ocurrir o no. Estaba escrito, para mí tenía que ser verdad, no le pregunté a Sebastián el director si el mito podía ser verdad. No me quiso decir del todo y pensé que era verdad. Si pienso que eso no es verdad, no lo puedo hacer, creía que eso era verdad, no solo un mito, que era real, si no te lo crees no podés hacerlo, la situación me llevaba y la dejaba, es un juego. Pero hay que jugarlo en serio porque sino podés perder.

 

La película se proyectó en el BAFICI. ¿ Qué pasó cuando viste terminado el filme?

GG: Me impresionó gratamente, es una película de alto vuelo con la fotografía y música, las cosas que uno no sabe cuando está actuando. Ahí lo único que verificás es que la letra esté bien, no sabés qué están haciendo y cómo será la película. No se trata de una película “menor”, es un muy buen film, lo felicité a Sebastián cuando terminó porque me sorprendió, uno lo ve tan “chiquito”, piensa que hace películas “chiquitas”, sin embargo hizo una película importante, a nivel internacional. Mantiene la tensión hasta el final, eso es lo que más importa de un largometraje.

¿Cuáles son tus expectativas a la hora de un estreno, en este caso en el cine?

GG: Ya ví la película y ya está, era ver cómo había quedado, tenía curiosidad sobre mi trabajo. Había hecho algo fuera de lo común y necesitaba ver si en pantalla era efectivo o nó. Me gustó, no tengo ninguna expectativa más de nada, soy muy autocrítico. Digamos que la crítica que más me importa es la que hago de mi trabajo, soy muy perfeccionista y no me hago expectativas de nada, ni de éxito, porque después te caes. Lo mío es el día a día, trabajar, quedar conforme con uno mismo y el producto, es lo más importante, pues lo demás no está en mis manos.

El cine nacional en un incierto destino

¿Hay alguna sensación sobre el destino de la industria nacional cinematográfica?

GG: Uno siempre quiere que el cine argentino camine, sobre todo en un momento tan difícil. De hace muchísimas décadas el cine argentino, de la televisión ni hablar, que murió para nosotros. El cine es un lugar de resistencia, hoy cine argentino está difícil, por ende tenemos interés que la gente vuelva al cine, que vaya a las salas, que se llenen. Es la única manera de reavivarlo, sino las plataformas nos llevan puesto, como la “Coca-Cola” hizo con los jugos, lo mismo. Hoy los tanques de Hollywood se llevan todo puesto, se llevan puesto al cine, la tv. Por suerte al teatro no se lo pueden llevar puesto, es el único lugar que tenemos de resistencia actualmente. Hay que defenderlo porque sino se lo llevarán puesto.

 

Tuviste una agenda agitada profesional en el cruce de temporadas

GG: Tal cual, se estrenó hace poco “Los Bastardos” de Pablo Yotich, hacía a un dirigente sindical, algo como un matón. A mediados de 2021 hice un film con Noemí Frenkel en Mendoza, llamado “1 por ciento” que dirigió Martín Viaggio. Es sobre una persona diagnosticada con una enfermedad muy grave y terminal, que se replantea como vivió su vida allí en esa localidad. También estuve en la serie “Barrabrava”, que irá en el 2023 por Amazon Prime Video. Allí hice de jefe de la barra brava de “Atlético Libertad del Puerto”, filmamos tres meses en el Uruguay. Usé alguna referencia de haber ido a la cancha y conocer los partidos, soy de Argentinos Jrs. Allá lo hicimos con la hinchada de Nacional, una hinchada real sin extras (risas). Quedé muy satisfecho. En estos tiempos tan duros de laburo, por suerte, vivo de esto, me siento un privilegiado. Hago un unipersonal sobre textos de Chejov llamado “Bufón”, es todo un desafío para mí. También doy clases, en estos días me dedico más que nada a eso, al teatro y a las clases.

 

 

¿Pueden hacer algo los intérpretes para que las plataformas no se “lleven puesto al cine”?

GG: Nosotros no podemos hacer nada. Ahora en los complejos de cine la mayoría de las películas exhibidas son tanques de Hollywood. Debería haber algún ministerio, alguien que se ocupe, con el INCAA solo no basta, más de arriba, del Gobierno, de no permitir que la industria del cine nacional desaparezca. Buscar sostenerla, defenderla, jerarquizarla, está bien que estén las plataformas, pero eso no quiere decir que tenga que desaparecer el cine, o que desaparezcan los actores de la tv, como hemos desaparecido. Nosotros no podemos hacer nada por eso, tiene que haber un acuerdo entre sindicatos, empresarios, buscando en ese encuentro como hacer para que siga vivo el cine argentino y que los actores sigamos en la tele. Las plataformas me llaman para trabajar, un poco, sí, voy, laburo y agradezco, pero el cine está muy complicado y esto es lo nuestro. Las plataformas son extranjeras, nosotros vamos a laburar para ellos, pero la cultura nacional tenemos que defenderla nosotros.                  
                                        

Imágenes: Agencia Luciana Zylberberg 

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