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Gran Hermano Argentina: el fenómeno televisivo que se adelantó 20 años al aislamiento

El reality-show, que llegó antes del “corralito”, la caída de las Torres Gemelas y los cinco presidentes en una semana, fue visionario en cuanto a elementos de la realidad actual.

Espectáculos
Gran Hermano

Hay programas que marcan un antes y después en la televisión. “Gran Hermano” es uno de ellos y en estas horas se cumplen dos décadas de las primeras emisiones del reality show -término que quedó instalado para siempre- por la pantalla de Telefé, formato que oxigenó la carrera de la actriz Soledad Silveyra. En aquel arranque de milenio, cuando los argentinos comprobaron con tranquilidad que el mentado efecto “Y2K” no había dañado las estructuras informáticas del país, el insospechado virus de los formatos de encierro televisado llegó para marcar a fuego la cotidianeidad de las grillas televisivas. Ubicado en el dificilísimo horario “prime-time”, la pantalla de las tres pelotitas empezó a marcarle la cancha a todos los canales rivales por aquellas noches.

 

Los recuerdos que sobreviven a la primera temporada dejaron un sabor muy agridulce. El vencedor de la competencia, Marcelo Corazza, ingresó para reemplazar a una participante que no pudo continuar, y sorpresivamente fue elegido por el público como el concursante favorito, ganando frente a varios candidatos muy fuertes como la bailarina stripper Tamara Paganini, el estratega Gastón Trezeguet y la muy ambivalente Daniela Ballester. Corazza fue víctima de una cámara sorpresa de un ciclo de Jorge Rial, donde quedaron expuestas sus preferencias sexuales, y desapareció de los medios espantando por aquel episodio. Las chicas corrieron diversa suerte: mientras la estrella de los boliches prefirió el perfil bajo al advertir el desgaste de sus compañeros, Ballester llegó a presentadora de noticias en una señal de cable, en la que ocupa un privilegiado lugar. Trezeguet fue más astuto y al perder consiguió trabajo como productor del ciclo que batía récords de audiencia.

 

En la segunda edición, con una juvenil “Solita” que repetía la histórica frase “adelante mis valientes” al principio de cada emisión, llegaron personajes que tiempo después ocuparían un destacado espacio en distintos formatos del espectáculo, como Silvina Luna, Gustavo Conti, Alejandra Martínez y Ximena Capristo. La tercera temporada del ciclo deparó la victoria de Viviana Colmenero, una atractiva mujer que admitió prostituirse financiar la manutención de su hija ante la adversidad económica de esos tiempos. En aquel tiempo la sociedad se había hecho adicta del formato, un curioso voyerismo televisivo que exponía la intimidad de los participantes, mostrando sin titubeos sus necesidades biológicas dentro de un baño con más cámaras que un multitudinario partido mundialista. Varios elementos de nuestra realidad aparecieron en aquellos tiempos: la intimidad de las personas que hoy se conocen mediante las redes sociales, los conflictos personales que acontecían dentro de la órbita privada suponiendo cierta intimidad y la desesperación de ganar vulnerando esos valores que decían defender en declaraciones públicas.

 

Gran Hermano

 

La telefonía móvil recién comenzaba a ganar espacio en las comunicaciones tradicionales del 2007 y las redes sociales eran simplemente ciencia-ficción por aquel momento. Todos habían sucumbido al estilo de programa que homenajeaba ese inolvidable libro del inglés George Orwell, llamado “1984”, una obra conocida a fines de 1948 que hablaba del áspero comportamiento de un país, sometido al patrullaje social desde distintos mecanismos para vigilar segundo a segundo la vida de las personas. Aquel memorable texto hablaba del “no pensamiento” y el control de un “Gran Hermano”, al que la sociedad debía responderle sin demasiados cuestionamientos. Cualquier parecido con un régimen autoritario del nuevo milenio disfrazado de socialismo popular, es una simple y mera coincidencia del destino.

 

En Argentina, la llegada de este programa había detonado una crisis de dimensiones poco calculadas, cuando la pantalla chica había sucumbido a este formato televisivo, restándole horas a las ficciones que se grababan por aquellos tiempos. En un par de premiaciones del Martín Fierro, el discurso más elocuente y repetido por los ganadores era “Somo actores, queremos actuar”. Los reclamos de los sindicatos, la desaparición de novelas para ocupar esos bloques horarios con más realitys y la preocupación de los intérpretes desempleados por ese fenómeno, abrió una grieta que durante 2007 tuvo pareció acallarse por factores especiales de un año electoral con otros problemas ocupando la agenda nacional.

Gran Hermano

Esa edición, ya sin la conducción de Soledad Silveyra por cuestiones profesionales y con la llegada de Jorge Rial en su lugar, respaldado por un joven Mariano Peluffo, provocaron un inconmensurable boom donde el mérito principal, radicó en un casting casi al borde la perfección. Marianela Mirra, una joven tucumana muy tradicional, vivió duras situaciones de bulling con sus compañeros de juego, situación que la convirtió en una ganadora muy popular, algo que quedó testimoniado en los 53.7 puntos de rating cuando su nombre fue el nombrado como vencedora de esa histórica edición.  El guarismo superó las marcas de medición de los partidos de la selección argentina en los mundiales, situación que mostró hasta donde la empatía de aquel formato había calado en el sentimiento de la audiencia.

 

El staff de jugadores de aquella edición marcó a fuego todo lo esperable. Juan Expósito era el provinciano que buscaba la redención personal en tv, Sebastián Pollastro mostraba las preocupaciones de un grupo con preferencias sexuales poco respetadas por la gente y Diego Leonardi, en ese momento el concursante con más chances para ganar el juego, se trataba de un ex presidiario que ahora sobrevivía con un remise. Claudia Ciardone, rubia y sensual, fue eliminada rápidamente del juego, pero una impactante tapa y muchas fotos en la edición local de la revista “Playboy” la catapultaron al mundo del espectáculo. Nadia Epstein halló espacio en el reality como panelista, luego de convertirse en la villana que le hacía la vida imposible a la incontenible ganadora. De aquella temporada, dos jóvenes vivenciarían un año inolvidable. Por un lado, Silvina Scheffer ingresaría al mundo de tv por su formación como profesora de gimnasia, noviando algunos años con el humorista Nito Artaza. La otra participante, Melisa Durán, acaparó interés en los medios por su romance con el cantante Sergio Denis, relación que se rompió en medio del concurso cuando esta rubia participante comenzó a enamorarse de un compañero del juego televisivo.

 

Gran Hermano

 

Tal como era de esperar, el desgaste también le llegó reality más famoso del país, ciclo que en su momento compitió con otro de América TV llamado “El Bar”, del cual asomó el músico marplatense Diego Plotino, quien ganó el premio del ciclo gestado por 4 Cabezas, la empresa que después de dos temporadas con ese formato bajo la conducción de Andy Kusnetzoff, canceló una nueva temporada. Buscando oxigenar el formato, apareció por aquel momento un reality llamado “La Playa”, pero como el programa no alcanzaba buen encendido, de la noche a la mañana un día la productora mandó desarmar la escenografía armada en un balneario, sin notificar a la audiencia que el programa se había cancelado sin muchos cabildeos.

 

Intentando que la fórmula pudiese tener reformulaciones para una continuidad al aire, apareció el “Gran Hermano Famosos”, pero como el nivel de fama de los elegidos fue flojo, lo terminó ganando Diego Leonardi, ingresado de urgencia para potenciar una edición que sencillamente se caía a pedazos. Lo más desopilante estuvo a manos de Enrique Estevanez, quien concibió el programa “Reality Reality”, un formato en Canal Nueve donde sobresalió el añejo actor Juan José Camero, quien algo pasadito de alcohol durante el encierro, se caía de la cama, de la reposera en el jardín o entraba a la pileta con la botella de tinto en la mano. En ese momento, el rating ya no respondía a esos formatos.

El especial formato de “Gran Hermano” fue visionario en muchos elementos que nuestra realidad considera cotidianos, ante la descontrolada pandemia oficializada hace junto un año en medio del caos general. La fiscalización de la conducta humana con cámaras fue el punto central, algo que sucede con los circuitos cerrados en los edificios privados, todas las cámaras de la vía pública y el surgimiento de los celulares transmitiendo por redes en tiempo real, hechos que ocurren en diversos sitios de una localidad. Ya nadie mira con mala cara el portero visor en la entrada de un rascacielos, mucho menos las emisiones de Instagram o Facebook live que se hacen de cualquier situación cotidiana, exponiendo que la vida de la gente quiera o no, aparezca testimoniada por cientos de miles de ojos electrónicos patrullando sin pausa lo que millones viven delante de esos lentes digitales de grabación.

 

La idea de someter a un determinado grupo de personas a una muy prolongada situación de encierro, quedó reflejada desde marzo del año pasado cuando millones de argentinos ante la imposibilidad de abandonar sus hogares, expuso sus crisis personales al no poder controlar la tensión que provocaba permanecer encerrados en sus hogares. La presencia de un líder político hablando sobre la seguridad de la gente ante un enemigo invisible es otro de los hallazgos del libro de Orwell, quien en su publicación presentaba un enemigo llamado “Eurasia”, una nación surgida de la fusión de diversos continentes. El despiadado ojo “espía” que muestra todo sin filtros, fue curiosidad en su momento y ahora una áspera realidad donde los celulares desarrollan un patrullaje que muchos aborrecen sin dudar.

 

El año pasado, en medio de la pandemia, los rumores sobre la vuelta de “Gran Hermano” a la televisión abierta estuvieron ocupando bastante espacio, pero razones de presupuesto y la circunstancia de generar un cuadro de contagios con el ingreso-egreso de jugadores, se convirtió en el argumento por el cual el programa no regresó durante un tiempo donde los canales vivieron una ola de contagios en sus planteles televisivos. Ubicado en el historial de los momentos más recordados, la fenomenología de “Gran Hermano” caló hondo en los espectadores, tiempos de un país que ahora se vio reflejado en una realidad donde muchas situaciones de la realidad, sin proponérselo, evocaron aquellas conductas que desataron la curiosidad de millones que ahora son protagonistas de un “GH Universal” en todo el país.

 

Fotos: Prensa Departamento Telefé

Fecha de Publicación: 16/03/2021

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