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Enrique Llamas de Madariaga: “Se acabaron los Sarmientos en Argentina, hay mucha demagogia”

Enrique Llamas de Madariaga presenta un libro que habla de pequeños sucesos de los argentinos y el mundo. Todos que cuentan grandes historias. Incluída la suya.

Espectáculos
Enrique Llamas de Madariaga

“Serás periodista” escuchó a regañadientes un joven Enrique Llamas de Madariaga. Y trocó un futuro de leyes por humeantes redacciones y pasillos de radios y televisión. Trabajó en Clarín, el secretario de redacción más joven de su historia, y brilló en La Razón y el influyente semanario Primera Plana, con tiempo suficiente para fundar la revista Siete Días, y participar de los comienzos de Telenoche. Después obligado por un cruento secuestro en la última dictadura, viajó por 54 países imponiendo en Video Show un estilo relajado, en el formato de programas televisivos de viajes. En la radio, un exitoso ciclo en Radio Belgrano lo condujo a Rivadavia, transformado en su voz señera, hasta que nuevamente las balas picaron muy cerca, y decidió continuar su carrera en Uruguay. Volver a empezar a los 70 años.

Un periodista de la vieja escuela, sin egos ni fanfarronerías,  casi el último de los mohicanos de un periodismo que informaba, no para hacer negocios, sino en la búsqueda de una verdad colectiva. Una hoy sumergida entre la posverdad, resplandeciente en las ruedas de prensa, y los ruidos de las cacerolas de la calle, y chef mediáticos. Entre el ruido, escuchamos a Enrique.

 

Periodista: ¿Cómo nace el libro “Serás periodista”?

Enrique Llamas de Madariaga: Empezaron siendo notas que yo iba dejando de mis viajes,  con la idea de contar a mis hijos aquellas experiencias que en principio no me creían, o no entendían por su juventud. Pensaba que algún día les interesaría lo que había hecho su padre, o  abuelo, comer con Kadafi y Alberto Sordi, o conversar con la Madre Teresa y Pablo Neruda. Un día me propusieron que si escribía un prólogo a estas notas guardadas en cajones por décadas, ellos iban a publicar el libro como regalo de mis 80 años. Todos los escritos fueron pensados en responder la pregunta de dónde había estado el padre mientras la madre se portaba maravillosamente con ellos, los cuidó, los educó. Sinceramente me perdí la infancia de mis hijos.

Es una especie de diario aunque tampoco es un diario porque ahí también dejé muchas colaboraciones periodísticas, que en su momento descarté.

 

P: Varios capítulos son un lado B de la historia argentina, poco recordados.

ELLdeM: Aparecen historias que en su momento no se publicaron, en los tantos medios que trabajé. Y que me parece valían la pena que se sepan. Por ejemplo cuando el presidente Frondizi decide construir la Biblioteca Nacional sobre la residencia donde vivía Perón. U otras que no habían tenido mucha difusión, como la breve visita del Che Guevara al país en 1961, que había sido un pedido a Frondizi  del presidente Kennedy. Alguno de estos capítulos fueron publicados por la Academia Nacional de Historia y es algo que me pone  orgulloso.

 

P: ¿Por qué elije contar más de su paso por las redacciones que por medios audiovisuales, usted que trabajó en todos los canales, con éxitos como “Las 20 en Llamas”?

ELLdeM:  Es que para mí lo único que queda es el diario. La radio y la televisión son muy fugaces. He recibido reproches de audiencia que decía que me había escuchado hablando mal del presidente en Radio Mitre. Jamás trabajé en esa radio. Cuando están mirando la televisión, en medio del zapping, no tienen  idea de qué canal, o radio,  tienen sintonizado.

De todos modos, hay un error también contraponer a los medios, y pensar que lo visual resulta superior. En cuanto a la inmediatez, a la radio nadie puede llegar. También está la potencia de la imagen en lo audiovisual. Pero en lo gráfico, dejás asentado una opinión para la posteridad, y tiene un carácter documental. Los medios deben complementarse y no competir como lo vemos ahora.

 

P: Tuvo enormes personajes enfrente, desde Marcello Mastroiani a Juan Pablo II, ¿ quedaron preguntas por hacer en sus casi 60 años de trayectoria?

ELLdeM: Mi gran frustración periodística se llama Nelson Mandela. Varias veces estuve a punto entrevistarlo y, por alguna razón, se frustraba la nota a último momento. Sinceramente quería estar con él, y charlar, porque lo considero uno de los hombres icónicos de la historia contemporánea. Y mi gran pregunta a Mandela,  ¿cómo se hace para superar el rencor? Cómo se hace para superar la angustia, todos los años que vivió en esa celda, muchas veces con torturas, y después salir con esa grandiosidad de espíritu. Quería hablar con él de los puntos en común que tiene con Gandhi, otro de mis referentes.

Una vez tiran de un tren en la India a Gandhi por discriminación, él que era graduado en prestigiosas universidades inglesas, y cuando la policía dice que reconoció a los autores, este gigante contestó que no me colaborará con la policía para no agregar violencia sobre violencia. Hay que tener una grandeza, y una estatura moral enorme.

 

P: ¿Se arrepintió de alguna nota?

ELLdeM: Por suerte varias de esas quedaron en el olvido pero, claro, que hice notas desafortunadas, o que salieron mal. Una nota sobre los judíos en Argentina fue lo más triste que produje en mi vida. Porque queriendo conmover, yo que detesto cualquier forma de racismo o intolerancia, equivoqué la manera de presentar. He pedido disculpas varias veces. Mis otras malas notas quedarán en la libreta del olvido.

 

P: ¿Cómo eran las sobremesa con Jorge Luis Borges en avenida Belgrano, casi Entre Ríos?

ELLdeM: Primero eran maravillosas por la sabiduría que tenía Borges, uno los escuchaba como si estuviera en misa. Y por otra parte,  porque tenía un sentido del humor fantástico. Vivía haciendo una demostración de humor constante, pero un humor que no lastimaba a los demás, un humor con mucho ironía. Tuve la suerte de hacer una nota conjunta con Ernesto Sábato, Adolfo Bioy Casares y él, y las preguntas iban desde qué había que salvar de un incendio, a los grandes temas, la muerte, el olvido, el humor. Y sobre el humor, Borges dijo que era la máxima expresión de la inteligencia. Me acuerdo que Sábato, en ese momento, no quiso responder, a veces se sentía cohibido delante de Borges. Bioy Casares, en cambio, contestó que era un sentido de una magnífica humanidad. Con Borges no teníamos conversaciones profundas, sino que hablábamos de cosas mundanas que terminan siendo las más importantes.

 

Periodismo de ayer y hoy

P: ¿Sintió nostalgia mientras revisaba sus apuntes?

ELLdeM: Releyendo los papeles me ha dado cierta nostalgia. Y también un poco de envidia. Porque nosotros teníamos que mandar la película por avión a través de  alguna azafata, o con algún capitán, para que lo dejen en el mostrador de Ezeiza. Y después venía todo el proceso de edición de esas películas, con lo cual tu trabajo, con mucha suerte, podría aparecer uno, o dos días después al aire. Y hace poco tiempo, yo me estaba afeitando mientras hablaba con mi hijo, que trabajaba en Rusia, y me pasaba en tiempo real, el recuento de votos de Putin. Imagínate, en mi época todavía no existían los satélites, ja.

 

P: El salto tecnológico llevó a fronteras inimaginables en el periodismo de fines del cincuenta, años de sus comienzos en la redacción del diario de los Noble, ¿y en lo humano?

ELLdeM: En ese aspecto existe una deformación. Hay demasiada soberbia. Sostengo que han dejado de ser periodistas y ahora son comunicadores sociales, editorialistas, influenciadores de opinión pública -como decía mi amigo Horacio de Dios- Se ha llegado a la locura de periodistas que se autoreportean, al aire. O muchos programas en la radio que los periodistas anuncian que tienen dos editoriales. Es de una fanfarronería terrible. El diario que más circulación tuvo en la Argentina fue La Razón, que superaba varios medios de habla hispana, y nunca tuvo una editorial. Y ahora son todos editorialistas, je. Me acuerdo que en La Razón de Félix Laíño, una vez un periodista joven quiso firmar el artículo. Y la recibió la lección  de Don Félix que una redacción es una orquesta sinfónica. Donde el primer violín cambia todo los días porque mañana tu noticia es olvidada. Tal vez tengo una mirada vieja de periodismo,  pero esa es mi mirada.

 

P: ¿Cuándo cambió el periodismo?

ELLdeM: Fue una transformación paulatina y empezó cuando los medios dejaron de estar dirigidos por periodistas, y pasaron a manos de empresarios. Y en los directorios empezaron a manejarse con gente que venía del campo, o de las empresas automotrices, o sea de cualquier cosa menos con la misión de informar. Ellos conjugaron, primeros, la noticia y el negocio. Y eso cambió para siempre a los medios nacionales.

También vemos que muchos periodistas de la actualidad tienen el sueño de convertirse en empresarios. Y algunos les ha ido realmente muy bien. Pero finalmente, lo que pasa, es que la lógica de la empresa gana frente a la noticia imparcial. Lamentablemente. Varios colegas que han tomado esa ruta, y cuando tienen que informar, obviamente primero anteponen su negocio.

 

P: Entre los viejos códigos del periodismo aparece el off the record, ¿cómo lo manejó teniendo en cuenta que accedía personalmente a los presidentes?

ELLdeM: Y con el presidente Illia, casi todas las tardes, je. Creo que ese respeto a lo que me contaban hizo que fuera cercano con él, o con el presidente Frondizi. Aclaremos que el off the record supone que se cuenta algo que se sabe, y de alguna manera, se va trasmitir. Eso conmigo no funcionaba. Sólo me interesaban de esas charlas saber si tomaba un camino equivocado.

Nunca traicioné ese pacto que tenía con ellos como tampoco usaba esas charlas en un potencial, “habría”, “tendría” o “sería”, y que generalmente detectan hoy este tipo de contactos. Yo publicaba lo que se podía publicar. Y respetaba lo que me decían sin agregar nada de mi cosecha. Esto para evitar algo que es muy común y que la fuente diga que uno lo saca de contexto. Lo que pasa ahora es que hay muchos periodistas, que más que periodistas, son militantes,  y alteran con su ideología, lo que le dice la fuente. Eso atenta claramente contra las noticias y sus fuentes.

 

“Argentina me duele”

P: ¿Cambió la mirada sobre la Argentina conociendo 54 países?

ELLdeM: Viajar me hizo reconocer, con dolor, lo desperdiciada que está nuestra tierra. Una vez acompañaba una misión de empresarios japoneses, y consulté qué planes tenían en Argentina, y exclamaron, ¡que no harían en Argentina! Todo se puede en la Argentina pero tenemos una máquina de impedir muy grande. La burocracia y la política. Cuando un funcionario pone en un expediente “no resultaría de interés nacional”, muchas veces es una opinión personal. Hay fuerte temor en la ejecución. Se acabaron los Sarmientos en Argentina, hay mucha demagogia.

 

P: Tres veces le ofrecieron cargos públicos, ¿por qué no intentó revertirlo desde adentro?

ELLdeM: No quería perder mi objetividad. Es que si formás parte de un gobierno, no te queda otra que defenderlo. Y si encontrás un error, mal que pese, tenés que darle toda la vuelta para sostener a ese gobierno. Asimismo, acá se entiende que el otro se equivoca sin remedio, no que se disiente como en cualquier democracia, y de esos enfrentamientos no deseaba participar. Menos en un espacio como el periodismo, que es tan volátil.

 

P: ¿Y trabajando como lobista legalizado tal cual propuso en los setenta?

ELLdeM: Acá es inviable pero en Estados Unidos funciona muy bien y los lobistas trabajan a la luz del día.  Y se hallan perfectamente reconocidos por partidos. En Argentina, la costumbre es que todo sea por una gauchada, por debajo del escritorio, y quedar bien con el funcionario de turno. Desgraciadamente el lobismo legal resulta inviable porque nos gusta negociar en la oscuridad.

 

P: ¿No podemos cambiar esta cultura que engendra corrupción?

ELLdeM: Anhelo que eso cambie, espero ver que eso se cambie, pero me parece en este momento, que eso es muy difícil. En un tiempo en que el mismo presidente se contradice, sin que sepamos qué se está negociando, o por quedar bien con la vicepresidenta. Esta cultura nefasta es inducida además, y viene de arriba para abajo. Una vez trabajé en una nota sobre la inducción en la corrupción. Si compruebo que el presidente roba 100, el ministro 50 y el funcionario 20  hasta llegar al inspector de la calle, que retira gratis del verdulero tres kilos de mercadería, ahora, tengo que pensar que está inducido. Esa inducción de la inmoralidad es complicada de cambiar en la Argentina. Yo quiero que eso cambie por mis 7 hijos y 14 nietos. Ojalá (pausa).

 

P: ¿Duele la Argentina?

ELLdeM: Me duele mucho, me duele mucho mi país (silencio) Me duele mucho que todos los índices que aparecen sean cada vez peores. Y sin muchas perspectivas de mejora. Me duele mucho que se mienta en la  Argentina. Me duele mucho que se admita que cuando se estuvo en el Poder, no se animó en hacer los cambios para los cuáles fueron elegidos. O qué se negocian cuestiones delicadas, y donde ya hubo errores,  con los mismos personajes, como la actual negociación con el Club de París que encabezó el actual gobernador de Buenos Aires.

Yo sigo muy conectado con la realidad nacional y, francamente, me preocupan las nuevas generaciones, qué país les estamos dejando.

 

“Los hombres no son mapas”

P: En “Serás periodistas” evita las referencias personales, salvo su secuestro en la ultima dictadura, ¿por?

ELLdeM: No hay aparece nada de mi vida personal porque no creo en los personalismos. Y mucho menos en el periodismo. Me acuerdo que cuando yo dirigía gerencias de noticias en radio y televisión pedía a los periodistas que no arranquen “yo creo” Que  saquen el ego, y cambien por un humilde  “estimo” o  “pienso” Lo único que sí puse como personal fue el hecho más duro de mi vida, el secuestro en 1976, y lo hice de una manera totalmente desapasionada, sin ánimos de transformarme en un héroe.

 

P: En aquella noche de terrorismo de Estado que padeció el 30 de abril, aparecen dos personajes que podríamos decir le salvaron la vida, el colectivo que lo recoge en Panamericana y Warnes casi muerto, y el policía de la comisaría de San Martín que lo esconde en una de las celdas, ¿intentó agradecerles?

ELLdeM: Ambos. Con el policía pasó mucho tiempo, nunca supe el nombre del suboficial que me ocultó cuando volvieron los militares. Después de salir de terapia, me molieron a palos, más varias semanas en mi casa encerrado muerto de miedo, retorné a San Martín. Pregunté quién había sido el oficial, alto de bigotes, que había estado de guardia, esa madrugada del 1 de mayo. Y no me lo quisieron decir calculo porque tenían miedo. Nunca pude saber su nombre pero les pedí a sus compañeros que le agradeciera haberme salvado la vida.

 

P: Nunca quedó claro por qué lo secuestran, usted que era una figura muy reconocida de los medios.

ELLdeM: Yo creo que me perseguían porque ayudé secretamente a muchas personas a salir del país, vía Uruguay. O quizá alguien me nombró sin querer allá. Además escribía en United Press Internacional, y tal vez la infame oficina en París de la inteligencia militar, advertía que filtraba algún tipo de información sobre la situación argentina. Nunca supe tampoco yo el motivo pero el miedo quedó, y me tuve que ir del país para trabajar.

 

P: ¿Ese miedo se va?

ELLdeM: Con el tiempo se puede superar pero es algo que no se olvida. Porque cuando ves maltratar a alguien con prepotencia, con la impunidad del Estado, eso resucita al miedo. Pero más que el miedo, es el horror. Todo esos recuerdos afloraron en el 2011 cuando me balearon el auto. Ahí fue cuando Denise, mi mujer,  insistió a que dejemos el país. Es que me resistía abandonar la Argentina. Pero ella enfatizó que era hora, y que lo que nos estaba pasando era muy cercano a los que yo había vivido trágicamente.

Entonces me encontraba sin trabajo, echado de Radio Rivadavia, cuando tenía la emisión más escuchada de la señal, y con mi casa desvalijada, a metros de la residencia presidencial de Olivos. Recuerdo que cuando vino la policía, señalé triste que en dos autos se habían llevado mi casa, y  ellos estaban solamente preocupados por labrar un acta. Así que pedí  por favor vuelvan al otro día, a terminar el papeleo, y comprendí que me estaban sobrando. Son cosas que se van acumulando hasta ese balazo que sentí en la frente, porque dio en el parabrisas, y fue lo que determinó que deje el país.

 

P: ¿Llamas de Madariaga es un exiliado?

ELLdeM: Para nada, no quiero hacer de mi situación un martirologio. Además,  en Uruguay me siento en un país hermano. Vine básicamente por mi edad, en Argentina me estaba costando conseguir trabajo - cosa que hoy me costaría  aún más, donde los empresarios deciden qué periodistas quieren poner de acuerdo a sus intereses comerciales- Y acá vivo una absoluta libertad. Me encanta esta relación de proximidad que tenemos en muchos aspectos, idioma, cultura, historia, y hace poco me sorprendía con la relación fraternal de San Martín y Artigas,  a través de las cartas personales.

Tampoco soy de esos exiliados que se la pasan hablando mal del capitalismo, del liberalismo, y terminan viviendo en Estados Unidos y Francia. Tampoco hablo mal del país por hablar. Opino desde lo que pienso, y siento, con tanta historia y entretelones de la política que bien conozco. Siento que en el país, con sinceridad, están ocurriendo mamarrachos políticos permanentemente. Y callarme sería cómplice.

 

P: Ya recuperado de una molesta hernia, ¿volverá, Enrique?

ELLdeM: Si, si, si,  en mis planes figuraba volver a la Argentina. Pasa que primero quería disfrutar este tiempo de madurez en Uruguay, con grandes amigos. En 2020 pensábamos con Denise retornar y, justo, nos agarró la pandemia. Costará igual dejar a los uruguayos, son casi diez años viviendo y trabajando con ellos. Y como decía Borges, “los hombres no son mapas” Los hombres se desarrollan con sus afectos pero también donde son libres.

Fecha de Publicación: 28/06/2021

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