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Ir a la secciónBuenos Aires - - Martes 06 De Octubre
Después de una década muy conflictiva, en los setenta el personaje de James Bond alcanzó una gran popularidad a nivel mundial con la llegada del talentoso actor inglés Roger Moore. Ese fuerte impacto alrededor del planeta se percibió naturalmente en Argentina, cuando un año después del exitoso estreno de “Vivir y dejar morir” (Live and let die - 1973), se estrenó la conocida película “La gran aventura”, una equivalencia del agente secreto británico pero en este caso multiplicado por tres, pues los héroes de Argentina fueron Tiburón (Ricardo Bauleo), Delfín (Víctor Bo) y Mojarrita (Julio de Grazia), denominados “superagentes”, actores que la pegaron con su primer largometraje “La Gran Aventura”. Amén de la presencia de chicas muy bonitas como Gilda Lousek, Graciela Alfano o Carmen Barbieri, las películas de nuestro paìs no desaprovecharon la oportunidad de promocionar un vehículo especial para estas historias.
El agente secreto James Bond, espía inglés habilitado con “licencia para matar”, manejó en su extenso y divertido historial autos de todo tipo como Sunbeam Alpine, Bentley, Lotus Sprit, BMW, Citroen 2CV, Alfa Romeo GTV6, Roll Royce, Jeep Cherokee, Renault 11, Ford LTD, Mercedes y Toyota Land Cruiser, aunque el coche que màs películas ocupó lugar central en las famosas historias de este personaje fue el recordado Aston Martin DB5. Aquí en la saga de films realizados en nuestra nación, la histórica productora Aries decidió recurrir a los servicios de General Motors, pero sorpresivamente se enteraron que el vehículo que deseaban no era un modelo original de la fábrica, sino una modificación generada desde una concesionaria que buscaba dentro de los formatos existentes, proponer una novedad que rompiese con el estándar de los vehículos pensados solo para la familia y no tanto para el corredor que todos llevamos adentro. La empresa “Grandío y López” más allá de su rol comercial vendiendo los modelos tradicionales, buscaba sobresalir dentro del contexto de sucursales que la empresa norteamericana tenía en su filial argentina, un objetivo que se corporizó con la presentación de un modelo con distinta presentación.
En aquél momento de manera oficial, la imbatible cupe Chevy estaba desembarcando en nuestro pais a principios de los años setenta y era uno de los vehículos más vendidos de la línea Chevrolet. Si bien los modelos de 4 puertas tenían una buena demanda, entre ellos el Malibú, la vedette era la SS de dos puertas, un afinado modelo que incluía varios detalles que la convertían en el indiscutido modelo deportivo para aquellos consumidores de ese momento automotriz. La famosa concesionaria ubicada en una amplia manzana de la calle Güemes, finalmente tomó como base la Cupé Super Sport, buscando sobre ese auto darle una impronta todavía más deportiva. Dos diseñadores comenzaron a reformular algunos aspectos de dicha unidad, sustancialmente en lo aerodinámico, tiempos donde aparecíó el constructor Pedro Campos, lo que devino en una versión mucho más agresiva,
Buscando que se pareciera a un Chevrolet “Camaro”, este diseñador cortó guardabarros y agregó un postizo frontal con la parrilla de Dodge, le puso nuevos paragolpes y un spoiler justo en el final del baúl. Dentro de esos detalles, sobresalió la colocación de dos barras estabilizadoras adelante y atrás, para darle mayor agarre, sin olvidar un nuevo múltiple y un carburador mejorado, lo que lo hacía un coche 12 kilómetros más rápido. La fábrica en esa zona porteña podía generar 200 autos por año, aunque finalmente se construyeron un total de 400 unidades. Con todas estas modificaciones y arreglos, finalmente nació lo que se denominaría el “Chevrón”, una versión más canchera del Chevy SS, vehículo que tuvo una aceptación acorde al perfil de coche, surgiendo en 1974 la versión “Chevrón Super” que ya tenía ópticas integradas al spoiler, todo el interior modificado, frenos a disco y encendido electrónico. El auto quedó tan bien que desde su primera ediciòn, la General Motors lo reconoció como auto oficial de su estructura comercial.
En Argentina la aparición del vehículo contó con un respaldo inesperado del mundo del espectáculo, pues el director Emilio Vieyra cuando filmó “La gran aventura”, película de acción para todo público, decidió que los actores De Grazia, Bo y Bauleo se movilizaran en un “Chevrón” para combatir a los villanos de la historia. El auto de los superagentes, ploteado en color naranja con flechas y líneas blancas, esquivaba bombas que le arrojaban los delincuentes desde un helicóptero, amén de esquivar numerosas balas y explosiones en una ruta plagada de trampas, adrenalínicas escenas en las que esta notable cupe Chevy reformulada era manejada por Marito García, piloto de pruebas de General Motors. El éxito de la película en la actuaban estos actores junto a bellas mujeres y actores como Juan Jose Camero y Nacho Quiros, deparó que este proyecto tuviese varios largometrajes que continuaran las andanzas de estos personajes. Fue así que llegaron “La súper súper aventura” (1975) dirigida por Enrique Carreras, “La aventura explosiva” (1977) con dirección de Orestes Trucco y “Los superagentes bionicos” (1977) dirigida por Mario Sàbato, filmes donde en menor o mayor proporción aparecía este Chevrolet naranja retocado con una nueva estructura, un apreciado modelo que se descontinuó en 1978 cuando cerró la General Motors.
Imagen: Concesionario Grandío y López
Fecha de Publicación: 21/07/2024
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