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Buenos Aires - - Miércoles 18 De Mayo

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Egle Martin. O yeye yumbá calungangüé mío

La actriz y cantante fue activa musa de artistas, de Vinicius de Moraes a Astor Piazzolla. Superó el mote de la vedette intelectual y fue una verdadera difusora de la cultura que hunde las patas en la fuente africana. La País Negro que no miramos.

Espectáculos
Egle Martin

Queremos hacer del candombe un verdadero movimiento, similar al de la 'bossa nova' en Brasil. En sus raíces, se van a encontrar los argentinos" anunciaba Egle Martin en 1966 a la revista Siete Días, cuando parecía volver de todo, de Daniel Tinayre y el hermano díscolo de Eva Perón, del “odiado” Reina de la Televisión Argentina 1952, de estrella candente del teatro de revistas que iban a ver los intelectuales, entre ellos el padrino de su hija Ernesto Sábato. Y aún faltaba la casa de puertas abiertas de la bohemia latinoamericana de los sesenta, Alfredo Alcón, Astor Piazzolla, la introducción del capoeira y los recitales que repusieron la negritud perdida al ritmo del candombe. María Elena Walsh escribía la letra a los tambores, a los tambores, "Al loco le doy razón / al bárbaro le doy paz / mi canto y mi corazón / son son para los demás / El gallo por más que empuje / nunca será gavilán / por qué andar atropellando / si voy a llegar igual", que “Bumby” o "La Negra" se viene. Egle Martin cantando a coro con los negros de la Buenos Aires colonial,  que se anunciaban con una contraseña, ignorada por sus amos, “O yeye yumbá calungangüé”, y anhelaban la libertad hermanados a los criollos, que asomaría con el Sol del 25 de Mayo.  

 

 

“Todavía seguía en el Colón, iba al colegio. Un día, de Molina me ofrece llevarme al Canal 7 donde su amiga Mendy organizaba un concurso. La primera vez, fui vestida de Catalina, tenía 14, me hacía la grande. Pasaron varios programas, me coronaron reina”, recordaba los comienzos artísticos s la actriz y coreográfa nacida el 17 de junio de 1937 bajo el nombre de Egle González Martínez, hija de la escritora y coreógrafa Verónica Berry, y de un padre que recién conocería a los 16 años -y que falleció unos días antes de contarle por qué la había abandonado, según Egle “Desde que era muy chiquita lo único que quería era bailar”, sostenía Martin, que creció en Barrio Norte, y desde los 7 años ingresó al exigente Teatro Colón, seleccionada entre 700 aspirantes. Siempre acompañada por la abuela, que aceptó al principio el pedido del cantante Miguel de Molina en 1951 para una película, y casi la arranca del set a la niña el enterarse que sería la protagonista del éxito radial “Catalina fue a la fuente”, parte de la película “Esta es mi vida” A partir de este bombazo, la morocha que fue el prototipo de la mujer sexy por dos décadas, vino la coronación de Reina de la Belleza de la Tevé en 1952, y el acoso de un funcionario peronista, salvado por la intervención del hermano de Evita, Juan Duarte.

Hace Egle adolescente temporadas de teatro de revistas en Chile y Argentina, “El negro que tenía el voto en blanco” (1957) una de ellas, y estrena jazz y tango, “Yango” de Mariano Mores. Martin fue la primera vedette que bailó, cantó y creó sus coreografías, puestas en escena, escenografías y vestuarios. En algunos montajes trabajaría con Nélida Roca. Egle creó la revista moderna que llega hasta nuestros días con Flavio Mendoza. Pero el jazz y la negritud estaban por meter la cola.

Egle Martin La mujer desnuda

Musa y animadora de los sesenta

“Yo hacía un ballet de jazz y estaba cantando un tema de Sarah Vaughan “Lo que quiere Lola” y entonces él vino”, él era Dizzy Gillespie, pilar del bebop y casi todo el jazz contemporáneo, a quien ella había ido a ver unos días antes en una apotéotica noche porteña, y relataba a Nora Lafón en 1999, “Eran cuatro: él, Billy Mitchell, Phil Woods y Quincy Jones -imprescindible músico, productor de Frank Sinatra a Micheal Jackson-…empezó a repetir -Dizzy- desde el medio de la platea y yo empecé a cantar -más fuerte-…se viene y va subiendo y al pasar Quincy agarra un bajo…paró el cuadro y nos pusimos los cinco a cantar y bailar…la gente que estaba adentro -personal del teatro-…tiraron el telón encima nuestro…en tanto, la gente como loca en la platea estaba fascinada con los que estaba pasando…pocos sabían quién era Dizzy, menos Jones….nos abrazamos y nos fuimos al camarín. Adentro me quisieron rescindir el contrato. Yo les explicaba que era un gran músico y decían “usted no se da cuenta, usted es una vedette y no puede hacer una cosa como ésta, es una vergüenza” Me hicieron la vida imposible”, cerrando la artista así este capítulo de plumas aunque luego se abriría la pantalla grande con dos títulos polémicos, “El Rufián” (1962) y “Extraña ternura” (1964), ambos de Tinayre. Polémicos por el contenido, en el primero aparece de las primeras relaciones homosexuales en el celuloide vernáculo y un semidesnudo de Egle, y porque se la vincula con el director, casado con Mirtha Legrand. Egle desde 1957 está en pareja con Eduardo Palacios, abogado y estanciero, padre de sus dos hijas, la fotógrafa Alejandra y la folklorista Bárbara; luego de tormentosos romances con Lalo Schifrin y Divito. Martin claro también tiene un lugar en la historia del cine argentino por participar del primer film en colores, “Lo que le pasó a Reynoso” (1955), y por brillar en la delegación argentina que viajó al Festival de Berlín con “La caída” (1959) de Leopoldo Torre Nilsson. La cantante acompañada de un tambor comprado en Dákar terminó cantando una tremenda versión de “Fever” para auditorios a lo largo de Alemania durante semanas; aclaremos, sin formar el elenco de la cinta protagonizada por Elsa Daniel y Lautaro Murúa.

Egle Martin Extraña Ternura

"Cuando escuché “Desafinado” de Joao Gilberto fue un shock. Era algo totalmente distinto a todo", recalcaba Egle de un encuentro musical suyo de principios de los sesenta. Y ahí nació el amor por la bossa nova que se coronó con la amistad y el respeto de Vinicius de Moraes, Maysa Matarazzo, y el Tamba Trio, primero de bossa nova en el mundo, entre otros íconos brasileños. Aunque viene de más lejos, gustaba señalar a la artista, “mi mamá me contó que ella y mi papá se fueron una vez de vacaciones a Río y ahí quedó embarazada de mí. La pasaban tan bien que se volvieron cuando estaba de ocho meses. Lo cual es muy conflictivo para mí, porque me siento mucho más brasileña que argentina”, acotaba. A partir de ese encuentro cultural intentó producir la misma valorización de las raíces africanas realizada por los brasileños, en el contexto argentino, “es una cosa que es tuya, es tu identidad…pero nunca hubo nadie que se ocupara”, comentaba Martin a fines de los noventa, cuando su legado y prédica volvió a poner de moda el candombe -aunque se entendió en una variante milonguera o uruguaya, que tampoco eran el candombe argentino, de acuerdo a su mirada.

Mientras se dedicaba a estudiar y componer en los ritmos negros autóctonos, recuperando en el camino la tradición del carnaval correntino que tanto le debe, participa en una puesta teatral de “Israfel” (1966), junto a Alfredo Alcón, libro de su amigo escritor Abelardo Castillo. En televisión Martin presenta una versión en tiempo de jazz de la ópera “Carmen” y “La noche” (1964), un programa de Nicolás Mancera. Martin allí hacía las coreografías, cantando y bailando, y la presentación de los monólogos que estaban a cargo de Victorio Gassman. En esos estudios de Canal 13 conocería a Astor Piazzolla, en un tándem creativo que arrancó con unos versos de Ulyses Petit de Murat, y que el músico pondría música para el eterno “Graciela oscura” -pensado originalmente para Tita Merello-, en el medio alumbraron un disco juntos y soñaron la operita “María de Buenos Aires”, y terminó cuando a Don Ástor se le ocurrió pedirle la mano a su esposo. Gran escándalo de alcobas, amenazas de duelo con las pistolas del tío de Palacios, el socialista Alfredo, y una mancha de revuelo mediático que signaron casi una década fuera de los escenarios para Egle.

 

 

“Cuando los ritmos realmente te prenden es cuando empieza la libertad”

Volvió recién en 1976 con un show de candombe y bossa nova en el Blanca Podestá, acompañada por el bandoneonista Dino Saluzzi “Cuando los ritmos realmente te prenden es cuando empieza la libertad. Vos podés estar tocando un ritmo único, solo, y lo empezás a repetir, a repetir, y entrás en un estado hipnótico. Tenés que pensar que de alguna manera las rítmicas son el principio de todo, el latido del corazón”, señalaba a la prensa Egle, que en 1987 presenta en el Teatro Palladium, antro del rock y la vanguardia, “Ritos y candombes III”, éxito de la crítica y el público. Con ella Luis Salinas expande los sonidos de su guitarra y Pedro Aznar aprende a ejecutar el berimbaum, antes de integrarse como percusionista al Pat Metheny Group. Continuará en los noventa y dos mil presentándose en grandes y pequeñas salas, varios espectáculos benéficos, y dando conferencias y clases sobre la cultura afroargentina, que conoce como pocos. Muchas desde la casa en Barracas, un templo donde viven decenas de tambores, bombos, bongoes y tumbadoras. Desde La Chilinga a La Bomba de Tiempo, el tan-tan ancestral que redescubrió Egle aún retumba, y que también bajó de los barcos, esclavo. "La vida, amiga, es el arte del encuentro" le dedicó una carta su amigo, Vinicius de Moraes. En el arte de Egle, la vida es un encuentro con nuestra negritud recobrada.

 

Dicen de Egle Martín

“Por momentos parece una estudiante de filosofía: se sienta en el suelo, se ríe con graves y sonoras carcajadas y habla complacida de arte, literatura y antropología. Hace 20 años se llamaba Egle González Martínez, bailaba en el Teatro Colon y frecuentaba las adustas aulas del Conservatorio. En 1952, fue para todos Egle Martín, una suntuosa adolescente que obtenía el título de "Reina de la Televisión". Para ella misma, seguía siendo un enigma: ensayó fugazmente la pintura, escribió cuentos y poemas ("Algunos no eran del todo malos y se los mostré a Ernesto"). Ernesto es Sábato, padrino de su hijita Alejandra, de 4 años, que lleva ese nombre por la heroína de "Sobre héroes y tumbas". “Pero creo que todo eso: bailes clásicos, pintura y letras no eran otra cosa que una desesperada búsqueda de mí misma. Necesitaba expresarme de alguna manera"…”"Los argentinos ignoran el candombe -dice entusiastamente Egle-. Lo que conocen como tal es un sucedáneo de la milonga. El verdadero candombe, el que bailan los negros aún hoy en Buenos Aires, lo vamos a hacer público en marzo”” entrevista de José María Jaunarena para revista Siete Días, diciembre de 1966. En magicasruinas.com.ar.

 

 

AgradecimientoGrandes de la Escena Nacional

Fuentes: Lafon, N. Egle Martin en “Nuestras actrices. Tercer acto” Buenos Aires: Ediciones del Jilguero. 1999; Soto, M. en Pagina12.com.ar; Valle, J. soloentrevistas.blogspot.com

ImágenesGrandes de la Escena Nacional

Fecha de Publicación: 21/01/2022

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