Ser Argentino. Todo sobre Argentina

“Del modisto de barrio terminé siendo Cosano”

Con pasado humilde y un espíritu emprendedor, Claudio Cosano hace más de 25 años es símbolo de la alta costura. Un diseñador con brillo propio.

De los comienzos de una casa alquilada, y una familia necesitada, a los oropeles y el glamour, el diseñador Claudio Cosano bordó una original dirección en la moda argentina, una más arrolladora, más acorde con la sensualidad de las mujeres argentinas. Cosano trajo una bocanada de aire libre de ataduras y prejuicios. Esos que tuvo que superar en los inicios de modisto de Villa Crespo a los pisos de las avenidas selectas de Buenos Aires. Piedras y telas inusuales marcaron un nuevo gusto que rápidamente famosas como Susana Giménez y Nazarena Vélez hicieron suyo. Pero esto tiene sin cuidado a Claudio, quien sigue atendiendo personalmente a sus clientas e hilvanando ruedos a ras de piso, “el día que no lo haga, cierro el negocio”, enfatiza una de las voces autorizadas del reconocido “La jaula de la moda”, Martín Fierro de Oro. Número cantado en la agenda de los medios, cuando se requiere una mirada profesional del vestuario de la farándula, Claudio suele desistir a varios llamados porque “en vez de ser mediático prefiero estar un viernes temprano con Lino, tranquilo en mi casa”, confiesa el diseñador referente en novias y quinceañeras de la Argentina.

“Indudablemente existe un estilo Cosano, sexy, atrevido, libre”, exclama en su atelier de la calle Arenales, y redondea, “Uno que respaldo con trabajo desde que arranqué en el mundo de la moda. En cualquier arte, arquitectura, escultura, pintura o moda,  un creador busca un estilo propio que haga reconocer su nombre. Después de tantos años de esfuerzo,  creo que lo logré cuando una Mirtha Legrand dice “Ahí va un Cosano”, o si las clientas vienen por tal vestido que identificaron mío. Eso me halaga”, sostiene del otro lado de la línea, con ese tono cordial, sincero, que es su estilo ante los micrófonos, un diseñador con los pies sobre la tierra.

Periodista: En el recordado desfile de los 25 años, en La Rural, reunió a figuras del espectáculo y la moda, indicio que es querido y respetado como pocos, ¿y cómo repercutió eso en su ego?

Claudio Cosano: El mundo de la moda se piensa como un mundo superfluo, y la gente cree que el diseñador vive en una silla de oro. Y no es así. Hay mucho sacrificio. Yo mismo he pasado domingos entero trabajando para cumplir con la entrega prevista, como cualquier trabajador. Cientos de vestidos de casamiento y quince hechos a destajo. Así que no soy de las personas que se inflan, conozco el sacrificio. A mí lo único que me produce satisfacción es cuando una clienta dice que es feliz con su vestido, o  cuando una quinceañera se emociona hasta las lágrimas. Mi felicidad pasa más por ellas que por rodearme de celebrities.

P: ¿Cómo se relaciona con las clientas?

CC: Hagamos el paréntesis de esta época terrible de pandemia y de la grave crisis económica, que tanto alteró el trabajo. De todos modos,  en mi atelier que es bastante grande, con cortadoras, modistas y más profesionales, yo sigo atendiendo personalmente  a las clientas como siempre. Eso no lo quiero perder (pausa) por más desfiles con famosas. No quiero perder el contacto diario con las clientas. Quien venga Cosano tendrá el toque mío personal. El día que no me interese las entrevistas individuales, que no lo haga, cierro el negocio.

P: ¿En qué consisten las entrevistas?

CC: Son veinte minutos de diseño y cuarenta de charla psicológica. Allí consulto cuál es el estilo de ella cotidiano, cómo se mueve, qué cosa le da seguridad y cuáles inseguridad. En función de eso, recién al final de la entrevista, hago un dibujo de cómo imagino el vestido. Mi esencia es diseñar guiado con la interpretación de la clienta. No ignoro lo que trae cada mujer de su casa, y si tal vez viene con una idea que no me gusta mucho, pero que tiene ver con su estilo, yo voy por ese camino.  El que disfruta del vestido no es el diseñador, sino la mujer que lo lleva.

P: Su estilo con piedras, y otros materiales poco usuales en nuestras pasarelas, que dan una dimensión escultural a los vestidos, ¿tiene relación con su carrera de arquitectura?

CC: Tengo una gran influencia en mis estudios de arquitectura, que no terminé con un par de finales adeudados. Me dio la herramienta del dibujo ¡Las clientas no pueden creer mi rapidez en el dibujo! Y que les dibuje el vestido en el acto y no muestre modelos anteriores del perchero.  Pero eso del dibujo viene de chico. De hecho en cualquier rato libre me pongo a dibujar, autos, casas, lo que sea, es una pasión.

P: ¿Qué lo inspira?

CC: La vida. Me gusta aprovechar el tiempo, soy activo, muy energético.  Trabajar bajo presión me provoca más creatividad que estando tranquilo. Eso también viene de mis épocas de estudiante de arquitectura, donde las entregas obligan a tener un ritmo vertiginoso. Noto que cuando más responsabilidad tengo, mejor me salen las cosas.

P: ¿Y cuándo empiezan las responsabilidades de Claudio?

CC: Empezando a trabajar desde muy chico, prácticamente no tuve infancia, ya que en la primaria tuve que salir a trabajar porque vengo de una familia muy humilde. Como siempre hice laburando los tres niveles educación, eso me definió en cuanto a mi máxima de no perder el tiempo ni distraerme de lo que quería. Salir de mi situación social era el objetivo, y en aquello valió mucho tener un espíritu emprendedor.

P: ¿Tuvo una infancia feliz?

CC: Por supuesto. No me gusta ponerme en la posición de víctima por crecer sin muchos recursos, o por no contar a un padre a mi lado. Al contrario, yo miro de hoy para mañana.

P: ¿Estaba en sus planes ser diseñador?

CC: Nunca pensé que iba a ser diseñador de moda. Mi cabeza estaba centrada en las ganas de ser arquitecto. Lo que sí tenía muy claro de chico era que cualquier cosa que hiciera, era para triunfar. Si  era arquitecto,  no era para hacer una casita sino para ser César Pelli. Esa presión de querer triunfar, además de las necesidades económicas, hizo que trabajando de administrativo en una marca de ropa me interesara por la moda. Y ahí decidí a tener mi primer taller de barrio, y ví que generaba un ingreso, o sea que debía hacer las cosas bine. Y del modisto de barrio terminé siendo Cosano.

 

Cosano hecho a medida

P: ¿Recuerdas sus primeras creaciones?

CC: Mi primera prendas fueron jogginetas y buzos. Tomaba los moldes de la ropa que mamá tiraba. Todo hogareño. De a poco fui animándome más y un día llegó una atrevida, una loca total con el pedido de un vestido de novia ¡Ni idea de cómo se cortaba un vestido de novia! Pero dije que sí, yo no le  digo no a nada. Y representó un punto inflexión, obviamente un vestido deja mucho más dinero que una remera, sino que permitió explotar mi creatividad. Había mucho más allá que una remera, ahora que jugaba con una tela o un bordado, y ese fue el día que me dí cuenta de mi pasión por la moda.

P: Al provenir de un sector social distinto a los tradicionales de la moda, ¿padeció algún prejuicio?

CC: Claro, sufrí bulling en el mundo de la moda, por mis orígenes humildes. Pero realmente, ahora pienso, no lo sufrí demasiado. Me costó bastante entrar porque hace 27 años existía un círculo pequeño de diseñadores consagrados. Parecía un imposible que derribé con trabajo.

P: Junto con su perseverancia, en su carrera fueron relevantes esos desfiles que contaban con modelos de alto perfil mediático, incluso enfrentadas entre ellas, ¿colaboró en imponer su marca?

CC: También eso ayudó aunque era algo que estaba plenamente pensado. Yo empecé al revés que muchos diseñadores, primero consolidé mi público, en cinco años me mudé catorces veces de la manera que iba creciendo. Y cuando llegué a un piso económico, y cierto bagaje profesional, recién arrancaron los famosos desfiles. Desde el inicio comprendí que para destacarme tenía que hacer algo distinto, algo provocador, y se me ocurren los desfiles hipermediáticos. Con mucho bolonqui debajo de la pasarela. Detrás de los chimentos, mi marca no paraba de crecer.

P: En ese plan de trascender, ¿qué papel jugó su presencia en la televisión?

CC: La popularidad a nivel nacional apareció con la televisión. Para mí la televisión es un momento recreo. Con tanta presión en el atelier cuando me invitan a “La jaula de la moda” se tornó en la oportunidad de tomarme un descanso, de una hora y media. Jamás pensé que mi participación tuviera suceso y vamos por diez años. Y sin embargo, todavía  no me siento parte de la televisión. Mi papel allí es representar mi marca. No quiero ser el mediático de la tele. Voy a tirar buena onda, dar consejos, y mi función en la Jaula es la del diseñador profesional. No me pongo en criticador. Algo que sería tonto porque me podría enemistar con las clientas.

P: ¿Cuántos diseñadores argentinos tienen su propio película, “Cosano: La vida secreta de un vestido”(2014) de los hermanos Diego y Pablo Levy?

CC: El único (risas) Pero soy el único en varias cosas, por ejemplo tengo un Martín Fierro, eso que siempre creía reservado para los actores. La película se filmó hace siete años, en un momento increíble laboral, que me parece difícil que vuelva. No dábamos abasto trabajando de lunes a lunes. Así que cuando vinieron a proponer la película, no lo tomé muy en serio, y tenía la cabeza en otra cosa. Durante seis meses grabaron y registraron todo, sin que me diera mucha cuenta. Y terminó siendo un día en la vida de Claudio Cosano, bastante real. La gran sorpresa fue que la película fue un éxito, se presentó en el bafici -Festival de Cine Independiente de Buenos Aires-, pasó por cadenas de cines y compitió ganadora en el Festival Internacional de Piriápolis -Uruguay- Me gusta porque se ve el Cosano trabajador, no el que aparece sentado en la televisión, sino el que se agacha para el ruedo. El que trabaja con el hermano todos los días, la mitad del atelier.

P: ¿Por qué decidió incorporar la familia en su empresa?

CC: Cuando arranqué en el mundo de la moda, y comprobé que mis trapitos hacian algo de dinero, lo primero que pensé es que si me salvaba, también salvaba a mi familia.  Entonces cuando necesité ayuda, lo primero que hice fue llamar a mi mamá, después a mi hermano, y luego a mi hermana. Y les dije que si esto me daba para vivir, íbamos a vivir todos bien. Esto es realmente lo que me da orgullo,  no ser el famoso de la televisión. Ni un diseñador conocido. Mi orgullo es haber sacado de la pobreza a la familia.

 

Los argentinos y la moda

P: ¿Los argentinos nos vestimos bien?

CC: Creo que realmente sí. Yo te voy hablar de las argentinas. Comparando con mi experiencia en desfiles de otros países, y mis viajes, nosotros tenemos en ellas increíbles ejemplos. Primero por la pulcritud. No es que solamente se tratan de vestir bien, se arreglan las manos y se lucen con el cabello; siempre están cuidadas. Segundo punto, y creo que esa es una de las razones de mi éxito, es que son bien sexys. Las latinas son sensuales. Y a mí que me gusta la ropa sexy, las transparencias, los escotes, mostrar piernas. Bingo.

P: ¿Existe una moda argentina?

CC: Pienso que podría, hablo en potencial, existir una moda argentina, con sello e identidad propia. Pasa que somos un país mezquino, y los gobiernos,  no interpretan que la moda es una usina fabulosa de puestos de trabajo. Podría generar un montón de divisas con las exportaciones, algo que tienen muy en claro países como Italia, Inglaterra y Francia. Estados Unidos se toma en serio la industria de la moda e inunda al mundo con sus productos. Pero como eso no pasa acá, no logramos trascender en el mundo. Tenemos varios diseñadores híper talentosos,  y si realmente tuviéramos algún apoyo oficial, tendríamos una moda argentina distintiva del mundo.

P: ¿Qué debe tener un vestido de novia?

CC: Lo comparo con el vestido de quince porque para mí hay dos momentos que marcan la identidad, o la historia, de una mujer. Uno es el de quince cuando la niña se pone el primer vestido de gala. Y después el soñado vestido de novia. Y en estos dos vestidos es todo válido. Tiene que ser tu vestido princesa. Es el momento de ponerte lo que vos querés a full, con su peinado, su tocado, el ramo, maquillaje y velo. Lo que les digo es que sueñen y que se pongan lo que realmente sueñan. Quiero que sean princesas. Por eso un vestido mío de fiesta es imposible que sea minimalista porque para poner un vestido sencillo tienen mil oportunidades, pero los quince, o un casamiento, son irrepetibles.

 

Buscando un símbolo de paz

P: ¿Cuál son sus grandes pasiones?

CC: Una de mis grandes pasiones es viajar. Y esta pandemia me tiene en una situación depresiva por eso (silencio) Te puedo decir que conozco casi el mundo entero. Me encanta viajar, descubrir aromas,  sensaciones,  culturas diferentes. Ahorro todo lo que puedo hoy, y seguir recorriendo el planeta cuando se pueda. Y la otra pasión es vivir en paz. Todos los días me interesa mejorar como ser humano y recorro esos caminos de la vida. Trato de ser mejor persona y no hacerle daño a nadie. No soy de los que mira a los costado, y me preocupo solamente por mí y los afectos. Por eso no me meto en el mundo mediático de la tele, y eso que podría,  con las posibilidades y contactos que tengo, pero no me interesa.

P: Eligió un bajo perfil y hace muy poco reveló a su compañero.

CC: No me interesa estar en los programas,  hablando como un mediático de mi vida, y prefiero estar un viernes temprano con Lino, tranquilo en mi casa. Además el bajo perfil hace que camine tranquilo en la calle, y no esquivar a nadie porque eludo las confrontaciones.

P: ¿Los amores de Claudio?

CC: Tengo poquitos. Como buen capricorniano soy obsesivo e hinchapelotas, je.  Uno es el trabajo. Tengo a una cuadra el atelier,  y creo estoy más tiempo que en mi casa, diseñando, creando, soñando. Otro, mi hermano, el único que me quedó de la familia porque el resto fue falleciendo (pausa) Lino, mi compañero desde hace 34 años, prácticamente mi vida completa. Siento que esos son mis pilares y los trato de preservar en un mundo tan d

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