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Ana María Campoy. Nada peor en la vida que el aburrimiento

En la escena argentina pocas como Ana María Campoy, que podía conmover con un fragmento de Lorca o desternillar de risa con un paso de comedia a lo Simon. Con el duende y alegría de Ana María, ninguna.

Espectáculos
Ana María Campoy

“No hay más que un buen teatro” exclamaba en las múltiples entrevistas, en su última y vital década, la actriz y conductora Ana María Campoy. Otra vez en el traje de pionera, en los noventa del cable, al igual que cuarenta años antes había prácticamente inaugurado la televisión argentina. La Campoy, así llamaban a esta española que nunca perdió la acento castizo, como jamás dejó de amar a la patria adoptiva, Argentina, marcó hitos en el espectáculo con personajes catódicos inolvidables, Anita o Eleonora, y varias temporadas en los principales teatros argentinos,  con su estilo inimitable de alta comedia, “la gente confunde comedia con lo gracioso, pero la comedia puede ser dramática…el teatro tiene muchos vértices, no es solamente el llanto y la risa. Es más complicado”, remataba quien estuvo arriba de un escenario hasta el día previo al suspiro final. Una artista de caravana Ana María, de esas que no existen más,  que andó y desandó dos horizontes, los duendes de las tablas y un destino latinoamericano.

Campoy

A los cuatro años, en un alto de una obra de la compañía de teatro de sus padres, con la sala llena y el escenario vacío, decidió aparecer “frente al público a hacer monerías, arrastrando un vestido enorme de gitana. Y todos se mataban de risa”. Debió esperar al permiso del gremio español a las siete años la niña Ana María Campoy, retoño de la familia de los artistas trashumantes Anita Tormo y Ernesto Campoy. Ella nació el 26 de julio de 1925, en Bogotá, en un barco atracado en el puerto, y en medio de una gira. Ese rumbo de viajes y partidas le esperaba para dejar atrás una España ensangrentada por la Guerra Civil y, peor aún, “el hambre y la violencia de la posguerra”. Autodidacta en el teatro y la vida, aprendió a leer por su cuenta con clásicos españoles porque sus padres no querían que vaya a la escuela, en medio de los bombardeos diarios de los franquistas a pueblos indefensos, tras actuar en varios tablados hispanos y debutar con sólo doce años en el cine, “Aurora de Esperanza” (1936), llega un llamado de México para “Cinco rostros de mujer” (1946), con Tita Merello.

“Cuando subí al avión sentí la sensación que me moría, que moría alguien y que iba a nacer otra persona. Entonces cuando el avión empezó a decolar, me dije: estoy naciendo", dijo a Hugo Vega en “Nuestras Actrices. Tercer Acto” en 1999. No solamente renació La Campoy sino que en estas tierras desconocidas latinoamericanas conocería al hombre de su vida, que vagamente se acordaba esta joven actriz que lucía en sus alforjas ya 27 películas y varios clásicos de repertorio del teatro universal. Uno flaco y alto, Don Juan, que descollaba en las reuniones de compañías amigas. Era José Cibrián. Se casaron en Guatemala en 1947 y, dos años después, en Cuba, nació José “Pepito” Cibrián Campoy.

ANA MARIA CAMPOY, JOSÉ CIBRIAN y PEPE CIBRIAN CAMPOY

“Yo siento que mi vida está muy ligada a los pájaros, a la libertad, a cambiar de rumbo, a las bandadas, a ir de aquí para allá. No creo que haya un lugar para ser feliz, uno es feliz uno. Uno lleva consigo en ese vuelo la felicidad o el propósito de ser feliz. No pude ser feliz en España – cita de coleccionesteatrales.blogspot.com - Encontré Argentina y aquí logré hacer un nido, un nido muy sólido y después Pepe y yo respetamos mucho a nuestros hijos. Y ya volar con la cría no es tan fácil –en Argentina nació el segundo hijo del matrimonio, Roberto en 1958-. La prueba es que tampoco lo hacen los pájaros. Y eso hizo que no nos moviéramos de este nido", reflexionaba Ana María de su venida al país en diciembre de 1949, con la intención de una temporada de cinco meses en el Teatro Alfil, que terminaron en una vida completa. Uno de los primeros trabajos en estas pampas lo consiguió Campoy en los radioteatros que dirigía Armando Discépolo en Radio El Mundo.

JOSE CIBRIAN y ANA MARIA CAMPOY, junto a sus hijos ROBERTO y PEPITO CIBRIAN CAMPOY en Mar del Plata

“A ésta la va a matar la televisión en colores”

“Nadie quería hacer televisión”, rememoraba Ana María Campoy, quien junto a su marido es uno de los fundadores de la televisión argentina, hoy festejando 70 años, “las grandes estrellas no se acercaban porque se pagaban bicocas. No sé bien por qué, a Chas de Madariaga e Ignacio de María -colaboradores del perspicaz Jaime Yankilevich, el empresario clave en el nacimiento de la tevé- se les ocurrió llamarnos a Pepe -José Cibrián- y a mí para hacer en forma de tira diaria el teleteatro de suspenso. Iba de 19 a 19.30 y nos pagaban dos mil pesos mensuales. Nuestro primer título se llamaba “Néstor Villegas, vigila””, detallaba de la primera serie nacional que tuvo suceso en los poco menos de 10 mil receptores en 1951-1952. La Campoy rehusó en principio un ámbito virgen y pobre, “era como pagarte un sándwich y gaseosa… -y- con los dinerillos de los avisadores nosotros mismos debíamos comprar los decorados”, pero Pepe había visto el futuro del medio en Centroamérica, en particular en la avanzada tv cubana. Y no se equivocó. Fueron la primera pareja favorita de los televidentes de un única canal con las soap operasCómo te quiero Ana” (1953-1955) y “Cómo te odio, Pepe” (1958). La actriz trabajó en forma ininterrumpida en la pantalla chica, década a década, siendo incuestionable referente, con puntos altos en la excelencia del “Teatro de los Cibrián” (1964), “Compromiso” (1983) y las inolvidables entrevistas de Eleonora Sala en “Badía y compañía” (1985). Aquel anticipo del estilo inteligente y burlón de Jorge Guinzburg y Jey Mammón, la actriz fracasada Sala que remataba las desopilantes reportajes con uno de los latiguillos marcados a fuego en la memoria popular, “a ésta la va a matar la televisión en colores” Antes del cable con “La Campoy” (1994-2004), que ganó infinidad de premios como los premios Martín Fierro y Konex (conductora), la actriz se destacó en las novelas “La cuñada” (1987) y “La extraña dama” (1990). Aquel año puso un poco de freno a su vertiginosa actividad con el accidente cerebrovascular de su marido Pepe, éste director, dramaturgo y actor a quien cuidó abnegadamente más de una década hasta su muerte en diciembre de 2002.

ANA MARIA CAMPOY y LUIS SANDRINI

Pese a que en teatro le costó más volver al ruedo, a partir de 1953 en una comedia de Abel Santa Cruz, La Campoy hizo escuela en el género, realizando inumerables temporadas con más éxitos que fracasos, la abrumadora mayoría con dirección de Pepe, “creo que es bueno que una actriz y un director tengan una relación estrecha…se establece un relación sexual y laboral fuerte”, acotaba la siempre políticamente incorrecta actriz, “El amor de los cuatros coroneles” (1958), “El casado…casa quiere” (1967) y “Piel de Judas” (1987), algunas notables. En cine nacional, “es como un acto de amor que yo me dejo, y a mí me gusta tomar parte” recalcaba de un medio en el cual no se sentía plena, y sin embargo trabajó con los directores maestros Mario Soffici, Enrique Carreras y Luis Saslavsky. Entre las cintas imborrables de La Campoy, la madre posesiva de “Las pirañas” (1967) de Luis García Berlanga y la porteñísima, sin una gota de castizo, de “Juan que reía” (1977) con Luis Brandoni.  

Al cumpleaños 70 fue invitada del programa de Susana Giménez y dijo sin eufemismos: “Soy como un coche de carrera, tengo que ir a 220, si no me aburro. Y nada peor en la vida que el aburrimiento” Desde 1997 giraba por el país con el unipersonal “La Campoy en vivo”, con la dirección del hijo Pepito. Además gozaba de una imprevista fama de escritora con el best seller “Recetas de amor”, un libro que mezclaba platos con picantes historias de amor, reales o no, qué importa, sin edades ni filtros. Hasta el anteúltimo día siguió con sus clases de teatro en el Teatro El Globo, iniciadas en 1983 en un estudio de Belgrano. Ana María falleció el 8 de julio de 2006. Y La Campoy su fue de gira eterna con Lola Membrives y Margarita Xirgú, las tres geniales españolas que angelaron el teatro argentino.

Dice Ana María Campoy

“Solo un actor estúpido puede ser contestatario porque no se hace un espectáculo opinando todos, es como si en una obra en construcción el arquitecto, el maestro mayor de obras, el albañil, el que coloca los vidrios, opinan…yo no creo en eso. Yo considero que es como hacer una gran fiesta sexual, que puede ser muy divertida…pero eso no es teatro. Porque -como- el sexo es de a dos, pero si somos catorce, no sirve. Yo creo que el teatro tiene que tener una dirección, que imprima directivas”, nota de Hugo Vega en Nuestras actrices. Tercer Acto. Buenos Aires: Ediciones del Jilguero. 1999

Dicen de Ana María Campoy

“Anita era muy divertida. Tengo infinidad de recuerdos con los dos, porque los conocí de muy joven.. cuando me casé, todo el equipo Campoy Cibrián venía a una quinta que teníamos con Juan Manuel (Bordeu, su marido) en San Isidro y ella traía la tortilla más rica del mundo. Era tan histriónica, que sus hijos se metían en la pileta en pleno verano, con un calor enorme, y ella de pronto le decía al más chiquito (Roberto), 'Hijito, sal de ahí, tienes las uñitas moradas’. Hacía puestas en escenas inolvidables. Era amorosa y generosa. Y su marido igual…donde ella estaba había creatividad y gracia, nunca queja. Era fantástica. Uno volvía a su casa después de comer con Ana y se daba cuenta de la alegría que tenía por haber estado con una persona tan divertida y sensible” Graciela Borges en Clarin.com, nota de Silvina Lamazares.

 

AgradecimientoGrandes de la Escena Nacional

Imágenes:  Grandes de la Escena Nacional / Télam / Tiempo Argentino

Fecha de Publicación: 27/12/2021

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