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Alberto Closas. A mí me duele el Teatro

Español de nacimiento, argentino de corazón, el actor aprendió la alta comedia entre nosotros, de la mano de Margarita Xirgú, y se transformó en uno de los fundamentales de la escena hispanoamericana.

Espectáculos
Alberto Closas.

“Era un hombre de buena planta, no solo guapo, sino lo que en otra época se llamaba apuesto, de una elegancia fácil y espontánea, simpático y desenvuelto" describía el escritor Eduardo Mendoza en una reciente biografía, celebrando el centenario del nacimiento de Alberto Closas en 2021, y agregaba, “-pertenece- a una generación de artistas que, por las consecuencias que acarrearon la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista, no llegó a gozar de la consideración internacional que su talento merecía”. En tanto en su tierra natal, España, se organizaron una multiplicidad de homenajes, en fin es el actor del clásico del cine europeo “Muerte de un ciclista” (1955) y del infaltable en las fiestas españolas “La gran familia” (1962). En Argentina, “esa tierra que me ha dado mucho”, del actor que supo acompañar a Zully Moreno, Mirtha Legrand y Amelia Bence en la llamada Década de Oro del Cine, y que sería siempre el Mauricio del clásico teatral nacional “Los árboles mueren de pie”, pocos a nadie se acordó. Hombre de pasiones y equívocos, seis matrimonios, decenas de amantes, premios del Rey de España y amigo de los matrimonios de Juan y Eva Perón y Rafael Alberti y María Teresa León, acérrimo republicano, y que hacía tejidos para relajarse durante entreactos, era mucho más Closas que ese arquetipo de fino burgués que brillaba en las comedias ligeras. "Para mí, el teatro es la vida y la vida es el teatro. Yo soy una bestia de teatro, un animal de teatro; a mí me gusta el teatro, me duele el teatro" repetía Alberto, y si le preguntaban un método, a veces no del mejor modo, escupía, “ensayar 70 veces”. Por este apego a trabajar, “el único espacio donde soy feliz es trabajando”, señalaba al artista que vivía con la maleta hecha, nunca se fue el polvo del desterrado, o porque el galán Alberto no quería al Don Juan para Closas, era quizá un rara avis del espectáculo en estas Pampas.

 

“El primer olor de la cocina, un excelente guiso de patatas con carne en Alicante, debía tener cinco años, es mi primer recuerdo de la buena vida”, señalaba Alberto Closas en una entrevista a Lourdes Verger en los ochenta; nacido Alberto Closas Lluró en Barcelona el 1 de noviembre de 1921. En la bulliciosa y pujante Barcelona de los años veinte, la de maravillosa Generación del 27, el papá actor y abogado Rafael ocupó altos cargos en la Generalitat de Cataluña, motivo por el que la familia se exilió a Francia en enero de 1939, a tres meses del final de la Guerra Civil. Alberto estudia, goza, entre Madrid y París, donde adquiría rápidamente los modales y gustos del bon vivant, aunque padeciera miseria. Cuando a fin de año el peligro nazi era inminente, los Closas deciden partir a Sudamérica y casi Alberto se queda en Europa porque había extendido la farra de vino blanco y ostras. El “Aurigny” levó anclas, estacionó en la bahía afortunadamente, y Closas se salvó por un comisario amigo,  que hizo que la lancha de la Prefectura Marina lo suba a bordo. Cuando el hermano Jorge lo recibió, le dedicó todo tipo de insultos; Jorge Closas luego que tendría una carrera prominente en los radioteatros.

“Con la Argentina estoy en deuda lo mismo que toda la caterva de refugiados a los que recibieron con los brazos abiertos y, tal vez, nosotros no hemos correspondido al necesitar ellos apoyo en su tragedia. Cuando en el 39 mi hermano y yo llegamos a París, en un país en guerra –estando en edad militar y con un pasaporte caducado de un país existente pero con un gobierno inexistente- en el consulado de la Argentina nos dijeron que el ser españoles era el mejor pasaporte para recibirnos”, recordaba en 1991 a El Periódico de Aragón. En 1940 debutaría Closas en teatro con “Joan Dalla” en el hoy Teatro del Globo -del cual fue con los años empresario, al igual que el Teatro Avenida-. Pero sus verdaderos inicios se encuentran en Chile, en la escuela de Margarita Xirgú, en tanto trabajaba en una agencia de publicidad,  allí porque la familia se oponía a la vocación del Alberto, “te propones arrastrar nuestro nombre”, le dijieron. "Todo lo que he llegado a ser en mi profesión ha sido gracias a doña Margarita", insistía Closas, y Xirgú le inculcó la disciplina y constancia necesarias para el oficio desde el primer encuentro “¿Tú cuánto aguantas sin comer?”, inquirió la amiga de Federico García Lorca. “Pues como año y medio”, respondió él, y la gran actriz trágica hispanoamericana bendijo, “Serás primer actor, hijo mío”. De su mano, y en la mayor capital del teatro en habla castellana como Buenos Aires, empezó en las tablas y triunfó con obras de Alberto Casona, Rafael Alberti y Lorca.

Buenos Aires era una fiesta

Aquella popularidad le dio el empujón al cine, a la radio y a la canción, de tangos a canciones para niños, a nada escapaba con su elegancia y ductilidad. A mediados de los cuarenta parecía que Closas arañaba las estrellas. El actor usó además la palanca de los medios para consagrarse, casamientos y divorcios, el más duradero con Amelia Bence, y la prensa del corazón no se perdía esos ojos azules en las recepciones y los estrenos brillantes, las entrevistas, los cócteles, los reportajes. Closas se paseaba con un tremendo descapotable MG que llamaba “La Pantera Gris”, un homenaje a las novelas de Sexton Blake que leía de joven. Apenas Alberto completó la secundaria, aunque en el liceo francés ya se destacaba en el análisis del los clásicos del teatro, y Closas de manera autodidacta adquirió una cultura fuera de lo común. La Xirgú pagaba a Closas por declamar a Lorca, pero sus salidas nocturnas eran costosas, y por eso cantaba en algunos locales bajo el seudónimo de Alberto Clay emulando el estilo de Charles Aznavour “Destilé mi incorregible afición a las mujeres y las juergas en la Buenos Aires de los cuarenta. Era la otra cara del miedo que había vivido en Europa. Aposté a la vida y lo aproveché al máximo. Era para todos el Loco Closas, un  Galleguito de temer. El dinero no me importaba nada”, recordaba en Barcelona en 1970, quien compartía mesa en El Ateneo con Francisco Petrone y Enrique Muiño. De igual a igual. Como demuestra esa vez que Xirgú, al finalizar un ensayo, apuntó al actor, “Esto es así. Pero tú hazlo como te salga”.

ALBERTO CLOSAS

Esa mezcla de encanto y sapiencia convencieron a los directivos de Argentina Sono Film y Estudios San Miguel en contratar a Closas, que había debutado en la pantalla grande con “Pa´el otro lado” (1942) En su primer protagónico haría pareja con Eva Duarte, “la persona más intuitiva que conocí…parecía que su piel brillaba”, señalaría luego Closas, aunque lo que más recordaba eran las noches en el departamento de Duarte de la calle Posadas y las visitas de un coronel a segundos de su Hora, Juan Perón. Aquella experiencia cinematográfica debería plasmarse en el estreno de “La pródiga” (1945), película filmada sobre una viuda ambiciosa y suicida en la piel de la actriz, pero que se estrenaría recién en 1984 en Uruguay porque Eva yo no era más Duarte desde el 17 de octubre de 1945, sino Evita. La censura ordenada por el matrimonio presidencial, “-Mario- Soffici me sacó gorda”, parece que dijo Eva Perón a los productores, que optaron por entregar todas las copias en la Casa Rosada -salvo una que, misterios, acabó del otro lado del charco-, fue la primera alarma de Closas, que se había escapado del franquismo y el nazismo, el galán republicano como gustan llamarlo en España. Y si bien tendría éxitos y premios en cine con “Danza del fuego” (1949) y “La vendedora de fantasías” (1950), y aplausos de las plateas en “Prontuario” (1950), impulsado por Luis Sandrini, y tres memorables piezas con su esposa Bence entre 1950 y 1952, “La estrella que cayó del mar”, “La lámpara encendida” y “Mi marido y su complejo”, sufrió la persecusión del temible Raúl Apold, “no se preocupe, debute. Usted es una buena chica…su marido no me gusta nada, pero debute que no le va a pasar nada”, asegura Bence que resultaron las palabras del funcionario peronista, en el rescate de Mario Gallina.

ALBERTO CLOSAS

“El éxito está en la dársena”

O en los aeropuertos, comentaría este actor de no un puerto único, ni de un solo abrazo, parafraseando a su querida Margarita Xirgú. Closas, que en las etapas de director y empresario, con un carácter férreo, ponía como regla tácita en los contratos, “Al teatro se viene con el certificado de defunción en la mano, pero se viene”, otras de sus frases de cabecera. Así que en 1954 emprendió el regreso a España, ya hacía unos años le había concedido el permiso  la dictadura de Franco, y, según los biógrafos, comienza la etapa más fructífera de su trayectoria, multiplicando la presencia en cine, teatro y televisión, tanta allá como en Argentina – si bien recién en 1969 hace más regulares los viajes al Río de la Plata con la dirección de “El cumpleaños de la tortuga”-.

Con la cumbre del cine español “Muerte de un ciclista” (1955), y tras más de dos décadas fuera, muchas veces se lo mencionaba aún como argentino, iniciaba su carrera en Europa en la película de Juan Antonio Bardem. La cinta cuenta más que el romance adúltero entre la esposa de un rico industrial (Lucía Bosé) y un profesor universitario excombatiente franquista (Closas) y sorprendentemente, quizás demasiado cegados los censores por el tema de la infidelidad y las once versiones finales, no se cortaron las partes en las que se ven las revueltas estudiantiles, la pobreza de los barrios de Madrid o las diferencias ante la ley entre los ricos y los pobres. El premio en Cannes del film dieron el espaldarazo al actor para las siguientes “La fierecilla domada” y “Todos somos necesarios”, una película coral con múltiples personajes, en la cual su Julián Martínez Valdés destaca sobre los demás, y que serían el sostén de una proficua carrera fílmica española, asentada en la comedia como la saga iniciada en taquillera “La gran familia” (1962), aunque invariablemente la crítica destacaba en Closas las indudables y sólidas cualidades interpretativas.

"Por el dinero arruiné mi carrera, hubiera sido un gran actor del teatro clásico…..A veces pienso hacia atrás y creo que yo también me dejé tentar por eso. De hecho, mi carrera profesional empezó con los grandes del teatro mundial y circunstancias diversas hicieron que me dedicara mucho a la comedia", sincero el actor al diario El País, en la gira internacional de “Viaje de un largo día hacia la noche” (1988) de Eugene O'Neill, contabilizando las más de sesenta películas y cien piezas teatrales. Hacía poco tiempo atrás, Closas, que actuó en algunas telenovelas en los primeros años de la tevé argentina, había participado de una remake de “Cuatro hombres para Eva” (1984) en Canal 9.

 

“Parecía lo que no era y era lo que no parecía: actor”

Responsable de sucesos en su propio teatro madrileño, Marquina, “De acuerdo, Susana” y “Cartas de amor” -que tuvo versión argentina en 1990 con Amelia Bence, dirección de Oscar Barney Finn-, las puestas más recordadas, en nuestro país en los setenta protagonizó dos piezas a sala llena, “Flor de cactus” y “Pato a la naranja”, y también algunos fracasos, como aquel con Susana Giménez en 1979, “La libélula” “Nunca te creas el mejor” era el consejo que le daba a Osvaldo Miranda en 1981, ambos nominados en los Premios Konex, y continuaba Closas en los ochenta una intensa agenda teatral, sobre todo, “Mi meta artística es el teatro; mi conveniencia, el cine; mi responsabilidad de actor, el cine y el teatro. Hago cine, además, porque me gusta, por la publicidad que me da. Pero considero que el teatro me compromete más, cara al público, y a mí me atrae la responsabilidad”, señalaba Closas en los últimos pasos argentinos en los escenarios, “Obligada intimidad” (1993), y allá en el Alcazar madrileño, “El canto de los cisnes” (1993). Quedaría en carpeta unas memorias, su madre y hermanos habían atesorado un ingente cantidad de cartas y memorabilia de Closas, y que los sobrinos Francis Closas y Silvia Farriol publicarían en formato de investigación biográfica en España para el centenario de su nacimiento en 2021. Fallece de cáncer de pulmones, Alberto un fumador de cuatro paquetes diarios hasta la última pitada, en Madrid, el 19 de septiembre de 1994. Meses antes decía a  Chiche Gelblung, en una entrevista en el Canal 9: “Yo creo que todo el mundo se muere, es ley de vida. Pero hay una ley física que dice que nada nace y nada muere, todo se transforma. Además le digo una cosa: yo soy el único que va a volver”, vaticinaba el caballero de la escena y la vida, Don Alberto. Siempre estarás volviendo al mejor teatro argentino, Alberto Closas, quien quería que se lo recuerde con un “Parecía lo que no era y era lo que no parecía: actor”.

 

AgradecimientoGrandes de la Escena Nacional

Fuentes: Gallina, M. Alberto Closas, la elegancia de un comediante en Homenajes III. Buenos Aires: INCAA. 2018; Closas, F. y Farriol, S.  Alberto Closas. A un paso de las estrellas. Madrid: Cátedra. 2020 y www.revistagallo.com; Torres, R. Morales, M. en www.elpais.com; Cruz Lapeña, S. Revistavanityfair.es

ImágenesGrandes de la Escena Nacional

Fecha de Publicación: 05/02/2022

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