Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Una pasión sana

Si hay algo que el automovilismo nos enseña a todos los argentinos es que un rival no es un enemigo.

Si hay algo que el automovilismo nos enseña a todos los argentinos es que un rival no es un enemigo. Ford y Chevrolet despiertan pasiones realmente profundas, que si bien sus fanáticos tienden a racionalizar (sobre todo en términos mecánicos, pero también influyen cuestiones estéticas, funcionales y hasta pragmáticas), tienen más que ver con la pasión pura y dura que con otra cosa. Es decir, con lo irracional, con el pathos, con lo que no está atravesado por la razón y el entendimiento. Ahora bien, eso no implica que se agarren a tiros y se descuarticen en cada oportunidad que tengan. Ahí sí aplican el intelecto y la razón: se juntan a ver la carrera y se comen un asado. Van con la familia. Pasan un fin de semana juntos. Gente inteligente, digamos.

Solo se trata de elegir 

Existe una gran anécdota que trasciende escenarios y es buen momento para contarlo. Hace 14 años fue el día de furia de Juan María Traverso con Gabriel Ponce de León tras un toque en la entrada a la recta en el TC de Río Cuarto. Fue el día 'P' de Juan María Traverso y su recordada puteada tras el choque del Torino de TC contra el paredón de los boxes de Río Cuarto, después de un toque en la entrada a la recta del Ford de Gabriel Ponce de León. Busqué en el diccionario de la Real Academia Española para asegurarme el significado de esa palabra y en efecto, puteada es la "acción de putear, injuriar".

"En ese momento, volvió el Traverso impulsivo, sanguíneo y sin la mínima intención de guardar las formas. "Es un hijo de p.... Yo corrí con pilotos bravos en mi vida, pero con p... como este, nunca. ¿Si lo voy a denunciar? Ma´ qué denuncia, lo voy a c... a trompadas", se descargó, días después, Juan María Traverso

Que el enojo momentáneo de un corredor sea anécdota habla mucho de la sanidad de este deporte. No pasa por tener o no “sangre en las venas”, sino por elegir una manera no violenta de canalizar esos sentimientos. Por priorizar la actividad por sobre la locura de combatir a un oponente. Se trata de valorar el juego justo y no la mafia, los negociados y demás situaciones que nada tienen que ver con lo que propone cualquier deporte.

Ahora bien: ¿cuál es la diferencia del TC con el fútbol? Es decir, en el fútbol las estructuras están copadas por la delincuencia (me acuerdo de Cantero, el ex presidente de Independiente, solo como un perro, discutiendo a través de una reja con el impresentable de Bebote Álvarez que, para hacer más delirante la situación tenía puesta una careta de Frankestein, una de las imágenes más tristes que nos dio el fútbol), ¿por qué en otros deportes no se dio así? ¿Será porque hay menos plata para repartir?

Si se aplicara esa lógica, sospecho que las diferentes categorías del automovilismo también dejarían sus buenas monedas a los delincuentes: un montón de familias pasando fines de semana enteros en las inmediaciones de los autódromos tiene que ser buen negocio.

Quizás en Buenos Aires no tanto, pero en la mayoría de las provincias el automovilismo es muy popular. ¿Por qué se da el fenómeno “barra brava” sólo en el fútbol? ¿Por qué se relaciona con la “mística” de este deporte y no con la de cualquier otro? La verdad, es una pregunta que me hago frecuentemente, y no logro encontrar una respuesta. Ojalá algún día se terminen las mafias en el fútbol y vuelva a ser el deporte familiar que alguna vez fue. Como dijo un sabio una vez, “La pelota no se mancha”.

Rating: 0/5.