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Sebastián Battaglia: ¿De futuro ex – entrenador al DT que encabezará la reconversión en Boca?

Colocado como director técnico del equipo xeneize, tras la salida acordada de Miguel Ángel Russo a mediados de año, el entrenador de la reserva vivió buena parte del año con la presión de conseguir un título para al menos poder continuar en su cargo deportivo.

Indudablemente, no hay puesto más ingrato en un plantel profesional de fútbol que el cargo de director técnico, una labor que medida constantemente en tono resultadista, deja más sinsabores que alegrías. El primero que puede decirlo en el equipo de Boca Juniors es Miguel Ángel Russo, a pesar de encontrarse muy bien ubicado en las instancias finales del tradicional torneo local, ni siquiera esa situación y permanecer expectante en una ubicación de privilegio en la Copa Argentina le alcanzaron para poder mantenerse en su puesto, justo cuando la situación institucional del famoso club de la Ribera se recuperaba levemente y en cámara lenta tras la muy previsible renuncia del vice-presidente electo Mario Daniel Pergolini, quien abandonó su cargo luego de los choques con el Consejo de Fútbol. Una derrota en la cancha de Estudiantes ante el local por la mínima diferencia, fue el partido que marcó la última presencia del reconocido técnico, quien acordó horas más tarde con los dirigentes una salida consensuada de la institución.

 

Desde el momento en que el entrenador de Boca Juniors tenía los días contados, se puso en marcha toda una sucesión de conocidos nombres para encontrar esa persona que pudiese tomar la conducción del equipo, sin provocar un profundo quiebre anímico dentro del plantel, que por entonces bancaba la continuidad de Russo como DT. Lo cierto es que paralelo a la danza de famosos apellidos para hacerse cargo de un equipo que perdía como local y visitante sin dar señales de recuperación, el Consejo de Fútbol de la institución del barrio porteño lindante al Riachuelo, ya tenía preparado su candidato para suceder a Russo si no aparecía aquél entrenador que convenciese a todas las partes de asumir en un equipo que venía golpeado a pesar de encontrarse en ubicaciones satisfactorias dentro de aquellos torneos que debía encarar en el cruce de semestre. Cuando finalmente muchos técnicos le dijeron que no a Boca, el CDF del equipo xeneize tomó cartas en el asunto y convenció al presidente que la persona apropiada sería el entrenador de la reserva.

Por aquellos complicados meses, la peor noticia para todos los fans boquenses había sido la eliminación en la Copa Libertadores, situación que puso en marcha la cuenta regresiva para reemplazar a Miguel Ángel Russo. El desenlace en la ejecución de penales contra el Atlético Mineiro, equipo brasileño que había eliminado antes a River, fue el inicio de una noche desastrosa que terminó con incidentes en el campo de juego y un enorme escándalo en los vestuarios con la presencia de la policía carioca y otros funcionarios. Después que la delegación xeneize quedó demorada varias horas, mientras el fuerte rebote noticioso de lo ocurrido en suelo brasileño se expandía a todo el continente, el Consejo de Fútbol de la institución de la Ribera comenzó sus deliberaciones para instalar en lugar de Russo a una persona proveniente del riñón operacional del CDF. Por más que en esas semanas toda la agenda deportiva le hubiese sonreído al plantel boquense, el destino de Russo tenía clara ubicación por fuera de la entidad xeneize.

 

El desembarco de Sebastián Battaglia al cargo de director técnico no fue el mejor, porque a las pocas semanas de asumir en su cargo, una serie de resultados adversos ya lo habían dejado claramente a Boca sin muchas chances de pelear por la punta de la Copa de la Liga Profesional de Fútbol. La cuestión comenzó a agravarse bastante más de lo debido cuando finalmente llegó el partido contra River en el estadio Monumental, encuentro donde Boca no solo terminó derrotado sino absolutamente sin ninguna posibilidad de pelear el torneo local, un punto operacional que marcó la zona de riesgo existente para el entrenador que a poco de tomar el puesto, había comprobado que la historia no pasaba por quien dirigía al equipo, sino un conjunto de afiatados jugadores que estaban atravesando su momento más bajo en cuanto a rendimiento. Por esos días, todavía los xeneizes mantenían una ubicación sin demasiadas complicaciones en el futuro de la Copa Argentina.

El destino del entrenador Sebastián Battaglia pareció encaminarse hacia un laberinto de incertidumbres, las cuales lo hallaron cabizbajo y confundido, mientras el equipo seguía en el único torneo donde podía lograr un campeonato. La permanencia de Boca Juniors en la adrenalínica Copa Argentina, fue directa responsabilidad del arquero Agustín Rossi, guardametas que en anteriores temporadas no estaba en la consideración principal de los técnicos que dirigían al plantel de primera división. La decisión en su momento de poner a este guardametas en la formación titular, fue uno de los grandes aciertos de la gestión de Russo en su paso por la entidad de la Ribera, jugador decisivo a la hora de la definición de los partidos mediante la ejecución de tiros desde el punto penal. Gracias a la intuición y manos de este arquero que lentamente se convirtió en figura indiscutible, Boca llegó a la final del torneo territorial contra Talleres, un esperado partido que se definió también a través de la ejecución de penales, siendo Rossi el responsable de contener los disparos de los jugadores rivales, lo que le permitió a los xeneizes cerrar la temporada con el título de nivel nacional, pero sobre todo clasificados para la Copa Libertadores 2022.