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River logró su postergado título local, pero en un torneo sin rivales de peso

El equipo de Marcelo Gallardo demoró casi ocho años en conseguir la Copa de la Liga de Fútbol Profesional, una edición donde los principales equipos exhibieron una mediocridad futbolística muy pocas veces vista en el tradicional torneo de contexto interno.

A la hora de cualquier festejo importante, aquél muy desubicado que dice “el champagne está tibio”, es un firme candidato a comerse un zapatazo para terminar afuera de esa fiesta totalmente odiado por la mayoría de los presentes. Este último jueves bastante cerca de la medianoche, por suerte no existió ninguno que se le plantara firme a Marcelo Gallardo y Rodolfo D'Onofrio para decirles “¿a quién le ganaron?”, porque era número fijo para salir del Estadio Monumental montado en un misil con destino a Bulgaria. Después de padecer casi ocho años de manera inédita una serie de adversidades que le impidieron hacerse del campeonato más cercano a los sentimientos del hincha, el conjunto de la banda roja logró sacarse una espina que lo tenía a maltraer, más allá de haber conseguido una importante cosecha de logros internacionales, por los que muchos venderían su alma al demonio.

Cuando se recuerdan los campeonatos obtenidos, difícilmente alguien haga memoria con relación a los oponentes de cada ocasión para conseguirlos, centrándose en el número de títulos alcanzados y nada más, aferrado a esa pasión de valorar por la cifra y no la calidad de esas conquistas deportivas. El técnico del equipo millonario afortunadamente cumplió una deuda pendiente que lo atoraba cada vez que alguien le preguntaba sobre la cuestión, pero cuando detrás han quedado las instancias para lograr lo pospuesto, indudablemente este debe ser el logro menos valioso que la “gestión Gallardo” ha conseguido, no tanto por la calidad de sus jugadores, sino por la pésima capacidad profesional de todos sus rivales en un campeonato que dio vergüenza ajena con muchos de sus resultados. Obviamente en un par de años, solo se recordará la conquista y nadie se animará a detallar las situaciones que observó una competencia tan devaluada, como intrascendente en la perspectiva sobre estas confrontaciones entre equipos de un mismo país.

Únicamente a ciertos medios ultra fanatizados de Córdoba se les pudo haber ocurrido que Talleres a principios del torneo era el gran candidato, una punta del campeonato que duró menos que un flato adentro de un canasto de consorcio para ropa. Los cordobeses por esas primeras fechas consiguieron buenos resultados, aprovecharon que los grandes estaban en un punto de transición en esos primeros partidos y sacaron una mínima diferencia. Bastó que los de “la Docta” cayeran con Colón de Santa Fe para advertir que se venía un brutal y contundente barranca abajo, corporizado con la derrota como local frente a River, equipo que se aprovechó de un rival inflado por los medios y nada más que eso. Alcanzó que los dirigidos por Marcelo Gallardo consiguieran la punta después de vencer a Boca de local en el Monumental, para iniciar una escalada al título que nunca se detuvo. Desde aquél instante donde el equipo cordobés cedió el liderazgo, lo único que restó fue advertir en que fecha cercana al final los de Núñez terminarían levantando ese trofeo que se les venía negando, curiosamente en medio de tantos éxitos internacionales.