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Que no decaiga!

Lucas Matthysse se acaba de coronar campeón mundial Welter de la AMB.

Lucas Matthysse se acaba de coronar campeón mundial Welter de la AMB, al derribar, en el séptimo, al tailandés Tewa Kiram, el otro aspirante al título vacante. Hasta acá, una historia más en el glorioso boxeo argentino. Pero hay algo más que no es novedad. Y es un problema. Desde hace muchos años, se da entre nuestros púgiles la falta de continuidad.

Lo apodan “la maquina”. Salió de un barrio vulgarmente caracterizado como “picante” llamado “Las mil viviendas” en Trelew, al sur del país. Lleva tatuado en su espalda las islas Malvinas y varios escrachos más que le recuerdan, si es necesario, que nació en tierras argentinas.  Cualquiera que vea a Lucas y a sus tatuajes y que sea conocedor de su actividad deportiva, seguramente, no se le querrá arrimar. Pero sería un error. Contrario a lo que nuestros prejuicios puedan decretar al verlo, el campeón es muy cálido y gentil.

En Argentina tenemos boxeadores que se destacan más por su técnica que por su pegada, los considerados “técnicos”.  Encabezan ese grupo "El Huracán" Narváez,  Sergio “Maravilla” Martínez y el joven Nicolás Andino. Del otro lado, los que se destacan por su pegada – conocidos como noqueadores -  conforman una inmensa lista. Por nombrar algunos: Carlos, Latigo Coggi, Marcos “Chino Maidana” y, volviendo al tema que nos convoca, nuestro propio Matthysse, quien suma 36 ganadas antes de la cuenta de 39 peleas realizadas.

Decíamos que el problema de la mayoría de los peleadores de hoy es la falta de continuidad en los golpes. Y la pelea de Matthysse es uno de los mejores ejemplos. La gente llegó a abuchear a los competidores por esa falta. Kiram no tiraba golpes por ser escaso de recursos. Matthysse, por su parte, parecía no encontrar la distancia. Logró un par de golpes antes del séptimo round, pero no lo siguió. Cuando lo logró, conectó con su clásica potencia y el lungo le duró un round. La mayoría de los boxeadores locales hacen lo mismo que nuestro campeón. Así , han perdido por puntos y hasta por una mano revoleada más de una vez.

La lectura general en el mundo del boxeo es errada. Quedó arraigada la vieja jerga de que los peleadores que iban a pelear al exterior eran los mejores. La respuesta a esa afirmación es sí, eso sucedía,  pero hoy son otros tiempos. Hoy es sabido que es más fácil caer en el exterior por dólares que caer por pesos en el conurbano. Y cuando me refiero a “caer” no hablo peyorativamente ni quiero ofender a nadie. Me refiero a la acción de caer como  derrota, a la situación de perder la pelea. Se abrió el mercado de manera tan grande que la propia FAB – Federación Argentina de Box - perdió el control y los registros de cuántos son los boxeadores argentinos que compiten en el exterior. Afortunadamente, los nuevos medios de comunicación y los videos y redes sociales nos permiten ser  testigos de lo que está pasando con estos talentosos exiliados. Existen miles de contratos de manera express cuyas bases y condiciones parecen no importar, porque solo interesa la firma y la posibilidad de los verdes como potencial ganancia tanto para los  boxeadores como para sus equipos de entrenadores y representantes.

Se podría decir que antes en el boxeo se acertaba mucho y se pegaba fuerte. Ahora,  predomina la técnica. Quizás la potencia es la misma, pero  pienso que le sacaron la esencia del box. Esa que les falta a los argentinos en general, para ser aún más los campeones reinantes. Por lo pronto, disfrutemos de Lucas Matthysse, su mano, su talento y su historia de superación.

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