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Pairetti: ídolo del automovilismo y orgullo de Clucellas

El santafesino Carlos Pairetti se destacó en los sesenta. Manejó el recordado Trueno Naranja y rodó películas con Sandro.

Estación Clucellas es una pequeña localidad santafesina, separada de la capital provincial por poco más de 100 kilómetros. Está en el departamento Castellanos, donde las principales ciudades son Rafaela y Sunchales. Siendo un pueblo de apenas mil habitantes, dificilmente pueda encontrarse un clucelllense más célebre que Carlos Pairetti. Pairetti vivió allí hasta los siete años, momento en que se trasladó a la bonaerense ciudad de Arrecifes, de donde era oriunda su madre. 

El orgullo de Clucellas debutó en Turismo Carretera el 25 de marzo de 1962 con una Cupé Chevrolet de la época, asombrando a todos desde el arranque, y se graduó en la categoría de la patria al año siguiente al conquistar la Vuelta de Mar del Plata del 63.

Córdoba fue el lugar donde Pairetti consiguió victorias tan importantes como resonantes. En 1965 en Villa Carlos Paz al vencer con un Volvo y quedar en la historia del TC por ganar con una marca que no fue ni Ford, ni Chevrolet, Dodge o Torino. La provincia mediterránea también fue sede de la primera conquista del revolucionario “Trueno Naranja”, el 14 de Julio de 1968 en el Autódromo Oscar Cabalén de Alta Gracia, donde los fanáticos de Chevrolet comenzaron a idolatrarlo hasta la conquista del título de Campeón Argentino al fin de la temporada.

Si bien el del 68 fue el único campeonato logrado por Pairetti, se mantuvo activo como piloto entre 1962 y 1978, logrando 22 victorias, siendo piloto oficial Chevrolet y posteriormente de Ford, algo que era difícil en la época, a partir de la eterna rivalidad de marcas.

Corrió en TC, en Turismo, Mecánica Argentina Fórmula 1, se atrevió y fue a la Formula Indy en Estados Unidos y hasta creó una categoría como fue el exitoso Club Argentino de Pilotos con los Datsun y Nissan.

Un fenómeno, dentro y fuera de las pistas

Hay palabras imperdibles que Pairetti dejó en muchas declaraciones mediáticas. Solo como muestra, vaya un tramo de una entrevista de 1968 que no tiene desperdicio.

Cuando refiere sus características como corredor, es algo contradictorio: "En realidad, existen dos Pairettis —aclara—; el que compite y el que maneja su coche particular. El primero es un tipo furioso, enloquecido por ganar; el otro, es un normal ciudadano que trata, en lo posible, de respetar las normas de tránsito". (Los periodistas que lo conocen dicen que solo hay un Pairetti, el primero, en la pista y en la calle). "Cuando corro, trato de elaborar la carrera, de medir paso cada uno de mis movimientos, cada uno de mis objetivos —quince minutos más tarde, en un arranque de espontaneidad, el piloto confesó—: Yo soy... ¿cómo puedo decir? Yo soy la velocidad. Me gusta ganar; ganar contra viento y marea. En cualquier competencia esgrimo un solo principio: ganar o romper el coche. No hay término medio: salgo de entrada en punta y no la dejo hasta recibir la copa".

A Pairetti siempre se lo aceptó entre los grandes de verdad del automovilismo nacional. Era dueño de una simpática personalidad (en la entrevista queda claro), que hasta al cine lo llevó. En 1972, fue actor principal en Piloto de pruebas, compartiendo la cartelera con Ricardo Bauleo y Gilda Lousek y en Siempre te amaré con Sandro.

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