Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Mundial, la justa deportiva sin igual.

El mundial nos une porque nos sabemos poderosos y con grandes chances de ser los campeones del mundo, en la vida.

Todavía me acuerdo de la marcha del Mundial ´78. Tengo las melodías resonando en mi memoria. Es que lo que despierta un Mundial de fútbol en nosotros es único. Ni necesitás que te lo explique. Para Rusia 2018, somos el tercer país que más entradas solicitó. En todo el mundo. Nos superaron Rusia, lógicamente, y Alemania. No pude encontrar por ningún lado la cantidad que solicitamos, pero si hacemos un estimado rápido y ponderamos la cantidad de habitantes de cada país (Rusia, 145 millones; Alemania,  85; nosotros,  45), no es difícil prever que las canchas van a estar teñidas de celeste y blanco. Estamos hablando de un fanatismo nivel Dios.

Lo pienso y me cuesta creer que estoy esperanzado con un equipo que tiene  a Jorge Sampaoli como entrenador. La verdad, no lo entiendo. Quizás es porque venimos de Brasil y el subcampeonato. Tal vez es por Messi. O, tal vez, es mi anhelo de victoria, es el saber que siempre tenemos chances de  llevarnos nuevamente la copa. Porque los argentinos somos así. Sabemos todo y salimos campeones aunque no sepamos de lo que estamos  hablando ni de qué se trata el campeonato que vamos a disputar. Total, soy argentino. Yo ya gané.

¿Sabías que la copa del Mundial de fútbol, tal como la conocemos ahora, no era la misma en la primeras ediciones? En el primer campeonato del mundo de 1930, se entregó el trofeo Jules Rimet, en honor al entonces presidente de la FIFA. Pero el trofeo Rimet solo duró 40 años - de 1930 a 1970 -  debido a que un grupo de ladrones ingresó a la Federación Brasileña (donde estaba el premio) y se lo robaron, así nomás. Luego, lo fundieron y vendieron el metal porque estaba hecho de plata esterlina enchapada en oro y lapislázuli. Más tarde, los malvivientes fueron detenidos por la policía pero ya era tarde, la acción ya estaba hecha y no quedaba nada de la copa. Sí, como leíste.  La ambición por el trofeo, muchas veces, no tiene que ver solo con la sed de victoria.

Para la Copa Mundial de la FIFA de 1974 apareció el trofeo que todos identificamos hoy. ¿Qué tiene esta nueva copa? Está hecha de oro de 18 quilates con una base de malaquita, y representa a dos figuras humanas sosteniendo la Tierra. Datos que te regalo para deslumbrar a tu audiencia en el próximo asado.

Más allá del premio material y los escenarios, el Mundial de fútbol nos une porque nos hace sentir poderosos y con grandes chances de ser los campeones del mundo, también en la vida. Y esto nos desvela y nos hace madrugar a horas impensadas de la noche para transpirar a la par de los jugadores o gastar los dólares que no tenemos para viajar y verlos en vivo y en directo.

¿Será por nuestro origen inmigrante y humilde? ¿Será que sentimos a la Argentina como un país tercermundista que arriba a un país rico para demostrar todo su potencial? ¿Será un complejo de inferioridad y la necesidad de mostrarle al mundo que podemos ser los primeros? Creo que es una ilusión más que una realidad. Ilusión enorme de que haya valido la pena irnos a otro país, dejando todo atrás. Claro que el sacrificio no es menor. Por eso caemos como un piano de un séptimo piso cuando no somos los mejores. No triunfamos. No logramos el objetivo. Nos mata, y lo entiendo. Es otra de las cosas en las que tenemos que madurar. Cuando relajemos esa ansia ciega triunfalista y entendamos por dónde pasa la vida, vamos a ganar mucho más como país e individualmente. La marcha del Mundial también habla de vibrar, soñar, luchar. Y nunca, nunca dejar de hacerlo.

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