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Messi debutó en el PSG: Los franceses tiene un nuevo rey que deberá adaptarse a otro estilo de juego

El jugador argentino provocó una conmoción en el estadio del Reims, jugando apenas 30 minutos con un partido definido por su colega Mbappé, jugador francés clave que el gran equipo parisino deberá retener si quiere conseguir objetivos deportivos superiores.

Los libros de historia futbolística recordarán con precisión lo ocurrido el domingo 29 de agosto, cuando a las 17:05 hora argentina, el astro deportivo Lionel Messi ingresó a la cancha del Reims portando la camiseta número 30 del París Saint Germain, en reemplazo de su amigo y compañero Neymar, con un partido que a esa altura del encuentro ya estaba definido gracias a la eficacia goleadora del Kylian Mbappé. El prestigioso delantero de la selección francesa, un asesino de las redes que al ansiado momento de ingresar el famoso delantero argentino al court, ya había embocado dos tantos en la valla contraria, selló así el destino de un duro partido que aún sin la presencia del atacante rosarino tenía resultado cantado, cuando finalmente Mauricio Pochettino decidió que era hora de poner al jugador más esperado en el campo después de tantos días de mediática espera mundial.

 

Horas antes, más precisamente en el Camp Nou, un glosario de insultos coronó el triunfo del Barcelona frente al Getafe protestando a la dirigencia catalana por haber dejado partir al jugador argentino al fútbol parisino. Obviamente hubo algunos silbidos e insultos para la ex–estrella del Barsa que abandonó el equipo culé, pero el involucrado ni se enteró del adverso clima existente en esa región española, naturalmente con sus pensamientos y total concentración en el potencial debut en la famosa institución gala. Pasaron 50 días desde la última vez que el volante creativo estuvo dentro del césped, ocasión en que Argentina fue la selección menos horrible de la Copa América, una cantidad de semanas que obviamente conspiró contra la inmediata vuelta del santafesino a las canchas jugando en plenitud.

 

 

Mientras Lionel se colocaba la camiseta número 30 en su camarín acompañado por todos sus compañeros, en el vestuario del Reims hubo una seria charla entre los jugadores de la institución local buscando consensuar un objetivo principal este fin de semana, es decir, no convertirse en el mediático conejillo de indias de un debut deportivo que dejara al club transformado en un colador de fideos con una abultada goleada en contra. Los defensores y mediocampistas acordaron un sacrificio conjunto para no permitir el lucimiento del gran delantero argentino, sabiendo que todo estaba armado para que el París Saint Germain se floreara con el Reims aun jugando como visitante en la cuarta fecha de la Ligue 1, torneo donde el staff parisino lidera con dos puntos de ventaja después de una nueva jornada con choques muy esperados.

 

A los 20 minutos del segundo tiempo, con los ojos del mundo mirándolo, observó el cielo en un reflejo que pareció casi automático, aguardando que su compañero Neymar saliera de la cancha para dejarle su lugar, segundos donde muchísimas cosas deben haber pasado por su cabeza al ingresar a una cancha por primera vez sin la camiseta del Barcelona, una blusa que usó dos décadas con resultados ya por todos conocidos. Adentro del campo, las cosas obviamente se diferenciaron de lo que sucedía en anteriores tiempos jugando para el Barsa, encuentros donde no lo marcaban con tanta presión, controlándolo en zona cuando el argentino atacaba con sus viejos compañeros del equipo catalán. En Francia, enterados de su incorporación, todos los equipos rivales advirtieron que la prioridad no será ganar a la hora de enfrentarlo, sino evitar que el delantero rosarino se haga un poderoso festín con las defensas rivales.

 

 

En esa histórica media hora de juego, con todo el mundo observándolo tanto en el estadio del Reims o en los millones de televisores encendidos alrededor del globo, encendidos por primera vez con un canal emitiendo la Liga de fútbol francesa, las cosas lejos estuvieron de ser un jardín de rosas para el creativo santafesino. Los defensores locales Focket, Faes, Gravillón, Abdelhamid y Lopy recibieron la orden del técnico Oscar García de no dejarle un metro libre al atacante rosarino, haciéndole sentir la marca y una presión corporal a un debutante en ese torneo que a los pocos segundos estaba en el suelo, tras un fuerte cruce que volteó al argentino como un patito de plástico en el salón de tiro al blanco del mítico Centro Lúdico Italpark. Si el Reims iba a perder, la historia es que fuera por la cifra más baja de goles y que la nueva adquisición del PSG no pudiese anotar ni siquiera un pase-gol para ampliar el resultado que Mbappé había sellado segundos antes que Lionel hiciese su ingreso a la cancha aplaudido por las cuatro tribunas del estadio. El 2 a 0 en contra con tantos de Mbappé, era más que suficiente y el Reims lo festejó discretamente en estricto silencio sabiendo que pudo llevarse dos o tres goles más en su propio arco.