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Los tenistas argentinos y Wimbledon: pocas alegrías y mucho polvo

Los jugadores de nuestro país en 2022, a excepción de la modalidad de tenis adaptado no llegaron octavos de final del torneo inglés, algo que no parece tener solución.

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Aunque el recuerdo parezca bizarro, desopilante o anecdótico, un tenista argentino logró alzarse con el trofeo de Wimbledon, habitual competición tenística que siempre ha dejado tendidos en la verde gramilla del All England Club a todos los competidores de nuestro país, pero ese triunfo ocurrió en una película. Y, quién si no, fue Guillermo Vilas en la olvidada cinta “Players” de 1979. Hasta el momento, en la realidad, un solo jugador argentino consiguió llegar a la final del abierto más mediático en la historia de tenis.

La memoria se fortalece por estas horas, al cumplirse veinte años de aquella situación con un jugador argentino disputando el encuentro decisivo del icónico torneo inglés, aquella inolvidable jornada en la que el cordobés David Nalbandian disputó el partido definitorio de ese campeonato en la edición 2002 frente al tenista australiano Lleyton Hewitt. El jugador de la provincia mediterránea había batallado duramente todas aquellas etapas previas, logrando resultados frente a sus rivales, que auguraban sorpresivamente un importante porcentaje de verlo disputar el partido clave de esa competencia en el pasto. 

Esa tarde de domingo en el césped inglés, los porcentajes en las apuestas previas no lo tenían definitivamente en cuenta al deportista cordobés, frente a un habilidoso jugador que tradicionalmente en su país participaba de varios torneos en esa superficie. Aquello no fue un pelotón de fusilamiento, pero en aquél choque Nalbandian apenas pudo ganar seis games en los tres sets que duró el partido en ese choque desigual. Después de saludar a las autoridades reales presentes en la final, Lleyton Hewitt se sacó su buzo y en apenas 2 horas concretó una demoledora faena, con un claro resultado de 6-1, 6-3 y 6-2 haciendo estéril todos los intentos y esfuerzos del jugador de la provincia mediterránea argentina.

Aquellos que pudieron celebrar lo imposible

Sin embargo, no todas son malas noticias en el historial de los jugadores argentinos que en su momento probaron suerte, jugando en una superficie tan particular y complicada en el calendario de competencia. En su momento, con ambos jugadores muy purretes, David Nalbandian y Guillermo Coria ganaron en la categoría “dobles junior”, situación que años más tarde viviría la jugadora María Emilia Salerni, obteniendo el trofeo no solo en dobles sino también en el single femenino de esa categoría adolescente. Gabriela Sabatini, quien nunca pudo disputar la famosa final en el All England Club como singlista, pudo sacarse la espina por lo menos en dobles, cuando con Stefi Graf lograron ese objetivo jugando en pareja.

Quien ha logrado una mejor performance a esa superficie en estas dos largas décadas, es el jugador de tenis adaptado Gustavo Fernández, quien aportó a nuestra nación la grata noticia de un triunfo en dobles junto al japonés Shingo Kunieda. El jugador cordobés, lleva nueve títulos en esta categoría y su más reciente conquista se dio en la última edición al vencer a la dupla inglesa formada por Alfil Hewett y Gordon Reid por 6-3 y 6-1. Fernández ya había en esa superficie y torneo logrado el título como singlista en 2019, mientras que jugando en el formato de dobles, la alegría de conseguir la copa ocurrió por primera vez en el 2015,  notables conquistas en ese complicado torneo, una situación doblemente valorada por el instinto de superación y la pasión deportiva. La muy legendaria jugadora Raquel Giscafré logró llegar a la final junior en 1965, pero la argentina cayó en un duro duelo antes de emprender el circuito profesional ya como tenista adulta.          

Nuevas canchas, viejos y predecibles problemas

A mediados de los ‘70s, Guillermo Vilas se convertía, merced a su juego, esfuerzo y una  inocultable pasión por conseguir sus objetivos en el jugador número 1 de Argentina y ya se ubicada muy cerca en el podio de los mejores del mundo. Ese crecimiento del famoso zurdo marplatense potenciaría dos situaciones industriales: por un lado el crecimiento de las empresas que fabricaban raquetas e indumentaria para jugar, mientras que los clubes a raíz de la gran campaña del tenista de la costa atlántica, comenzaron a construir más y más canchas para que la gente pudiese practicar ese deporte. Por una cuestión de costos, todas o la gran mayoría se realizaban con piso de polvo de ladrillo, quedando aquellas de cemento en un lugar muy minoritario de las preferencias.

En las viejas instituciones deportivas todas se construían con esa superficie, mientras que en lugares como debajo de las autopistas o sitios donde no se practicaba otro deporte, los inversores optaban por el cemento duro en estas inéditas y curiosas locaciones. Nadie pensaba en el césped por esos años. Los tenistas que necesitaban prepararse para jugar en Wimbledon, viajaban unas seis semanas antes de esa competencia, iniciaban exigentes entrenamientos en canchas de esa superficie, tomando parte del torneo que se ubicaba en la grilla inmediatamente antes del abierto británico, mecanismo para llegar preparado al All England Club de la mejor manera posible. Pero aún con eso, no alcanzaba para lograr los resultados deseados.  

Superado el antes y después que provocó el deportista marplatense, las generaciones que siguieron en esta especialidad se formaron con mayor conocimiento de la superficie con ladrillo y, en una medida bastante menor, del cemento con velocidad intermedia. Cuando los ‘90s pusieron pie firme, la desinversión en canchas de tenis encontró a la industria en un gran romance con el paddle, época donde los frontones donde peloteaban los tenistas se transformaron en nuevas canchas para esa especialidad de menores dimensiones.

La primera década del nuevo milenio no mostró al respecto demasiados cambios sobre las superficies, época donde el torneo británico solo alcanzaba importancia en las semanas de su realización y nada más. El crecimiento de competencias en cemento duro prosiguió en una forma desmedida, dejando en un lugar minoritario al césped y el polvo de ladrillo.

La última edición de Wimbledon realizada en el All England Club, dejó el brutal saldo de todos los participantes argentinos eliminados antes de la tercera ronda, lo cual golpeó en la moral de los jugadores de nuestro país. Sin que se ponga hincapié en construir algún porcentaje de canchas de césped, para que los tenistas rankeados puedan llegar mejor preparados a un tipo de superficie que les genera incomodidad absoluta, las cosas no promueven algún cambio de situación, tiempos donde los lugares que tenían numerosas canchas de tenis se están dedicando a convertirlas en courts de paddle, ante el firme resurgimiento comercial del juego que en los ‘90s explotó de manera exponencial.

 

Imagen: Pixabay

Fecha de Publicación: 19/07/2022

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