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La tarde de los botines rojos

Te contamos de qué se trató la tarde de los botines rojos en Mendoza, en la que Godoy Cruz se enfrentó a Independiente Rivadavia.

El gran clásico del fútbol mendocino, por historia, es Independiente Rivadavia vs. Gimnasia y Esgrima. Sin embargo, en los últimos años y, sobre todo, durante los 2000, los partidos entre Godoy Cruz e Independiente Rivadavia se transformaron en clásicos. Ambos son equipos que mueven multitudes y han tenido buenas campañas, con ascensos, cada uno en su categoría. Pero hubo un par de años en donde coincidieron. Eso pasó en la temporada de la B Nacional de 2008. Y, cuando se enfrentaron, cobró vida la tarde de los botines rojos.

El 17 de mayo de 2008 Godoy Cruz visitó a Independiente Rivadavia en el estadio Bautista Gargantini. El Tomba llegaba bien y con serias aspiraciones a ascender. El partido estaba empatado 0 a 0, pero en el entretiempo ingresó David “Fideo” Fernández para la visita. Entró él y sus botines rojos, detalle no menor. Aunque esos botines rojos tenían historia antes que ese partido: “Nos robaron la utilería, cuando estábamos concentrados. Tuvimos que salir a comprar botines, vendas y canilleras. Fuimos a un shopping y a mí me gustaron los F-50 rojos. En ese momento no se usaban botines de colores. Pero me resultaron, porque en el primer partido en el Malvinas pude hacer dos goles”. Comenta el protagonista, consultado por el equipo de prensa del Club Deportivo Godoy Cruz Antonio Tomba.  

Una tarde soñada

Y continúa recordando: “Pero, después de otras fechas, nos tocó ir a la cancha de Independiente. Veníamos haciendo una campaña bárbara. Esa tarde me toca ir al banco y tenía unos botines negros. Pero me agarra el utilero de Godoy Cruz y mi amigo, Fernando Cámara, y me dicen que me ponga los rojos. El utilero me dijo que le había echado agua bendita y Fernando me dijo que tenía que hacer un gol con esos botines rojos. Por eso me los cambié en el entretiempo. Y cuando entré, vino un centro cruzado, me la bajó Marcos Barrera y la empujé. Pensé que había offside, pero el línea salió corriendo a la mitad de la cancha y ahí se me cayó el mundo encima. Fui corriendo a una esquina y lo primero que hice fue sacarme los botines rojos y besármelos. No lo hice para cargar a nadie. Fue una tarde soñada. Después de ese partido nos acomodamos para el ascenso”.

Así se cumplió el aniversario número 12 de una anécdota que los hinchas del Expreso atesoran en lo más profundo de su corazón.

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