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La relación entre Messi y Pochettino atraviesa su gran prueba de convivencia

El nuevo astro del equipo parisino y el afiatado técnico del PSG asumieron que la forma de cimentar un buen nexo entre ambos, finalmente será aceptar ciertas situaciones que en la previa no se mencionaban pero que emergían desafiantes para desarrollar este vínculo.

A horas del primer partido que jugará la selección argentina por esta nueva triple jornada de eliminatorias, muchísimos se preguntan cómo seguirá la relación entre Lionel Messi, la nueva estrella del PSG y Mauricio Pochettino, afiatado técnico del equipo parisino que en pocos meses pasó de tener un equipo bastante bien armado en la Ligue 1 a contar ahora en su plantilla con el jugador más codiciado del planeta. Se sabía a ciencia cierta que no iba a ser fácil vivir dicha situación de convivencia en estos primeros meses, entendiendo que la fuerte personalidad de ambos sería un elemento inevitable tanto en el vínculo deportivo como personal. A juzgar por lo ocurrido en estos últimos dos meses, les asiste la razón a quienes sospechaban que ciertos factores operarían en esa nueva mancomunión puesta a prueba por situaciones aceptadas pero no totalmente comprendidas en su enunciación.

 

El famoso jugador rosarino llegó en las últimas horas para jugar los tres encuentros que se desarrollan en esta secuencia de días, sabiendo que su nueva y momentánea salida de París para representar a la selección de su país genera una invisible tensión con el entrenador de la escuadra parisina. El delantero entiende que su relación con el equipo argentino pasa en estos meses por uno de sus mejores momentos, después de ganar la Copa América frente a Brasil en campo carioca y luego tributar una fantástica demostración futbolística ante su par de Bolivia en el estadio Monumental en el primer partido con público, después de una gran cantidad de meses sin espectadores en las canchas por las restricciones sanitarias que la pandemia detonó a finales de marzo de 2020. Esta postura de la FIFA de avalar un plan de tres fechas, para recuperar aquellos encuentros suspendidos por los problemas que trajo el desembarco del “covid 19” a nivel mundial, sin dudas asoman como un tester físico muy exigente en el atacante santafesino a sus 34 años.

El inicio de la relación entre el técnico del Paris Saint Germain fue acorde a los términos a esa altura de la vinculación que podían esperarse, es decir, camaradería, cordialidad sin límites y felicidad inocultable por desarrollar un poderoso nexo deportivo que favorezca aquellos objetivos que el equipo parisino exhibe, entre ellos la muy soñada conquista de la Champions League, esa competencia continental europea que desvela a todos aquellos conjuntos de fútbol con alto nivel profesional en una competición para equipos fuertes en sus relativas ligas territoriales. Esa alegría holográfica naturalmente pareció derrumbarse a poco de expuesta, cuando Mauricio Pochettino prefirió no exponer al exitoso delantero apenas arribado a la escuadra francesa, sabiendo que la incorporación del atacante debía a toda costa transcurrir en un marco sin presiones, permitiéndole un lapso de adaptación en estos meses que no sería del agrado de ninguna de las partes involucradas, una maniobra que contó el apoyo del presidente del PSG desde que Messi puso su firma en el contrato.

El extenso lapso de aggiornamiento físico necesario para que Lionel Messi pudiese jugar sus primeros minutos en el team de la ciudad luz, encendió la mecha de la incomodidad a poco de comenzado el vínculo, pues el ex atacante del Barcelona estaba ansioso por dejar atrás lo vivido en el equipo catalán y poner en marcha de la manera más veloz, una nueva etapa deportiva con el club que pagó sin chistar casi 150 millones de euros para contar en esta temporada y la que viene con su codiciada presencia. Mauricio Pochettino decidió en esas semanas prorrogar sin titubeos la fase de adaptación y cuando debió sacar a su nueva incorporación del campo de juego, recibió misiles verbales de todo calibre y potencia por excluir a la flamante adquisición de la escuadra parisina, tensión que segundos después se evaporó que Messi tenía una lesión ósea que le impedía jugar normalmente. Estos dolores acontecieron tras la primera secuencia de partidos que Messi desarrolló con la selección argentina, partidos donde sus ocasionales rivales no se cansaron de foulearlo de manera constante, buscando anular su talento creativo en el ataque blanquiceleste.

Por suerte, como suele ocurrir en esta clase de múltiples competiciones simultáneas, este nuevo camino de la estrella argentina viviría su momento más feliz hace pocas semanas, en el duelo que por la Champions League el PSG desarrolló de forma exitosa frente al Manchester City, casualmente el club dirigido por Pep Guardiola, anterior entrenador del astro rosarino en su paso por el club catalán. En un partido con intervalos de buen fútbol y mucha marca a presión, el delantero rosarino marcó el gol decisivo del partido durante un ataque que supo combinar de manera brillante con su nuevo colega Kylian Mbappé, quien de taco le brindó una milimétrica asistencia para disparar de zurda al palo izquierdo del arquero rival, en un shot que descoló totalmente al guardameta del equipo inglés. Pasaron así cuatro partidos hasta que Messi se sacó la mufa de no convertir y las sonrisas pasaron a multiplicarse minuto a minuto ante la feliz circunstancia ocurrida.

 

Malacostumbrado a ganar en el campeonato local de manera constante, frente a rivales de inferior nivel que la escuadra parisina, ese engolosinamiento pareció estallar el último fin de semana cuando el Rennes de local venció al PSG por 2 a 0, en un encuentro donde los jugadores del Paris Saint Germain alternaron pasajes de buen fútbol con otros donde poco faltó para que el resultado no fuese una brutal goleada en contra jugando de visitante ante un rival que en los papeles asomaba difícil de confrontar pero no imposible. El argentino completó noventa minutos en la escuadra francesa sin rendir lo esperado, pero sabiendo que el entrenador lo mantendrá en la plantilla aportando lo suyo cuando considere que en esas circunstancias tiene el apto físico para completar un partido sin lastimarse, generando así un rendimiento apropiado sin poner en riesgo la respuesta del deportista a futuro.