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Buenos Aires - - Domingo 01 De Agosto

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Juan Manuel Fangio, el señor de las pistas

El quíntuple campeón del mundo es un ejemplo de humildad y sacrificio. Un notable deportista, un argentino fuera de serie: “Solo el que aprende a no bajar los brazos, está listo para levantar el trofeo”.

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Juan Manuel Fangio

Antes de Maradona, era Fangio. Juan Manuel, el Rey del Volante, fue durante décadas el deportista argentino más conocido en el planeta. “A dónde vas, te crees Fangio” era el latiguillo popular en Buenos Aires y París. La triunfal marcha del corredor en Latinoamérica y Europa sería una estela inspiradora de millones, “fue el mejor de la historia”, fueron las palabras de despedida de Carlos Reutemann. “Un paisano laburante con mucha astucia y fino sentido de la observación”, según su amigo periodista Alfredo Parga, una línea que engloba de los mejores acercamientos al Fangio que nunca olvidó las enseñanzas del  campo, honradez, sacrificio y humildad. Ni siquiera cuando se codeaba  con la realeza ni con las estrellas del cine de la posguerra como Brigitte Bardot. El Chueco volcó las gambetas de potrero, y las aceleradas en barro y ripio, en cuanta dificultad apareciera en su camino, sea en el Circuito de Monza, o de ejecutivo de Mercedes Benz. Pero el mito se funde en su grandeza humana antes que los logros personales, en la desinteresada mano en el crecimiento de su querido Balcarce, o en la colaboración con los corredores nacionales de cinco generaciones “Para llegar hace falta sacrificarse. Pero la recompensa siempre lo aguarda a uno”, era una más de las frases eternas de un paisano, que deja un código de honestidad, en la ruta de la identidad nacional.  

Fangio es hombre récord del mundo en lo deportivo. En toda la carrera automovilística obtuvo 35 podios y 24 victorias, más  29 pole position y 23 vueltas más rápidas en 51 Grand Prix, en sus 164 carreras internacionales.  Todas marcas aún no superadas. Fue el primer pentacampeón, honor que ostentó por décadas hasta los títulos de Michael Schumacher (7) y Lewis Hamilton (6), “No creo que sea justo compararme con Fangio, pues ahora los autos son más seguros, y logró sus campeonatos a una tremenda velocidad teniendo en cuenta los vehículos que existían en su tiempo. Fangio fue muy superior a nosotros", admitía el alemán en www.marcafangio.com. También sigue siendo el único piloto que ganó campeonatos de Fórmula 1 con cuatro escuderías distintas, y el campeón más longevo de la historia (46 años y 41 días) Se proclamó campeón del mundo en 1951 (Alfa Romeo),  1954 (Maserati y Mercedes), 1955 (Mercedes), 1956 (Lancia-Ferrari) y 1957 (Maserati) En un estudio matemático de la Universidad  Sheffield, Inglaterra, que determinó que el triunfo en F1 depende en un 85% de la máquina, Fangio fue el mejor piloto de todos los tiempos por sus habilidades, sobre Alain Prost,  “siempre me impresionó su gran ambición de triunfo y su extraordinaria potencia física”, dijo el francés, y Ayrton Senna, “Correr no es solo conducir un coche. Es también ser íntegro, vivir una pasión, marcar una historia. Es por eso que nadie va a igualar a Fangio”, afirmaba el recordado brasileño. Va por ese carril su enorme ejemplo, “la segunda carrera que disputó  en el año 36 con un Ford A, lo hizo con un auto de mi padre” decía a la revista Corsa el amigo de la infancia, Gustavo Maldonado, “Él no había llegado a terminar el suyo e intercedí  para que se lo prestara. Cuando cumplí 80 años me cursó un telegrama recordándome ese gesto”, cerraba.

Juan Manuel Fangio nació en Balcarce, provincia de Buenos Aires, el  24 de junio de 1911. Hijo de una típica familia de inmigrantes italianos que hicieron el país,  de la zona de Castiglione Messer Marino de Italia, anteúltimo de cinco hermanos, creció en la  Calle 13, entre la 6 y la 8, de la ciudad de Balcarce –hoy monumento histórico y anexo del Museo Fangio-  Empezó barriendo un taller a los 11 años donde ponía en marcha los motores, con la excusa de mover los coches para cumplir con su tarea, “Desde chico me gustaron los automóviles. Para mí, estos y los motores no son una cosa inerte. Es como un ser que tiene vida y que responde según uno lo trate. Por eso aprendí que tratando bien al auto uno no tiene disgustos con él, sino todo lo contrario. Y siempre me gustó andar rápido”, confesaba en uno de su varios reportajes posteriores,  mientras en los veinte alternaba también con los pantalones cortos de fútbol, un habilidoso puntero izquierdo, de allí se apodo “Chueco”,  y aprendía a reparar motores agrícolas. A los 16 tuvo su primer vehículo, un Overland cuatro cilindros comprado con sus magros sueldos. A los 18 debutó en las carreras como acompañante de Manuel Ayerza. Fue con un Chevrolet 1928 en una carrera de Coronel Vidal a General Guido, sobre la actual Autovía 2 “Juan Manuel Fangio”. Fueron segundos.

Juan Manuel Fangio

En paralelo despega su carrera de futbolista, iniciada en el Club Estudiantil y que brilló en Ferroviarios, un club a pocas cuadras de su casa donde conocería a José Duffard, clave en su futuro en los fierros. Aunque el servicio militar y dos severas enfermedades, una de ellas neumonía, lo dejaron inactivo varios meses, Fangio llegó a la primera de Rivadavia, conquistó cuatro títulos entre 1935 y 1938, e integra la selección balcarceña, a punto de jugar en Independiente de Mar del Plata por su eficacia goleadora, “Juan Manuel Fangio trascendió siendo piloto, pero su paso como futbolista lo marcó para siempre y fue muy importante para poder llegar automovilismo grande. La ayuda de sus amigos en el fútbol fue una asistencia perfecta cuando metió el cambio de frente en su campaña”, acota el periodista Darío Coronel. En efecto, en el taller de Duffard comienza su sueño concreto detrás del volante, en su debut del 25 de octubre de 1936 usa el seudónimo de “Rivadavia”, y son sus amigos en un partido benéfico que juntan el dinero suficiente y  consigue correr el Gran Premio Argentino de las 14 Provincias.  Ya para ese entonces colgaba los botines y se calzaba las antiparras.

En octubre de 1940, luego de recorrer 9.500 kilómetros por la Argentina, Bolivia y Perú aparece en www.cultura.gob.ar, Fangio se coronó en el Turismo de Carretera por primera vez, dándole también a Chevrolet su primer título en esta competición. Al año siguiente repite el título: Campeón Argentino de TC, y el 13 de diciembre se transforma en el más rápido en las Mil Millas Argentinas.  Cuando comenzaba a participar de premios en el Continente, y se hacía fuerte en la rivalidad con los hermanos Oscar y Juan Gálvez, la Segunda Guerra Mundial detiene su carrera deportiva y sobrevive en Balcarce comprando neumáticos y repuestos en la Patagonia.  Con el lento regreso a la actividad en TC, una de sus últimas participaciones en suelo argentino  sería el tristemente recordado Gran Premio de América del Sur de 1948, donde fallece en Perú su copiloto Daniel Urrutía en un terrible accidente, un suceso que salva su vida milagrosamente,  y que lo marcaría, como se recuerda en  el reciente “Fangio: El hombre que domaba las máquinas” de Francisco Macri (Netflix), una de las innumerables películas y libros que lo tienen de protagonista. De los primeros film fue “Fangio, el demonio de las pistas” (1950), una película producida por Armando Bó,  y dirigida por Román Viñoly Barreto.

 

El Campeón  de todos los tiempos

Unos meses antes del suceso trágico en los sinuosos senderos peruanos, Fangio había debutado con abandono en Francia, en la pista de Reims-Geux –la misma que elegiría para su retiro diez años después, con el cuarto puesto en 1958 con Maserati, la escudería más cercana a sus afectos.  Con el fuerte apoyo del peronismo, que le compró dos Ferrari y aseguró un sueldo en la embajada de Italia hasta 1950 según el periodista Ezequiel Fernández Moores, más la subvención del Automóvil Club Argentino, viaja el piloto con el equipo argentino en 1947, entre los que estaban también los hermanos Gálvez y José Froilán González, todos apellidos esenciales en la historia Fórmula 1, por eso se reconoce a la Argentina como pionera de la máxima categoría automovilística iniciada en 1950

 “Todos se empeñan en disimularlo…Perón le arma la campaña en el extranjero -en palabras de Pablo Alabarces y agrega Fernández Moores en “Breve Historia del deporte argentino” (El Ateneo)-…Fangio que era hijo de un albañil, nunca terminó la primaria…un chacarero…jamás habría llegado a Europa sin la intervención estatal…eran los tiempos de los pilotos hijos de terratenientes como Juan Manuel Bordeu –o los Gálvez, que usaban en sus vehículos el “Viva Perón”- Pero una vez en Europa, Fangio no deja escapar la oportunidad triunfando en el Viejo Continente por primera vez el 3 de abril de 1949 con Maserati, en San Remo, Italia.  Esa temporada, que abre con su primer triunfo internacional en Mar del Plata, gana cuatro veces en Francia y dos veces en Italia, incluida en Monza, aquella fatal pista donde sufriría el segundo accidente grave de su historial en 1952.

El 21 de mayo de 1950, en el Gran Premio de Mónaco, donde ganaría en tres oportunidades,  Fangio llegó por primera vez a lo más alto del podio en la categoría más destacada del automovilismo mundial. A su vez, para la clasificación Fangio resultó imparable y consiguió la pole position, imponiéndose por dos segundos y seis décimas sobre Giuseppe Farina, quien consiguió el segundo lugar para la largada. Aquel día hubo un accidente que dejó fuera de competencia a varios corredores, entre ellos Froilán González. A Fangio en plena aceleración, recuerda la revista Parabrisas, se le vino a la memoria una fotografía que había visto unos días antes, sobre un accidente que había ocurrido en 1936 en ese mismo circuito. Así de obsesivo y profesional era Juan Manuel, que mientras otros pilotos disfrutaban las mieles del éxito, se dedicaba a recorrer las pistas una y otras vez. El piloto recordó que en esa imagen el público observaba absorto lo que había ocurrido,  y su instinto hizo que pisara el freno a 300 kilómetros por hora. Así lo hizo y cuando entró otra vez en la curva de Tabac, encontró el caos, esquivó oponentes, y se encaramó su primer laurel con la Alfetta –Alfa Romeo-

Campeón con Alfa Romeo en 1951, y tras sobrevivir a duras penas en Monza 1952, al año siguiente vuelve a la senda de los triunfos en Suiza, Inglaterra y México para pasarse en Mercedes Benz en 1954 y ser nuevamente campeón con “La Flecha de Plata”, luego de un comienzo en Maserati donde gana la primera carrera en el abrasador calor de Buenos Aires –repetiría en 1955 aunque esta vez debe ser hospitalizado por deshidratación, y graves quemaduras en las piernas. Repite título en Mercedes Benz, que se retira  de la alta performance tras el desastre  Le Mans de 1955, donde fallecen el piloto Pierre Levegh y 82 espectadores,   y pasa a Ferrari. Allí sería campeón mundial consagrándose en Venezuela. Disconforme con los directivos de Ferrari, Fangio quería tener decisión en la atención mecánica, un verdadero piloto-mecánico, vuelve a Maserati y conquista su último título, ganando lo que consideró la mejor carrera de su vida, Nürburgring, Alemania, 4 de agosto de 1957.

Hacia 1958, con graves problemas con el autodenominada Revolución Libertadora, que le perseguiría cuatro años por supuesta “sociedad comercial con la tiranía”, y el secuestro en Cuba,  en los prolegómenos de la revolución encabezada por Fidel Castro,  “me han tratado de un modo excelente… En verdad, tuve las mismas comodidades que si hubiera estado entre amigos… Si lo hecho por los rebeldes fue por una buena causa, entonces, como argentino, yo lo acepto como tal”, diría de los compañeros del Che Guevara –su familiar embajador Raúl colaboró en la aparición del pentacampeón-, Fangio decide retirarse, en sus dichos, “para acompañar a mis padres que están muy viejitos –ambos fallecerían a principios de los setenta-“.

 

La última hazaña de Fangio. 84 Horas de Nürburgring. 1969.  

“Siempre fui un empresario natural, desde los 22 años, cuando puse mi taller mecánico propio. Al poco tiempo puse también la estación de servicio YPF, agrandé el taller; siempre tuve la iniciativa personal, que es la base de una empresa. Y cuando empecé a ganar carreras no pensaba en los premios que podía ganar corriendo, sino en que toda mi empresa podría andar mejor gracias a los resultados deportivos que pudiera obtener”, decía Fangio al periodista Germán Sopeña, en la reflexión de una actividad post retiro de las grandes ligas. El corredor se repartía entre sus famosas concesionarias, actividades benéficas y apariciones deportivas, como aquella recordada en 1969 en las “84 Horas de Nürburgring”, cuando fue asesor de pilotos de “La Misión Argentina” de los IKA-Renault Torino, de fabricación argentina. Esos Toros que entraron en las letras grandes del automovilismo “Porque somos todos argentinos es que toda nuestra fe, todo nuestro entusiasmo, se concentra en los colores de nuestra bandera, y en estas dos palabras que, como única insignia, lucen estos coches que llevan a Europa nuestra gran esperanza: Industria Argentina”, diría el pentacampeón, antes de partir con el equipo ganador de Oreste Berta, donde participaba Oscar Fangio, uno de sus tres hijos, ​y que terminó cuarto en los papeles debido solamente a sanciones disciplinarias. Su última carrera en pista sería en su amada Alfetta en la Isla de Cerdeña, en 1993

Sus últimas décadas llenas de reconocimientos populares y premios, y algunas sombras, como las acusaciones sobre su papel en la última dictadura militar en el rol directivo de la firma alemana, con una docena de detenidos-desaparecidos, no hicieron más que acrecentar en suma la estatura de mito viviente. La inauguración en Balcarce del Centro Tecnológico-Cultural y Museo del Automovilismo Juan Manuel Fangio en 1986, que empezó siendo financiado por los militares y terminó solventado por el mismo corredor y empresas privadas, único en el mundo dedicado a un piloto, significa un gran aporte no solamente a la historia del automovilismo nacional, sino a la pujanza cultural de su comunidad y la provincia de Buenos Aires.

Paciente cardíaco de riesgo desde los setenta, con cinco bypass operado por René Favaloro, uno de sus grandes amigos, la crónica insuficiencia renal fue minando su salud progresivamente, en los últimos años, viviendo en su casa de Palermo Viejo.  Fallece el 17 de julio de 1995, y luego de ser velado en la presidencial Casa Rosada, sus restos se trasladan el panteón familiar de Balcarce, donde es despedido por personalidades y deportistas de todo el mundo.

“Si mis convicciones han servido para algo, –señalaba Fangio a pocos días de su retiro en 1958- si corriendo automóviles fui útil a mi Patria, eso lo dirá el tiempo. Yo sólo tengo un deseo, y es que mi conducta en el mundo pueda ser aprovechada por la juventud. También del tiempo espero esa respuesta” Fangio nos dejó tarea detrás del guardrail, hora de tomar el volante.

 

Dice Fangio

“Si no tenemos un proyecto, nos quedamos en seguida. Siempre hay algo por hacer. Me acuerdo de que cuando tuve el primer infarto, el médico me dijo: "Mire, Fangio, no vaya a creer que usted está inútil. Encare los problemas con más tranquilidad, pero encárelos. Si se queda, se enferma de otra cosa". Así lo hago, y aquí estoy. Cuando me ofrecieron el cargo de presidente de Mercedes-Benz Argentina dije que no podía hacer algo que no sabía. Pero la Daimler Benz insistió y entonces fui a Alemania y pedí solo una cosa: colaboradores de primera línea, con tres cualidades: fuerza, capacidad, honestidad. Con esas tres condiciones se hace todo”, entrevista www.lanación.com.ar, 1989

 

Dicen de Fangio

“Eran otros tiempos y si bien existía la rivalidad porque cada uno quería ganar, era una rivalidad sana, sin malas intenciones,  y que se terminaba cuando bajaba la bandera a cuadros. Esto fue posible también, porque Juan era grande como persona. Alguien a quien le gustaba las cosas derechas y que a pesar de su fama y su prestigio, conservaba la sencillez. Esto le hizo cosechar muchísimos amigos, algo que fue tan importante como los triunfos y los títulos que logró en la pista”, José Froilán González en revista Corsa. 1995

 

Agradecimiento: Archivo Raúl Manrupe

Fecha de Publicación: 01/06/2021

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