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Horacio Pagani: “En el fútbol primero es la emoción, luego la justicia”

El periodista Horacio Pagani en una entrevista todoterreno con sus pasiones, sus opiniones y las anécdotas con los grandes. Que no son solo con los ídolos de la redonda.

En el zapping, el vozarrón de Horacio Pagani es una parada obligatoria. Sea hablando del último clásico, sea del último escándalo del famoso de placa, Pagani encarna una voz poco escuchada en el barro televisivo. La sinceridad. Allí reside su encanto y, también, sus momentos picantes que lo enfrentan con lo políticamente correcto, aunque a veces se “arrepiente” de un trazo grueso, y prefiere no ver las repeticiones de exabruptos suyos que inundan los resúmenes televisivos. El ruido mediático deja entrever a un periodista de convicciones,  con una trayectoria de más de medio siglo en la gráfica, que la mitad transcurre en los medios audiovisuales, con frases que no terminan perdidas en la tribuna. “El fútbol es un fenómeno social,  tal vez el más grande del mundo. Y se hizo grande justamente porque convive con el error, y permite que todos puedan entenderlo y practicarlo. Además el error posibilita la discusión, la reunión social. En el fútbol primero es la emoción, y luego la justicia”, remata de acá a la Luna, señores del fútbol para pantallas, sin hinchas. Un reportaje exclusivo para SerArgentino.com que Pagani camina en la cancha embarrada, con la elegancia de un diez clásico argentino,  y pone un pase de gol a sus amores, el tango, el box y la familia.    

“Compartimos con mi hijo Luis la pasión por el periodismo arranca Horacio, una de las firmas históricas de Clarín y TyC Sports y, ahora, un referente en radios por internet–, tenemos un programa por Conexión Abierta, 'Pagani Fútbol Tango', sale los viernes a las once de la mañana. Hace nueve años que estamos en el aire y gané el Martín Fierro digital. ¡Yo que soy más viejo que Matusalén! En la pandemia hacemos el programa cada uno en su casa aunque estamos muy conectados en la diaria, porque Luis se ocupa de llevarme los papeles. Somos bastantes compinches. Lo que no compartimos es el tango, uno de los fuertes del programa juntos. El 2x4 es algo que me gusta a mí solamente. Luis en estos años apenas logró distinguir un par de cantores”, cierra con una carcajada Horacio, que abandonó un puesto en un banco a los veinte, hijo de humildes despachantes de pan, el último de seis, y jamás dejó de vivir a mil, con las armas de la palabra. Incluso esta entrevista es un parate inusual en un día normal del periodista,  que cumplió 77 años en noviembre: “Estoy escribiendo varias notas a la vez, y preparándome para salir en el cable y la tele”,  asegura Pagani, que se recuperó en abril pasado de COVID-19, ya en la actualidad con las dos dosis inoculadas.     

 

Periodista: Amante del tango, ¿viene de familia milonguera?

Horacio Pagani: La verdad no tenía muchos antecedentes cercanos, y mi familia no era tanguera. Hace un tiempo largo, a un amigo compré diez discos de Carlos Gardel en 78 RPM, con una canción por lado, y me aprendí los veinte temas de memoria. Así empezó mi conexión con el tango. Mucho después asistía a una tanguería cerca del Ministerio de Obras Públicas y pasaban seguido la grabación de Julio Sosa que recita sobre “La Cumparsita”- recitado del poema "Por qué canto así" de 1961. Y me gustó tanto que la aprendí verso a verso, y hace 50 años, que hago ese poema en vivo.

Últimamente conecté también con los cantores jóvenes y, cuando se podía, hacíamos reuniones de seis o siete nuevos valores. Grandes comidas. Quedé muy amigo de Ariel Ardit, creo el mejor de todos, el Gardel del siglo XXI, en mi modesta opinión. Y por el tango,  no escuché nada de la otra música, esa que la gente de mi edad siguió como el rock.

 

P: Creo que usted rompe el prejuicio de que los periodistas de fútbol actuales tienen una pelota en la cabeza. Y poco más.

HP: ¡Más bien! Además me considero un periodista de boxeo, un deporte al cual le debo mucho. La mayor parte de mis viajes al exterior fueron gracias al boxeo. Ya escribí tres libros pero el último se llama “Seis viajes a la Luna” (2016. Aguilar), por la cantidad de kilómetros que volé gracias a los guantes. Solamente a Las Vegas fui treinta veces, ciudad de mi último –y tercer- matrimonio.  Viajé más con el boxeo que con el fútbol. Además me interesan otras cuestiones.  Considero al fútbol como una cosa circunstancial en mi vida. Claro que fue mi fuente de trabajo inicial, hace 55 años soy periodista, y hace 53 estoy en Clarín, donde sigo escribiendo jubilado.

 

P: Uno de sus libros está prologado por el genial humorista gráfico, y escritor, Roberto Fontanarrosa, ¿cómo se conocieron?

HP: Nos hicimos muy amigos en el Mundial 94 de Estados Unidos,  cuando compartimos habitación. También nos tocó coincidir en la siguiente Copa América de Uruguay,  otra vez juntos en el hotel. Y de vuelta en el Mundial 98 de Francia.  O sea que pasé con el Negro unas 80 noches. Más que con alguna de mis ex mujeres (risas) Fue un tipo extraordinario el rosarino,  y estoy muy orgulloso de haberlo acompañado hasta sus últimos días.

 

P: Si el fútbol fue circunstancial, ¿pudo ser Pagani un periodista político?

HP: Y me hubiera gustado…. Trabajé en la revista Siete Días haciendo política. E hice más que fútbol sobre todo en los programas de radio, en los matutinos con Daddy Brieva, Chiche Gelblung o Pepe Eliaschev. Durante once años estuve en la mañana del sábado de Radio Mitre,  sin hablar de deportes, y recitaba poesía. Me acuerdo que charlaba mucho de historia con el profesor Eduardo Lazzari.

 

P: Se hizo periodista deportivo porque era el típico muchacho de barrio detrás de una pelota…

HP: Yo pertenezco a otra generación donde todos los muchachos del barrio jugaban al fútbol. Pero al boxeo lo seguí de muy chiquito, en la radio.  En el Luna Park de los  sesenta asistí a grandes peleas de los campeones como Nicolino Locche; como también ví en cancha a los grandes equipos internacionales que venían al país, como el Ajax de Johan Cruyff, que jugó contra Independiente, o el Celtic de Gran Bretaña, que se enfrentó a Racing. Todo eso me fue formando para el análisis.  

 

P: ¿Los mejores momentos en el boxeo?

HP: La mejor pelea que ví en mi vida fue la de Sugar Ray Leonard y Marvin Hagler en 1987. Con “El Maravilloso” Hagler pasé una cena increíble, una vez que lo encontré en Boston, en el Mundial 94.  Yo lo conocía bien porque lo había entrevistado antes de ser campeón, en Montecarlo, gracias a Tito Lectoure. Entonces estábamos comiendo cerca de Hagler en los noventa, y me presentaba como su amigo a todos, recordando que lo había entrevistado antes de ser famoso, je. Siguiendo con el boxeo, recuerdo las dos peleas de Mike Tyson, incluída la famosa mordida oreja. También pude ver a  Muhammad Alí, en  el final de su carrera, y  cuando perdió con Larry Holmes. También tuve la suerte de ver el triunfo extraordinario del Zurdo –Julio- Vásquez, y en Monterrey, la victoria del Roña –Jorge- Castro, que ganó por un  nocaut increíble en una pelea perdida.

 

P: ¿Qué le enseñó el boxeo?

HP: A reconocer la pureza de los boxeadores. A diferencia de los futbolistas, ellos ponen en riesgo su físico y el alma. Generalmente vienen de sectores muy bajos, y se ganan el respeto de la sociedad, a golpes de sus puños. Tienen una dignidad, y una grandeza, únicas.

 

Maradona y Vilas en el Fitito de Pagani

P: En sus redes aparece una foto junto a Diego Armando Maradona y Ángel Clemente Rojas, ¿cuál es la historia?

HP: Esa foto es de 1981 cuando Boca salió campeón. Juntamos para una nota al mayor ídolo de Boca, todavía no había aparecido –Juan- Riquelme, Rojitas, y al Diego recién coronado en la Bombonera. Ángel dice que el más grande ídolo de Boca es Riquelme,  yo digo que es él. Porque Rojitas fue ídolo cuando no había la capacidad de repetir un millón de veces una jugada.

 

P: La relación con Maradona viene de lejos…

HP: Cuando Maradona cumplió los 16 un 30 de octubre,  le hice una nota que apareció el 17 de noviembre de 1976, o sea estuvo en parrilla una quincena, pero yo ya sabía que iba a ser un jugador muy importante. Tenía apenas cuatro medios partidos, ni siquiera uno entero. Aquella nota se llamó “Un sueño de barrilete”, y es la única que tengo colgada en mi oficina. Esa fue la primera nota de Maradona en un medio masivo.

 

P: ¿Cómo entiende el Fenómeno Maradona?

HP: Maradona es un caso único. Haciendo notas en Nápoles, en 1987,  comprobaba que era  imposible a Diego salir de la casa. Iba acostado en el asiento de atrás del auto para que no lo persigan. Así vivía cada día. Por eso yo no acepto que nadie diga qué debería haber hecho Maradona. Nadie se puede poner en el papel de la persona más conocida del mundo. Y Maradona durante quince años fue la persona más conocida del mundo. Más conocida que el Papa, el presidente de los Estados Unidos, o cualquiera que podamos nombrar. Tuvo ese terrible privilegio. Fue una carga demasiado fuerte para él. Lamentablemente, después la droga agravó todos estos problemas. Yo hablo de Maradona desde la cuestión futbolística, a los temas personales nadie los puede juzgar. Nadie puede saber qué fue tener el peso de ser Maradona.

 

P: Con Guillermo Vilas,  también usted estuvo en sus primeros pasos, ¿es cierto que lo alentó a no dejar el deporte?

HP: Una casualidad. Todo empezó porque la revista El Gráfico, en donde trabajé entre 1969 y 1975,  se había quedado sin especialista de tenis, y pidieron cubrir la sección, en un momento en que era un deporte prácticamente desconocido. Se dio la casualidad de que fui a Mar del Plata a cubrir una pelea de –Horacio- Saldaño y justo Vilas tenía un conflicto con la Asociación de Tenis. Así que ya que estaba por allá, lo fui a entrevistar. Me presenté directo en la casa, hablé con la familia, y le pedí a Guillermo que me cuente su problema, porque yo mucho del deporte no sabía. Pasaron unos meses y llega el número uno del ranking argentino, junto con Julián Ganzábal, y se entrenaba en River. Entonces desde la redacción de la revista piden que yo lo vaya a entrevistar porque era único que lo conocía. Pasé a buscarlo al club de Núñez, y lo llevé en mi Fiat 600;  igual que a Maradona luego, a quien dejé en la casa en aquella nota del 76. Volviendo a Vilas, lo arrimé a la pensión estudiantil en Belgrano, ya que estaba estudiando acá derecho.  Fuimos a comer un choripán y cuenta que le estaban ofreciendo jugar en Europa. Dudaba por la carrera de abogacía. Y entonces yo respondo que tenía tiempo para ser abogado y que pruebe un año en Europa. Algunos periodistas me quisieron desmentir con un careo con el mismo Guillermo, je, esa es la verdad.   No digo que yo haya hecho que siga con el tenis, seguro lo sabía. Vilas sólo necesitaba otra voz.

 

El fulbó que le gusta al argentino

P: ¿Cómo se trabaja de periodista de fútbol en un país de 44 millones de técnicos?

HP: Yo soy periodista de la vieja generación. El nuevo periodismo, y la erupción de las redes sociales,  han confundido todo. Los periodistas hablan como si fueran directores técnicos y todo el mundo cree que entiende de la dirección técnica. Y son dos cosas distintas. Una vez -César Luis- Menotti dijo que el 97% de los periodistas no sabía nada de fútbol. Y respondí que el 97% de los entrenadores no sabe nada periodismo. Yo creo que la comunicación nuestra debe ser directa, según lo que le parece a cada comentarista, y según el entendimiento de la gente que va a la cancha. Al tipo que hincha por un club,  uno le tiene que hablar con la imparcialidad del juego. Ahora los periodistas dicen que son hinchas de tal club. Un absurdo.

Por otra parte, vivimos la era de la velocidad de los medios, y éstos en vez de corroborar la información, la lanzan recogiendo un posteo en las redes. Hoy cualquiera sube una opinión a las redes sociales,  y los medios la reproducen como si fuera una noticia. Todos opinan como si supieran de todo, o fueran fuentes creíbles.  

 

P: ¿Por qué los periodistas no pueden decir que simpatizan con un club?

HP: Porque pierden la credibilidad. Si a mí un periodista me dice que es hincha River, yo no le creo cuando opina a favor, o en contra de otro equipo, porque sé qué preferencia tiene.

 

P: Usted escribió dos libros con “El Fútbol que le gusta a la gente” (2006/2008), ¿cuál sería?

HP: Estamos en una guerra quizás de treinta años. Y que tiene ver con qué fútbol le gusta a cada uno, si el fútbol de Menotti, el de –Carlos Timoteo- Griguol, o el de –Carlos- Bilardo. Parece una guerra de trincheras, je. Yo digo que todo el mundo sabe cuál es el juego del paladar del hincha argentino. Por supuesto que cada cual quiere que gane su equipo, pero reconoce cómo juegan los argentinos. Sobre todo cuando analizamos a la selección, que es un equipo que no tiene hinchas. Tiene simpatizantes, que somos todos. Y a las selecciones sostengo le podemos pedir pues que juegue con el estilo argentino,  que nos distinguió con dos Copas del Mundo. El estilo argentino tiene que ver con el toque, con la gambeta, una serie de libertades a los jugadores,  más allá de que ahora se corre tanto que cada vez se juega menos. Si hay una manera brasileña de jugar, si sabemos cómo juegan los italianos o los españoles -que fueron los únicos que cambiaron con la aparición de otro tipo de jugadores como Xavi Iniesta, u otro tipo de entrenadores como Pep Guardiola-, si los uruguayos hace cien años juegan de la misma manera,  ¿por qué nosotros no vamos a respetar nuestras tradiciones?

 

P: ¿Perdimos identidad?

HP: Sí. Creo que ha tenido relación con cuestiones extra futbolísticas, más  del negocio, y también, de la sobrevaloración de la táctica. Es un juego que depende circunstancias, y no tiene nada de científico. El fútbol es el fútbol y sus circunstancias. Si te fijas,  en el 50% de los goles que se hacen fuera del área tenés un roce,  en algún defensor. Eso es totalmente fortuito a pesar de que muchos digan,  “mirá dónde la puso”- Y no la puso en ningún lado, la verdad. Simplemente pateó al arco y entró por dónde pudo. Se ha hecho una cuestión científica de algo que es simplemente un deporte.

 

P: O sea que estamos en contra de adelantos tecnológicos como el VAR (Videoarbitraje).

HP: Absolutamente en contra. El fútbol es un fenómeno social,  tal vez el más grande del mundo. Y se hizo grande justamente porque convive con el error, y permite que todos puedan entenderlo y practicarlo. Además el error posibilita la discusión, la reunión social. En el fútbol primero es la emoción, y luego la justicia. Claro que estamos hablando de la justicia deportiva. Y el VAR lo está matando cuando tenés que esperar cinco minutos para saber si el jugador está habilitado por una raya electrónica, que ni siquiera tenés claro que esté bien puesta. Te pueden anular un gol simplemente por una línea que pone una máquina. No hay cosa más fea  en el fútbol que festejes un gol, y después lo anulen. Eso lo sabe cualquiera que pateó una pelota.

 

Pagani y el personaje

P: En un punto de su carrera de treinta de años de periodista de la gráfica serio, y respetado, saltó a la televisión y a la fama mediática, ¿cómo fue la transición?

HP: Al principio me dio un poco de vergüenza. Yo hice mi trabajo siempre de periodista que podemos llamar serio, nunca escribí en forma jocosa, pero a medida que fue pasando mi tiempo en la televisión, que son casi veinte años, me fui dando cuenta que es  otro el juego frente a la cámara. Jugar a ser un personaje. Siempre en la vida real fui de esta manera, bastante calentón, pero como no salía en la televisión, nadie se enteraba. Yo no finjo, soy de la manera que sale en los programas. Quizá con el paso del tiempo exagero un poquito. Un poquito, nada más.

 

P: ¿Se arrepiente de alguna gresca televisada con sus compañeros?

HP: Claro que me arrepiento. Por eso nunca miro ninguna de las repeticiones. Además lo que se produjo con mi carácter, es que mis compañeros me buscan adrede, y que reaccione para generar chisporroteos y repercusiones. Reconozco que se me va la mano,  a veces. Y soy el primero en pedir disculpas.

 

P: ¿Qué vemos en el Pagani farandulero de “Bendita TV” en Canal 9?

HP: Un Pagani mucho más liviano, menos analítico. No miro ningún programa de chimentos, ni siquiera sé a veces de quién están hablando, no me gustan las intromisiones en la vida personal, así que armo una especie de antihéroe, y que dice algunas cosas sobre los famosos que los otros no se animan. Me lo tomo como un divertimento, soy feliz trabajando con Beto Casella y mis compañeros de la noche, pero si me das elegir,  a mí dejame con el fútbol o el boxeo. O el tango, que te hablo toda la noche.  

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