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Gran remontada del PSG en la Champions: Messi comienza a cimentar sus sociedades futbolísticas

El astro argentino fue el artífice del triunfo del equipo parisino ante la escuadra alemana, un partido donde la mancomunión entre el atacante rosarino y el francés Kylian Mbappé comienza a brindar sus esperados frutos.

Los dirigentes y los hinchas del París Saint Germain este último martes comenzaron por fin a disfrutar de algo que imaginaron hace unos meses, cuando el poderoso club francés anunció la contratación del argentino Lionel Messi, incorporación destinada a darle una cuota extra de poder ofensivo a un plantel que cuenta con excelentes delanteros, pero que no pudo plasmar ese artilugio goleador en títulos internacionales de importancia. Ahora, con la presencia del rosarino, los parisinos sueñan con ganar el trofeo más destacado del continente y parece en primera instancia que las chances están intactas.

El rival de esta semana fue el Leipzig, una escuadra alemana bastante floja para la zona en que le toca participar, pero que de visitante no deja de ser un equipo complicado por la manera de marcar y lanzar sus contraataques sobre el arco contrario. De arranque el team que dirige el técnico argentino Mauricio Pochettino salió a llevarse por delante a su rival, insistencia ofensiva que se tradujo en la apertura del marcador a los 9 minutos cuando el francés Kylian Mbappé capturó un balón bastante cerca del área alemana y sacó un fuerte remate al palo más alejado del arquero Peter Gulacsi, poniendo en ventaja a los locales en muy pocas acciones de juego hasta ese momento. Si alguien creyó que la ventaja pondría en marcha un vendaval de ataques sobre la valla germana, como decía un muy conocido conductor de noticiero de tv abierta, seguramente estaba viendo otro canal.

Su funcionamiento como equipo, hoy encuentra al PSG dejando bastante que desear, pues su comportamiento grupal en el campo se torna bastante tosco y sin ajustes, situación que la ventaja lograda por el goleador del último mundial en Rusia expuso sin titubeos. Tiene muy interesantes individualidades, que cada tanto se interrelacionan muy efectivamente, pero colectivamente estos dos meses desnudan que Mauricio Pochettino tiene mucha tarea por delante, si es que quiere un equipo que salga desde su área esgrimiendo una mecánica de juego certera, buscando el arco contrario. Esos cortocircuitos que muchas veces suelen darse entre el la defensa y el mediocampo, al menos en la primera parte, fueron un festín para los jugadores alemanes, quienes aprovechando esos lapsus de los franceses, dieron vuelta el resultado entre el final de la primera etapa y el período complementario.

Las caras del numeroso público en el Parque de los Príncipes cuando primero André Silva y posteriormente Nordi Mukiele batieron al arquero Keylor Navas, parecían extractadas de los mejores memes de redes sociales. Los alemanes no desaprovecharon esas fallas de sincronización que tiene el PSG en la actualidad, momento donde la hinchada local temió lo peor con una potencial goleada en contra. Luego del segundo tanto del Leipzig, rápido de reflejos viendo que la probable fiesta francesa podía culminar insospechadamente en un incendio naval, Pochettino hizo un par de cambios advirtiendo los puntos flojos de su equipo, maniobra que para fortuna de su conjunto, logró reacomodar la paridad de juego en un campo donde el court parecía inclinado hacia la vapuleada valla de Navas.

Ahí fue donde sin tantos desequilibrios en el traslado del balón, el equipo local comenzó a dotar de balones menos difusos a sus delanteros, un gran bloque de equilibrio pasados los 65 minutos de juego, donde finalmente el París Saint Germain inició sin pausas un ataque sostenido sobre la valla germana. Messi, que hasta el momento siempre se había debatido con situaciones muy trabadas y balones mal devueltos, comenzó a cimentar su esperada y certera sociedad con Kylian Mbappé, dupla que una vez puesta en sincronismo, provocó un sinnúmero de jaquecas a los muy preocupados defensores visitantes. Con el delantero rosarino ubicado algunos metros más adelante, el PSG halló esa fluidez que necesitaba en la zona de definición para golpear a su oponente de manera apropiada.

Cuando corrían 22 del segundo tiempo, Mbappé y el ex-atacante del Barcelona metieron una serie de paredes, maniobra con una asistencia del parisino que dejó a Messi solo con la comodidad de meter el empate, tanto que la multitud festejó en una mezcla de felicidad y alivio al mismo tiempo. Siete minutos más tarde otra pared entre el ídolo local y el gran delantero adquirido por el club local en agosto, culminó con una falta de los alemanes en el área visitante, un penal que ejecutó el rosarino picando la pelota, instantes de suspenso que le paralizaron el corazón a varios, si Gulacsi hubiese adivinado la intención del ídolo mundial en esa forma de patear desde los 12 pasos.