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Firpo-Dempsey. La Pelea del Siglo

En una de las fechas más gloriosas del deporte argentino se celebra el Día del Boxeador. El Toro Salvaje de las Pampas fue el campeón sin corona para la eternidad. Antes del Maradonazo del 86, estuvo el Firpazo del 23.

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Firpo-Dempsey

La biblia del boxeo The Ring calificó al combate entre Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey uno de las “diez más sensacionales de la historia” Aquel 14 de septiembre de 1923 un país, Argentina hermanada a Latinoamérica, estaba en vilo, siguiendo las alternativas transmitidas desde New York, y captadas en primitivas radios de galena. O atentos a las luces del Palacio Barolo, o las sirenas del diario La Prensa, en la Buenos Aires que aún no contaba con el Obelisco, enclave contemporáneo de las celebraciones populares. Un match que duró apenas un round y medio. Pero que dejó el deporte nacional bien alto con la bravura del Toro Salvaje de Las Pampas, en una seguidilla demoledora que hicieron volar por los aires al Torturador de Manassa. Y que solamente unas de las injusticias más grandes de las justas internacionales negaron al ladrillero Firpo traer la primera corona mundial, en cualquier disciplina. Retaceado por los norteamericanos, desde una famosa pintura George Bellows en el Whitney Museum of Art hasta un episodio de Los Simpsons, entre cientos de realizaciones artísticas posteriores, canciones, poemas, ensayos, novelas y películas, recuerdan quién realmente ganó la pelea.  Inmortalizan un momento equiparable con el barrilete cósmico de Diego Armando Maradona en el Estadio Azteca en 1986, el Firpazo de Don Luis que manda a Jack en un viaje interestelar al cemento del Polo Grounds.   

A principios de los veinte, con Buenos Aires donde regía la prohibición al boxeo de 1903 del Concejo Deliberante, Luis Ángel Firpo parte al Uruguay y Chile, en un legendario paso a pie, en el camino de los arrieros, y que el boxeador se encargaría de magnificar en una autobiografía del cincuenta del periodista  Horacio Estol, uno de los fundadores del diario Clarín. Por el mismo tiempo, Jack Dempsey era campeón mundial de los pesos pesados, título que retendría varios años con sólo seis defensas. El fiero norteamericano, de sangre irlandesa y cherokee, “El Campeón Salvaje de los Años Salvajes”, elegía cuidadosamente a sus rivales, por técnica y por la bolsa. Firpo en 1923 no era su primera elección, “un don nadie”, pese a que se hablaba de un reto inminente debido al imparable raid victorioso del argentino en Chicago y New York. Allí había arribado con la ayuda de la alta sociedad porteña, la pionera en introducir el deporte en 1896 con Carlos Delcasse, Jorge Newbery y Félix Bunge, entre otros. Bunge sería precisamente el padrino deportivo de Firpo, nacido en Junín, el futuro boxeador trabajaba en su ladrillera; y también sería empleador del gigante como fuerza de choque de la paraestatal Liga Patriótica comandada por Don Félix, Manuel Carlés y otros aristócratas y terratenientes,  que perseguían gremialistas, extranjeros y, especialmente, judíos en la Semana Trágica. Luis entrenaba en una supuesta clandestinidad en el petit hôtel de Palermo de Bunge, una de las cunas del boxeo argentino, hoy el Museo de Arte Popular José Hernández; además del mítico Club Almagro.   

El “Campeón Sudamericano de Box. Peso Pesado Luis Ángel Firpo, 1920”, según la flamante Federación Argentina de Box, el socio número uno, ostentaba un récord de nocaut impactante para los norteamericanos. Además era un ídolo popular en estas latitudes, el primero que explotó los medios masivos, sus peleas fueron tempranamente filmadas y comercializadas por la Cinematográfica Valle, y millones de latinoamericanos sabían de los “firpazos” Por ejemplo, la famosa pelea con Dempsey sería una realización en pantalla grande de Quirino Cristiani, pionero de los dibujos animados.

La expectativa explotó en América desde que se confirmó el 23 de agosto que Dempsey finalmente aceptaba combatir por un cachet de 550 mil dólares, con una garantía de 300 mil, y un nivel de apuestas inaudito, manejados desde el Banco de Londres, y que bordearía los 10 millones de dólares. En Argentina, se transformó en una cuestión de Estado, y el presidente Alvear alentó lo que sería la primera transmisión internacional por Radio Sud América.  El poderoso zar de los medios Natalio Botana, que en la sección deportiva sustentaba el suceso de Crítica, un diario que llegó a tirar 850 mil ejemplares, cubrió profusamente la preparación del argentino en Atlantic City, y previó que el combate sea narrado con altavoces, ubicados en la vieja redacción de la calle Sarmiento, antes de la sede definitiva (1928) en la  avenida de Mayo al 1300  -en la actualidad propiedad estatal.  Jaime Yankelevich, precursor de la radio y la televisión, adquirió una partida importante de radios y, con las ganancias, al año siguiente pudo comprar una emisora, Radio Nacional. La mayoría seguiría los sucesos por las sirenas y altavoces del diario La Prensa, y del sistema de luces montado en el Palacio Barolo, el único rascacielos en Buenos Aires, que cuando pegaba Firpo la cúpula se iluminaba verde, si era un puñetazo de Dempsey, rojo. Para matizar la espera de la pelea del siglo, un dúo folklórico arremetería  con un quinceañero debutante, que se convertiría luego en un respetable peso medio amateur. Era Atahualpa Yupanqui.    

 

 

El robo del siglo

Firpo admitiría meses después que resultó inoportuno el ofrecimiento del empresario Reckard, algo que también molestaba a Félix Bunge. Le faltaba entrenamiento y tuvo poco descanso entre peleas. Así que Bunge manda a Horacio Lavalle, su hombre de confianza, y un ex boxeador conocido de Firpo, para que lo asista técnicamente, con viejas fotografías del contrincante, desechando al viejo entrenador de Dempsey, DeForest, ofertado por los promotores, lo que para algunos fue un grave error. Se hablaría de la avaricia del juninense, y significó, en fin, un paupérrimo conocimiento sobre las condiciones del rival  por el equipo sudamericano, completado con Carlos Scanapieco y Castañeda Vega. Firpo concurre al médico designado que corrige el húmero, dislocado, y queda con una tremenda inflamación. Entre tanto, se supo que el referí seleccionado era Johnny Gallagher, que declararía una semana después a la prensa de St. Louis, “si todos los referís hicieron como yo, ningún campeonato se iría de Estados Unidos” Las apuestas suben sideralmente a favor del norteamericano conocido el referí, y las miradas del mundo convergen en el combate de fondo en el Polo Grounds de New York. Unas 80 mil personas dejaron 1.200.000 dólares, y con precios de reventas que subían de 35 dólares a 150 dólares en las localidades baratas. En la platea estaban J.P. Morgan, Joseph Pulitzer y Theodore Roosvelt, y más y más luminarias. Ese 14 de septiembre de 1923, a la noche, nuestros representantes bajan cinco cuadras antes del auto porque la muchedumbre desborda las calles. Ante los fiscalizadores norteamericanos, en la previa, los argentinos consiguen que Dempsey no se vende con cinta, práctica ilegal, aunque desconfían de los raros movimientos del rival. Desconfían de que se haya “pichicateado”, dopado, piensan en lo mismo, pero Firpo se negaría recordando las palabras reprobatorias de su gran amigo, Carlos Gardel. El Toro Salvaje seguramente extrañaba a su compinche, el Zorzal Criollo;  y la barra del Abasto, que lo había despedido en el puerto. Con esas imágenes, en la retina de Firpo, segundos afuera, banquito abajo, y un Continente, ilusionado en batir a los imperialistas yanquis.   

Los contrincantes se estudian unos segundos y sale el primer “firpazo”, directo al pómulo, que deja algo mareado al campeón. Y asombro en la platea, y en el mundo. Gallagher se interpone y, en el descuido, Dempsey, que no tenía fama de fair play, asesta un izquierdazo, Firpo afloja las piernas, va al piso, y el norteamericano se queda a centímetros, violando una regla que estipula que aquel de pie espere en el rincón. Así que se levanta el argentino y sobreviene un bombardeo de puños. Una nueva caída del Toro y, sorpresa para al Carnicero, es recibido por un voleo en plena costillas. Otra vez el desconcierto del campeón, que dobla las rodillas. Árbitro de nuevo en el medio. Otra vez al ataque del norteamericano que lo empuja a las cuerdas, y lo voltea a Firpo, a quien le pega un gancho, rodilla en lona. Esto enfureció al Toro, que no paraba de insultarlo, hdp, hdp, y vinieron nueve mamporros a los costados de Dempsey, que lo fueron enredando en las cuerdas, y, finalmente, un “firpazo”, más empujón que golpe, que hizo que vuele sobre los periodistas del ringside. Golpea Dempsey la nunca en una máquina de escribir y comienzan los discutidos segundos, que 15, que 12, que 17, seguro superaron la cuenta de 10. Ayudado por los periodistas, y el mismo Gallagher –que sería separado del boxeo profesional y se suicidaría en 1931-, vuelve al cuadrilátero atontado el Torturador de Manassa, ante la incredulidad de los argentinos, que pedían con razón la victoria. Pero gritaban en castellano sepultados por la vocerío de miles de fanáticos. En Argentina, se corta la transmisión que proveían los norteamericanos, y el diario La Prensa hace sonar la sirena para algarabía de un país. Restablecido el éter para el siguiente round, el sur de América se entera que Dempsey con orgullo y vergüenza demuele al boxeador argentino, el más “duro y salvaje…no era un toro, era una manada de toros” reconocería.  Y el norteamericano solicitaría al manager que niegue la obligada revancha con nuestro deportista, que luego de un par de peleas más, se transformaría en un rico estanciero y un exitoso criador de patos. Y el factótum que el presidente Alvear levante la prohibición al pugilismo, e insista con la radio en la transmisión deportiva, la próxima el partido en Montevideo de la selección de fútbol en 1924. Firpo en los cincuenta fue una de las caras de la década dorada del boxeo local, con el apoyo del régimen peronista, y que sostenido en su leyenda, lograría la visita de varios boxeadores famosos en el mundo, entre ellos el mismo Dempsey con quien terminaría de amigo. Y de prestamista, en la mala del estadounidense, con 20 mil dólares en el bolsillo de un piloto “regalado” en 1953.

Fallecido Firpo en 1960, la revista El Gráfico lo despidió con honores: “Se marchó el poseedor de la más honda emoción deportiva que alguna vez haya vivido este suelo. Nunca un triunfo nacional llenó tanto de orgullo a los argentinos como aquella derrota”. Firpo es una gloria de las pasiones de los argentinos.

Firpo-Dempsey

La crónica de Cortázar

En su libro “La Vuelta al Día en Ochenta Mundos” (1967), Julio Cortázar, “En 1923 los argentinos escuchamos la transmisión casi directa desde el Polo Grounds de Nueva York, el relato del combate en que Jack Dempsey retuvo el campeonato mundial de peso pesado al poner fuera de combate a Luis Ángel Firpo en el segundo round. Yo tenía nueve años, vivía en el pueblo de Banfield, y mi familia era la única del barrio que lucía una radio, caracterizada por una antena exterior realmente inmensa, cuyo cable remataba en un receptor del tamaño de una cajita de cigarros pero en el que sobresalían brillantemente la piedra de galena y mi tío, encargado de ponerse los auriculares para sintonizar con gran trabajo la emisora bonaerense que retransmitía la pelea….Sí, Firpo tuvo su hora inmortal de tres minutos y además reglamentariamente ganó la pelea, pero con esa manía que tiene la verdad de suplantar a la ilusión, en los otros tres minutos Dempsey demostró hasta qué punto era capaz de resistir el doble efecto de un uppercut seguido de un viaje de ida y vuelta al ringside, y empezó a demoler la pared de ladrillos hasta no dejar más que un montoncito en el suelo junto con quince millones de argentinos retorciéndose en diversas posturas y pidiendo entre otras cosas la ruptura de relaciones, la declaración de guerra y el incendio de la embajada de los Estados Unidos. Fue nuestra noche triste; yo, con mis nueve años, lloré abrazado a mi tío y a varios vecinos ultrajados en su fibra patria”, concluye Cortázar un conmovedor inicio de su perdurable amor por el pugilismo, estampado definitivamente en su cuento “Torito”, dedicado a Justo Suárez. Y el box entra por la puerta grande de la vida nacional. Firpo, qué grande sos.

 

 

Fuentes: AAVV Los próceres tocan de primera. El Deporte en la historia del Bicentenario Argentino. Buenos Aires: ESED. 2010; Piñeiro Iñíguez, C. Luis Ángel Firpo, soy yo. Buenos Aires: Seix Barral. 2013; Fernández Moores, E. Díganme Ringo. Buenos Aires: Planeta. 1992.

Fecha de Publicación: 14/09/2021

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