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En Racing, gol y Barrera son sinónimos

Cada 30 de diciembre, el hincha de Racing recuerda a alguien cuyo nombre y el gol son sinónimos: Evaristo Barrera.

Hay épocas del futbol argentino que se tienen que leer en clave de leyenda. Historias de goleadores que ninguno que viva actualmente pudo haber visto. Cifras y estadísticas inverosímiles, pero que ahí están. Acrecientan la historia de grandes ídolos de las etapas fundacionales de los clubes argentinos. Uno de esos casos es el del nacido en la provincia de Santa Fe, Evaristo Vicente Barrera. Fue uno de los más destacados goleadores de la rica historia de Racing Club de Avellaneda.  

Trascender por mucho tiempo en la historia grande de un club es el anhelo de todos los jugadores. Y, en algunos casos, una realidad para algunos. Uno de los tocados por esa varita mágica fue Barrera. A pesar de su aspecto físico, formó parte de un equipo temible que mereció más de lo que obtuvo. Y deslumbró en cada cancha que pisó. 

De gran potencia física, goleador de raza, comparado en su época con Berbabé Ferreyra, pertenece a la interminable lista de grandes ídolos nada menos que por ser hasta el día de hoy el tercer máximo goleador en la historia del club.  

Como también pasa en la historia de muchos ídolos, la de Barrera no fue feliz desde un principio. Llegó a Racing en 1933 proveniente de Instituto Central Córdoba, en veintidós mil pesos, una cifra demasiado abultada para la época. Para colmo, en los primeros partidos era silbado por la parcialidad racinguista, porque no convertía. Recién lo haría en la cuarta fecha frente a Lanús, con dos tantos. A partir de ese momento, se transformaría en el gran goleador que fue, demostrando que no se habían equivocado en pagar semejante suma de dinero. 

Te dejamos algunos números. Estadísticas y fechas que no son menores para entender cómo un futbolista se convierte en sinónimo de gol, como fue Barrera. 

Datos que valen la pena 

Al igual que muchos astros del futbol argentino, Evaristo Barrera nació en Rosario. Fue el 30 de diciembre de 1911. De muy chico se fue a vivir con su familia a Cruz del Eje, Córdoba. Debutó en el Club Instituto de aquella provincia, donde militó desde 1930 a 132. Llegó a Racing, donde jugó desde marzo de 1933 hasta el 6 de noviembre de 1938, convirtiendo 136 goles en 142 partidos. Además de ser el máximo goleador en los torneos de 1934, con 34 goles y de 1936, con 32.  

Partió hacia Italia junto a su compañero de Racing, Enrique Flamini, en épocas sumamente difíciles: estaba por estallar la Segunda Guerra Mundial y el país peninsular era gobernado por el fascismo de Benito Mussolini. En esas tierras y por la guerra, el Ómnibus se tuvo que pasear por tantos clubes: defendió los colores de Lazio, Nápoli, Áscoli, Novara, Gozzano, Cremonese y Mortara, donde se retiró en 1948. Una vez retirado, dirigió a su exclub Novara Calcio por dos temporadas, de 1956 a 1958 y luego trabajó en inferiores en el Casale Calcio en 1963 

A nivel selección solo disputó un puñado de encuentros para la Selección de la Asociación Amateur en 1935, pero estas presentaciones no eran oficiales para la reciente Asociación del Fútbol Argentina. También podría haber disputado el Mundial de 1934, pero perdió la gran chance, porque la Argentina envió un representativo de cuarta división a aquel certamen.  

Su carrera en Italia lo hizo elegir esa tierra de ancestros para quedarse a vivir. Falleció en la localidad de Novara en 1982.  

“El Ómnibus Barrera”, como lo había apodado la parcialidad racinguista, por su capacidad para pasar por arriba a los rivales, aún está en la memoria. Sobre todo, por ser sinónimo de gol en la historia del club.  

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