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El retiro de Burruchaga, el eterno socio de Maradona

22 años pasaron de aquel muchacho que decidió dejar el fútbol profesional. Exjugador de Independiente, pero más que nada leyenda en la Selección Nacional.

Un día como hoy, pero de 1998, Jorge Burruchaga colgaba sus botines negros antiguos, esos que una solapa tapaban los cordones y parecían no romperse jamás.  Más allá del diseño, colgaba los botines que pisaron fuerte en México en aquel recordado mundial, donde con su gol le dio a la patria su segunda estrella en la camiseta. Conmemorado por tener excelentes partidos y por hacer uno de los goles más importantes en la historia nacional y así mismo también por ser el socio participe de la historia de Diego Maradona en la selección.

 

Es común pensar que por tener al mejor jugador del mundo hay que salir campeón de toda competición que se juegue y estar siempre a la altura de la situación. El fútbol es más difícil que simplemente tener al mejor jugador, no alcanza sólo con eso. No alcanza ni siquiera con tener los mejores 11 del mundo jugando para tu lado, porque siempre surge un conjunto de cosas que se deben poseer para que tu equipo o país se consagre campeón. Algunos de estos elementos son tener una buena cuota de azar, un entrenador con una filosofía de juego que se adapte al equipo y por sobre todas las cosas, las estrellas mundiales, tienen que poseer un cómplice dentro del campo de juego. Un compinche. Ese jugador que pique incansables veces esperando la pelota profunda que nunca termina de llegar. Pero a la vez siempre está ahí, a la espera, observando toda el área y con un zoom enfocado, en este caso en Diego Maradona.

Un jugador fundamental en la cancha

Burruchaga fue un jugador muy funcional en aquel recordado mundial de Mexico 86, aportó mucho al juego colectivo entrando dentro del 11 inicial todos los partidos de la competición. Si de juego en equipo hablamos, las intervenciones más importantes de Burruchaga fueron 4, de las cuales 3 sucedieron junto a Maradona y en ocasiones extremadamente importantes. Comenzamos con el frentazo que metió por fase de grupos contra Bulgaria, luego de que Diego tirara un centro, que más que centro fue un pase a la cabeza. En la fase decisiva del torneo, precisamente en la semifinal, coloca un pase profundo casi llegando al área chica para que su colega y amo de este deporte defina por arriba del arquero. La conexión entre ambos era notable y comenzaba a dar resultados.

La dupla "maravilla"

En la final contra Alemania, el Burru aporta un centro que logra conectar Jose Luis Brown y así abrir el marcador del partido. Claro está que el gol marcado cerca del cierre del partido fue la situación más magnifica y épica de todas. El diez se encontraba rodeado de camiseta alemán con la cabeza levantada y pelota dominada, filtra sin despeinarse un pase bellísimo a los pies del joven Burru, que como de costumbre picaba siempre, paró la pelota y se dispuso a correr a máxima velocidad, llevando alojado en su mástil la bandera flameando. Al encontrarse mano a mano con el arquero alemán, terminó la jugada con una definición punteada hacia un costado que logro incrustarse en un rincón del arco de Harald Schumacher. La asociación Maradona-Burruchaga sin duda fue un éxito que puso en alza ambas carreras en la historia del fútbol argentino. Consiguieron dejar bien alto el país cada uno aportando lo suyo y unificando las cualidades individuales para expresarlas colectivamente en el campo de juego, como dos buenos socios.

 

Así recordamos el retiro de uno de los jugadores más importantes en la historia del deporte argentino, que hace 22 años decidió colgar los botines y junto con ellos está enganchado con polvo un gol que le dio una Copa del Mundo a Argentina.

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