Ser Argentino. Todo sobre Argentina

El problema del “último impulso”: Diego “Peque” Schwartzman no pudo vencer en las instancias finales

El combativo tenista argentino llegó a semifinales en los últimos tres torneos, pero luego no pudo sostener su ritmo de juego, lo cual le impidió consagrarse en torneos en donde habría podido ganar, frente a rivales a los que ha podido vencer anteriormente.

Una racha de buenas actuaciones en los últimos tres torneos jugados en polvo de ladrillo, lamentablemente no pudo clausurarse con triunfos en los momentos decisivos, situación a la cual todavía Diego “Peque” Schwartzman no logró encontrarle la vuelta, semanas donde el talentoso tenista argentino, ubicado en la actualidad en el puesto 14 del chart mundial, desafortunadamente no logró cerrar con títulos, lo que hubiese no solo potenciado toda su carga anímica sino también la regularidad ansiada ante buenos arranques en los torneos de la zona sudamericana. El joven tenista argentino desarrolló buenos inicios de competencia en los abiertos de Córdoba, Buenos Aires y Rio de Janeiro, Brasil, pero en las instancias de semifinales o en la final del famoso torneo carioca, el deportista de nuestro país chocó con situaciones adversas que frenaron de cuajo el impulso para levantar el trofeo en esas definiciones, abriendo al mismo tiempo una duda que los analistas vienen planteando en el último año. ¿Es simplemente un problema anímico o la peligrosa señal de un techo en la posibilidad de mejorar su performance mirando al futuro?

 

Parece curioso pero los hechos lo testimonian de una manera muy elocuente: el tenista de nuestra nación allá por el 2020, cuando la cantidad de partidos y torneos en el mundo por esos aciagos momentos asomaba bastante limitada, exhibió una formidable regularidad en sus aisladas presentaciones, lo cual le permitió afortunadamente crecer en el ranking y de a poco consolidarse en el top 20 a nivel mundial. Sorpresivamente en el 2021, ya cuando parte de la “vieja normalidad” había recalado en distintos lugares del globo terráqueo, los resultados no acompañaron esa ilusión que Schwartzman sostenía en los cálculos. Allí tal vez todo se alteró, tal vez por el apabullante desgaste anímico y físico que significó para el tenista participar en la anterior temporada, bajo esas inesperadas alteraciones operativas que provocaron todas las restricciones sanitarias, cuando la pandemia había modificado el tradicional mecanismo de competencia en todas partes del mundo, ante la ausencia de vacunas y con partidos que se jugaron en distintas partes del globo, únicamente con la presencia de los jueces dentro del court, quedando totalmente prohibida la presencia de espectadores dentro de los estadios.

La buena noticia que marca una significativa mejora en el juego del tenista, es que en este arranque de calendario, Diego Schwartzman exhibió un nivel más consistente durante los primeros partidos de campeonato, algo que en otras irregulares épocas asomaba sin dudas como su talón de Aquiles. Totalmente confiado en sostener el ritmo de sus rivales durante los primeros games, el argentino aprendió a no desconcentrarse de su estrategia, buscando sostener como siempre su servicio y buscar las defecciones en el saque de su oponente, lo cual no pudo concretarse inicialmente de manera minuciosa durante su participación en el torneo de Córdoba, donde el jugador de nuestro país aceptó sus fallas, después de jugar de manera inconsistente cerca de las instancias finales. “Está muy claro, estoy jugando mal y eso se paga con esta clase de derrotas”, sostuvo en la provincia mediterránea el talentoso tenista ante aquellos medios que lo consultaron sobre lo ocurrido allí tras su paso por esta edición del Córdoba Open 2022. Tal vez algo exagerado en la autocrítica, pero consciente que necesitaba pulir mejor su juego, Schwartzman buscó en los días previos al ATP 250 de Buenos Aires sostener una preparación adecuada bastante desde lo mental para buscar de manera inmediata, purificar todas las imperfecciones en su estrategia, algo que si bien no se percibió en sus partidos desde el primer minuto, dejó entender que iba por el camino apropiado en esa búsqueda de consolidar un formato de juego concentrado esperando los errores del rival.

 

Las microscópicas pero adecuadas modificaciones que el tenista argentino fue efectuando, se notaron sin dudas en su participación en el Abierto 500 de Río de Janeiro, donde llegó al partido final mostrando una regularidad en ciertos tramos del campeonato que llegaron en ese momento a ilusionar a sus seguidores por la continuidad estructural que su planteo rendía dentro de la cancha. Una de las complicaciones que afectaron el desempeño de la gran raqueta argentina fue que ese sábado previo a la esperada final en la gran localidad brasileña, el duelo decisivo para llegar al último partido, le demandó al “Peque” bastante más tiempo de lo previsto, lo cual lo dejó inconfundiblemente desgastado para jugar esta final con la respuesta física que anhelaba. Carlos Alcaraz, con 19 años, una consistencia de tono física muy locuaz y la determinación de no perdonar los errores de su rival, salió al court principal del abierto de Río buscando incomodar al argentino con su juego, estilo de confrontación que no le resultó demasiado apropiado hasta que en la mitad del primer set pudo quebrar el saque del argentino. De ahí en más el español, que venía de un match por semifinales que no le demandó demasiado tiempo, buscó meticuloso en el desenlace del set inicial y todo el segundo juego, mover a su rival de una punta a la otra, intentando desgastar inclaudicablemente a su oponente, conociendo el deterioro físico ocurrido en la jornada anterior.

 

Estando un set abajo y evidenciando un desgaste calculado en la previa, Schwartzman no se entregó y buscó remontar durante el segundo juego, pero sus energías medraron con los minutos que iban transcurriendo, situación donde los errores comenzaron a aparecer allí en ese pasaje del partido con mayor frecuencia. Carlos Alcaraz, que gracias a este valioso triunfo se ubicó desde la semana pasada en el puesto número 20 del ranking mundial, hizo la lógica sosteniendo varios duelos desde el fondo, intentando que el argentino efectuase el desgaste para revertir la adversa situación. Incómodo por lo sucedido y sin contar justo en ese momento con la respuesta psicofísica apropiada para modificar el planteo que cada pelota llegada desde el otro lado, el tenista argentino respondió al duelo como pudo pero el set al observar dos quiebres en el servicio del argentino, dejó entender que todo estaba definido para el español, quien con un contundente 6-2, ganó el Abierto de Río de Janeiro con facilidad, tal vez favorecido por el cansancio que acumuló su peligroso rival en las horas previas al partido decisivo. La muy buena noticia, es que a pesar de los resultados y de no haber conseguido títulos en esas tres competiciones, Diego Schwartzman evidenció durante las tres competencias regionales una mejora perceptible en su juego, mostrando aquellos recursos que lo ubicaron como número 14 del mundo, llegando a semifinales en esos campeonatos, situación que lo potenciará en las futuras competencias que el tenista argentino tiene por delante en las próximas semanas alrededor del mundo.

 

Imágenes: IG Diego Schwartzman // Télam

Rating: 0/5.