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El primer superclásico afectado por COVID-19 fue para Boca, pero recién en los penales

24 horas antes del partido, un contagio masivo en el plantel de Núñez diezmó al conjunto de Marcelo Gallardo, entrenador especialista en reinvenciones, que armó con juveniles y pocos titulares un equipo muy digno.

Si la pandemia afectó absolutamente todo, ¿por qué no iba a hacerlo también con el partido de fútbol más importante que tiene la historia deportiva argentina? Como si se tratase de un guion milimétricamente calculado para sorprender con un golpe de escena, los testeos en el plantel de Núñez dejaron la terrorífica cifra de 15 casos positivos y la incógnita para un encuentro que según la reglamentación no iba a suspenderse, salvo que absolutamente todo el equipo viviese algo así. Incansable especialista en sacarle agua a las piedras y dar los golpes de timón necesarios en su libreto para conseguir sus objetivos, este domingo a las 17:30 el entrenador Marcelo Gallardo volvió a sorprender a propios y extraños con un once inicial que no solo resistió el impacto anímico, sino que en varios pasajes le sustrajo el balón a su rival para hacerlo pasar momentos muy incómodos.

 

Naturalmente al inesperado argumento de una situación de estas características, conviene incorporarle ciertos detalles para que se entienda porque lo que pudo ser una goleada y un triunfo local por demolición, finalmente mutó a un partido parejo donde el resultado final estuvo muchas veces sujeto a cambios. River a pesar del desastre sanitario, la inesperada exclusión de sus decisivos baluartes en la cancha, le quitó la previsible obligación que en los papeles tenía de presentar un juego super aceitado en ideas, porque a menos de un día la pandemia le dio vuelta los papeles y salió a buscar la heroica con 11 intérpretes, que, en la gran mayoría, no habían compartido jamás un encuentro de semejante magnitud. Los dirigidos por el Muñeco sabían que la única manera de resistir la tormenta, era ceñirse al planteo previsto por su técnico y durante muchos minutos eso funcionó a la perfección.

 

Boca tenía la indefectible obligación de arrollar a un rival golpeado por esta situación y lo hizo en bastantes situaciones, pero la ineficacia de algunos jugadores, pero sobre todo esa inolvidable actuación de Alan Leonardo Díaz bajo los palos del millonario, convirtieron al objetivo del plantel xeneize en una utopía a medida que pasaban los minutos camino a los tiros desde el punto del penal. El primer tiempo tuvo varios minutos con el visitante jugándole de igual a igual, pero se notaba que por la derecha Boca tenía un carril libre en donde sus jugadores avanzaban como si fuera el sendero autorizado para velocidades que superaran el promedio aceptado. Arrinconado por la adrenalina que algunos juveniles le pusieron al arranque, el equipo de Miguel Ángel Russo sintió previsible incomodidad en esos cinco minutos de apertura, porque al local no solo le habían robado la pelota, sino que además el planteo podía abrirle grietas de complicada revisión.

 

Fue entonces que una corrida por la derecha, donde Medina aprovechó las desatenciones de Casco y Angileri, finalmente se convertiría en el prólogo del primer gol de partido. El mediocampista lanzó un ajustado centro que Tevez cabeceó al palo izquierdo de Díaz, jugada en la que un duro empujón del diez de Boca a Maidana lo había dejado solo frente al arquero millonario para establecer la diferencia. Cinco jugadas que pudieron alterar ese 1 a 0 a favor de los locales, fallaron en la definición alternadas entre uno y otro staff, un primer tiempo donde River tuvo 51 por ciento de posesión del balón, dejando en claro en esa primera parte que no le iba a ceder la iniciativa a los locales. Cuando el arbitro Tello mandó al descanso a los equipos, marcando el final de la primera parte, el rostro de Russo lucía más preocupado a pesar de la diferencia. Y razones no le faltaban, aceptando que en semejante situación los goles que no se concretan en la valla rival, terminan ingresando en la propia por un antiguo razonamiento que no suele fallar. Lo que conformó un gravísimo e incomprensible error del técnico de la Ribera, fue incluir en el once inicial a Pavón, un privilegiado espectador que pudo ver el partido desde el mismo court, como si tuviera un precinto vip para estar en la ubicación más cotizada del partido, bochornosa performance que debería marcar el final de su carrera en este club. 

 

 

Hasta los 22 minutos del segundo tiempo, Boca salió con la firme decisión de ampliar el resultado y definir el pleito antes de lo esperable, pero entre la carencia de sus delanteros y un arquero de la reserva que con el paso de los minutos se iba haciendo más grande en el arco millonario, complicaron ese objetivo y lo que podía ocurrir finalmente pasó. Una buena incursión por la izquierda de los visitantes deparó un centro donde Julián Alvarez metió su ceñido cabezazo que desairó la descuidada salida de Rossi, estableciendo en el minuto 23 un empate que puso todo igual. Recién ahí los entrenadores tuvieron que darle un poco de pimienta y sal a un partido dominado por los nervios de lo ocurrido antes del match, modificaciones que debieron favorecer a Boca, pero que insólitamente hallaron a su rival mostrando prolijidad para llegar a los tres cuartos rivales, donde la defensa local mostró su experiencia con su dupla central. En los últimos quince minutos, una jugada en cada arco pudo cambiar el resultado, pero el destino parecía haber sellado el empate como el complemento al guion de un partido alterado desde el vamos. A los 30 un ataque de los millonarios halló a Rossi sin retener la pelota, lo que pudo ser la ventaja visitante, pero el arquero se repuso a tiempo. Nueve minutos después desde la derecha, un centro a rastrón encontró al juvenil Díaz tapándole el triunfo a Tevez, otra contención más del debutante que salvo el gol mostró mucha concentración para evitar varios goles.

 

Los minutos finales y el adicional encontraron a los dos planteles cansados, cuidando el empate convencidos de que, en los tiros penales, se decidiría el duelo entre ambos. Después de establecido el arco y quien arrancaría, el suspenso en la definición fue y vino como corresponde en las grandes películas. Carlos Tevez abrió la serie con mucha seguridad y convirtió, mientras que Montiel hizo lo mismo segundos después. Villa puso el 2 a 1 y ahí las manos de Rossi le frustraron el lanzamiento a Angileri. Lo más impresentable del encuentro estaba a punto de ocurrir, justo cuando nadie esperaba algo así. Cardona, que ingresó en el segundo tiempo y no aportó nada de su capacidad, decidió insólitamente picar la pelota con tan baja potencia, que su sorpresivo tiro le llegó mansita a las manos del arquero millonario que pasó a convertirse en héroe para ese tramo de los disparos. Alvarez puso la cuota de raciocinio necesaria y con un potente disparo estableció el 2 a 2. Seguidamente Izquierdoz le devolvió la cuota de inteligencia a los boquenses con un tiro fuerte poniendo el 3 a 2, dejando la presión para Ponzio, quien lejos de patear con su habitual potencia ejecutó un tiro a la derecha de Rossi que el arquero local contuvo para delirio de los locales. El final del tie-break futbolístico quedó en manos de Buffarini, quien hizo la lógica pateando a la izquierda de Díaz para poner el 4 a 2 final. En esos segundos que camino desde el medio a la zona de lanzamiento, Marcelo Gallardo gritó varias veces “ojo que la cruza”, pero el marcador derecho boquense hizo lo inverso, cerrando un duelo dramático.

 

Conforme a pesar de la derrota, el técnico millonario felicitó al guardametas debutante, que a pesar de su buena performance no logró evitar la derrota, mientras la cara de Russo con un triunfo agónico que pudo alterarse frente a la estupidez de Cardona, lo decía todo a la hora de volver a los vestuarios. Carlos Tevez en declaraciones posteriores felicitó al debutante, pero también dejó saber que Boca en los últimos tres partidos fallo al no poder liquidar la ventaja inicial obtenida, lo cual según su análisis agrandó al Rival. El ídolo de Boca admitió que con este resultado “Boca se sacó una espina de encima”, aludiendo a la racha negativa en la Bombonera con su clásico rival- Rossi no pudo evitar emocionarse en las entrevistas posteriores, después de atajar dos penales, una charla donde contó que tenía estudiados a los ejecutantes visitantes. Casi al borde de las lágrimas, celebró la victoria con una dedicatoria para su padre, que falleció el año pasado, pero también se guardó unos segundos para felicitar a su colega, el mejor jugador de la noche en un duelo complicado. La noche de opiniones la cerró inesperadamente Juan Román Riquelme, el nuevo vicepresidente primero, quien fue picante: “Los bosteros estas felices, River no pateó al arco, fue una victoria justa”.       

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