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El No país

¿Cuál es el criterio para elegir?

El otro día, el Chiqui Tapia (que el presidente de AFA tenga como sobre nombre “Chiqui” me parece un detalle hermoso) dijo que los dirigentes que quisieran presenciar el Mundial iban a tener que pagarse el pasaje, porque la benemérita Asociación del Fútbol Argentino sólo iba a llevar al plantel, a los sparrings y a diez ex campeones mundiales: cinco del 78 y cinco del 86. Acá me gustaría saber cuál es el criterio para elegir esos cinco por plantel (además del buen tino de que todavía se mantengan vivos), pero quizás ese sea un tema para otra columna. El de ésta es: el hincha que se paga el pasaje.

Por más que don Tapia haya dicho eso, se sabe que muchos clubes “ayudan” a sus “hinchas” a costearse el pasaje, la estadía y demás. Sin embargo, existe un espécimen humano que parece un mito pero no lo es: hay un tipo que labura, ahorra y se paga sus propios gastos para ir al mundial. Yo doy fe: conozco a dos. Tengo que aclarar que ninguno de los dos es realmente un amigo cercano, por lo que mucho de lo que diga son meramente especulaciones. La primera reacción al enterarme de que existían fue envidia: un mes sin más obligaciones que perseguir a la selección por tierras eslavas. Para eso hay que tener plata y tiempo, dos variables que muy raramente se conjugan en un mismo momento.

Una vez, Bebote Alvarez, el barra brava de Independiente, dijo que el fallecido ex presidente de la AFA, Julió Humberto Grondona, aseguró que era el mismo dirigente quien ayudaba a los hinchas de los clubes con los viajes y las entradas a los mundiales. Y que ellos también eran parte de los los negociados con los mismos “muchachos” para que la liga argentina terminara en paz cada fecha. Se decía que, al menos, debían estar presentes en los torneos de la FIFA los referentes de los seis equipos grandes de la argentina: Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo. ¿Qué se puede esperar de maniobras de este tipo?.

Mi conclusión es que de una u otra forma, ya sea por los negociados de gente de poder o por los pocos privilegiados que no tienen contacto con éstos pero que igualmente pueden presenciar el Mundial, siento que siempre nos quedamos afuera los mismos. Como si fuéramos esos pata dura a los que nunca eligen para ser parte del equipo en la primaria. O esos tímidos que nos quedábamos en un rincón de todos los bailes porque nos daba terror ir a encarar a la persona que nos gustaba, mientras los más populares del colegio se estaban besando entre sí hacía años. No sé si el paralelismo es válido, pero el sentimiento es el mismo: la gente “común”, esos locos que nos despertamos todo el día para trabajar y que llegamos con el mango justo a fin de mes, vemos la película desde afuera. Ahora, en la adultez y con el Mundial, nuestro talento no es la habilidad futbolística o la extroversión para las citas. Ahora el talento es ser parte de una gran mafia o de un selecto grupo de elite que se acomodan entre ellos las mejores ubicaciones para presenciar este maravilloso torneo del lado del mundo.

Después, al bajar un cambio, me pareció que quizás no sea la época más adecuada para viajar a un lugar tan interesante como Rusia: el mundial de alguna manera homogeniza todo, transforma a Brasil y Alemania y Rusia en lugares similares, en los que la gente sólo quiere tomar algo y mirar partidos en la cancha o en pantallas gigantes. La idea que Marc Augé concibió como “no lugar” acá se haría un poco más amplia y sería como un “no país”. Quizás me esté yendo de mambo. Quizás, soy el “Chavo del 8” diciendo “al cabo que no quería ir al evento futbolístico más importante a nivel mundial”. Quizás, a la larga, lo único que tengo sea envidia.

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