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El boxeador que no pudieron tocar

A 81 años de su nacimiento, recordamos a Nicolino Locche, “El Intocable”. Es que, por sus particulares habilidades, muchos oponentes no pudieron tocar su rostro.

Mendoza es tierra de boxeadores. Recientemente hemos hablado de Juan Carlos Reveco, el máximo exponente en actividad. Sin embargo, acudiendo a nuestros archivos, podemos destacar a Pascual Pérez, como el primer campeón mundial de nuestro país. A Pablo Chacón, a Hugo Corro y a otros tantos. No obstante, el más grande de todos fue Nicolino Locche. Cuentan los fanáticos de la época que fue un boxeador al que no pudieron tocar la gran mayoría de sus oponentes. Los miraba a los ojos, hablaba con el público, con su entrenador, pero estaba siempre alerta para esquivar los golpes de los otros boxeadores. Y, cuando estos menos lo esperaban, Nicolino atacaba. Una destreza inaudita.

Su vida

Fue el sexto hijo de una humilde familia de inmigrantes italianos. Nació el 2 de septiembre de 1939, en el pueblo de Campo de los Andes, en el departamento de Tunuyán. A los 8 años pisó por primera vez un gimnasio, bastante particular. Es que en este lugar le fueron brindados conocimientos científicos que pudieron haber influido en su técnica. Allí se explicaban principios de la ciencia médica y la biomecánica, para optimizar las técnicas y el rendimiento físico. Según relataban los manuales, se buscaba “procurar la superación del ocasional adversario por medio de la habilidad y no por la mera fuerza usada instintivamente”. El mandamiento era claro: pegar sin dejarse tocar, y podemos decir que, en esa área, Locche fue un maestro.

Su primera pelea amateur fue con 16 años. Tras 122 combates debutó como profesional el 11 de diciembre de 1958, noqueando en dos rounds al sanjuanino Luis García. A partir de ahí arrancó una carrera a la cima que parecía no tener freno. Luego de varias peleas, en 1961 venció al cordobés Jaime Ginés y se convirtió en campeón argentino de pesos livianos ante un Luna Park lleno.

Un personaje

Cuando decimos que sus oponentes no pudieron tocar su humanidad, es prácticamente irrefutable. Locche se distinguió del resto de sus competidores no solo por su destreza en el ring para esquivar golpes, sumando ataques inesperados, sino que además era un actor nato. Hacía participar a la audiencia con miradas cómplices, sonrisas y todo tipo de gestos que lograban que el público participara activamente del show que eran sus peleas. Muchos sostienen que era más que un simple boxeador, capaz de cruzar palabras con algún reportero gráfico mientras bloqueaba golpes entre el encordado. Por eso, también lo apodaron Chaplin, por su simpatía y carisma.

En los años 60 el boxeo argentino estaba en pleno esplendor, de esa constelación quedaron nombres como Horacio Acavallo, Ringo Bonavena y Carlos Monzón. Pero ir a ver a Nicolino era una fiesta popular. Las transmisiones radiales de la época hacían maravillas en la imaginación del público, y a eso se le sumaba todo el glamour y bohemia de un Luna Park lleno el sábado por la noche, que cerraba la velada boxística con una pelea de Nicolino de fondo y seguro terminaba en alguna pizzería de Corrientes y Callao.

Incluso, aunque sin quererlo, Locche fue un adelantado para la época. Era tan masivo el espectáculo que daba sobre el ring, que se le adjudica el mérito de haber logrado atraer a la audiencia femenina a eventos que tradicionalmente eran “solo para los muchachos”.

Éxito y caída

El 12 de diciembre de 1968, Nicolino Locche marcó a fuego su capítulo más importante en la historia de nuestro boxeo. Dando cátedra de todas las habilidades anteriormente descriptas, venció en Japón al local, Paul Fuji, y se consagró campeón del mundo en Welter Junior de la AMB. Ese día hizo honor a su apodo de “intocable”, exponiendo la cara para invitar a los golpes, esquivando con cintura y contragolpeando con jab.

Hizo seis defensas de su título y lo perdió el 10 de marzo de 1972, cuando en Panamá fue derrotado por puntos en 15 asaltos por el local Alfonso "Pepermint" Frazer. A partir de ahí comenzó su ocaso: peleó 12 veces más, perdió solo una. Nunca más volvió a disputar ningún título.

Su récord profesional fueron 117 peleas ganadas (14 por KO), 14 empatadas, 4 perdidas y 1 sin decisión. En 1980, la Fundación Konex le otorgó, en la primera edición de los Premios Konex, el Diploma al Mérito como uno de los cinco mejores boxeadores de la historia. En el año 2003 ingresó al Salón Internacional de la fama del boxeo junto a George Foreman y el jamaicano, Mike McCallum.

Murió el miércoles 7 de septiembre de 2005 en Las Heras, Mendoza. La causa del fallecimiento fue una salud muy debilitada por el cigarrillo. Su recuerdo vive entre los mendocinos, por el monumento que ha levantado la Ciudad de Mendoza sobre calle Perú, pero también por su técnica imposible de imitar arriba del ring.

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