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Buenos Aires - - Sábado 23 De Octubre

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El Beto Alonso y el River Plate más exitoso de todos los tiempos cumplen 35 años

El equipo que en un año ganó todos los torneos posibles y logró cosas muy cercanas a la ciencia ficción, celebra tres décadas y media en medio del vergonzoso y patético destrato que le brindan los actuales dirigentes de la entidad.

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Beto Alonso

Debe ser muy triste y complicado ser “verdadero” hincha de River Plate en los tiempos que corren, cuando la realidad no tiene mejor idea que faltarle el respeto a quienes en tiempos realmente muy difíciles, consiguieron los objetivos más inimaginados con la adversidad de eterna sombra siniestra persiguiéndolos. Desde principios de la actual temporada, nadie en este año tiene más para festejar y recordar sobre conquistas alcanzadas que los seguidores “millonarios”, cuando se están conmemorando casualmente tres décadas y media del más importante plantel en la historial del fútbol riverplatense. Utilizar ciertos elementos de la realidad para ningunear lo alcanzado, es un fenómeno social que no solo afecta el mundo de la política, sino también otras estructuras, en este caso la deportiva. Ignorar de manera brutal lo sembrado y querer reconstruir de prepo la historia, como si fuera una tecla de la computadora donde uno oprime “reset” y todo arranca otra vez, lleva la firma indiscutida de los personajes que puedan borrar todo y que el mundo aparezca casi dibujado con sus caprichos o urgencias de poder.

 

Desde los que ahora ignoran a los próceres históricos, en un vergonzoso proceso que los lleva a escribir nuevos libros de la especialidad, trabajos en los que San Martín, Belgrano, Sarmiento o Moreno podrían ser apenas los cadetes de actuales políticos que carbonizaron la nación sin el menor titubeo, asoma paralelamente una muy siniestra forma de accionar también en el mundo deportivo, queriendo reconstruir con violencia los recuerdos de una historia que por suerte sigue manteniendo incontables testigos encargados de ponerlos en su lugar. River Plate, “tu grato nombre”, como dice una de las canciones más famosas de la institución ubicada en Núñez, vive la injustificable marginación de sus más prestigiosos héroes, aquellos que convirtieron al prestigioso club en el plantel del fútbol argentino que conmocionó a propios y ajenos, logrando en una temporada todos, pero absolutamente todos los objetivos que se había propuesto, en el inicio de un calendario de competencias muy desafiantes. Los “verdaderos” hinchas riverplatenses sufren la postura de algunos despiadados que, buscando poder político desde el deporte, ignoran lo conseguido por el club cuando ganar todo lo que había que realmente había ganar, era sin dudas realizar el cruce de los Andes con un par de ojotas caminando para atrás y con los ojos vendados de la manera más tormentosa.

 

¿Qué quiere o sueña el fanático de un equipo al arrancar una temporada? Que su equipo desde el primer hasta el último mes del año consiga todos los objetivos complicados que una agenda deportiva propone desde enero a diciembre. ¿Es posible lograrlo ahora en los tiempos que corren? Probablemente no sea imposible, pero con la cantidad de torneos, la cifra de partidos al año y otros fenómenos que afectan el desempeño de la actividad por la incontable cantidad de compromisos que asume una institución, semejante fenómeno solo puede ser alcanzado por escasos planteles de elite en el suelo europeo. En Argentina hoy eso es virtualmente algo complicadísimo de lograr, mucho más cuando algunos de los equipos que se propone objetivos de peso, tienen dirigentes que deciden vender jugadores en medio de alguna competencia nada más que por el ocasional rédito económico. Hoy en nuestro país nadie sabe de memoria la formación de un equipo, sencillamente porque los jugadores de un plantel son figuritas que duran menos que una flatulencia en una canasta de camping, en el club que les brindó fuerte chapa profesional y popularidad en todos los ámbitos. El sacrificio de los viejos tiempos, es apenas un nostálgico recuerdo que ciertas generaciones traen a colación para refrescarle sin ninguna clase de pruritos a todos los hipócritas oportunistas, que antes, las conquistas demandaban un sacrificio que ahora tiene mala prensa o pésima imagen en la consideración general.

River

Los “verdaderos” hinchas de River Plate y todos aquellos que seguían sin la encomiable e inconfundible pasión de los torcedores “millonarios”, le ponían honestamente muy pocas fichas el equipo que arrancó los entrenamientos del verano en 1986. En aquella época, la temporada de preparación y puesta a punto de un plantel se compartía con los famosos “partidos de verano” que se jugaban únicamente en Mar del Plata, teniendo al recordado estadio José María Minella como el único ámbito para esos encuentros, incluidos dentro de una mini-competencia donde participaban los equipos más fuertes. Si alguien por esas horas hubiese concretado una encuesta a los fans del equipo de Núñez sobre la chance de ganar absolutamente todo lo que podía ganarse en esa temporada, muy probablemente los encuestadores no hubiesen regresado a sus oficinas para no contar la cantidad de insultos o agresiones consultando algo con gusto a cargada. Pues bien, mal que le pese ahora a los dirigentes que pretenden convencernos que Manuel Belgrano no diseño la bandera de este país, lo puntual es que River Plata ese año ganó todo lo que quiso y si no logró otra clase de conquistas, fue sencillamente porque para esa época no existían.

 

En el arranque del verano 1985-1986, el plantel millonario disputó el tradicional torneo de verano, ganándolo con enorme comodidad, sino que además disputó un encuentro de tono amistoso con la selección de Polonia, un partido jugado en Mar del Plata que River le ganó al plantel polaco por su orgullo, entrega y la presencia de jugadores que hoy no reciben el reconocimiento que les corresponde. El equipo polaco por entonces era una de las selecciones más fuertes de Europa y River Plate en un momento de un partido repleto de goles, venía perdiendo 4 a 3 cuando faltaban muy pocos minutos para el final de una confrontación bastante entretenida. Un buen centro desde la izquierda encontró ubicado a Enzo Francescoli de manera extraña a la pelota y como no podía pegarle un derechazo de precisión, ensayo una chilena que quedó en la historia, colándose en la portería polacon en medio de la euforia de los argentinos ubicados en el court marplatense. Sobre el cierre, haciendo la heroica, el mejor jugador en la historia futbolística de River, puso un pase de precisión para que un compañero marcara el recordado 5-4 con el que los millonarios se impusieron al prestigioso plantel europeo. Ese jugador es Norberto Osvaldo Alonso, lejos lo mejor que le pasó a la institución de Núñez en los últimos cien años de vida deportiva.

 

En abril de 1986 la entidad millonaria se quedó sin Francescoli, vendido al exterior, y el plantel en ese momento reacomodó sus fichas. Por esa particular época, sin demasiado respaldo de la dirigencia a excepción de Hugo Santilli, el DT Héctor Veira acomodó las fichas para encarar un año complicado, porque a mitad de año se jugaba un mundial, algo que siempre alteró la vida de los equipos argentinos cuando agarraban ritmo en las difíciles competiciones locales. Varias semanas antes, más precisamente el domingo 9 de marzo de ese histórico 1986, River venció en su cancha a Vélez 3 a 0 y obtuvo el título local de la temporada 1985/1986, consagrándose campeón un mes y medio antes que finalizara la tradicional competencia en nuestro país. La ventaja de diez puntos con el segundo, en este caso Newells Old Boys de Rosario, nunca pudo ser igualada por ningún campeón en todas las temporadas que siguieron a esta consagración. El partido frente al conjunto de Liniers además revistió una característica muy especial, pues esa tarde el equipo de Núñez jugo en su estadio totalmente vestido de rojo. Esta temporada seguirían llegando excelentes noticias para los fans millonarios, un año con incontables logros y triunfos. La novedad de un equipo consagrado varias fechas antes, trajo aparejado un detalle especial: todavía estaba pendiente el partido de vuelta con Boca en la Bombonera, detalle que abrió en ese momento las preguntas sobre si el gran equipo del “Bambino” Veira podría dar la vuelta olímpica en el estadio de su máxima rival.                                     

Beto Alonso

El domingo 6 de abril de 1986, un año que quedó en la historia y que ningún dirigente de la actualidad podrá borrar con videos recordatorios más armados, fue la fecha en la que Boca recibió a River, ya con el equipo de Núñez convertido en campeón. La patética y polémica vinculación de la política con el deporte tuvo en ese momento un bochornoso episodio cuando el por entonces presidente de Argentina Raúl Alfonsín se comunicó con su par de River, Hugo Santilli, para pedirle que, por cuestiones de seguridad, el equipo de Núñez no diese la vuelta olímpica en la Bombonera. Lo cierto es que el plantel estuvo reunido dos noches en la habitación del gran marcador central Oscar Ruggeri y por total mayoría se decidió que el equipo cumpliría con ese ritual, tiempos en los que asistía a los estadios parte de la parcialidad visitante. Cuando el micro se acercó al estadio xeneize, un minúsculo grupo de hinchas locales le arrojó distintos objetos al transporte del plantel que llegaba como visitante al lugar, entre los que se apreció una enorme barra de hielo, pero el equipo del “Bambi” tenía claro que iba a cumplir con el ritual que observan los campeones de cada temporada. Puntualmente el equipo que encabeza en fila el marcador Eduardo Saporiti, ingresó al campo desde el túnel visitante y cumplió con su objetivo, aunque en una de las tribunas acotó un poco la curva cercana a la hinchada local porque volaban diversos proyectiles arrojados por la parcialidad local.                 

 

En aquella jornada, el primer tiempo se del partido disputó con la famosa pelota naranja (Tango, de la empresa Adidas) por pedido del arquero Hugo Orlando Gatti, guardameta de Boca que había solicitado que se use una pelota de ese color porque decía que se iba a confundir la pelota blanca habitual, con la tradicional lluvia de papelitos blancos caídos en el campo de juego con el ingreso de las formaciones.  El “Loco” recordó un partido de la Selección Argentina frente a la Unión Soviética en la localidad de Kiev, donde se usó un balón de ese color por la nieve. Puntualmente, el árbitro Francisco Lamolina, juez de ese “superclásico”, aceptó la sugerencia y el mismo fue utilizado durante los primeros 45 minutos, puesto que, en el entretiempo, varios chicos asistentes con escobas y diferentes implementos lograron quitar los numerosos papeles caídos que estorbaban la visión de los jugadores en la cancha. En su recorrida habitual por la concentración, el presidente Hugo Santilli se encontró con el “Beto” Alonso, quien le dijo que al día siguiente convertiría un gol en la Bombonera. El famoso presidente le hizo una apuesta y dijo que, si lo lograba, le regalaría un reloj costosísimo de alta calidad. Vale la pena recordar que el mejor número 10 de la historia de River no hizo uno, sino dos tantos en ese partido, ganando la apuesta que había hecho su presidente, quien muy feliz y agradecido cumplió con la promesa de regalarle un reloj realmente muy caro y atractivo.

 

Era la fecha 16 y River salió a la cancha con Nery Pumpido; Eduardo Saporiti, Oscar Ruggeri, Carlos Karabin, Alejandro Montenegro; Héctor Enrique, Américo Gallego, Roque Alfaro; Norberto Osvaldo Alonso; Claudio Morresi y Luis Amuchástegui, plantel que era conducido por aquella época por el magistral entrenador Héctor Veira. Durante el primer tiempo, un certero tiro libre cerca del área grande desde la izquierda ejecutado por Alejo Montenegro encontró al “Beto” muy bien ubicado, quien cabeceó invirtiendo allí la dirección del balón, descolocando a Hugo Gatti, quien en ese momento quedó atónico observando como la “pelota naranja” se introducía en el arco que daba a la tradicional zona de “Casa Amarilla”. Con River en ventaja y regulando el partido a voluntad, faltando muy pocos minutos para terminar el partido, el equilibrado equipo visitante tuvo un libro libre sobre su lado derecho a poca distancia del área grande, falta que ejecutó con su pegada habitual el “Beto” Alonso, buscando el palo del arquero, pero la pelota finalmente se desvió en su dirección tras rozar a Rabian, balón que entró viboreando cerca del palo izquierdo del “Loco” Gatti, que no pudo ocultar su bronca ante lo ocurrido. El segundo gol riverplatense, que sentenció el difícil partido y le permitió esa alegría extra, fue esta vez con la pelota tradicional de color blanco, confirmando que esa tarde al arquero de Boca le hacían goles con pelotas de todos los colores.     

Beto Alonso

El resto del calendario trajo tantas buenas noticias para los riverplatenses, que en algún momento deben haberse pellizcado pensando que era un gran sueño, pero lo cierto es que luego River volvió a la Bombonera y empató el partido de ida por la Copa Libertadores, torneo que lentamente lo encontró como favorito para ganarla. El equipo de Núñez estaba muy dulce y ese torneo continental que comenzó el 12 de marzo lo encontró como fuerte finalista, ocasión en la que debió enfrentar al América de Cali de Colombia. El partido de ida allá en suelo cafetero lo ganó River 2 a 1, encuentro donde Ricardo Gareca ya jugaba para los colombianos, una noche donde Roberto Cabañas marcó el tanto local, pero por ese momento el equipo visitante ya vencía con los goles de Juan Gilberto Funes y el “Beto” Alonso, este tanto con un remate de colección por la puntería y el lugar donde se coló en la valla del arquero Julio César Falcioni, argentino también militando en aquella formación colombiana. La revancha, jugada en el Estadio Monumental, resultó un match complicado para los de Núñez, pero una corajeada de Américo Gallego que robó duro una pelota, cedida a Juan Funes culminó con una atropellada del delantero de San Luis que le apuntó al palo izquierdo de convirtiendo el gol de la victoria y el título tan soñado. Un detalle no menor de aquellos tiempos, fue que el match que consagró campeón a River de la competencia continental, fue transmitido en directo por Canal 13, encuentro que relató esa noche un tal…Marcelo Tinelli.

 

Tras la partida de Enzo Francescoli, el plantel del técnico Héctor Veira se había equipado con buenos delanteros, tal los casos de Antonio Alzamendi y Ramón Centurión, jugadores que fueron los máximos artilleros de esa deseada copa, permitiéndole a los de Núñez tener adelante tres hombres con mucho poder de gol. Después de celebrar merecidamente aquel título conseguido por primera vez, recordando que antes River había perdido dos finales por ese mismo trofeo, el plantel argentino debió prepararse para afrontar el partido por la tradicional Copa Intercontinental, que concedía al equipo vencedor el título de “Campeón del Mundo”, un detalle no menor. El 14 de diciembre de 1986, insistimos un año genial para los riverplatenses, el plantel de Núñez jugó en el Estadio Nacional en la ciudad de Tokio, Japón, el match por esa competencia de clubes contra el difícil Steaua Bucarest de Rumania, encuentro donde una avivada del “Beto” Alonso a los 28 minutos, realizando de manera rápida un tiro libre, encontró bien ubicado a Alzamendi que remató al arco que protegía Dumitru Stingaciu, la pelota pegó en el guardameta, rozó el travesaño y el propio Alzamendi con un certero cabezazo puso el 1 a 0 definitivo. En Argentina, una vez que finalizó el match, más de 600 mil personas se reunieron en el Obelisco para festejar esa gran conquista, oportunidad en la que un equipo argentino conseguía por primera vez en la historia el título local, luego la Libertadores y días más tarde la Intercontinental.

 

Crease o no, a 35 años de todos esos logros juntos, en la añeja institución de Núñez rige

un bochornoso silencio sobre el recuerdo de esas históricas conquistas. Buscando tal como ocurre en el mundo político, reescribir la historia a voluntad de los dirigentes que actualmente manejan el club, parece que la historia de River comenzó con la llegada de Marcelo Gallardo como técnico a la institución, donde logró algunos títulos de cierta importancia. Cabe recordar que Gallardo en su época como jugador de River, apenas era una figura secundaria de un plantel con estrellas muy grandes, y que los campeonatos que obtuvo como técnico en las últimas temporadas fueron ante rivales de escaso nivel, entre ellos el Boca de Guillermo Barros Squelotto. Luego de romper el maleficio de 18 años sin salir campeón, el descomunal “Beto” Alonso fue la indiscutible figura de los riverplatenses en 1975 con el título obtenido tras un largo padecimiento sin conquistas. En cuanto a los logros posteriores, conviene recordar que Alonso siempre tuvo resultados a su favor contra Diego Maradona, duelo donde el “Beto” fue campeón mundial con la selección argentina en 1978, ocho años antes que el desaparecido futbolista de Argentinos Jrs. Los logros de Alonso siguieron desde 1975 hasta 1987, cuando finalmente decidió retirarse en el mejor momento de su carrera. El 13 de junio de ese año, con un estadio al que debieron agregarle tribunas de estructura tubular en el campo de juego para poder dispones de más ubicaciones, el número 10 de River se despidió de las canchas, mientras en las tribunas más de 88 mil personas lloraban sin parar ante el último partido del hombre más exitoso en la institución, club que hace rato debió rebautizar el Estadio con su nombre para rendir homenaje en vida a la estrella más grande de todos los tiempos en esta institución.

Fotos: Prensa Club River Plate y AFA

Fecha de Publicación: 06/07/2021

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