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El alma del Luna Park

Tito Lectoure fue el hombre que llevó al mítico estadio de boxeo a sus épocas de mayor esplendor. Detrás del éxito, se escondía un amor prohibido.

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Podríamos decir que la vida de Tito Lectoure estuvo cruzada por el boxeo desde siempre. Desde chico fue un aficionado a ese deporte, pero se destacó realmente cuando se convirtió en empresario: fue uno de los más prestigiosos de la historia del boxeo mundial. Llevó al Luna Park a la gloria de la mano de su tía Ernestina, quien fue también secretamente el amor de su vida.

Empecemos por el principio. Juan Carlos “Tito” Lectoure llegó al mundo un 10 de junio de 1936 en el barrio de Balvanera de la Ciudad de Buenos Aires. Fue el tercero de cinco hermanos, hijos de Juan Bautista y María Cecilia Naredo. Desde su adolescencia mostró interés por el boxeo y comenzó a practicarlo a los 14 años en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.

Pero había algo más que vinculaba a Tito con ese deporte: su tío José “Pepe” Lectoure (hermano de su padre) había sido campeón argentino profesional de peso liviano y manager de Justo Suárez, el primer gran ídolo del boxeo argentino. Además, junto con Ismael Pace, fue quien fundó el estadio Luna Park, cuyo emplazamiento original estaba en Corrientes y 9 de Julio, pero al cual tuvieron que mudar en 1931. En su lugar estaría ni más ni menos que el Obelisco. Fue entonces cuando partieron hacia Corrientes y Bouchard, donde se encuentra hasta el día de hoy.

En el Palacio de los Deportes

En 1956, con 20 años, Tito Lectoure comenzó a trabajar en el Luna Park. Su tío Pepe había muerto seis años antes y su socio, Pace, falleció posteriormente en un accidente automovilístico. A cargo del estadio quedaron las viudas: su tía, Ernestina Devecchi, y Sofía Pace. El joven Tito hizo de todo allí: fue portero, boletero, trabajó en mantenimiento y en manejo de personal.

Luego, Ernestina le compró a Sofía una parte de la sociedad del estadio y puso a su sobrino como promotor para las veladas de boxeo. Tito tenía solo 22 años, pero se adaptó con rapidez a ese ambiente en el que estaría inmerso el resto de su vida. A su cargo estaban las noches estelares: miércoles y sábados. Sin embargo, todas las decisiones se tomaban con el aval de su tía Ernestina.

Entre ellos nació un vínculo que duró hasta sus últimos días. Se enamoraron y se convirtieron en amantes, a pesar de que ella era 18 años mayor que él. Se trató de un romance clandestino que solo se vivía puertas adentro del Luna Park. Desde las sombras, Ernestina acompañaba el crecimiento de su sobrino y amante y, juntos, vivieron las épocas de mayor esplendor del boxeo y del estadio.

El manager de las estrellas

Tito Lectoure manejó a muchos de los más grandes boxeadores argentinos: Nicolino Locche, Carlos Monzón, Horacio Accavallo, Víctor Galíndez, Gustavo Ballas y Ringo Bonavena. Ellos eran las estrellas de las noches del Luna. Con la popularidad del estadio, subía la del propio Lectoure, que se convirtió en el "soltero más codiciado de Buenos Aires”.

El éxito de Tito lo llevó a viajar por el mundo junto con sus representados. Dicen que, en esos años, sumó 3278 horas de vuelo para llegar a 30 diferentes países de todos los continentes, que le demandaron la renovación de seis pasaportes. Muchos sellos, muchas historias. Y, en Buenos Aires, una mujer moría de celos con esas aventuras.

La historia de un amor

Sin embargo, el amor sobrevivió, durante todos esos años, en la clandestinidad. Ernestina y Tito se mostraron juntos en muy pocas oportunidades, cuando la situación realmente lo demandaba. Pero, cuando Tito enfermó, ya entrada la década del 90, los prejuicios pasaron a un segundo lugar.

Lectoure padecía una aterosclerosis, consecuencia de sus arterias obstruidas, y una insuficiencia en las coronarias, al tiempo que se acentuaba su artrosis. Eso, sumado a la crisis económica del país que le quitó el brillo a su amado Luna Park, terminaron por desmoronarlo.

Cuando ya casi no tenía fuerzas, las cortinas de su romance cayeron. Durante sus últimos años, Tito y Ernestina vivieron juntos en un departamento de Libertador. Compartieron, también, uno de los momentos más felices de la vida de Tito, cuando ingresó en el Hall de la Fama del Boxeo, en Nueva York, en el año 2000.

Tito Lectoure murió el 1° de marzo de 2002, a los 66 años. Ernestina falleció en 2013, a los 95, pero su mente se había ido algunos años antes con el Alzheimer. Los prejuicios con los que vivieron a lo largo de más de 30 años hicieron que se animaran a vivir su amor libremente en las malas, en la últimas, pero luego de haberse perdido compartir tantas otras buenas juntos.

Tal vez el destino los cruce nuevamente en algún otro Universo.


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Fecha de Publicación: 10/06/2020

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