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Del football a la pelota. ¿Quién mueve nuestro fútbol?

En el mes de la primera liga de fútbol en 1893, que no fue la primera, los albores de cómo un deporte de locos ingleses acabó siendo pasión de multitudes y caja de resonancia de la política.

Deportes
Alexander Watson Hutton

Alexander Watson Hutton caminaba nervioso rumbo a la céntrica Superintendencia de Escuelas del gobierno de Julio Argentino Roca, 1884. No era para menos. Lo esperaba el señor superintendente, Domingo Faustino Sarmiento, que a la vejez había acentuado las pocas pulgas que lo caracterizaron en la vida pública y privada. El escocés apenas hacía dos años que había arribado a Buenos Aires pero desde el English High´s School (EHS) anhelaba difundir un deporte supuestamente raro entre nosotros, y que había visto adoptarse por las clases populares, el fútbol. “¿Aprobaría usted la idea de que mi persona  comenzara enseñar fútbol a los jóvenes que cursan sus estudios en el instituto que dirijo? Señor, esta práctica es muy apreciada entre los estudiantes de Inglaterra”. Algo sabía Alexander de los gustos de Domingo, y se jugó en esa mano de truco, nombrar un país adorado por el Maestro de América “Que aprendan, mi amigo. A las patadas, pero que aprendan”, fue la inmediata respuesta del prócer sanjuanino al futuro entrenador de la primera cuna de campeones, y Primer Grande, Alumni. Cuando unos meses después llegaron directo de Londres la indumentaria y las primeras pelotas oficiales, el aduanero anotó “para los ingleses locos” Así la locura y la avivada criolla dieron cartas de nacimiento al fútbol argentino.

Sin embargo el verdadero nacimiento había ocurrido el 9 de mayo de 1867, cuando dieciseis oficinistas ingleses amantes del cricket, ningún ferroviario, ningún rico británico, formalizaron el Buenos Aires Football Club en la calle Del Temple (hoy Viamonte, no muy lejos de la actual sede de la Asociación del Fútbol Argentino), fue el primer club sudamericano de fútbol. Y, de todos modos, no era la primera vez que en estas pampas se había visto correr detrás de un esférico a un grupo de personas, como aconteció en el partido inaugural del 20 de junio de 1867 en Palermo. Si bien no era tan popular como la chueca, nombre que dieron los españoles a una especie de hockey que jugaban desde los mocovíes del Litoral a los mapuches de la Patagonia, los guaraníes usaban el empeine, no las manos, en partidos de doscientos, “no lanzan la pelota con la mano, como nosotros, sino con la parte superior del pie descalzo”, escribió un jesuita en el siglo XVIII de una práctica que consistía en que la pelota hecha de la resina del mangay, parecido a la goma, no toque el piso. Y donde las mujeres podían jugar también al trumun, como lo conocían los mapuches y pampas. Bernabé Garay, uno de los herederos de Juan, segundo fundador de Buenos Aires, elogiaba éste ejercicio, “el juego de pelota para mi diversión y para agilizar el cuerpo” sobre todos los juegos europeos conocidos, y destacaba las galas de los jugadores, con plumas en cabeza y muñecas. Aquí también aparecieron los primeros cruces con la política de la redonda:  en la kancha -en quichua, recinto cerrado; nosotros seguimos nombrándola, cancha-, a los caciques se reservaba el mejor asiento, finamente tallado; la economía, se realizaban fuertes apuestas, las “paradas” que serían luego monopolizadas por los gauchos; y el espectáculo deportivo. En la previa niños aborígenes jugaban con la cabeza, sin que caiga la pelota. Varios siglos después el mejor futbolista argentino se haría conocido por entretener en estadios y estudios, a principios de los setenta, Diego Armando Maradona.

¿Quién mueve? Muevo yo, Thomas Hogg

“20 de junio. Jueves. Hoy es feriado y el día del partido de fútbol. James Hogg -hermano de Thomas Hogg, quizá el verdadero padre del fútbol local, que jugaba con un gorro colorado- y yo salimos en el tren de las 10 hacia Palermo para acondicionar el campo de cricket tal como lo habíamos acordado. Después de poner toda las banderas fuimos a la confitería y comimos un poco de pan y queso con cerveza negra, y apenas terminamos al resto de los jugadores llegó en el tren de las 12; no pudimos sumar más de ocho jugadores por equipo,  lo que hizo que la labor se hiciera muy pesada, jugamos por alrededor de dos horas y terminamos exhaustos”, en el diario de Walter Head, el secretario del club, e inquilino de la pensión donde se instauró. El juego tuvo lugar en el Buenos Aires Cricket Club, cercano al actual Planetario, iniciado a las 12.30; y que resultó una alternativa a Los Potreros, ubicados en La Boca, anegados por una creciente del Riachuelo. De todo esto anoticiaba ese mismo días el diario en inglés The Standard, dando el puntapié al periodismo del deporte, “Hoy habrá un partido de fútbol en Palermo; creemos que será el primero jugado en Buenos Aires y entendemos que media ciudad (se refería a los 4465 de la Corona que vivían en Buenos Aires; asistieron 500) estará allí si el clima se presenta favorable. El partido en La Boca, ayer promocionado con un aviso, nunca se jugo debido a las inundaciones en Los Potreros”, ligando también para siempre en la mitología futbolera el potrero y el barro.

Aquel partido terminó 4 a 0 para el equipo de Hogg, que enfrentaba al de Head, y tuvo una ya una figura de la cancha, premio Chamigo, Herbert Barge. Difícil saber bien cómo o qué se jugó, recién en 1873 el irlandés John Coghlan importaría las reglas para separarlo del primo hermano, el rugby, ni Inglaterra contaba aún con reglamento, pero las crónicas hablan de que no hubo árbitro, córner, tiempo, saque de meta ni…arqueros. “¿Tiene futuro ese deporte en la Argentina?”, inquiere el editor del diario de la comunidad a Thomas Hogg, y replica con una profecía, “a mi juicio, este juego tardará mucho en extenderse entre los residentes británicos, pero pienso insistir porque lo considero el mejor pasatiempo, el más fácil y barato para la juventud de la clase media, como también para el pueblo, aunque todo parezca una perfecta ilusión para muchos” Se sumaría en estos solitarios albores el Flores Collegiate School en 1870, fundado por Joseph Gybbon Spilsbury.  El que entraría desde el banco con el gol de media cancha, más bien desde la rectoría del exclusivo EHS, es don Alexander, que hizo mucho con la prédica de enseñar este nuevo deporte “barato” en los juegos escolares finiseculares.

Thomas Hogg-Walter Heald

“Fue la Argentine Association Football League la encargada de organizar, en 1891, el primer campeonato de fútbol que se disputó en Buenos Aires. El presidente de dicha asociación era F. L. Wooley. El torneo fue obtenido por Saint Andews School -según Ezequiel Fernández Moores lo compartió con Old Caledonians-. Los otros equipos que participaron fueron Buenos Aires Football Club, Buenos Aires al Rosario Railway, Old Caledonians, Belgrano Football Club y Hurlingham Football Club. Pero resultó muy efímera la duración de aquella liga, porque no contaba con el apoyo del importante club Quilmes Rowers ni del principal impulsor del fútbol en tierras argentinas: el profesor Alejandro Watson Hutton, considerado con justicia "El Padre del Fútbol Argentino", aparece en la web oficial de la AFA. En verdad aquella primera liga pecaba de estar organizada sin los clubes más poderosos, el mencionado Quilmes Rowers, ni tampoco el Lomas Athletic Club, nacido en Lomas de Zamora, y que arrasaría con cinco campeonatos y un subcampeonato entre 1893-1900. Parecía que la perfecta ilusión empezaba a sonar concreta y sonante, amateur, pero pieza clave en la sociedad oligárquica de la época. Así que el 21 de febrero de 1893 Watson Hutton presidió la flamanete The Argentine Association Football League, la misma denominación de la anterior, junto a los representantes de Quilmes Athletic Club, Caledonians, Saint Andrews, English High School, Lomas y Flores. Empezó a funcionar en la calle Venezuela al 1200 y al poco tiempo, se trasladó a la calle Del Temple (hoy Viamonte), a escasas cuadras también donde hoy está ubicada la AFA -que se funda el 3 de noviembre de 1934, certificando el ingreso al profesionalismo, y por una maniobra del presidente fraudulento Justo-  Watson Hutton acordó con sus pares, en inglés, idioma oficial de la institución hasta 1906, las bases del campeonato que se disputó ese mismo año y que obtuvo el imparable Lomas. Por ello muchos hablan de que la cuna del fútbol argentino antes que Palermo se debe ubicar en una cancha de la calle Arenales, cercana al actual estadio de Banfield, confluencia con Lomas de Zamora y Lanús, sur del conurbano bonaerense. Con respecto a la AFA, sostiene Ariel Scher, “Peronistas, radicales, conservadores, sindicalistas, militares, todos concurrieron a su tiempo en busca de ése ministerio paralelo desde el cual se gobierna el fútbol. De cual se gobierna, entonces, parte de la vida la gente”.

Alumni, el Quinto Grande Nacional

El Estado impulsó a los colegios en 1898 a que formaran clubes atléticos, acompañando las campañas higienistas. Inmediatamente Watson Hutton fundó el 3 de octubre de 1898 el Buenos Aires English Athletic Club, compuesto por alumnos, profesores y ex alumnos, y así darle un marco legal a una práctica que contaba con una liga en curso. Obligados por un regla impuesta por el mismo severo Watson Hutton, que los clubes se desligaran de las denominaciones comerciales de las escuelas base, para el nombre asimismo recurrieron a la denominación que se daba en Estados Unidos a los ex alumnos de los colegios, Alumni. Superando a su rival, el Lomas de Francis Boutell, el primer clásico futbolero, apenas dos años después el club gana el primer título en la categoría mayor y enhebra  hasta la despedida campeona, con el triunfo por uno  frente a Porteño en 1911, en cancha de GEBA, la friolera de 22 títulos. Obtuvo en total más títulos locales que San Lorenzo hasta hoy, por lo que sería realmente el Quinto Grande Nacional: 10 de Primera División (1900-01-02-03-05-06-07-09-10-11), 8 copas Nacionales (3 Copa Competencia Chevallier Boutell-1901-03-06-, 3 Copa Competencia Jockey Club -1907-08-09- y 2 Copa de Honor -1905-06) y 4 copas internacionales entre AFA/AUF (3 Tie Cup Competition 1907-08-09 y una Copa de Honor Cousinier 1906), en el relevamiento de Oscar Barnade del diario Clarín.

El EHS aún existe y tiene su sede desde 1906 en Melián 1880, en el barrio de Belgrano. Su primera sede estuvo en Perú 252/57 en la Manzanas de las Luces (1884-86), luego en Montes de Oca 21, en Barracas (1886-96), y después en Av. Santa Fe 3592, en Palermo (1896-1906). Y lo que también se mantiene es el espíritu de fair play, juego limpio, que inculcaba Watson Hutton, capaz de parar un entrenamiento si observaba alguna falta dura que “desnaturalizara el verdadero tecnicismo del juego”.

De aquella saga de campeones se destacaron los hermanos Brown, los primeros fichados Ernesto, Tomás y Carlos. Y en la otra camada de la misma familia, de catorce hermanos, entraría la primera estrella de la redonda rioplatense, que era más bien ovalada, la de fieltro por la costura de los gajos de pesados cueros, Jorge Brown. El capitán de Alumni jugaba en todo el frente de ataque, de back izquierdo, centre forward o insider izquierdo, y desplegaba una potencia goleadora, que trasladaría a los primeros combinados nacionales que se medirían con otros de países limítrofes, en particular Uruguay, nuestro primer clásico antes de Brasil. Otra figura notable para la afición adicta, también Alumni fue el primero que tuvo una hinchada que no aclamaba en inglés, sino que revoleaba galeritas al grito “¡Alumni, Viejo!”, fue el arquero José Buruca Laforia. El vasco podía jugar en otras posiciones con su característico chambergo, nada de guantes, y arriesgaba con un mal visto dribbling, la gambeta que no estaba en el manual inglés.  El Alumni jugaban y ganaba con la potencia de un sólido juego colectivo, donde imperaba el tiro de larga distancia y los centros, “shot y atropellada”, y el lucimiento personal estaba entre negado y penalizado. El primer gran campeón se disuelve casi en las sombras en 1912, apenas siete socios asisten al llamado final, “Alumni A.C. Se cita a los señores socios a asamblea general con fecha 24 del corriente, en el local de la A.F.A. calle Maipú 131, a las 9 p.m. para tratar la disolución del club y autorizar a la C.D. para distribuir los fondos de acuerdo con el reglamento”. Soplan vientos marrones, vientos de cambio. 

En esa década el gran campeón sería Racing Club de Avellaneda, apenas uno de los casi 400 clubes que nacieron con el ejemplo de Alumni en el novecientos, incluso varios retomarían la camiseta a rayas verticales. La Academia, que retomaba el mote del primer gran campeón, avanzaba con el marronismo, una profesionalización apenas encubierta en los pesos marrones ocultos  en los zapatos o cajas de fósforos. Jorge Brown admitiría en los veinte que el juego “brusco, viril, pujante” del glorioso Alumni se había transformado en un deporte “fino y artístico pero que debía vigilarse en sus desbordes latinos” Había nacido el fútbol argentino.

 

Fuentes: Scher, A. Palomino, H. Fútbol, pasión de multitudes y elites. Buenos Aires: CISEA. 1988; Fernández Moores, E. Breve historia del deporte argentino. Buenos Aires: El Ateneo. 2010; Araujo, M. Niembro F. Los próceres tocan de primera: el deporte en la historia del Bicentenario. Buenos Aires: Corregidor. 2010; AFA.com.ar

Imágenes: AFA

Fecha de Publicación: 21/02/2022

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