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Carlos Alberto Reutemann: un tardío reconocimiento al mejor piloto de la Fórmula 1

La sociedad y los medios especializados nunca valoraron en su justa escala la trayectoria del fantástico piloto argentino, un deportista que tras su fallecimiento recibió la oportuna consideración que su labor en la Fórmula 1 ameritó merced a lo alcanzado.

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Carlos Alberto Reutemann

Como ocurre con una destacada cantidad de deportistas que sobresalen en su especialidad, el reconocimiento masivo mayoritariamente les llega, cuando tienen suerte, apenas parten de la vida terrenal y engrosan el panteón de los héroes que nos abandonaron, para padecer en el planeta a los que nos quiere hacer creer que son seres triunfales y obviamente nunca ganaron nada importante, basta mirar a una ciudad hispana con lengua catalana, ¿no? Todo aquel que conoció a Carlos Alberto Reutemann dentro o fuera del mundo automovilístico, supo de su sencillez, una fantástica educación y una humildad inconmensurable, amén de su don de gente, algo de lo que muchos colegas en ese deporte u otras especialidades, no pueden hacer ostentación. Carlos, que se ganó el mote de “Lole”, cuando iba a trabajar al campo con su familia, para alimentar a “Lolechones”, fue el responsable que la actividad automotriz más glamorosa y excitante se convirtiera en una cosa cotidiana para el sentir nacional con su presencia en la Fórmula. Desde aquel mediodía que con un Mc Laren de Ecurie Bonnier consiguió un tercer puesto en el Gran Premio de Argentina, en una carrera no puntuable del calendario 1971, hasta su despedida en Brasil en la temporada 1982, lo conseguido en aquel momento, donde la evolución motriz y tecnológica empezaba a dar sus zancadas más pronunciadas, dejó en claro que Reutemann fue lejos el corredor más espectacular y talentoso de esta especialidad, incluso más que Fangio, porque antes esas carreras tenían otros beneficios y también una menor cantidad de competiciones.

 

Bernie Ecclestone vio en el “Lole” el piloto que podía ofrecerle un rendimiento a un auto que estaba en proceso de formación, el Brabham BT cuyos modelos 42 y 43 Carlos usó intentando brindarle pistas a los mecánicos y técnicos para mejorar muchos detalles de un vehículo que en la versión 44, utilizada en el año 1974, dejó expuesto que Reutemann sin dudas fue por lejos el mejor tester en pista o probador de vehículos de carrera que tuvo la especialidad en las últimas siete décadas. Carlos tenía la paciencia para subirse al coche y dar 95 vueltas a un circuito para encontrar hasta el más mínimo detalle a corregir, forma de trabajo que en 1974 rindió sus frutos. Pero como siempre, el argentinismo más cretino y vulgar salió a mancillar su nombre y él, como todo un caballero, ni se molestó en darle espacio a la precuela de “haters” (odiadores)que, sin celulares ni redes sociales, empezó a decir que “Lole” era “mufa”. Esa macabra calificación surgió de la histórica carrera que Carlos corrió en nuestro país en 1974, histórica jornada en la que faltando apenas una vuelta y tras haber punteado con delicadeza una dura competición, advirtió que su toma aerodinámica estaba rota y también que había gastado más combustible que el que los mecánicos habían colocado para la competición, deteniéndose su vehículo cuando nadie se animaba a discutir un triunfo merecido y de notable factura. El General Juan Domingo Perón, presidente de la Nación por entonces, después de saludar a los tres corredores del podio hizo traer al piloto argentino al palco y lo saludo muy efusivamente. La leyenda de esa tarde fue que mientras muchos se emocionaban por la situación, el fastidioso grupo de detractores del corredor argentino diseminaba esa calificación de “yeta”, para alguien que en su trayectoria pocas veces se vio favorecido por el azar para sus conquistas.

 

Pocas semanas después, sin la presión de correr delante de su gente, Carlos consiguió su primera victoria en el circuito de Kyalami en Sudáfrica, un año donde también ganó con su Brabham en Austria y los Estados Unidos, cuando la carrera estadounidense se corría en la pista de Watkins Glen. El coche que había puesto a punto durante 1975 no tenía la misma potencia de motor que las Ferrari y debió conformarse con lograr solo un triunfo, pero nada menos que el exigente circuito de Nurburgring, una pista donde la vuelta en ese momento duraba cerca de ocho minutos. El insulso motor Alfa Romeo que utilizaron los Brabham en 1976 fue motivo de múltiples abandonos y desilusiones, de nada servía que el argentino encontrara los puntos técnicos de aerodinámica para mejorar, si el coche no tenía un motor potente. La utilización de dos toberas posteriores y otros adminículos que no rindieron, como un extravagante sistema de ventilación detrás del motor, provocaron paulatinamente que Reutemann iniciase los contactos con el Comendatore Ferrari, para lograr una butaca en el equipo más legendario de la especialidad.  Cuando Niki Lauda sufre el accidente en Alemania, el mandamás de la casa italiana llamó al argentino para ofrecerle una butaca en el equipo, pensando que el austriaco no se recuperaría rápido de un accidente donde casi pierde la vida. Lo cierto es que el corredor argentino finalmente se une a Ferrari a pocos días de correrse el Gran Premio de Italia en Monza, carrera en la que el equipo italiano puso, como toda una novedad para esa época, tres autos en pista, lo que provocó curiosidad y mucho morbo para ver como respondía el corredor europeo tras salir de su auto incendiado pocos meses antes.

Reutemann

Aquella carrera lo encontró haciendo un papel digno y meses después quedó confirmado en el equipo junto al piloto austríaco, partiendo del staff Giancarlo Clay Regazzoni, piloto suizo que era muy querido por los italianos. En 1977 logró una destacada victoria allí en desgastante circuito de Interlagos en Brasil, temporada donde Lauda salió campeón y los esfuerzos del equipo itálico se volcaron desde el principio para que este consiguiese una vez más la corona mundial. En 1978 el austríaco abandonó Ferrari y Carlos tuvo como su compañero de pista a Gilles Villeneuve, alguien con quien mantuvo una enorme amistad dentro y fuera de las pistas. Ese año la Ferrari no había evolucionado lo suficiente, pero merced al fantástico desempeño del argentino, consiguió cuatro victorias: primero en la pista brasileña de Jacarepaguà, para meses más tarde coronarse ganador en los circuitos de Estados Unidos (Long Beach), Inglaterra (Brands Hatch) y nuevamente en Norteamérica con una demolición conductiva en Watkins Glen que todos recuerdan. Igualmente, todo lo alcanzado era inútil ante la llegada de los Lotus 78 de Colin Chapman, que tenían el muy recordado efecto suelo de las “polleritas laterales”, que adherían al coche al piso dándole más fuerza para acelerar en las curvas sin perder velocidad en la maniobra.

 

La muerte de Ronnie Peterson en el Gran Premio de Italia en una dramática largada con varios choques y un par de vehículos incendiados, fue el detonante para que Chapman al año siguiente convocara al argentino a correr en Lotus, que venía de salir campeón con la cómoda temporada de Mario Andretti usando un auto que sacaba promedio una vuelta a los contrarios en la pista. Lamentablemente la evolución del vehículo fue determinante en las posibilidades del argentino, año donde se había prohibido el “efecto suelo” en aquellos coches de competición. El Lotus 79 fue una carreta desvencijada y ni hablar del histórico mamarracho que se implementó a mitad de año con la versión de 6 ruedas, tras el éxito que Tyrrell había logrado con aquel vehículo con cuatro ruedas delanteras más pequeñas que brindaban otra estabilidad. En las primeras seis carreras, Carlos sumó pocos puntos y en la segunda parte de la temporada, fueron más los abandonos y desilusiones que algún episodio aislado de conformidad en pista. La relación de Reutemann con Chapman entró en un punto sin retorno y por esa época, quien había visto correr argentino bastante y lo quería en su equipo era nada menos que Frank Williams, quien en el año 1980 contó con los servicios del argentino para correr ese año como segundo piloto y apuntalar firme al australiano Alan Jones en la conquista de su primer título de la especialidad.

 

A pesar de todo eso, Reutemann vivió la enorme gloria de triunfar en el Gran Premio de Mónaco. en Montecarlo, un complicadísimo circuito callejero donde muy pocos pudieron vencer. Con buenas ubicaciones en variadas carreras, terminó la temporada 1980 con un muy digno tercer lugar en el campeonato de pilotos. Al año siguiente, ya con el corredor australiano luciendo el número 1 por su conquista de la temporada anterior, el acuerdo suscripto entre las partes decía que ambos debían respetar la posición en carrera para no provocar accidentes o inconvenientes que le restaran puntos al equipo. En el arranque del calendario 1981, una mala maniobra de Reutemann en Long Beach para poder superar a un rezagado, fue la excusa para que su compañero de equipo lo pasara y ganar la carrera mientras el equipo Williams hacia la vista gorda. El acuerdo estaba roto, pero todos los directivos y mecánicos se hacían los distraídos. En la siguiente carrera, Carlos tomó la punta tras superar a Piquet en Brasil bajo una tormenta terrible, desobedeciendo varias veces la indicación con un cartel que decía que debía dejar pasar a Jones a la punta, una determinación que le jugó en contra el resto de la temporada. Sin embargo, ese año el argentino primero ganó en Kyalami nuevamente, una carrera a la que luego le anularon los puntos por pedido de algunos equipos que no habían participado de la competición en épocas de conflictos raciales y políticos, una temporada donde venció en Bélgica, pero su triunfo se vio empañado por el accidente donde atropelló al mecánico Giovanni Amadeo, quien días más tarde falleció en un hospital allí en Zolder.

Reutemann

Sin la ayuda de su equipo, con una floja adaptación del Williams FW 81 a los neumáticos Goodyear y con el crecimiento de Nelson Piquet que venía usando un sospechoso coche con “suspensión activa”, algo ideado para simular el efecto suelo, el argentino igual llegó a la última carrera del año con un punto de ventaja sobre el brasileño. En clasificación el santafesino consiguió la “pole position”, pero un roce con el auto de Piquet lo forzó a usar el auto de reserva que no tenía un motor apropiado. Ese domingo Frank Williams indicó que el mejor motor no sería para Reutemann, quien peleaba por el campeonato, sino para el australiano Alan Jones, histórica vendetta mafiosa en Las Vegas que nadie olvidó por lo canallesco del asunto. Carlos largo en punta, pero la caja de cambios se fue trabando, lo que lo obligó a sostener el auto con marchas atascadas, quedando en el quinto puesto, un lugar por delante del brasileño. Cuando el Brabham de Piquet atacó la posición del piloto argentino, Reutemann tenía dos opciones. Tirarle el auto encima, que ambos quedaran en ese momento fuera de la pista y salir campeón con una maniobra antideportiva. Lo cierto es que el santafesino, un verdadero caballero dentro y fuera de los circuitos, no golpeó al auto del carioca y al ubicarse por delante del argentino, obtuvo por apenas un punto esa ansiada corona mundial.

 

Aquella derrota en la última carrera del campeonato 1981 fue un enorme festín para los detractores, quienes volvieron a calificar de “mufa” al corredor santafesino, una tristísima jornada para quienes advertían que tal vez esa sería la última chance del argentino para conseguir el campeonato de la especialidad. Al año siguiente, bastante herido poro todo lo ocurrido en la temporada anterior, Reutemann fue confirmado como primer piloto en el equipo Williams acompañado de Keijo Rosberg. Muy desanimado tras las carreras que se desarrollaron en Argentina y Brasil, Carlos Reutemann no tan inesperadamente tomó en ese momento la decisión de abandonar la categoría para no regresar nunca más a ella a pesar de algunos pedidos. El dolor y la amargura de haber sido traicionado en la ciudad de los casinos estadounidenses fue más fuerte, tras lo cual abandonó la especialidad ante una sorpresa generalizada entre los equipos, pilotos, medios especializados y el público que en esa época seguía las carreras del circo más famoso del automovilismo. Faltaba a todo esto un golpe de gracia en el destino del piloto de nuestro país, pues en ese año donde se retiró, quien obtuvo el título fue su compañero Rosberg, quien apenas obtuvo una victoria a lo largo de todo el campeonato. Aquel detalle reforzó los malos comentarios de quienes decían que Reutemann no tenía suerte, maledicencias que el santafesino ignoró para dejar atrás esa vida y dedicarse a su vida de empresario rural, alternando esa labor con escasas participaciones en competiciones de rally.

 

Con doce victorias oficiales en la Fórmula 1, más dos carreras ganadas en competencias sin puntos, “Lole” fue el piloto más exitoso de nuestro país en los últimos sesenta años, un historial que jamás pudo ser igualado por Zunino, Guerra, Tuero o Mazzacane, algunos de los que se subieron a auto de esa categoría sin resultados destacados. Con el título de “Subcampeón 1981”, muchos récords de vuelta, varias “Pole Position” y victorias en los circuitos más difíciles del mundo compitiendo contra la plana mayor de esa especialidad, Carlos Alberto Reutemann brindó en cada participación en la pista una excepcional y muy reconocida “master class” para aquellos que soñaban con participar en ese competitivo mundo automotriz. Su historial hoy resulta imposible de igualar en la actual versión de la Fórmula 1, una categoría donde un par de equipos llevan la delantera y los demás miran la carrera casualmente arriba de coches bastante inferiores. Su partida física, esa que ahora en la típica conducta nacional de reconocer a alguien recién cuando muere, impactó a los que disfrutaron de su talento desde que un mediodía de 1971 se subió a un Mc Laren para dejar en claro que el más grande de todos los tiempos era “Lole”, ese santafesino que unos años más tarde también recibió el reconocimiento del pueblo cuando fue elegido en las urnas primero para gobernar Santa Fe y tiempo más tarde como senador de un partido que sigue defendiendo la democracia en esta difícil parte del nuevo milenio. Así como por esa época Reutemann cargo con aquel fatídico mote, conviene recordar que Guillermo Vilas sufrió ese tipo de comentarios cuando lo acusaban de “homosexual”, comunidad de muy vomitivos odiadotes que jamás pudieron empañar las trayectorias de dos deportistas con una calidad y prestigio que en la actualidad es muy difícil o casi imposible de hallar.        

Imágenes: Archivo Escudería Ferrari                                                         

Fecha de Publicación: 21/07/2021

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