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Cambio previsible en Boca Juniors: Sale Miguel Ángel Russo y entra Sebastián Battaglia

La derrota de los Xeneizes el domingo en la cancha de Estudiantes detonó la paciencia del Consejo de Fútbol, que ante otro resultado adverso y la ubicación del equipo en la tabla, le notificó al histórico director técnico que ya no seguirá en su puesto.

Aunque no se sabía si el resultado que lograse el domingo podría alterar la continuidad en su puesto, Miguel Ángel Russo ante lo ocurrido en La Plata, localidad en la que Boca no logró recuperarse de su mal momento y perdió 1 a 0 contra Estudiantes, advirtió que todo a esta altura de las circunstancias se encontraba demasiado empinado, para emprender una recuperación realmente milagrosa, que jamás brindó señales previas para mantener algo de confianza en medio de la tormenta existente. Del otro lado, más precisamente del Consejo de Fútbol, la muy traumática derrota del equipo boquense en la ciudad de las diagonales y la ausencia de elementos como para mantener la esperanza, se convirtieron en el polvorín donde explotó la decisión que se venía gestando recientemente en las oficinas del club allí en la zona de Ezeiza. El lunes 16, pasado el mediodía, Juan Román Riquelme se reunió en diversos lugares con sus colaboradores y la determinación no tuvo marcha atrás, por más que el técnico de la Ribera confiaba en poder recuperarse de esta pésima campaña.

 

Con un espíritu todavía aguijoneado por los malos resultados, una campaña mediocre y la racha negativa de diez partidos sin poder ganar, Miguel Ángel Russo ensayó tibiamente a comienzos de esta semana el último intento de sostenerse en su puesto, pero la decisión es muy probable que se haya tomado segundos después que el árbitro marcó el final del duro traspié boquense en el estadio de Estudiantes. El Consejo de Fútbol ya venía evaluando a esta altura de los acontecimientos un posible reemplazo del entrenador, pero el triunfo del equipo frente a su clásico rival en la Copa Argentina, partido paradójicamente jugado en la ciudad de las diagonales, le brindó un poco de oxígeno al DT, que lejos de aprovechar la situación, dilapidó velozmente las últimas oportunidades que le brindaba haber dejado afuera de ese torneo nada menos que al River de Marcelo Gallardo. El DT trató sin éxito alguno de convencer a los dirigentes, pero la decisión estaba tomada y cuando tuvo frente a frente al Consejo de Fútbol asumió que su nuevo ciclo en Boca ya era historia.

 

El historial del entrenador Miguel Ángel Russo en esta nueva etapa comprendió un total de 59 encuentros, de los cuales 27 terminaron en victoria, alcanzando 21 empates y solo 11 derrotas en esta acotada campaña. Un dato sobresale muy elocuentemente: Boca solo ganó un partido en los últimos quince encuentros disputados, victoria que aconteció hace 84 días de su última situación victoriosa en un campo de juego. El hecho de no plantear un perfil de juego y las nulas autocríticas sobre su labor en el cargo, no lo favorecieron a la difícil hora de intentar convencer a los dirigentes, quienes ya tenían decidió quien se hará cargo del plantel hasta nuevo aviso. La persona escogida es Sebastián Battaglia, un histórico del club que estuvo de manera interina cuando Boca regresó eliminado de Brasil frente al Atlético Mineiro y debió hacer estricto aislamiento por una semana, volante que en esos días con los juveniles logró resultados decorosos en medio de la grave crisis que se abatía en la institución boquense. El reemplazante de Miguel Ángel Russo sabe que su labor en este puesto es momentánea, mientras los dirigentes analizan cuál será la persona que tome el peligroso cargo de entrenador en un equipo sin personalidad, muy herido en lo anímico y con una racha de resultados definitivamente implacable.             

Los profundos dolores de cabeza para los hinchas de Boca Juniors se multiplican en una jaqueca global que no parece tener solución a la vista. La dura derrota del equipo Xeneize este último fin de semana en la cancha de Estudiantes de la Plata frente al equipo dueño de casa, sin dudas fue un trompazo para dejar totalmente despedazas las ilusiones de una recuperación tras la sufrida victoria ante River Plate por penales en la Copa Argentina. ¿El adverso clima en el equipo de la Ribera es algo sorpresivo para quienes siguen con fuerte análisis lo vivenciado en la institución boquense? Definitivamente no, algo que involucra no solo factores deportivos, sino también una gama de conflictos fuera del campo de juego que han fulminado la leve tranquilidad que el equipo tuvo después de ganar el campeonato local por segundo año consecutivo.

 

Las primeras señales que las cosas se estaban poniendo más difíciles que nunca surgieron apenas se conoció la renuncia de Mario Daniel Pergolini, exponiendo la brutal batalla que se venía librando entre el Consejo de Fútbol liderado por Juan Román Riquelme junto con varios ex-jugadores Xeneizes, contra el ex–vicepresidente que completó la famosa fórmula con Jorge Amor Ameal hace poco más de dos años. La partida del exitoso empresario de los medios de comunicación abrió una zona de honda preocupación entre los directivos de la institución boquense, amén de exponer que el clima que se vivía entre los jugadores, el cuerpo técnico y el polémico Consejo de Fútbol distaba bastante de ser la idea. La crisis a esa altura todavía reservaba varios capítulos que fueron explotando uno tras otro, dañando la escasa paz existente en el club de la calle Brandsen al 800, secuencia que provocó gran malestar en los hinchas frente a instancias decisivas en los torneos donde el equipo jugaba sus chances de lograr algunos objetivos largamente soñados.

 

Sin dudas la partida de Mario Daniel Pergolini dejó en claro que el Consejo de Fútbol por esas horas tenía el control de la situación, aunque en los roles las cosas indicaran que esto no era de tal forma. Los serios maltratos que expuso el ex-vicepresidente, emergentes del organismo a cargo de lo futbolístico con el silencioso respaldo del presidente boquense, a lo largo de los últimos meses fueron caldeando la decisión del famoso empresario, quien harto de los basureos y actitudes despóticas, finalmente se pudrió de esa manipulación en la que estaban en juego aspectos no solo deportivos, sino cosas de certera logística como la estructura de marketing del equipo y su correspondiente difusión en los nuevos medios de comunicación que contempla el nuevo milenio. Esa contundente renuncia, histórica en el momento y circunstancias que aconteció, fue la punta de un iceberg conflictivo que la institución de la Ribera viene ostentando sin que nadie tome cartas en el asunto.

 

 

Poco antes del obvio receso provocado por la Copa América, un torneo donde venció la selección menos mediocre de las participantes, Boca Juniors sufrió una deserción que lo sumergió en un conflicto todavía más grande que lo provocado por la partida del famoso directivo en la cúpula gobernante. Muy desgastado y no ocultando la mala relación que lo vinculaba al Consejo de Fútbol, Carlos Tévez confirmó su alejamiento del equipo y así la dirigencia boquense quedó expuesta en un nuevo escándalo donde su máxima estrella se despedía casi por la puerta trasera, tras una trayectoria decididamente destacada, la cual no merecía un desenlace con estas características. Por más que el ídolo Xeneize evitó darle al asunto un toque crítico contra la cúpula de dirigentes por debajo del presidente Ameal, las cosas naturalmente pusieron en el ojo de la tormenta al Consejo de Fútbol, una entidad a esta altura de las circunstancias, muy potenciada por las decisiones asumidas por Juan Román Riquelme, vicepresidente segundo y luego de la abrupta partida de Mario Daniel Pergolini, con un nuevo peldaño hacia arriba en el rubro dirigencial.

 

Ya sin Tévez y con un equipo que no ha hecho ostentación de ninguna clase de identidad en el campo de juego, lo peor podía ocurrir y finalmente cobró forma con la eliminación del equipo Xeneize frente al Atlético Mineiro de Brasil, definición por penales que dejó un gusto rancio en el paladar deportivo por la pésima forma de ejecución que exhibieron los encargados de disparar desde los doce pasos. Sin su máxima estrella, líder y referente con peso dentro y fuera de la cancha, sumado a la nueva desilusión que el equipo provocó al no mantenerse en la competición intercontinental, a Boca Juniors solo le quedaba lograr una buena campaña en el torneo local y afirmarse en la Copa Argentina. Los resultados en la Copa de la Liga Profesional se fueron encaminando de una manera adversa durísima, a punto tal que los mismos periodistas que siguen la actividad cotidiana del equipo dieron a entender que se estaba cerca de un record de racha negativa, el cual finalmente se alcanzó para desgracia de los hinchas y directivos.

 

La situación con varios problemas simultáneos encontró una dura prueba de resistencia en el esperado duelo frente a River Plate por la Copa Argentina, un partido decididamente de tono horrible, donde créase o no, los Xeneizes jamás patearon al arco. Algunas atajadas de su arquero titular, la muy mala definición de los delanteros millonarios en las tres o cuatro jugadas de riesgo para la valla boquense, dejaron la definición del partido de octavos de final en los inevitables tiros desde el punto penal. Agustín Rossi, uno de los jugadores que no ha visto bajar su nivel de juego en estos meses, tuvo a su cargo con una genial atajada poner a Boca en la siguiente fase, dura eliminación de los millonarios que su eterno rival festejó como si fuera un campeonato del mundo en tierras complicadas. Aún con el éxito deportivo en esa competición, el microclima existente en la institución de la Ribera dejó señales de alerta que muchos advirtieron desde el primer segundo de ocurridas.