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Buenos Aires - - Lunes 05 De Diciembre

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Argentina y los Mundiales. 1966. La Selección Argentina es la prioridad.

Las buenas relaciones entre Argentina e Inglaterra, amistosas pese al despojo de Malvinas, terminaron el 23 de julio de 1966 cuando expulsan a Antonio Rattín en el Mundial de Inglaterra. Y sacó del medio, en lo deportivo, otra historia para la celeste y blanca.

Deportes
Mundial 1966

Hay partidos que entraron a la memoria de los hinchas argentinos. Y en dos oportunidades fue contra Inglaterra. Uno, el más querido, el día maradoniano de la Mano de Dios y el Barrilete Cósmico en el Estadio Azteca, 1986. Otro que sería recordado con el Rata Rattín yendo camino al vestuario en el viejo Wembley, abollando la bandera británica, bajo el manto vociferado de animals y la ilusión despedazada again en ese trayecto de 1966. La selección Argentina finalizaba la mejor participación en mundiales en aquel Mundial de Inglaterra desde 1930. En un partido que no pateó al arco y lejos del estilo criollo que obtendría dos coronas. Envuelta en una polémica con más mitos que realidades y que inauguró un clásico impensado entre dos países de estrechos lazos económicos y culturales. Y que puso a rodar por primera vez una máxima que explicaría la pasión que sienten ahora los argentinos por su representante internacional en fútbol, “La Selección Argentina es prioridad”

Este sinuoso camino se forjó a lo largo de la década del sesenta. En la convulsionada década, la presidencia en la Asociación del Fútbol Argentino estaba en manos del radical Raúl Colombo, aliado de los presidentes Frondizi e Illia, quien diría “la receta es europeizar a la selección para transformarla en moderna, para hacerla efectiva, para transformarla en competitiva. Como se está intentando hacer con el país en su conjunto”, concluyendo que a partir de allí se “profesionalizaba” la dirección deportiva y las participaciones internacionales, marcadas por la desprolijidad, la desorganización y el desconocimiento que ocasionó el Desastre de Suecia de 1958. El primer paso fue un cuerpo colegiado en el banco del Sudamericano de Buenos Aires en 1959, Victorio Spinetto, José Della Torre y José Barreiro, que obtuvo el campeonato invicto, superando el campeón mundial Brasil, con un plantel íntegramente conformado por jugadores del ámbito doméstico. Sin embargo esta buena performance, que se desinfló con una irregular gira europea en 1961 al mando de Spinetto, hizo que la voluntad modernizadora, con sesgo extranjerizante de Colombo, mirara al técnico sensación. Un argentino de discreta marcha por Boca y Chacarita pero de laureles en el banco del Mallorca, club español que llevó de la tercera a la primera, y en San Lorenzo de Almagro.

El ex entrenador de Lazio de Italia que traía un nuevo libreto basado en la preparación táctica y física. Juan Carlos Toto Lorenzo, a solo dos meses de la nueva cita mundialista en Chile 1962, tomó las riendas. Y esta rara modernización, que volvía a la vieja improvisación, se pagó con la eliminación en primera ronda con victoria ante Bulgaria, empate con Hungría y derrota frente a Inglaterra. La decepción y el desconcierto volvieron a cundir entre los hinchas argentinos, “convencido teóricamente y prácticamente de la necesidad de otro fútbol, en 1962 pagué los frutos de mi inexperiencia como entrenador a nivel de Selecciones –utilizó  19 de los 22 deportistas que viajaron a Rancagua-. El fundamental fue haber permitido que los futbolistas continuaron jugando en el torneo local hasta último momento”, sostendría Lorenzo; un viejo vicio de los clubes que negaban los jugadores de la misma manera que lo venían haciendo desde 1934. En el fondo, el Toto marcaba la cancha para que de una vez por todas,  la selección sea prioridad. Todo cambiaría en el siguiente Mundial en la cuna del fútbol, Inglaterra.

Los dueños de la pelota, los periodistas

“Tenía ganas de que me mandaran urgente el pasaje de vuelta. Y eso que estaba en el seleccionado. Porque era un desastre, la desorganización era total y teníamos un técnico que era un loco de mierda”, sintetizaba Luis Artime al diario Página 12 sobre la experiencia del Inglaterra 66. Sin embargo algunas cosas habían cambiado, por ejemplo medirse con países europeos de tácticas modernas como Polonia, u obtener títulos con rivales de peso (Copa de las Naciones en 1964, humillando a Brasil de Pelé con un 3 a 0). O una comprensión generalizada  en que deslucir a  la selección era deslucir al fútbol nacional, en particular por la prédica del periodismo en Justo Barnes, Juan De Biase y Néstor Ruiz. Escribía Ruiz el 23 de junio de 1966 en el diario Clarín, “el proceso de formación del seleccionado argentino comenzó hace más de un año. Lo inició Clarín bajo el lema “La Selección es la prioridad número uno del fútbol argentino” Con esas diez palabras, inauguramos un movimiento tendiente a despertar a los dormidos, a romper telarañas mentales, a crear un espíritu nuevo, ambicioso, que contagiara a quienes (dirigentes, técnicos, jugadores, periodistas) algo tenían o tienen que ver en la Selección”, cerraba la cita recuperada en “Todo sobre la Selección” Y que sería confirmada por Horacio Pagani, “es cierto, antes de –César Luis- Menotti ya estaba ese concepto. No puedo precisar la fecha exacta, pero cuando ingresé al diario justo estaban Barnes, De Biase y Ruiz y esos promovían esa idea”, señala de un concepto que suele atribuírsele al Flaco Menotti a partir de 1974.

De todos modos en la presidencia de AFA de Francisco Perette, hermano del vicepresidente  Carlos, con una amplia experiencia en la gestión deportiva en Paraná en fútbol y automovilismo,  ya en 1966 como adelantamos las fichas apuntaban a llevar el mejor elenco posible, con los tiempos requeridos de preparación por nuevamente el técnico Toto Lorenzo, a la cita mundialista. “A diferencia de otras convocatorias, nadie se negó a jugar en la selección”, recordaba Enrique Macaya Márquez. Y aunque se volvió a apelar a jugadores exclusivos del ámbito local, salidos de clubes que empezaban a dominar las competencias sudamericanas, tenía el equipo los grandes talentos de Jorge Solari, Luis Artime, Ermindo Onega y Silvio Marzolini. “Recuerdo muy bien a Marzolini. Era un defensor muy complicado para tener enfrente. No era excesivamente rápido pero tenía un gran posicionamiento, con lo cual era difícil pasarlo. Y cuando recibía la pelota, demostraba que también podía jugar e ir al ataque. Seguramente haya sido el mejor lateral izquierdo que enfrenté”, remarcaba el astro inglés Bobby Charlton, a la revista El Gráfico, sobre el ídolo xeneize.

Mundial de Inglaterra 1966, origen de cuentos verdaderos

Fue una performance de mayor a menor, iniciado con un triunfo batiendo a España, un empate a la Alemania de Franz Beckenbauer y fácil paso a la siguiente ronda superando a Suiza. Argentina se topó en cuartos de final el 23 de julio de 1966 con el dueño de casa, que había movido cielo y tierra para imponerse como sede del máximo torneo. Juvenal de la revista El Gráfico hacía el balance con el 1 a 0 a favor de los ingleses, “La Copa del Mundo de 1966 ya quedó atrás para nosotros. Hasta las 13.38 del sábado era una esperanza fundada. A partir de ese momento, comenzó a ser una meta difícil para nuestras posibilidades, porque nos quedamos con un hombre menos frente a un equipo que debía ganarnos, porque así estaba escrito, y cuando Inglaterra marcó su gol, a solo 13 minutos del silbato final, pasó a convertirse en un recuerdo que pudo ser mejor pero que no es, de ninguna manera, desagradable o amargo”, instalando en molde el mito de la “injusticia”, “robo” y demases. Compartido con Uruguay, también “diezmado” en su match frente Alemania. En realidad,  quien vea ambos partidos se dará cuenta que los orientales merecían las expulsiones por juego demasiado brusco y los argentinos casi no patearon al arco. Ni siquiera pasaban la mitad de cancha. Un esquema ultradefensivo y mañero de Lorenzo, que en Inglaterra inauguró los entrenamientos a puertas cerradas que harían furor en otros técnicos argentinos, e hizo que fuera Oscar Más el único argentino que disparara contra el arquero sajón en 90 minutos.           

El mito del despojo para la corona tuvo dos vertientes que alimentaron la rivalidad entre argentinos e ingleses, inflamada después del conflicto bélico por  las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur en 1982. Uno fue la supuesta parcialidad del referí Rudolf Kreitlein que echaría a Rattín a la media hora del primer tiempo, mientras el capitán argentino protestaba un foul, y motivando el alemán que lo echara porque “me miró con mala intención (sic). Por eso me dí cuenta que me había insultado”. “La expulsión de Rattín fue un gesto más de un intencionado árbitro. No hay dudas al respecto. Poco rato antes Bobby Charlton se tomaba el vientre y daba risotadas echando la cabeza hacia atrás, delante del árbitro alemán Kreitlein y especialmente dedicadas a él. Nada pasó. Era un árbitro asustado, queremos creer, pero fue un irritante elemento dentro de la cancha, puesto que teatralizó cada sanción contra los argentinos y fue impasible con los ingleses. Estos cometieron 33 fouls. Los argentinos 19”, sostenía al día siguiente en Londres Carlos Fontanarrosa. Serían los periodistas y los jugadores quienes regresarían con esta versión que dista de la realidad deportiva, como admitía en la misma columna el director del Gráfico, “A no ser la línea de cuatro, casi impecable, el fútbol que jugó Argentina perdió su condición esencial: la especulación no fue un medio sino un fin. No se jugó para “llegar”. Ante un rival casi entregado. Se tejió la interminable trenza de la nada futbolística. Que enreda el impulso, que no deja lugar para la audacia ni el coraje. Pocas veces tendrá Argentina una posibilidad de triunfo sensacional como la que tuvo en Wembley”, cerraba con las valijas rumbo a Buenos Aires, mascullando bronca, y dejando un análisis urgente que proponía modernizar la “nuestra” sin renegar las raíces del potrero de los Maradona y Messi en el horizonte.

La expulsión más famosa y reversionada de los mundiales

Tumultos, trifulcas, peleas. Esas son las imágenes que los medios transmitieron por el mundo, y que apenas aterrizó Rattín, se les confirió un aura de injusticia pirata y pequeña revancha nacionalista: “Bueno, me tuve que ir con una bronca bárbara. Al intérprete ese le hice señas de cuánto le habían pagado al referí. Al público, que estaba ahí no más, pegado a la línea, le hablaba diciéndole lo mismo: muchos me abuchearon y otros me aplaudían. Nadie entendía nada: ni yo a ellos, ni ellos a mí. Después me senté en la alfombra real, ¡qué me importa! Y al final agarré las banderitas inglesas que estaban en los banderines del córner y las apreté hasta arrancarlas. Si no me agarran, al final del partido lo mato. Menos mal que no lo hice. No jugaba nunca más al fútbol”, cerraba el Rata en 1966 para Ernesto Cherquis Bialo, en el relato que cristalizó y se repitió hasta el cansancio; incluso reafirmado –sumado al detalle del chocolate aireado y las latas de cerveza- en la entrevista de 2018 con serargentino.com. Salvo la acción de estrujar la banderita británica (no inglesa) del jugador xeneize, nada de esto aparece en los videos ni fotografías que se conocieron a lo largo de las décadas, ni en los testimonios de los testigos directos de la tarde de Wembley.  ¿Ninguna cámara tomaría el atrevimiento del argentino de pisar la carpeta roja de la corona británica? ¿Nadie comentó los serios incidentes de aficionados arrojando elementos contundentes? ¿Ni registraron el hiriente “animals” de 70 mil personas? No. Quedaría documentado sí un mal precedente de malos perdedores, con las agresiones de los argentinos al referí, zamarreos e intentos de golpes de puño, y un alemán que debió retirarse con custodia policial.

A partir de ese momento, la FIFA adoptó las tarjetas amarillas y rojas para evitar malos entendidos; lo más probable de lo ocurrido entre los argentinos y el colegiado. Y la AFA empezó un camino de jerarquizar a la Mayor, que aprendiendo de la nueva frustración de Alemania 74, recién daría sus frutos en el Mundial 78, con un Flaco Menotti convencido que “Argentina le puede ganar a los europeos con un fútbol que dé espectáculo”. El Flaco tenía un Plan.

Fuentes: Lorenzo, J. C. El fútbol en tiempos de cambios. Buenos Aires. 1976; Libro de los Mundiales. Buenos Aires. 1978;  Barnade, O. Iglesias, W. Todo sobre la selección. Buenos Aires. Club House. 2014; Fontanarrosa, J. C. Sobre las brasas en Elgrafico.com.ar

Imagen: Pixabay

Fecha de Publicación: 20/08/2022

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