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Buenos Aires - - Lunes 15 De Agosto

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Argentina y los Mundiales. 1958. El desastre de Suecia

Así pasó al recuerdo la peor performance del seleccionado, con la mayor paliza en un partido, 6 a 1 gentileza de la máquina checa de Zikan, Hovorka y compañía. Fuimos campeones antes de jugar, volvimos a monedazos limpios.

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Mundial 1958 Suecia

El 3 de abril de 1957 los “carasucias” goleaban a Brasil en Lima y levantarían el onceavo título sudamericano. En los veinte años que Argentina no participó en mundiales, a nivel regional, había ganado siete copas de las Américas. Hinchas, prensa, dirigentes y jugadores pensaron al año, en el regreso mundialista en Suecia 1958, que resultaría un “trámite” regresar con la Copa Jules Rimet. A pesar que se habían jugado solamente veinte partidos con europeos en dos décadas, y que el técnico Guillermo Stábile desconocía que el esquema táctico WM, o sea 3-2-2-3 inventado en los veinte, era una invitación al desastre con los veloces tanques alemanes y checos. Y que a los mejores carasucias, entre ellos el maradoniano Enrique Sívori, habían partido a Italia y, por ello, se le negó jugar, “No hay que hacerse más problema, a nosotros nos sobran jugadores”, dijieron en los pasillos de la AFA. Tanta era la confianza que se llamó de apuro a Ángel Labruna, alma de un equipo nacional plagado de jugadores de la famosa Máquina riverplatense, al borde del retiro el “Feo”, con una pila de experiencia vistiendo la celeste y blanca. Lo que abundaron en la cancha fueron los goles en contra, diez en tres partidos y una estruendosa eliminación, las monedas en el recibimiento y la dolorosa constatación que no éramos los mejores del mundo. El mejor del mundo fue el mismo Brasil, un año antes goleado en Perú, ahora innovando habilidad latinoamericana con un esquema de cinco defensores, y levantado la primera copa en las manos de un jovencito de 17 años: Pelé.

El maestro Ricardo Lorenzo, Borocotó, trazó un primer balance en las páginas de la revista El Gráfico, días después de la dura caída con Checoslovaquia el 15 de junio de 1958 en el Olimpia Stadium de Helsingborg, “El mal viene de muy lejos, arrastrándose. Y como en el orden sudamericano las cosas habían salido bien y los jugadores argentinos que están jugando en cuadros extranjeros han agregado prestigio, muchos aceptaron que éramos los mejores del mundo sin que eso se haya demostrado jamás. Por otra parte, han sido tan pocas las confrontaciones de la Selección Argentina con el fútbol mundial fuera de nuestro medio, que eso ha contribuido a estacionarnos cuando los demás siguen andando”, cerraba con la certeza que gracias a que los europeos sacaron el pie del acelerador, no terminó 8 o 10, en un score ajustado a lo que vieron periodistas y público.

Argentina-Checoslovaquia 1958

“Andar mirando por encima del hombro”

“Fui testigo, micrófono en mano, de la derrota argentina más contundente en su paso por los mundiales”, recordaba Enrique Macaya Márquez, quien transmitía para Radio Belgrano, en un mundial que presentó la novedad de la televisión, y reafirmado que “pudo ser peor”, semblantea los ánimos de la delegación  argentina, “aquella noche de la eliminación, la cena en silencio y el primer cigarrillo después de tres años sin fumar” Macaya Márquez, a la distancia, analiza los factores de la caída en la falta de rodaje internacional, la negligencia de no convocar a los argentinos que brillaban en Europa, empezando por Alfredo Distéfano en el Real Madrid, y, en especial, “andar mirando por encima del hombro”.

Pero la debacle no empezó ese mes fatídico de junio en la lejana Suecia, ni siquiera en el triunfalismo argentino de los meses previos, sino que tenía raíces en erradas decisiones y conductas de los altos mandos del fútbol. Los 90 minutos del Mundial 1934 fueron el último roce de la selección en alta competencia contra europeos, sin contar algún amistoso famoso como aquel con Inglaterra y su antológico gol de Ernesto Grillo en 1953, y que hicieron desconocer las últimas tácticas que tendían a un juego más defensivo, más dinámico y sin puestos fijos.

En 1938 la flamante Asociación del Fútbol Argentino apoyó a los clubes, que negaron jugadores para competir en el Mundial de Francia. Con la vuelta a los mundiales, Brasil 1950 -que Argentina solicitó coorganizar en 1940, y donde triunfó un estilo de juego típico del Río de la Plata representado en Uruguay- y Suiza 1954, se continuó con la misma lógica aunque René Pontoni, figura del San Lorenzo que en 1947 aplastó a las selecciones de España y Portugal en sus propios países, superando la decena de goles, señalaba “¿Qué pasaba si la Argentina competía en los Mundiales de esos años? Eso es como una espina que los años no han logrado sacarme. No quiero se presuntuoso, pero creo de participar, nuestro país se hubiera llevado los laureles” Sin embargo, un dato que no es menor para explicar las razones de Suecia 1958: ya habían pasado casi diez años de la Década Dorada del Fútbol Argentino, la de José “Charro” Moreno y Norberto “Tucho” Méndez -máximo goleador de la Copa América con 17 tantos-, y se imponía un recambio de nombres, máxime que los mejores estaban emigrando a Italia y Colombia. Labruna y Carrizo, veteranos, indicaron que la ventaja que daban los sudamericanos no solamente estaba en la falta de preparación física y táctica, “nosotros solamente entrenábamos dos veces por semana”, admitieron, sino en el alto promedio de edad.

Argentina-Checoslovaquia 1958

Desorganización, desconocimiento y desconcentración

Durante el peronismo se señaló al mismísimo presidente Perón en el papel de impedir que participen en los torneos internacionales, al no tener la “seguridad total” de levantar los trofeos. Recordemos que durante su gestión, años de gloria del básquet, boxeo, atletismo y automovilismo, el deporte por primera vez resultó “cuestión de Estado”. Y eso que la selección Argentina venía de rachas impresionantes como diez partidos ganados consecutivos, aún un récord, en 1942. Con estos pergaminos se confirmó a Stábile, subcampeón del mundo en 1930, a cargo intermitentemente de la selección, y se armó un equipo con los jugadores exclusivamente del medio local, "No fuimos a Suecia porque nunca nos llamaron. Y tampoco supimos jamás el por qué. Creo que podríamos haberle aportado más ritmo, más roce con equipos europeos, más experiencia. Pero nunca sabremos lo que pudo haber pasado", comentaría Maschio, figura del Sudamericano 57; ídolo en Bologna, Ínter y Fiorentina y de la selección italiana. Paradójicamente, en la etapa preparatoria la Selección batió a un combinado de equipos del norte italiano donde jugaban Angelillo y Sívori, los otros carasucias. Luego venció 1-0 al Bologna de Maschio y goleó 7-2 a un equipo local sueco. Nada más. Incluso se rieron cuerpo técnico y jugadores cuando una allegado acercó la traducción de una revista francesa que explicaba cómo jugaban los alemanes; teutones y checos que hacía un par de años viajaron especialmente a Sudamérica para estudiar a los rivales. Y a concentrar  en el pequeño poblado de Ramlos, un paraje pintoresco, salpicado de arboledas y casas bajas, tras 40 horas de inacabable viaje entre avión y tren.

Ninguna de las otras selecciones consideró Ramlos adecuado para la concentración. Tamaña falta de información y desorganización también se reflejó en que viajaron sin camisera alternativa y, pedido de Alemania, debieron debutar un 8 de junio de 1958 con los colores de Malmö FC. local. Ese día, la selección fue amarilla.

La máquina alemana pasó por arriba a los argentinos con un contundente 3 a 1, pese a que los argentinos arrancaron ganado con un gol de Orestes “Loco” Corbatta, a los tres minutos. Se mejoró con Irlanda del Norte unos días después, ganando 3 a 1 con un notable de Néstor “Pipo” Rossi, a quien sindicaban como verdadero DT en cancha, y la prensa batió el parche tratando de disimular el cachetazo de los germanos.

Cambiando goles en contra por monedas que aún duelen

“Fue una vergüenza el papel que hicimos”, diría Federico Edwards de Boca apenas regresado al país, “En ningún momento hubo compañerismo y camaradería. En Suecia, deben haber pensado que todavía somos indios” “Así como se habla del mandato -clásico del fútbol criollo- de las Tres G (Ganar, Gustar y Golear), podríamos decir que durante muchos años la selección argentina padeció tres problemas con d: desorganización, desconocimiento y desconcentración”, analizaba Martín Gorojovsky semejante catástrofe deportiva que se reflejó patente el 15 de junio de 1958. Argentina necesitaba un triunfo para clasificar y a los 8 minutos ya perdía con gol Milan Dvorak. Fueron demoledores los ataques checos, en los futbolístico, como en el orgullo nacional. 6 a 1 hizo precio la selección europea que, si sirve de consuelo, tampoco pasó de grupo vencida por Irlanda. “Suecia fue un gran dolor, nos amargamos porque éramos conscientes de que habíamos fracasado. Nosotros fuimos a Suecia sin nada de disciplina táctica en el juego y sin disciplina fuera de la cancha. Y se pagaron las consecuencias durante mucho tiempo”, sentenciaba Federico Vairo de River. Exactamente hasta que la Selección Argentina pasó a ser “la Prioridad Número 1” a mediados de los sesenta. Pero esa es otra historia. Como el recibimiento al elenco argentino en Ezeiza.

“Estoy convencido de que no fui el único culpables de la goleada”, se atajaría Amadeo Carrizo, ídolo millonario, y quien detentaba siete título locales, “Uno no juega solo. Nos vimos superados físicamente de manera notoria. El promedio de edad nuestro era superior. Y no teníamos experiencia internacional. El periodismo fue despiadado conmigo. Nunca me voy a olvidar el recibimiento durísimo en Ezeiza. Me sentí realmente mal”, expresando sus sentimientos, el arquero quien seis años después levantaría la Copa de las Naciones en el Maracaná. Pero ese 22 junio de 1958, a la vuelta de Suecia, fue una jornada triste del fútbol argentino con diez mil hinchas recibiendo a los monedazos y piedrazos a sus jugadores. Macaya Márquez recordaría que se escondió detrás de los policías, que hicieron un largo cordón en la pista. Que no alcanzó pese a que el avión se detuvo 300 metros antes. Había cinco versiones diferentes de monedas en 1958, las plateadas, entre dos y tres gramos acotan Oscar Barnade y Waldemar Iglesias, y llovieron impiadosas entre familiares, más de cien periodistas -muchos que los habían despedido como las seguros campeones- y la herida delegación. “Fuimos recibidos como criminales de guerra”, recordaría Labruna.

Dante Panzeri redactó una columna contundente a los días: "El mito de que somos los mejores del mundo afortunadamente ha caducado. Hay que aprovecharlo como un saludable tropezón capaz de recordarnos que, quien mal camina, se puede caer. Ésta es una caída más en nuestro fútbol. No es la primera, ni tampoco será la última". El Desastre de Suecia de 1958 marcaba el nacimiento del fútbol argentino contemporáneo. Atrás quedaba “la nuestra” y el potrero.  

 

Fuentes: Estévez, D. 140 años de fútbol argentino. Buenos Aires: Ediciones Continente. 2011; Barnade, O. Iglesias, W. Todo sobre la selección. Buenos Aires: Club House. 2014; Macaya Márquez, E. Mis mundiales. De Suecia 58 a Rusia 2018. Buenos Aires: Sudamericana. 2018
Imágenes: Infobae

Fecha de Publicación: 01/08/2022

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