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Argentina sacó chapa de equipo que no muerde el polvo

La Scaloneta eliminó a Países Bajos en un duro duelo de cuartos de final, un partido que la selección blanquiceleste dominaba hasta que dos goles inesperados complicaron todo.

Todo parecía encaminarse a una cómoda victoria del equipo argentino. A los 28 minutos del segundo tiempo, después del tanto que convirtió Lionel Messi de tiro penal, medios e hinchas argentinos sospechaban internamente que el partido frente a Países Bajos estaba liquidado y que había que dejar pasar los minutos moviendo el balón. En esa media hora del complemento, todo se trastocó de una manera bastante impactante.

Impactado por la cómoda diferencia en el marcador, el técnico del equipo europeo jugado por jugado utilizó sus últimas cartas en el banco de suplentes, colocando al joven delantero Wout Weghorst para jugar los últimos 9 minutos que le quedaban al partido. El atacante, definitivamente un desconocido para la defensa del equipo sudamericano, se las ingenió en esos pocos minutos para interpretar al villano de la película y milagrosamente conseguir la igualdad con dos golazos. Desazón y shock en el equipo de Scaloni, que pudo acusar el impacto y mantener la igualdad durante el período suplementario.

Hubiese sido muy interesante estar ahí en el campo de juego en ese momento, para poder escuchar a pocos centímetros de la situación los conceptos que vertió el entrenador de nuestra selección a sus dirigidos. Debe haber transcurrido una gran “lavada de cabeza”, transmitiendo a los jugadores la idea de calma para sobrellevar ese porrazo del empate inesperado y no dejar que el rival lo atropellara en el desgastante período suplementario.

La estabilización anímica en un momento clave

Con más palabras apuntadas a fortalecer lo estrictamente anímico, el DT insistió en mantener la tranquilidad tras la sorpresiva igualdad, insistiendo en no perder la línea de juego para evitar que el team del viejo continente, lo ganara de sopetón en una maniobra  locuaz y enérgica. Lionel Scaloni planteó una modificación en la marca y se abstuvo de corregir algunos aspectos, sabiendo que necesitaba repeler los ataques de su oponente.

Argentina había golpeado de una manera muy particular en su oponente, lastimándolo en cada tiempo justo cuando el reloj estaba cerca o apenas pasada la media ahora de juego en ese áspero duelo. Un excelente pase de Lionel Messi dejó a Nahuel Molina ubicado en una cómoda ubicación para abrir el marcador durante la primera etapa, y el número diez con la confianza necesaria a esa altura del choque, pateó muy bien el penal que colocó ese transitorio 2 a 0 favorable a la Scaloneta, sin imaginar que pocos segundos más tarde él y sus compañeros atravesarían ese umbral de complicaciones.

“¡A la carga!”

Países Bajos perdido por perdido dijo “¡a la carga!”, buscando descontar de forma muy acelerada para intentar un milagro en el tiempo reglamentario. El árbitro adicionó mucha cantidad de tiempo adicional, extensión que pareció quebrar bastante la estabilidad anímica del seleccionado blanquiceleste y cuando los relojes marcaban diez minutos extras al reloj de competencia formal, una avivada de Wout Weghorst estableció el empate.

Lionel Messi, que había jugado un muy buen partido en deportivo, sin embargo dejaba en ciertos momentos trascender su incomodidad emocional, tal vez por las duras expresiones que el técnico europeo había emitido sobre él, reacciones nerviosas que podrían costarle más caro de lo imaginado, puesto que el tribunal de disciplina de la FIFA a raíz de lo ocurrido inició una investigación analizando todos los audios y videos, para evaluar si corresponde sancionarlo, inesperada penalización que podría complicar las cosas para el partido del martes.

Un arquero que respondió en el momento preciso

Emiliano Martínez, que no ocultaba su amargura por la pelota que terminó en su valla al finalizar los 90 reglamentarios en un tiro libre sutilmente distorsionado en su definición, entendió que debía olvidar las falencias fruto del cansancio en ese desenlace y ponerse en la piel de “Dibu”, ese héroe que no pertenece a la factoría Marvel, pero que puede lograr los milagros que su equipo necesita en las circunstancias más adversas. Acá no hizo falta que ningún compañero se le acercara y le dijera “hoy te convertís en héroe”, porque ese rol parece su segunda personalidad cuando las papas queman en el duelo.

La formación de nuestro país en este caso, tuvo la fortuna que el jugador con la 23 en la espalda evitara  el incendio total en la planificación táctica, de un equipo que sufrió innecesariamente para pasar a las semifinales. Tan concentrado entró después del suplementario al campo para contener los peligrosos disparos de sus rivales, que tanto la ejecución de Virgil Van Dijk como la de Steven Berghuis, se desviaron de su destino original merced a sus valiosísimas atajadas en un momento tan crucial como decisivo a esa altura de los hechos.    

Lautaro Martínez tuvo a su cargo el penal decisivo, después que Enzo Fernández fallara el suyo estirando un poco la definición desde los doce pasos, situación donde el ex – jugador de Racing acertó el lugar poniendo el 4-3 definitivo. Este complicado duelo futbolístico, que se prolongó con suplementario y ejecución de tiros desde el punto penal, fue la gran prueba de carácter que necesitaba la selección argentina en este difícil mundial, dado que por primera vez enfrentó a un equipo que salió con otro planteo táctico al de sus rivales previos.  El amor propio, una previa áspera y muchas situaciones de tensión, dejaron la señal que el equipo de Scaloni al menos tiene resistencia mental para los próximos dos partidos, cual fuere sea el partido decisivo que le toque disputar el fin de semana que viene en esta edición del mundial.       

 

Imágenes: Télam

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