Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Argentina goleó a Bolivia 3 a 0

El equipo de Lionel Scaloni lució feroz atacando, pero su línea de fondo fue un profundo dolor de cabeza para el técnico argentino, sabiendo que cuando enfrente un rival de peso, esas fallas defensivas no se salvarán ni con Messi inspirado atajando bajo los tres palos.

En esta semana con triple jornada de eliminatorias, la selección Argentina cerró un tramo camino al Mundial Qatar 2022 muy exitoso, pero que también lo encontró jugando frente a rivales bastante menos que horribles. En apenas siete días, el equipo de Lionel Scaloni metió seis goles y recibió uno de penal, exhibió una delantera motivada con un Messi que parece haberse sacado la maldición que tenía en el seleccionado nacional cuando militaba en el Barcelona, partidos que sirvieron para ratificar la casi segura clasificación al torneo en los Emiratos Árabes el año que viene. Después del escándalo en el partido con Brasil, donde el mediático plantel blanquiceleste incluyó incorrectamente cuatro jugadores que por estrictas razones sanitarias no podían participar de ese encuentro, el plantel regresó a Buenos Aires y se preparó para brindar una fiesta a las 22 mil personas que pudieron ver al seleccionado de manera presencial, tras la reducción de contagios y muertes generados por la angustiante pandemia de “Covid 19”.

 

Hay que aclararlo. Por esas cosas del destino, el plantel que coordina Lionel Scaloni tuvo en esta semana de de partidos por las eliminatorias, dos rivales absolutamente mediocres, esos a los que debería hacerles un mínimo de tres goles y no sufrir defensivamente tantos en contra o jugadas de riesgo. Argentina cumplió en un cincuenta por ciento ese esencial requerimiento, pues le convirtió tres goles a Venezuela y similar cantidad a Bolivia en las últimas horas, exhibiendo un entusiasmo ofensivo halagador, luego de muchos partidos en los que su escaso poder de perforar vallas rivales se había vuelto preocupante. Se respira otro estado de ánimo y mucho de eso tiene que ver con su gran estrella, quien después del valioso triunfo ante Brasil ganado la Copa América en suelo visitante, luce anímicamente totalmente renovado, mucho de lo cual se atribuye a su cambio de equipo en Europa, tras su mudanza del Barsa al PSG para renovar su motivación dentro de los campos de juego.

Acompañando un partido que pintaba para cómoda goleada y lo fue, la AFA preparó una secuencia de hechos artísticos buscando motivar no solo a la selección, sino también a las 22 mil personas que compraron un deseado ticket para observar al jugador argentino más elogiado en las últimas décadas en todo el mundo. La fiesta sumó las presencias para este acto celebratorio de la Copa América conseguida hace dos meses en Brasil, a figuras de la canción nacional de este nuevo milenio, como el grupo Los Totora, Jimena Barón y Luck Ra, un “trapero” cordobés que escribió, es una forma de decir, la canción “El Campeón”, el tema oficial de la coronación del valioso campeonato logrado en suelo carioca hace pocas semanas. La fiesta de bienvenida al seleccionado argentino tampoco se privó de tener una situación polémica, pues en los planes figuraba la presencia del vocalista rockero Ricardo Dorio, fundador del grupo “Almafuerte”, para cantar el himno al comienzo del encuentro, decisión que fue revocada tras los reclamos de la comunidad judía al organismo deportivo de la calle Viamonte, a raíz de expresiones discriminatorias del cantante de “V8” durante el comienzo de milenio contra ese grupo religioso. En su reemplazo, el encargado de cantar la canción patria fue Sergio Torres, un cumbiero amigo de Messi que sacó chapa de añejo allegado al jugador, postergando al rockero de entonar el himno nacional de nuestro país.

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Lo mal que estaba de ánimo el equipo visitante, se percibió cuando todos los jugadores de Bolivia entonaron el himno de su nación. Menos mal, es una forma de decir, que todo el plantel de deportistas eligió esta especialidad tan popular, porque de haberse dedicado a la música ni siquiera estarían cantando hoy en la peatonal Florida para pagar el pancho y la gaseosa. Los jugadores bolivianos venían con una obvia consigna, llevarse la menor cifra de goles en contra y con tres tantos en noventa minutos, pueden darse por satisfechos, ya que la ofensiva del equipo de Scaloni le hizo precio a un plantel de futbolistas que jamás exhibió confianza en el fondo para truncar los ataques argentinos. Mostrando vacilaciones decididamente insoportables, la profundidad del plantel dirigido por Scaloni se sostuvo en los ataques coordinados por su plantel de estrellas, pero también en la incontable cantidad de errores que tuvo el fondo boliviano saliendo con la pelota al piso. Semejante desatino a la hora de marcar, fue un bocado inevitable para Lionel Messi, quien se hizo una panzada de tantos, convirtiéndose como era de esperar, en la estrella de la noche con tres notables goles y muchos remates cercanos al arco mal custodiado por Carlos Lampe, un flojísimo y nervioso guardametas que tuvo una noche desastrosa de principio a fin.

 

Los visitantes aguantaron bastante, es una forma de decir, el arco sin goles rivales, pero al promediar los primeros quince minutos de juego estaba cantado que Argentina acertaría la forma de embocar a su rival, situación que aconteció con un fuerte pase a Messi desde la derecha que el delantero frenó con su pie derecho, con la marca muy cerca suyo, instantes donde con su zurda engatusó al rival haciéndole pasar el balón por entre las piernas, tras lo cual se abrió un metro hacia afuera para sacar un zurdazo contundente que sacudió duro la red boliviana, mientras los 20 mil espectadores gritaban descontrolados y eufóricos por semejante golazo. El final del primer tiempo inesperadamente no fue como se preveía un jardín de rozas para el seleccionado de Scaloni, porque herido en su orgullo, Bolivia salió a buscar el empate sabiendo que en realidad lo que estaba haciendo era atenuar la goleada que se le estaba viniendo. Tres jugadas cerca del arco de Musso mostraron lo pésimo que marca Argentina en la actualidad, encima frente a un rival mediocre, momentos donde la pelota se movió muy enloquecida dentro del área grande sin que los defensores locales pudiesen sacarla a mitad de campo, un endiablado pinball donde el balón una y otra vez se dirigía al arco, con alguna pierna impidiendo la concreción del gol.

Ya en el vestuario, con la tranquilidad del 1 a 0 a favor, los dirigidos por Scaloni vieron que la clave estaba en asegurar la diferencia para no padecer la segunda parte, tal como había ocurrido en el último cuarto de hora de la primera etapa. Por eso cuando el árbitro pitó el comienzo de la segunda parte, los jugadores locales decidieron convencidos que había que definir el pleito antes de los veinte minutos, situación que pareció cumplirse justo a los 64 minutos del encuentro, momento donde un remate de media distancia no pudo ser retenido por Lampe, dejó el balón sobre el vértice del lado izquierdo del área chica, lugar a donde Messi había picado intuyendo un potencial rechazo. El delantero le metió un zapatazo demoledor con su pierna izquierda, dejando sin reacción al insulso guardametas visitante. El segundo gol de Argentina derrumbó toda resurrección de los bolivianos, quienes afectados por la superlativa actitud del número diez local, dejaron saber que la situación de revertir el desastre existente se convertiría en una gran utopía sin solución de continuidad. Dominando a voluntad, sin ser inquietado en su defensa, todo quedó limitado a ver cuánto tardaba Argentina en conseguir el tercero, tanto que Messi concretó tras un leve regate cerca del área chica con su zurda, para luego pegarle con la cara abierta del pie derecho dejando indefenso al arquero visitante, que a esta altura del partido lo único que deseaba era que el árbitro marcara el final del partido.