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Agustín Canapino: el tetracampeón de Arrecifes busca recuperar la senda de títulos

Después de una temporada 2020 olvidable en la que estuvo a punto de no participar en la categoría más popular, la inesperada muerte de su padre a principios de este año alteró el plan de recuperación que pilotea con mucha entereza.

Hay deportistas que le aportan a una especialidad un sabor diferente, un toque especial, lo que los fans valoran casi como uranio sin enriquecer, de una cotización irrepetible que da ese diferencial con los demás competidores perceptible de manera inmediata. Su llegada a la categoría automotriz más popular, no solo fue la cuota de oxígeno que ameritaba aquel habitual recambio de figuras en la especialidad, sino también la inusual presencia de un minucioso especialista que planifica su participación con detalles muy comentados. Para quienes lo conocieron en el 2005, cuando arrancó en la Copa Megane, el desembarco de Agustín Hugo Canapino fue esa dosis de renovación que celebran todos por igual.

 

Han transcurrido tres lustros y el recorrido alcanzado por el hijo de un mítico preparador de vehículos, tranquilamente podría encajar en el contexto de esas biopics deportivas que tan de moda se pusieron actualmente. Estas producciones que tradicionalmente exhiben a la audiencia un sendero de crecimiento, consagración, gloria, tragedia y recuperación son los puntales de una gama de vivencias que el oriundo de Arrecifes vivenció con la misma pasión y espontaneidad desde que decidió subirse a los coches y mostrar su talento. Todos los condimentos de una carrera con una trayectoria que deja impactos distintivos, habitan en la existencia de un conductor diferente, de aquellos que algunos no titubean en señalar que corren “más rápido que el auto” que le entregaron para competir.

 

Por más que su carrera adquirió trascendencia en la especialidad que más admira la gente, el piloto bonaerense después de su título en la Copa Megane en el 2007 cimentó una gran trayectoria que se desdobló operativamente corriendo en especialidades tan diferentes del deporte automotriz como TC Pista, Top Race V6 y Super TC 2000. Participando en todas estas categorías, consiguió el título de campeón en alguna temporada, sobresaliendo como todos recuerdan fuera de su clásica pasión por la especialidad más querida de la gente, un historial de títulos logrados en la contemporánea Top Race V6 en donde su monolítico dominio entre el 2011 y el 2017 hizo estragos ante una calificada gama de rivales. Pero la historia, esa donde un ídolo forja su camino más recordado, lo encontró desarrollando en el Turismo Carretera desde el 2010 una fenomenología que solo se quebró con la insólita pandemia y la alteración de todo lo conocido.     

 

 

Su primer título en el TC ocurrió hace once años, a bordo de un Chevrolet y ese romance con la Cupé Chevy no solo se renovó, sino que le permitió a la histórica escudería sumar a sus huestes su nombre como otro de los pilotos fuertes de la especialidad. Bastante joven en aquel momento, sin el modelado de experiencia que proporcionan los años, el piloto se acostumbró desde el 2010 a frecuentar los podios, a no arriesgar innecesariamente cuando las circunstancias no lo aconsejaban, modelando un perfil que mezclaba gran audacia, pero al mismo tiempo la frialdad ajedrecística para no sacrificar piezas a la hora del principal objetivo de conquista. Al diversificarse en otras categorías mientras corría en el Turismo Carretera ya con un título sobre sus espaldas, aplicó sus conocimientos en el Top Race V6 donde hilvanó seis campeonatos entre 2011 y 2017 de manera lapidaria e impecable con un Mercedes Benz C-204, otra marca a la que aportó su prestigio en la última década.

 

Su ansiado campeonato en el Super TC 2000, una especialidad donde cada año asoman un montón de rivales endemoniados, tuvo curiosamente a fines de 2016 un doble efecto en el análisis del arrecifeño. Por un lado, valorando lo alcanzado, pero al mismo tiempo notando que su protagonismo en el Turismo Carretera lucía amenguado al estar desdoblado en una gama de categorías donde también se acostumbró al éxito. Por eso en el 2017, el piloto se mentalizó para alcanzar una nueva corona, aun cuando eso significara atenuar el poderoso domino que ostentaba en otras especialidades. Peleando hasta la última fecha el título contra Facundo Arduso que venía liderando con su Torino el torneo por mínima cifra de puntos, consiguió lo imposible largando de atrás en el Autodromo Roberto Mouras con una memorable remontada de su vehículo que le permitió en la última carrera del año consagrarse campeón por segunda vez en la especialidad, tan solo por…medio punto.

 

Esta heroica experiencia, donde su Chevy parecía superar a los rivales como si fuera una escena de una película hollywoodense donde el coche del ídolo supera a sus rivales como si los demás fueran a paso de mula en un domingo complicado, le sumó a su trayectoria esa nota de adrenalina que las estrellas necesitan para convertirse en íconos de una gran especialidad automotriz. Con dos campeonatos en el Turismo Carretera y la tranquilidad de haber recuperado su confianza en una categoría que no perdona errores milimétricos, el 2018 lo encontró peleando firme en la mitad de tabla un competitivo torneo donde todos salieron a correr con el cuchillo entre los dientes. Acostumbrado a esas remontadas plenas de heroísmo y magia que necesita un deporte como este, provocó un enorme boom con su histórico triunfo en los 1000 kilómetros de Buenos Aires, gran formato con dos pilotos invitados como Porte y Alonso que le permitieron ponerse cerca de la punta y tener firme sus chances para repetir la corona.

 

 

Sumando más capítulos en una vida muy plagada de situaciones lindantes con heroicas e inolvidables epopeyas con su vehículo, el desenlace del campeonato 2018 pareció por las incidencias ocurridas más un guion de Spielberg que una carrera que los fans pueden ver un domingo al mediodía por la pantalla de la Tv Pública. Cerrando el gran calendario de competencias en el Autódromo de San Nicolás, la cupé verde del arrecifeño había tenido un fin de semana bastante complicado y en la final la grilla lo encontraba largando desde el medio sin demasiada expectativa. Lo concreto es que, alertado por su equipo sobre una posible tormenta a segundos de largarse la carrera, arriesgó todo sabiendo que no tenía nada que perder y medio el compuesto con ranuras buscando una adherencia que su auto no había alcanzado en esas horas. Quiso el destino que apenas tres minutos antes de dar la vuelta previa se largara un temporal de aquellos, situación que le permitió en la primera vuelta pasar a todos sus rivales como postes para alcanzar la punta en poco tiempo. Otro milagro y mucha táctica para conseguir su tercera corona cuando las cosas no venían del todo bien.

 

Con un triunvirato de títulos en la especialidad más popular, dos de ellos alcanzados de manera consecutiva, el 2019 lo encontró mostrando su dominio con un auto que mostró regularidad, pero sus rivales no se la hicieron fácil, especialmente Silva y Werner, dos leyendas de Ford que siempre le complicaron algunas definiciones. El destino quiso que repitiera su suerte en el Autódromo porteño de los hermanos Gálvez para conseguir una victoria que le permitiera llegar a la fase final con ese requisito cumplido, un mini-torneo donde administrando un par de triunfos en provincias que no siempre lo hallaron cómodo manejando, consiguió el tetracampeonato con su Chevrolet ante el delirio de“La 15”, esa hinchada que se hace sentir en todas las competiciones con una bandera más grande que las utilizadas en los estadios de fútbol. Sin dudas la parte de la especial película deportiva ligada a lo victorioso ya estaba almacenado en su historial, pero como todo filme que deja para la mitad del guion bastante dramaticidad en tiempo real, el 2020 pareció sin dudas la brutal contracara de un pasado cargado de éxitos y situaciones victoriosas. Con la llegada de la pandemia, la suspensión de la actividad y la consecuente crisis económica, cuesta creer que el piloto campeón del 2019 no tuviese el respaldo financiero para competir allí donde reinaba con comodidad. Lo cierto es que cuando los meses transcurrieron y ciertas cosas recuperaron cierta normalidad, pudo acomodar su estructura, aunque el destino no le tenía guardado ninguna satisfacción ligada a los logros del pasado. Sin poder retener la corona y penando muchas veces con su coche que no logró equilibrio, recién a fines del 2020 evidenció una gran mejora mecánica que lo dejó bastante mejor parado mirando al calendario actual, un detalle menor dentro del desastre vivenciado durante el año pasado.

 

 

Si en su cabeza estaba la decisión de hacer “borrón y cuenta nueva” de lo sucedido durante el contratante 2020, las cosas por esas circunstancias del destino en estos primeros meses del nuevo calendario lejos de permitirle olvidar lo horrible desde lo deportivo que fue la temporada pasada, se constituyeron en un caldo de cultivo para la peor noticia que la vida podía depararle en el primer cuatrimestre del 2021. A mediados de enero, logró un tercer puesto en Paraná, muy buen resultado que le permitía tener esperanzas para conseguir la corona en la especialidad Super TC 2000, ubicación que posteriormente con el triunfo en el Autódromo Gálvez quince días después le permitió tener una mínima esperanza para el título en la modalidad mejorada de los autos cotidianos. Aunque las matemáticas le daban muy poca posibilidad por la diferencia que ostentaba Matías Rossi liderando el torneo, el “Titán de Arrecifes” hizo lo que correspondía, o sea presionar hasta el último segundo con una contundente victoria nuevamente en el difícil circuito porteño, inteligente victoria que no le permitió el título, pero al menos su esfuerzo quedó coronado con un subcampeonato que algo lo estimuló anímicamente. Feliz aún por ese desenlace, pocas horas más tarde su padre Alberto Canapino debió ser internado de urgencia tras habérsele detectado en los chequeos un contagio positivo de COVID-19, enfermedad que agravó el cuadro de salud de su progenitor en muy pocas horas causándole la muerte el lunes 15 de febrero en horas de la madrugada. El fallecimiento de su padre, jefe de equipo de sus escuderías, pero por sobre todas las cosas su indiscutido bastión familiar acompañándolo en todos sus sueños, fue una trompada que a pocos días del arranque de la nueva temporada lo hizo repensar incluso si tenía sentido seguir corriendo después de semejante tragedia personal.   

 

Acompañado por su grupo más cercano en lo personal y profesional, el calificado piloto de Arrecifes puso en la balanza todos los elementos existentes, en esa burbuja de tiempo en la cual el destino puso a prueba su enorme temple y resistencia emocional de peor forma posible para conocer su tolerancia ante lo más doloroso. Mostrando su valentía en la pista, idéntica conducta tiñó sus actos en las horas posteriores, difíciles jornadas en las que decidió correr con su Chevrolet en el arranque de una nueva temporada de Turismo Carretera. El arranque en el Roberto Mouras de La Plata, lo halló exhibiendo dos clases de sensaciones diametralmente opuestas, con su determinación de mantener el equipo y ganar un nuevo título, pero también impactado anímicamente hasta sus cimientos por la irreparable pérdida familiar pocos días antes. Haciendo lo que mejor sabe, buscó firme en ese fin de semana mostrar el poderío de su Cupé Chevy, logrando el mejor tiempo en la clasificación y luego ganando la serie más rápido en el circuito bonaerense, un extenuante fin de semana que coronó con un triunfo inapelable en La Plata, fecha donde el homenaje a su padre también lo llenó de conmoción. Alzando el trofeo que ese fin de semana llevó el nombre de su padre, el piloto se juramentó proseguir su campaña deportiva tal como su padre deseaba que continuase. Ya con la victoria en el bolsillo, requisito para participar de la Fase Final del campeonato, apeló a su talento ajedrecístico para seguir sumando en las tres fechas siguientes buena cantidad de puntos que le permiten liderar el torneo 2021 con bastante holgura antes de la próxima competencia. Mostrando su talento en la pista y con la tensión emocional que significó y significa una circunstancia personal como la que atravesó hace muy pocos meses, Agustín Canapino comprendió que la vida lo ha puesto a prueba para conocer su temple y resistencia, desafío que asumió con su tesón y voluntad indisoluble. Alternando su tarea en el TC con el regreso del Super TC 2000, el reconocido “Titán de Arrecifes” sabe que las cosas no serán fáciles, pero también consustanciado que en los momentos difíciles de la vida asomará su blindaje para sobrellevar esta complicada circunstancia y regresar a la senda triunfal de títulos, esa que lo reconoce como un amigo que siempre vuelve a darle la mano en gloriosas jornadas de domingo para deleite de sus seguidores.

 

Fotos Agustín Canapino: Prensa ACTC y Prensa Agustín Canapino               

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