¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Martes 06 De Octubre
Hacia fines del siglo XIX, los ingenieros británicos a cargo de la construcción de estaciones ferroviarias se encontraron con la necesidad de incorporar a sus tareas laborales las prácticas deportivas. Junto a cada estación de ferrocarril comenzaron a construirse una o varias canchas de tenis, deporte que ellos practicaban asiduamente en su tierra natal. Por entonces, fueron ellos y sus descendientes los que comenzaron a sobresalir en este deporte, al igual que en el fútbol, box y remo y fueron también los precursores de la formación de clubes.
En consecuencia, las actas de las Asambleas Generales de dichas instituciones eran escritas en el idioma de Shakespeare: desde el primero de los clubes importantes que tuvo el país, el Buenos Aires Cricket (BACC, fundado en 1864), el Rosario Cricket (1867, después denominado Club Atlético del Rosario) hasta el Buenos Aires Lawn Tennis Club (1892), las actas fueron desarrolladas en idioma inglés. Cabe señalar que este último club elaboró por primera vez un acta en castellano recién en 1918 y que el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires intentó castellanizar el término tennis (usado por los británicos) por tenis y lo escribió en sus planillas oficiales con la eliminación una de sus “enes”.
Eran numerosas las instituciones tenísticas que surgían en esos años y que preferían el idioma foráneo. No extrañó, entonces, que en la lista de triunfadores de la época se visualizara aquella raíz en sus apellidos, sin descontar que ellos eran criollos como el que más. ¡Y algunos hasta integrantes de equipos argentinos de Copa Davis! No es la idea crear un sentimiento contrario a la legión de tenistas con apellidos extranjeros, sino destacar la empresa realizada por los hermanos Obarrio y por Julieta Ezcurra, que lograron romper el monopolio de los nombres británicos en los campeonatos argentinos.
Los Obarrio (Analía, Enrique y María Teresa) residían en la provincia de La Pampa, en un pequeño campo que, con el esfuerzo familiar, se amplió pero sin lograr construir la tan preciada plataforma para la práctica de su deporte favorito. Por entonces, las hermanas mujeres decidieron viajar a Buenos Aires; Enrique y sus tres hermanos varones, en tanto, se siguieron ocupando de las tareas agrícolas ganaderas que el campo requería.
Analía ingresó como socia del Buenos Aires LTC con la íntima meta de “argentinizar” este deporte. Fue así que, tiempo más tarde, apoyó la moción de crear el Tennis Club Argentino (todavía con doble “n”), aunque no figure como socia fundadora. Contó con el respaldo de su hermano Enrique, con la advertencia de que él seguiría siendo socio del Club Atlético de San Isidro, en el cual entrenaba cuando venía a Buenos Aires.
Era realmente admirable el fervor que Enrique ofrecía en sus partidos contra Ronaldo Boyd, Carlos Morea o Guillermo Robson, tal vez por la necesidad de exteriorizar lo que representaba el tenis en su vida. Un deporte por el que realizaba enormes esfuerzos, tales como correr por la monótona naturaleza que conforma el paisaje pampeano para llegar al club, en el que practicaba frente a un semidestruido paredón, cuya superficie no era uniforme. Con ese no muy académico esquema de entrenamiento, superó obstáculos y se acercó hasta Buenos Aires para desarrollar su tenis.
Por los triunfos obtenidos durante 1925 (entre los más recordados, unas semifinales del campeonato del Río de La Plata en la que venció a Boyd luego de estar dos sets abajo) le valieron su nominación como integrante del equipo argentino de Copa Davis para la serie contra España en 1926, que finalmente perdieron por 4 a 1.
Su hermana Analía pasó rápidamente a ocupar los primeros puestos en los rankings femeninos, en 1929 (la primera líder oficial en el país), 1930, 1931 y 1934. Logró el título individual del Río de La Plata en seis ocasiones, el Ciudad de Buenos Aires en cuatro y el Argentino en nueve. Junto a su hermano se llevó los galardones en la mayoría de las competencias de doble mixto que se disputaron en canchas bonaerenses.
También hay que destacar la labor realizada por Julieta Ezcurra, que llegó a ser considerada la mejor del país cuando no existían las listas de la Asociación Argentina de Lawn Tennis. Esto no es nada más que un reconocimiento a quienes impusieron los apellidos criollos en los torneos de tenis, sin “tocar” las cualidades deportivas y humanas de los jugadores de la época, también muy argentinos por cierto, como María Elena Bushell, Elena Lehmann, June Hanson, Ronaldo Boyd y Alejo Russell, por ejemplo.
Imagen: Puppo Tenis
Fecha de Publicación: 05/09/2026
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