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Un cortado sin palabras

Los argentinos somos muy expresivos al hablar, tanto con nuestra voz como con nuestras manos.
Cómo hablamos
| 19 abril, 2018 |

Aprender un nuevo idioma no es fácil, y mucho menos lo es tratar de incorporar expresiones y términos propios de un lugar en particular. Pero, si a eso le sumamos un anexo de lenguaje corporal, la tarea se vuelve aún más complicada.

Los argentinos somos muy expresivos al hablar, tanto con nuestra voz como con nuestras manos. Tal es así que, incluso, tenemos señas especiales para hacernos entender sin emitir sonido.

De herencia tanguera, en los bares y cafés las miradas y los movimientos de cabeza dicen mucho por sí mismos. Con solo captar la atención de nuestro mozo, podemos conseguir lo que necesitamos, sin hablar y sin que se moleste en acercarse a nuestra mesa.

El turista desprevenido probablemente no entienda por qué nos miramos de lejos, levantamos la mano y colocamos nuestro pulgar y nuestro índice a una corta distancia. Universalmente, la seña indica que queremos algo pequeño. En Argentina, no hay lugar a dudas: queremos un cortado.

En un país donde las discusiones son a los gritos y es difícil ponerse de acuerdo, para algunas cosas, con muy poco nos entendemos perfecto. Solo hacen falta voluntad, un código común y una tradición que lo respalde. Y, en unos breves minutos, la mano que hacía la seña ya está revolviendo un rico café.

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