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Un cortado sin palabras

Los argentinos somos muy expresivos al hablar, tanto con nuestra voz como con nuestras manos.

Cómo hablamos
un cortado

Aprender un nuevo idioma no es fácil, y mucho menos lo es tratar de incorporar expresiones y términos propios de un lugar en particular. Pero, si a eso le sumamos un anexo de lenguaje corporal, la tarea se vuelve aún más complicada.

Los argentinos somos muy expresivos al hablar, tanto con nuestra voz como con nuestras manos. Tal es así que, incluso, tenemos señas especiales para hacernos entender sin emitir sonido.

De herencia tanguera, en los bares y cafés las miradas y los movimientos de cabeza dicen mucho por sí mismos. Con solo captar la atención de nuestro mozo, podemos conseguir lo que necesitamos, sin hablar y sin que se moleste en acercarse a nuestra mesa.

El turista desprevenido probablemente no entienda por qué nos miramos de lejos, levantamos la mano y colocamos nuestro pulgar y nuestro índice a una corta distancia. Universalmente, la seña indica que queremos algo pequeño. En Argentina, no hay lugar a dudas: queremos un cortado.

En un país donde las discusiones son a los gritos y es difícil ponerse de acuerdo, para algunas cosas, con muy poco nos entendemos perfecto. Solo hacen falta voluntad, un código común y una tradición que lo respalde. Y, en unos breves minutos, la mano que hacía la seña ya está revolviendo un rico café.

Dígalo con mímica

Como comentábamos antes, los argentinos somos muy expresivos para hablar y comunicarnos. Muchas veces recurrimos a los gestos y las señas para acentuar nuestros dichos o, incluso, para expresarnos sin palabras. Es por eso que el juego “Dígalo con mímica” es muy popular en nuestro país.

Este juego consiste en adivinar el título de una película sin usar palabras. Para jugar es necesario juntarse en equipos de dos o más personas y una persona designada de uno de los grupos deberá escuchar la película seleccionada por el equipo contrario y lograr que sus compañeros la adivinen. Como dijimos, en este juego no se puede hablar, por lo tanto la persona que debe lograr que sus compañeros adivinen, intentará mediante gestos y “mímica” expresar las palabras que componen el título de la película. Normalmente se usa un cronómetro para añadir adrenalina al juego. El equipo que más películas haya adivinado será el ganador.

Lo divertido de este juego es ver cómo se las ingenian los participantes para lograr que sus compañeros adivinen la película en cuestión sin hablar. Da lugar a momentos muy graciosos y también de incertidumbre cuando no se logra entender lo que quieren decir. Es una alternativa más autóctona del conocido juego Pictionary, en el cual hay que dibujar una palabra para que otro la adivine, pero poniendo el cuerpo y la “actuación” sobre la mesa.

Como si fuera poco tratar de decir el título de una película con gestos, muchos recurren a elegir películas con palabras difíciles o títulos largos para hacer el juego más desafiante. Esto genera momentos de tensión, de desazón y de adrenalina lo que aporta los condimentos necesarios para una noche muy entretenida.

Para cerrar, voy a recurrir a una pequeña anécdota: una amiga mía es más que fanática de este juego y cada vez que nos juntábamos en algún momento de la noche decía: “¿Jugamos al “dígalo con mímica?” A pesar de que muchas veces estábamos cansados o en otro mood, por lo general terminábamos accediendo. Esto ha hecho de noches poco memorables, momentos dignos de ser contados. Aquí va uno: una de esas noches de “dígalo con mímica” mi amiga y yo estábamos en el mismo equipo. Entonces, uno de los integrantes del otro equipo, para perjudicarme, me dijo la película “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”. Esta película suele considerarse difícil porque tiene muchas palabras y, además, algunas de ellas son abstractas.

Bueno, volvamos a la anécdota; yo tenía que lograr que mi amiga adivine la película con lo cual, lo primero que hice fue mostrarle con los dedos la cantidad de palabras: “siete” y, acto seguido, hice un gesto con mis manos imitando un haz de luz (con los brazos hacia arriba hice un movimiento en semi círculo desde el centro hacia los costados). Inmediatamente mi amiga contestó: “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” lo que me hizo saltar de felicidad ya que había logrado que adivine la película.

Los códigos comunes y los pequeños gestos de complicidad son fundamentales en este juego, por eso nos gusta tanto a los argentinos y a mi amiga. Es una buena manera de incentivar nuestra creatividad al expresarnos con el cuerpo.

Fecha de Publicación: 19/04/2018

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