Argentina es un país enorme, geográficamente hablando. Por ello, se divide en grandes regiones que, a su vez, se dividen en provincias, muchas veces grandes también. Esto lleva a que en cada región se hable de manera parecida, se arrastre alguna vocal o se deje de lado algún fonema que no se nos plazca. No obstante, acá no vamos a contarte cómo hablamos los mendocinos, pero sí te vamos a decir cómo no hablamos.
No hablamos como los chilenos. No decimos ia po, no decimos chuta ni a los bebes los llamamos guaguas. Y es que, en muchas ocasiones en que viajamos a otras partes de nuestro país, suelen irritarnos con la pregunta: ¿sos chileno?. Y a nosotros no nos entra en la cabeza cómo pueden algunos considerar que hablamos parecido. Porque realmente nada tiene que ver nuestra manera de hablar con la de los chilenos. Es cierto que, como se aclaró más arriba, nuestra forma de hablar es diferente a la del resto de la Argentina, como lo es también la forma de otras provincias, pero seguimos siendo argentinos.
De igual manera, podríamos nosotros decir que nos resulta similar la forma de hablar de los neuquinos, los barilochenses, los rosarinos, los bonaerenses y porteños. Pero sabemos que no es así. Sabemos que también tienen sus diferencias.
¿Cómo diferenciarnos?
Los mendocinos te tratamos de vos, ellos te tratan de tú; nosotros salimos de fiesta, los chilenos carretean; los mendocinos estamos secos de plata, los chilenos andan pato; nosotros tomamos un trago y ellos se toman un copete.
Con esta nota tratamos de evitar altercados e inconvenientes entre algún argentino y un mendocino, en otra provincia o en Mendoza. Muy lejos está este artículo de hablar despectivamente sobre los modismos chilenos, que son tan respetables como los nuestros.
Argentino, mendocino. Licenciado en Comunicación Social y Locutor. Emisor de mensajes, en cualquiera de sus formas. Poseedor de uno de los grandes privilegios de la vida: trabajar de lo que me apasiona. Lo que me gusta del mensaje escrito es el arte de la imaginación que genera en el lector. Te invito a mis aventuras.