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Si nos gusta una idea, ¡eso juega!

Cuando un amigo nos cuenta una idea que se le ha ocurrido o alguien propone algo con lo que estamos de acuerdo, eso juega.

El deporte y su terminología conforman parte de nuestras metáforas predilectas, como explicamos en esta nota. Partiendo de esa base, los adolescentes mendocinos, aunque, a veces, los adultos también, han incorporado el verbo “jugar” para manifestar la aprobación o el rechazo a cualquier idea que escuchemos. O no solo una propuesta, sino también un objeto, un regalo, un plato de comida. Si está bueno, juega.

Un ejemplo claro de esto puede ser una reunión familiar. Supongamos, un domingo de asado en casa. Terminamos de almorzar y una prima dice: “Che, ¿y si vamos al parque a tomar mates?”. Y a vos te encantó la idea, entonces le respondés: “¡SÍ, juega!”. Sin embargo, quien no esté de acuerdo porque prefiere quedarse a dormir la siesta, dice: “¡No, no juega!

Inicios y mutación

Sin embargo, todo se remonta a la forma de hablar que dio inicio a esta expresión. La idea era utilizar el apellido de algún jugador de fútbol. La raíz de la palabra debía coincidir con la de la palabra que queríamos decir. Va ejemplo: “Che, me parece que no voy al baile, juega Soñora”. En este caso, el emisor del mensaje quería decir que no iría al baile porque tenía sueño. Otro ejemplo puede ser en una ronda de mates. Uno dice: “Juega Passarella”, en referencia a que pasen el mate más rápido y no se queden tres horas sin tomar. Y, así, muchos ejemplos tales como:

Materazzi: apellido utilizado para referirse a los mates. Cuando le proponemos a una amiga: “¿Juegan unos Materazzi?”. Aunque, en ese caso, no es solo con apellidos de futbolistas, porque también se utilizan los términos “Mateico”, “Matienzos”, “Matirulos”, etc.

Bolado: en referencia al histórico director técnico mendocino, cuando una persona se quedó colgada, mirando el horizonte: “Juega Bolado”.

Kaká: cuando queremos ir al baño, le decimos a nuestros amigos: “Juega Kaká”.

Zapata: cuando alguien se había comprado unas zapatillas extravagantes: “¡Ahí juega Zapata!”

Gallardo: si alguno escupió: “Juega Gallardo”.

Sorín: para pedir perdón, pero de manera amena y tratando de que la otra persona no se enoje: “Juga Sorín”, en referencia al a expresión en inglés “sorry”.

Garrafa Sánchez: cuando alguno no aguanto y se le escapó un gas. “Perdón, che, pero juega el Garrafa”.

Elano: el jugador brasilero ha sido foco de cualquier tipo de chistes. Está de más cualquier ejemplo.

Cambiasso: el Cuchu siempre acompañó alguna conversación. Por ejemplo: “Che, ya hablamos mucho de historias de fantasmas. Juega Cambiasso de tema”.

Así, existen cientos de ejemplos, ya que la imaginación de los argentinos y, en este caso, de los mendocinos es inagotable. Seguramente a vos se te ocurren muchos más, o también tuviste una etapa en la que jugaste a esto del parecido de los nombres. No obstante, en Mendoza es casi una obligación. Siempre hay una etapa de tu vida en la que incorporás estos términos.

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