¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Lunes 05 De Octubre
Vamos a jugar a que todos los habitantes de un país tuvieran que trabajar de lo mismo. Y que esa labor estuviera decidida por la cualidad del país. Así los ingleses serían los encargados de servir el té en el mundo entero, a las cinco de la tarde por supuesto. Cinco de la tarde en Argentina, se para todo y los ingleses nos sirven el té. Los españoles se encargarían de las comidas y los tanos del vino. Los franceses de tenerles envidia a los ingleses. Los alemanes de reglamentar y hacer cumplir las leyes y los japoneses de mejorar tecnológicamente todo. Los americanos y los rusos harían "Titanes en el ring" una vez por semana a la noche en la tele. Los americanos también serían los encargados de hacer películas de cine, sobre todo para chicos. Los chinos fabricarían todo lo que necesitamos. África se dedicaría entera al deporte y se transmitirían todos por cable. Los brasileros deberían musicalizar y armar fiestas. Los jueves, ponele. Todos los jueves batucada en Argentina. Los uruguayos serían los encargados del mate para el desayuno y de atender a la gente en los restaurantes (¿Alguna vez viste a un mozo uruguayo anotar un pedido, pifiarle o atender mal? Im po si ble). Si fueran cincuenta millones también deberían ser los maestros y profesores del mundo, pero como son pocos los pondría al frente de todos los ministerios de Educación. Los bolivianos serían los encargados de todos los cultivos del mundo (vigilados por los alemanes, no sea cosa...). Los mexicanos estarían dedicados a realizar toda construcción sobre la faz de la tierra. Después de todo se construyeron sus propias pirámides sin ayuda de los marcianos como en Egipto. Los holandeses podrían ocuparse con mucho éxito del tema energías limpias. Y los demás vikingos de hacer muebles y todo lo que se pueda en madera. What a wonderful world!
No tengo muy bien pensado aun el tema operativo, pero bueno esto es un work in progress así que me tomo la licencia de pensarlo un poco más, también. Podés dejarme tus ideas en los comentarios. Espero que mi plan te guste porque si vivís unos ciento cincuenta años más vas a ver algo que se va a asemejar mucho a ésto. No tengo dudas. Nostrodamus, George Orwell y Bill Gates tres porotos al lado mío. El plan perfecto es poco... ¡Perfecto sería sin argentinos!
Si no nos extinguimos antes por alguna pelotudez que hagamos, lamentablemente estaremos acá. Bah... la mayoría estará en otros países viviendo como corresponde. Pero siempre estorbando.
Estuve pensando mucho cuál sería la función de los argentinos en ese mundo. Los vagos no existirán, de modo que se nos cagó algo que podríamos haber hecho muy bien. Lo nuestro, digamos. Será un mundo en armonía; lo que nos arruina la segunda gran oportunidad que es criticar todo. Las vacas ya no van a usarse para el consumo de carne. El fútbol va a estar en manos de África. ¿Con qué demonios vamos a agrandarnos? Imaginaba que se nos van a cerrar todas las puertas y estaremos vagando por los desiertos del mundo en busca de alguien a quien cagar cuando ¡eureka! Típico que lo tenía adelante de los ojos y no lo veía: la función de los argentinos en el mundo futuro que podremos desarrollar a nuestras anchas debido al expertise absoluto en la materia será O PI NAR.
Una oportunidad para que el mundo nos juzgue por nuestro exacto valor. Algo de lo que podemos presumir y gritar a los cuatro vientos -como cuando salimos de vacaciones al extranjero- pero justificado. ¿Nadie cocina como los españoles? Bueno: nadie opina como los argentinos.
Nosotros nacemos sabiendo, lo sabemos (perdón pero no pude resistirme al trabalenguas infantil). Venimos de fábrica con el conocimiento universal incorporado como televisor o LED con Netflix gratis. Nosotros te dominamos todos los campos de la ciencia. Nombrá... Nombrame uno y vas a ver que sabemos de eso. Lo que sea. ¿Física cuántica? Sabemos. ¿Caída del pelo? Sabemos. ¿Criminología? ¡Pffff! ¡Un montón sabemos! ¿Corología? Tengo un primo que es capo. ¿Vexilología? Líderes mundiales. ¿Limnología? Lo que vó quierá.
Y si no sabemos mucho sobre un tema, o poquito, o nada, es igual. 'La piloteamos'. Lo fundamental es no reconocer en ningún momento y bajo ninguna circunstancia que no sabemos algo. Eso es imperdonable y pareciera que merece ser castigado con la pena de Destierro... ¿castigado?... bueno... 'es un decir'. Un argentino que reconoce que no sabe nada de nada de un tema es un bicho raro; 'de diván', como nos gusta decir. En todo caso es que el otro está equivocado. "Hay que negarlo todo Benjamín" dice el hermoso personaje del gran Guillermo Francella en "El secreto de sus ojos". Y es así. Aun frente al pelotón de fusilamiento, negarlo todo. El otro es un pelotudo que no sabe nada, los libros se equivocan, ni hablar de Google.
No nos perdonamos el error. Entonces nos equivocamos con una seguridad asombrosa. Somos como el aguarrás: de lejos parecemos solvente. Es cuestión de actitud. Como para entrar a un boliche difícil. Todos tienen porteros gigantes y con caras de upite. Pero como me enseñó un amigo playboy-auténtico-porteño: actitud mata duda. Llegábamos a un boliche y encarábamos con paso firme al portero más malo de todos, si era necesario abriéndonos paso visiblemente entre la gente. "¿Llegó Diego? ¿No? Ok; decile que Bob y yo ya estamos adentro". Y se pasaba. La seguridad en uno mismo es el mejor abrepuertas de todos. Pero los argento la aplicamos para mal. Cubrir nuestros errores y falencias. También para disimular cuando no sabemos algo. Mandamos fruta; cuando el error se conoce ya es tarde normalmente. Creemos que safamos y quizá esa vez lo hacemos. Pero quedamos para el ogt y la segunda vez no pasa.
Somos muy graciosos los argentinos. En todo sentido. Cuando queremos somos increíbles de cómicos. Pícaros, pillos, inteligentes, irónicos. Está en nuestro adn también. Pero somos muy graciosos cuando no queremos también. Cuando pretendemos engañar, mostrar lo que no somos, no aceptar lo que es evidente para los demás. Estaría bueno entender que nadie nos pretende perfectos. Que tenemos un montón de cualidades muy valorables y que no somos menos que nadie. Sepamos o no sepamos sobre un tema. Es como que en un punto somos un chico de 4 años tratando de engañar a un adulto con un disfraz de 'El zorro' y una espada de juguete. El mundo nos deja creer que lo engañamos. Hasta que ya nos tome en serio.
Una vez más, dejar de ser nuestros abuelos inmigrantes y crecer sin miedo es la respuesta.
Imagen: Freepik
Fecha de Publicación: 04/06/2023
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